martes, 31 de xaneiro de 2012

La espera de las víctimas


Hablan familiares de los represaliados durante el franquismo que declararán en el juicio contra Garzón. La impunidad de los crímenes sigue pendiente desde la Transición
ELENA HERRERA MADRID 22/01/2012
Insisten en que no les mueve la venganza, tampoco el rencor. Lo que pretenden es limpiar el nombre de sus padres o abuelos, darles un enterramiento digno para tener un lugar en el que poder llorarles. E invertir los papeles: que los suyos dejen de ser los miserables y sus asesinos los héroes a los ojos de la Justicia y de la historia.
Aseguran no estar cansados, a pesar de que todos llevan años luchando contra el olvido y buscando la dignificación pública de sus familiares, represaliados por Franco. Son los hijos y los nietos de los que perdieron la Guerra Civil y el próximo mes de febrero declararán como testigos en la causa abierta contra el juez Baltasar Garzón por declararse competente para investigar los crímenes del franquismo.
Manuel Muñoz Frías
Hijo y hermano de represaliados
Al padre de Manuel Muñoz Frías, Miguel Muñoz Aguilar, no le sirvió de mucho, al poco de estallar la guerra, acudir a la plaza de su pueblo, Comares (Málaga), a auxiliar a una vecina que le había dicho que "unos republicanos habían apresado a los señoritos del pueblo". Se plantó allí y dijo que mientras él fuera responsable político (era secretario local del PSOE y de la UGT) "en Comares no se mataba a nadie". Miguel, campesino de profesión, fue fusilado meses después, el ocho de marzo de 1937 y enterrado en una fosa común de la que todavía no ha podido ser rescatado. Este pasaje es el primero que cuenta Manuel, de 80 años, cuando se le pregunta por la historia de su vida.
"El franquismo destrozó a mi familia. A mi padre le habían recomendado que se fuera del pueblo, pero no quiso. Una noche la Guardia Civil vino a buscarlo, lo sacaron de la cama, le ataron las manos con un alambre y se lo llevaron. Un tribunal militar le condenó a muerte dos días después... y lo fusilaron. Me quedé sin padre con 6 años y éramos siete hermanos", cuenta Manuel, que en febrero declarará como testigo del juicio contra Garzón en el Supremo. "A los pocos días los falangistas volvieron a casa y se llevaron a mi hermano Miguel para que luchara en el bando de los asesinos de nuestro padre. Desertó, pero le cazaron. Lo mandaron a campos de concentración de Ávila y Sevilla, lo reventaron a palizas... Murió el 4 de julio de 1940. Nos enteramos porque alguien nos hizo llegar una bolsita con sus enseres: un peine, una pastilla de jabón, un bote de pasta de dientes", recuerda.
Pero la desdicha de Manuel y su familia no acabó ahí. "También vinieron a por mi madre. La Guardia Civil llegó un día a una finca en la que vivíamos entonces y se la llevaron a rastras, con las manos atadas. Estuvo en la cárcel dos o tres meses. No le dieron ninguna explicación. Nosotros quedamos desamparados".
Cuando salió de prisión, la familia decidió emigrar a la capital, Málaga, para intentar deshacerse de un estigma, el de ser una familia de izquierdas, con el que era difícil de vivir en el pueblo. Pero en Málaga también llevaron "una vida terrible", cuenta Manuel. "Mis hermanos y yo comíamos las sobras de comida que mi madre se echaba al bolsillo en un hotel en el que trabajaba limpiando: un trozo de filete, un mendrugo de pan, una fruta... hasta que el jefe del hotel se enteró y le empezó a regalar comida para que mi madre nos alimentara . Eso lo cuento para se sepa que también había gente buena", relata Manuel con la voz entrecortada.
Otro de sus hermanos, Juan, decidió cuando tenía 16 años ir a luchar en el bando republicano. "Lo dimos por muerto y, 20 años después, ya en los cincuenta, llegó una carta diciendo que estaba vivo. Mi madre se desvaneció", recuerda Manuel. Juan se había ido de España en 1939, estuvo en el maquis francés y luchó contra el nazismo en la resistencia. No pudo regresar a España hasta que llegó la democracia.
"Cuando empezamos a crecer nos dimos cuenta de por qué éramos unos desgraciados. Tardé años en darme cuenta de que un canalla, un terrorista, había decidido que miles de niños se quedaran huérfanos, como yo, y miles de mujeres viudas, como mi madre", relata.
Manuel, bregado durante su juventud y madurez en las luchas vecinales y sindicales, ha dedicado los últimos de su vida a la recuperación de la dignidad de su familia. Al juicio acudirá con un maletín en el que guarda con mimo la documentación que acredita "todo el sufrimiento" de su vida. "No nos anima el deseo de venganza, pero llevamos 33 años esperando y ahora van a procesar al único magistrado que se ha interesado en mi historia. No es justo", lamenta.
Mª antònia Oliver París
Nieta de fusilado
El abuelo de María Antònia Oliver París, Andreu París, fue detenido en agosto de 1936. Meses antes, cuenta María Antònia, había firmado la constitución de la agrupación socialista de Inca (Mallorca). "Primero estuvo preso en su pueblo y después en Mallorca. Mi madre, que se había traslado a vivir a la capital a casa de unos familiares, era la encargada de llevarle la comida. Era un niña, tenía 12 años, pero iba a la prisión un día sí y otro no. Al principio de la primavera, en marzo de 1937, el centinela le dijo que no volviera, que lo habían puesto en libertad", relata María Antònia, que el próximo dos de febrero también declarará como testigo en la causa abierta contra Garzón.
En aquella época, cuenta la nieta de Andreu, era habitual que dijeran a los familiares que habían soltado a los suyos, pero no era verdad. Era lo que se conocía como las sacas. "Por la noche llamaban a un grupo de presos, algunos falangistas los recogían y se los llevaban para matarlos", explica. María Antònia cree que su abuelo fue asesinado en la tapia de la iglesia de Santa Creu, en Porreres (Mallorca). No tiene ningún documento que lo acredite porque eran muertes de las que no hay constatación oficial, pero lleva años recabando testimonios de vecinos de Porreres que así lo atestiguan.
"Mi madre y mi abuela acudieron a diversas administraciones para preguntar dónde estaba mi abuelo. Nunca les dijeron nada. Al final, sólo pedía que le dieran su cuerpo". Pero al dolor de la muerte del padre, se unió el del estigma de ser una familia de izquierdas. "Eran rojos y no tenían derecho a nada, ni lo tuvieron nunca. Mi abuela nunca cobró una pensión de viudedad, era la marginación total", relata la nieta. En su casa, recuerda, siempre se habló de la historia de su abuelo pero, conforme fue creciendo, se dio cuenta de que tendría que ser ella la que se encargara de recuperar sus restos e investigar lo sucedido. Por ello, decidió, primero, impulsar la asociación Memòria de Mallorca y, después, acudir a la Audiencia Nacional. "Cuando vimos que la Audiencia Nacional era capaz de investigar los crímenes de la dictadura argentina nos llenamos de esperanza. Pensamos que era imposible que nos amparara a nosotros, los hijos y los nietos de los desaparecidos en la Guerra Civil".
Ahora, con Garzón a punto de sentarse en el banquillo por declararse competente para investigar crímenes como el de su abuelo, María Antònia siente que, de nuevo, han perdido "los de siempre". "Este proceso abre nuevas heridas, porque el dolor es algo que no prescribe, que pasa de generación en generación", denuncia. Agotadas ya todas las opciones en España, la nieta de Andreu París ha ido a buscar justicia para su abuelo y para otros represaliados de Mallorca al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo. Porque, si algo tiene claro, es que está dispuesta a luchar "hasta el final".
Olga Alcega
Nieta de fusilado
Olga Alcega no llegó a conocer a su abuelo Antonio Alcega Lázaro, fusilado el dos de septiembre de 1936 en Magallón (Zaragoza) por un grupo de falangistas, pero ha dedicado gran parte de su vida a recuperar su cuerpo y su memoria. Comenzó a buscar a finales de los setenta, de la mano de su padre. Pero el intento de golpe de Estado de Tejero, el 23 de febrero de 1981, volvió a meter el miedo en el cuerpo de la gente. "Se dejó de buscar, volvió el silencio... ¡Han sido siempre tantos los muros que nos han puesto!", lamenta. A partir del año 2000 fueron los nietos los que cogieron el testigo. Y comenzaron a tirar con más fuerza.
El proceso desde entonces ha sido largo, lleno de momentos "amargos", también de otros "muy felices", pero el 9 de abril de 2010 Olga logró completar el ciclo. Los restos de 81 personas fusiladas en Magallón, entre ellos su abuelo, fueron devueltos a sus familias. En aquella ceremonia, Olga se refirió a los nietos de los republicanos fusilados como "la primera generación sin miedo".
Antonio Alcega Lázaro era cartero en Bureta (Zaragoza), regentaba un café, tenía tierras, algunas vacas y gestionaba también una fonda en Tudela (Navarra). "Siempre me han dicho que era un hombre muy emprendedor y que tenía una cultura fuera de lo común para la época y la zona rural en la que vivía", recuerda Olga. "Era una persona de izquierdas, pensamos que pudo militar en Izquierda Republicana, pero no tenemos documentación que lo acredite".
La Guardia Civil fue a buscar a Antonio cuando este estaba ordeñando a las vacas en el abrevadero de detrás de su casa. "No le dejaron entrar en casa. Le llevaron al Ayuntamiento y parece que ya salió de allí muy malherido", relata Olga. En el informe forense que ha recuperado la familia se detalla la rotura de algunas costillas y otros golpes. "Al día siguiente ya estaba muerto. Una vecina vino a decírselo a casa a mi abuela. Mi padre acababa de cumplir 10 años", amplía.
A partir de entonces, como ocurría en casa de todos los fusilados, "comenzó un duelo durísimo". "Les quitaron todos sus bienes, las vacas, las tierras, las yeguas, la casa... Les incautaron todo. Mi abuela nunca cobró una pensión, nunca fue viuda. De vivir holgadamente mi padre tuvo que dejar de ir al colegio porque era hijo de un rojo", recuerda la nieta de Antonio. Su abuela tuvo que aguantar los constantes robos y registros por parte de las autoridades franquistas. Le abrieron dos expedientes, uno de incautaciones y otro de responsabilidades políticas. A día de hoy, la Justicia nunca ha investigado si esta familia merece una recompensa por el robo de sus bienes.
Olga es otra de los testigos elegidos por Garzón para declarar en la causa de los crímenes del franquismo. Ante el Tribunal Supremo, asegura que volverá a dejar claro que fueron ellos, las víctimas, los que acudieron al magistrado en busca de justicia. "Quiero llegar hasta el final. Me gustaría saber quiénes y por qué mataron a mi abuelo. Los nietos de los asesinos no tienen la culpa, pero yo tengo derecho a saber", afirma.
Esa necesidad de hacer justicia es también un homenaje a todas las viudas que, para evitar venganzas, se llevaron muchos secretos con ellas. "Mi abuela siempre me decía que los que habían matado a su marido eran una asesinos y que sus hijos no lo tenían que ser", sentencia.
Pino Sosa
Hija de fusilado
Cuando la democracia todavía daba sus primeros pasos en España, Pino Sosa se atrevió a pedir en el pleno del Ayuntamiento de Arucas (Las Palmas), donde acababa de ser elegida concejala por el PSOE, que quería abrir el pozo de Llano de las brujas. ¿Por qué ese empeño? Sospechaba que allí yacía el cuerpo de su padre, José Sosa Déniz, también socialista, asesinado por las autoridades franquistas en la primavera de 1937. El pozo se abrió muchos años después, en 2008, y aparecieron los restos de diez personas. El padre de Pino no estaba entre ellos.
José Sosa Déniz era latero de profesión, estaba afiliado al PSOE y era el tesorero de esa formación en Arucas. Su hija Pino cuenta que su madre estaba embarazada de ella cuando lo detuvieron. Cuando nació fueron a verle a la cárcel hasta en tres ocasiones, pero sólo les dejaron verlo dos veces. Tenían que caminar 40 kilómetros para llegar a la prisión.
"El 10 de marzo de 1937 lo soltaron, los amigos le decían que se fuera, que en Arucas corría peligro. No quiso marcharse y, nueve días después, volvieron a por él", recuerda Pino. Y esa vez sí fue la definitiva. La familia siempre sospechó que lo habían fusilado y arrojado al pozo de Llano de las brujas, pero la última exhumación demostró que no estaba allí. No obstante, Pino no pierde la ilusión de recuperar el cuerpo de su padre y asegura que en Arucas quedan otros tres "en los que se sabe que hay gente a la que fusilaron y tiraron allí".
"Desde pequeña he estado buscando, queriendo saber más. Recuerdo que, cuando iba de paseo con mi madre, ella cogía un ramito de flores silvestres y las iba tirando a los pozos. Sabíamos y sabemos que a mi padre lo tiraron a alguno de ellos, pero era algo de lo que no se podía hablar. Aquí no hubo guerra, sino un represión tremenda. Todos tenían miedo de que se los llevaran...", cuenta.
Pino también acudirá a declarar como testigo en el juicio a Garzón. Asegura que en el trabajo del magistrado tenía puesta la esperanza de encontrar a su padre para darle la sepultura que se merece y cerrar un capítulo de su historia. "Él comenzó a investigar porque nosotros se lo pedimos. Esto es importante", sentencia.

Etta James, la fiera nunca domada


Activa desde 1954, la cantante mantuvo su dignidad hasta el final, en una carrera que incluyó blues, jazz y soul. Murió en California víctima de una leucemia
Etta James, que falleció hoy en el hospital Riverside Community de California, por culpa de complicaciones en la leucemia que padecía, por  era la proverbial dama de armas tomar. En 2009,arremetía contra Barack Obama, que prefirió llamar a Beyoncé Knowles para las celebraciones de su toma de posesión en Washington. El presidente y su esposa bailaron acaramelados con At last, uno de los grandes éxitos de Etta, pero cantado por Beyoncé.
Otra suplantación más, que dolía por venir de quién se suponía lo bastante sensible para evitar esos deslices. Llovía sobre mojado, dado que Etta James había sido encarnada por Beyoncé en la película Cadillac Records, un retrato de la discográfica Chess que se tomaba muchas libertades con la historia real deEtta. Su indignación resultaba comprensible: Beyoncé, el modelo fashion de feminidad negra, se llevaba toda la atención mientras ella, la original,solo podía actuar en locales modestos.
Y es que EttaJames siguió trabajando hasta que su cuerpo dijo basta, debilitado por la leucemia y el alzheimer. En noviembre, Verve/Universal publicó The dreamer,un disco de soul sorprendentemente robusto, y no digamos para tratarse de una cantante de 73 años. La jubilación nunca fue una opción para artistas como Etta James, que no componían y que no recibieron suficiente compensación de muchas de las discográficas que contaron con sus servicios.
Paradigma delas glorias y miserias de la música negra, Jamesetta Hawkins nació en LosÁngeles en 1938. Nunca conoció a su padre, posiblemente blanco (ellasospechaba que pudo ser Minnesota Fats, un maestro del billar inmortalizado enla película El buscavidas). Educada musicalmente en la iglesia baptista,era menor de edad cuando llamó la atención de Johnny Otis, otro extraordinariobuscavidas, que la lanzó con una canción lujuriosa, Roll with me Henry,púdicamente rebautizada en la galleta del disco como The wallflower.
Tuvo más éxitos considerables durante la segunda mitad de los años cincuenta pero su visibilidad aumentó en 1960, cuando fichó para el sello Chess, en Chicago.Leonard Chess la vio como vocalista de amplio espectro y la hizo grabar desde baladas empapadas de violines (Trust in me o la citada At last)hasta sesiones de jazz, aparte de un incendiario directo, Etta James rocksthe house. Con la eclosión del soul a mediados de los sesenta, Ettapudo sacar al aire todos sus recursos de mujer brava y lenguaraz. Fascinó al gran público con Tell mama y la dolorida I’d rather go blind,ambas grabadas en 1967 con los músicos blancos de Muscle Shoals, en Alabama.
Todo setorció poco después. La muerte de Leonard Chess provocó la decadencia de su compañía, incapaz de proporcionar el impulso que necesitaba Etta. Aún peor:ella, que había flirteado con muchas drogas, se convirtió en heroinómana. Los años, las décadas, se fundieron en un vertiginoso carrusel de malas compañías,detenciones, condenas, intentos de desintoxicación. Aunque también hubo discos con admiradores como el productor Jerry Wexler, responsable del potente Deepin the night.
Pudo equivocarse a la hora de escoger amantes pero Etta nunca desperdició sus poderes: durante su época dura, el redactor de estas líneas acudió a verla a un pequeño restaurante del downtown de Los Ángeles. En un escenario mínimo,con una banda elemental, dio cumplida cuenta de sus clásicos…y desapareció nada más cobrar, a pesar de que había accedido a una entrevista.
Con la ayuda del experto David Ritz, explicó sus altibajos vitales en una descarnada autobiografía, Rage to survive: the Etta James story (1995) . Se podía permitir la sinceridad ya que su carrera se volvió a enderezar a finales de los ochenta. No pudo tomar el puesto de Janis Joplin, como fantaseaban algunos productores, pero facturó discos espléndidos en Island y Private Music.Solucionó elegantemente caprichos -o encargos- como Mistery lady,colección de piezas identificadas con Billie Holiday, y Christmas,canciones navideñas.
La reedición de su material clásico, en antologías del calibre de R & B dynamite oThe Chess box, ayudó a situarla históricamente. Había en ella un descaro natural, que explica tanto sus andanadas contra Obama y Beyoncé, como las audacias en su repertorio. Para consternación de sus doctores, su reciente disco contenía odas al alcohol y al tabaco, aparte de una insospechada versión de Welcome to the jungle, de Guns ‘N’ Roses.

Postales desde el pasado

La página web 'Cronicae' intenta reconstruir dos siglos de historia gracias a las fotos antiguas que sus usuarios comparten y colocan en un mapa del mundo
Desde la ventanilla se podían ver los geranios. Francisco Guijarro aún recordaba aquel detalle de la última vez que había pasado por la estación madrileña de Torrelodones, en un tren camino de El Escorial. Así que al acercarse a esa parada, muchos años después, avisó a su compañera de viaje, Sonia Bernaldo, del bonito paisaje que les esperaba. Sin embargo, el nuevo Torrelodones les enseñó otra cara: ya no había flores, sino un “edificio moderno y horrendo”, cuenta Guijarro.
La mente decepcionada de Bernaldo empezó entonces a pensar en la fórmula para rebobinar el mundo. A fuerza de darle vueltas al asunto, su trabajo (diseñadora de páginas web, al igual que Guijarro) le ofreció la solución: un mapa digital donde todos pudieran colocar y compartir sus fotos antiguas. Hizo falta un año de trabajo, y seis meses de desarrollo concreto, hasta que Bernaldo, Guijarro y su colega Jorge de Aguinaga parieran Cronicae.com.
A lo largo de tres semanas (la web debutó el 22 de diciembre) esa suerte de álbum de familia mundial ya ha acogido a más de 1.000 parientes. Cualquiera puede acceder, registrarse y catapultar sus fotos amarillentas de antaño desde un cajón olvidado hasta la Red. Eso sí, antes hay que digitalizarlas. De hecho, entre centenares de postales, el usuario Borja Meneses ha publicado precisamente una imagen de la estación de Torrelodones del 1 de enero de 1985.
Camino de la ambición (“¡Haz historia!”, reza el lema de la página web), Cronicae ha volado de década en década y hecho escala en medio planeta. De la calle principal de Kuta (Indonesia) en 1993 hasta el Jardín del parque God en Colorado (EE UU) en 1950, pasando por la plaza Navona de Roma en enero de 1960, sus banderitas coloridas cuelgan de todos los continentes.
Pese a ello el mapa desvela todavía muchos vacíos. Guijarro y Bernaldo se justifican con el hecho que acaban de empezar y que, aún así, tienen usuarios “hasta en la Antártida”, aunque la mayoría proceden por ahora de España y Latinoamérica. Presumen además de que Cronicae se puede traducir a 53 idiomas, gracias a que aprovecha el  servicio de Google.
La comprensión inmediata es imprescindible para que el proyecto “nos una y nos desarme”, una de las razones que llevó a los tres creadores hasta la meta. “Las fotos del pasado nos recuerdan de dónde venimos, nos transmiten humanidad”, asegura Guijarro. Aunque el objetivo final sube el listón bastante más. “Queremos que el mundo se retrate audiovisualmente”, apunta Bernaldo.
No quieren, en cambio, ganar dinero. Guijarro y Bernaldo repiten hasta tres veces que ya sacan de su trabajo el provecho suficiente como para volcarse sin afán de lucro en la caza a las cromos del pasado. Además, prometen que pronto Cronicae permitirá compartir documentos vídeos y audios. O, lo que es lo mismo, ver y escuchar la historia. Para olerla, habrá que esperar a que la tecnología lo permita. Una lástima: seguro que aquellos geranios de Torrelodones perfumaban divinamente.

luns, 30 de xaneiro de 2012

Un thriller bajo el frío y las bombas de la guerra


Herrero estrena 'Silencio en la nieve', un filme sobre la División Azul
P. C. MADRID 21/01/2012
Más de cuatro millones de euros de presupuesto. Un rodaje a menos 25 grados centígrados durante seis semanas en Lituania. Tanquetas y trajes de la II Guerra Mundial traídos desde Polonia. Y un tema llamativo: la actividad de la División Azul, el Ejército que envió Franco para ayudar a las potencias del Eje en el frente ruso.
Bajo la paradoja de hallar un asesino en medio de una guerra en la que cada día mueren decenas de personas, esto es en toda su dimensión Silencio en la nieve, la última película de Gerardo Herrero (y su número 15), estrenada este fin de semana. Un mejunje correcto de Historia y thriller recreado a partir de un guión que parte de la novela de Ignacio del Valle, El tiempo de los emperadores extraños, y que cuenta con las interpretaciones principales de Juan Diego Botto como Arturo Andrade, un antiguo inspector de Policía en la República, y Carmelo Gómez como el sargento Espinosa, un franquista convencido. "Creo que este es el personaje más opaco que he hecho. Apenas sabía nada de él y ha sido difícil encajar ahí", señala Botto. "Desde luego son dos hombres con ideas polarizadas, pero en esa situación se crea una verdadera relación de amistad. Y eso suele pasar en el Ejército", añade Gómez.
La película se asienta en dos pilares que llaman la atención del espectador. La primera, la temática. No hay muchas películas sobre la División Azul y aún hoy sigue existiendo cierta bruma sobre este grupo de soldados entre los que se encontraban falangistas convencidos de ayudar a Hitler, pero también republicanos represaliados por su actuación durante la Guerra Civil. "No quería hacer una película maniquea. Era fácil no presentar bien a los facistas, pero lo cierto es que hubo mucha gente de diverso signo en aquel frente, incluso chavales que sólo buscaban aventura. He intentado no juzgar a los personajes", advierte Herrero, quien asegura conocer "ahora un huevo" sobre los divisionarios.
Honor y venganza
La ambientación realizada por Eduardo Hidalgo es otro de los puntos a favor de esta cinta. Rodada en Vilnius y Kaunas, el hielo y el frío se cuelan en la pantalla, y aunque en ocasiones se vean unas costuras que nos muestran que no estamos ante una superproducción de Hollywood, eso no desmerece la ambición de este trabajo artístico, conseguido en parte "gracias al dinero logrado fuera de España", apunta Herrero. La película consiguió una subvención del fondo Euroimages, de la Unión Europea, y como reconoce su director, "cuando empecé a trabajar en ella no teníamos la crisis actual. Ahora no sé si me hubiera embarcado en ella".
No obstante, más allá de lo que se podía haber hecho con más o menos dinero, el producto final muestra el duelo interpretativo entre Botto y Gómez. A pesar de envolverse con tramas algo olvidables (como la relación romántica del personaje de Botto), la película intenta hablarnos del honor y los deseos de venganza. "Es que esa es la manera que tienen los personajes de mantenerse cuerdos. Están en una situación tan extrema que necesitan algo que les mantenga en contacto con la humanidad", zanja el escritor Del Valle.

El 'Azor' ya es chatarra histórica


El artista Fernando Sánchez Castillo desguaza el barco de Franco y lo manda al Matadero, convertido en una escultura abstracta
PEIO H. RIAÑO MADRID 21/01/2012
Es posible que Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970) sea el artista que más veces ha descuartizado a Francisco Franco. En esta ocasión, su obsesión por analizar la exaltación y el miedo que tiene este país con los mitos de la Guerra Civil y la dictadura, le ha llevado a comprar el Azor, la embarcación de recreo del dictador, que hasta el momento se encontraba varado como reclamo turístico del Mesón El Labrador (km. 223), en el pueblo burgalés de Cogollos. Y la ha troceado.
Sólo ha dejado intactos y reconocibles el mástil, los asientos y las letras con el nombre del barco. Con esta acción ha logrado que uno de los últimos referentes vivos (aunque abandonado) haya perdido todo su significado al transformarlo en una gran montaña de acero y aluminio pasada por el desguace, un prisma sin carga emotiva. Ahora descansa en paz, arrugado, en la nave frigorífica del Matadero de Madrid, convertido en una escultura mini-malista gigante.
Hasta el momento, Fernando ha protagonizado las reflexiones más incisivas y molestas sobre las imágenes legadas del pasado, porque como él mismo dice "tenemos un problema con nuestra historia". Es difícil olvidar trabajos como la visita con invidentes a un almacén para tocar una escultura de Franco, retirada gracias a la Ley de la Memoria Histórica. Pero en realidad, lo que aquel trabajo demostró, al negarle el acceso a cientos de imágenes salvo el permiso del Ayuntamiento de Barcelona, fue la incapacidad de este país para tratar con normalidad ciertos elementos de su historia más reciente. La sombra del silencio es tan alargada que oprime a la democracia.
Sánchez Castillo, el destructor de tabúes, ha titulado a su intervención Síndrome de Guernica. "El barco ha cambiado de estado, ha pasado del campo del mito y la memoria a la órbita de la estética moderna. Por primera vez Picasso utilizó en el Guernica un lenguaje formal como el cubismo para meterse en un asunto real y cruel. Mi proceso fue a la inversa: pase la historia a una paz formal, como el cubo. Es una forma abstracta que no suelo utilizar porque soy más figurativo", explica a este periódico el artista.
"Responsabilidad histórica"
Con sus palabras quiere aclarar que no tiene "responsabilidad histórica" por haber desguazado el barco. "Tengo una responsabilidad estética. No soy polemista, no lo considero una destrucción. Se destruye cuando el barco deja de ser barco, pero ahora hay una memoria de lo que fue el barco". De hecho, el destino de la nave era la destrucción por decreto ley, pero la orden no se llegó a cumplir nunca.
"El mayor tabú es que yo estoy actuando como el Estado, que oculta las esculturas de Franco", recuerda el artista en referencia a la falta de normalidad democrática en la gestión de la memoria histórica de las instituciones. Es más, la burocracia, las úlceras, las negativas son parte de su proceso democrático al demostrar que 35 años no han sido suficientes para la Transición.
Reconoce que con la transformación en chatarra del Azor se enfrenta a varios momentos de la vida del barco, que coinciden con los de la historia contemporánea española. "La vida como barco en la dictadura, donde Franco determina el heredero al trono y prueba a los ministros; la Transición que ordenó su destrucción, pero que Felipe González usa un verano; y el momento postcapitalista, cuando se intenta rescatar por la vía comercial y convertirlo en un hotel flotante en Marbella, lo que choca con la orden del Estado que quiere ocultarlo y hacerlo desaparecer, pero no lo consigue", resume el artista.
Sánchez Castillo retoma las palabras de Picasso al responder a los nazis cuando le recriminaban el Guernica: "No, no, esto lo han hecho ustedes". "Pues esto lo hemos hecho entre todos. La autoría no es solamente mía, el artista es un catalizador, un acelerador de procesos", cuenta en alusión a la conservación que hace la sociedad de la memoria. "El barco está mejor preservado que nunca".
Fernando ha reciclado el paisaje intelectual del país, ha desmenuzado durante una semana el barco con ayuda de los recuperadores del metal (a quienes pertenecen los bloques que se amontonan en Matadero). Compró el barco por algo más que al peso, pagó por la historia. No quiere desvelar por cuánto, pero asegura que cualquier ciudadano español podría haberlo hecho antes que él, pero "no interesaba a nadie". "Franco ya no era rentable económicamente", asegura.
El último viaje
El último propietario del Azor explica que el arte contemporáneo no es una labor terapéutica, porque "no hay consuelo, ni es algo positivo". Menos aún si se está ante uno de sus trabajos, donde el espectador entra en conflicto con su propio pasado, con su propia definición e identidad. Reconoce que ha sido un proyecto de alto riesgo, que ha actuado con un secretismo casi militar y que esta visión multiplica las preguntas, sin responder ninguna. Remata en un lacónico "los artistas somos gente molesta", sólo superado con un determinante "si pudiera, me exiliaría".
El último viaje del Azor fue al desguace. La metáfora del penúltimo signo del franquismo. "El último es el Valle de los Caídos, pero eso se caerá solo", afirma, porque, según cuenta, la piedra caliza que se empleó era de baja calidad y se está resquebrajando sin remedio. El Azor se ha despedido sin odas ni cantares, parecía indestructible y en su nueva vida es jugo de un artista. Ya no está, aunque se siente.