martes, 5 de xaneiro de 2010

La ambigüedad moral en tiempos de guerra


La novela de intriga 'El cuarto oscuro de Damocles' analiza la actitud de Holanda frente al nazismo

CARLOS PARDO - Público - 05/01/2010

La resistencia de los Países Bajos durante la ocupación nazi no ha tenido el tirón romántico de, por ejemplo, la francesa. Se dice que los holandeses (como sus vecinos belgas flamencos) colaboraron con el invasor desde 1940 hasta 1945. Fueron "ocupados de primera". Pero qué duda cabe que las cosas no fueron tan simples. Esta ambigüedad es la matriz de la que han salido algunas de las mejores obras de la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX, como El cuarto oscuro de Damocles (Tusquets), primera novela de Willem Frederik Hermans publicada en España.

Comparado a menudo con Kafka por su descreída visión de la libertad del hombre, Hermans (Ámsterdam, 1921-Utrecht, 1995) es uno de los principales escritores europeos de lo que en la posguerra se llamó existencialismo. Polemista nato, defendió su derecho a discrepar en algunas causas peligrosas entre ellas una visita a la Suráfrica del apartheid, estando casado con una mujer negra que le valieron la expulsión de la Universidad de Groninga. En 1973, se instaló en París.

El cuarto oscuro de Damocles es su novela más célebre, traducida a multitud de idiomas y con más de 40 ediciones en Holanda desde su publicación en 1958. Su protagonista, Henri Ousewoudt, bajito y con voz aguda, se convierte en un héroe de la resistencia holandesa casi a su pesar. Hasta entonces, la vida de Ousewoudt consistía en plegarse a unas circunstancias que rozan lo grotesco: su madre mata a su padre en un ataque de locura, él se casa con una prima mayor que él y vive con un sentimiento de inferioridad latente hasta que aparece Dorbeck, una especie de doble del propio Ousewoudt.

Dueño de su propia vida

Dorbeck es casi idéntico en altura y facciones, pero como si fuera una copia mejorada: emprendedor, con barba y voz viril. O más bien como si la copia fuera el propio Ousewoudt. Dorbeck le encargará misiones de sabotaje que harán de Ousewoudt el dueño de su vida, un hombre moral: "Después de conocer a Dorbeck, quise algo por primera vez, aunque sólo fuera ser como él, querer lo mismo que él. Y querer lo que quiere otro ya es más que no querer nada".

Hermans profundiza en su análisis de la ambigüedad moral de la Holanda ocupada y de la tendencia delatora que todo burgués lleva dentro. Cada ciudadano es un policía al servicio alemán, primero, y luego un patriota liberado dispuesto a solventar rencillas.

En la imposibilidad de definir lo bueno por oposición a lo malo, Hermans es un moralista del pesimismo, capaz de poner en boca de un oficial de las SS que "para un político es más efectivo eliminar a una víctima inocente que castigar a alguien culpable, ya que la víctima inocente liberada le guardará rencor, mientras que alguien culpable, si es indultado, estará agradecido".

Ousewoudt sufre por ser bueno. Es triturado por una realidad sin justicia ni coordenadas morales, donde cada punto de apoyo es un nuevo abismo. En su huida de una cárcel a otra, dos figuras cobran una importancia especial: Marianne, una judía que le ayuda a ocultarse, y una parodia del súper hombre, que tendrá una aparición fugaz en uno de los presidios, fugaz y significativa para comprenderlos límites morales en los que se mueve esta novela.

Hermans posee una prosa construida con percepciones irónicas que desembocan en el absurdo, es capaz de construir una compleja trama de intriga policial que mantiene atrapado al lector. En su acerba visión del ser humano, aislado en un mundo donde el hombre es un fiscal para el hombre, el escritor holandés no tiene modelo.

¿Debe el Estado buscar a García Lorca?


JULIÁN CASANOVA- El País- 05/01/2010

La sublevación militar de julio de 1936 inauguró en España un tiempo sin ley. La obediencia a la ley fue sustituida por el lenguaje de las armas, el desprecio a los derechos humanos y el culto a la violencia. Bajo esas circunstancias, sin ley que obedecer, sin miedo al castigo, aparecieron por todas partes bandas de asesinos, amparadas por los militares, por terratenientes y burgueses asustados por la revolución, que organizaban cacerías y ajustes de cuentas.

Esa oleada de terror, que dejaba a los ciudadanos allí donde caían abatidos, en las cunetas de las carreteras, en las tapias de los cementerios, en los ríos, en pozos y minas abandonados, acabó con la vida de Federico García Lorca. También con las de otros miles de personas, alcaldes, gobernadores civiles, presidentes de las Diputaciones provinciales, diputados elegidos por la coalición del Frente Popular en febrero de 1936, dirigentes sindicales y políticos, campesinos y trabajadores. Los muertos no cabían en los cementerios y por eso se cavaban grandes fosas comunes,cualquier lugar era bueno para matar y abandonar los cadáveres.

Los asesinos ocultaron los cuerpos porque eso aseguraba su impunidad, borraba las pruebas del crimen. Además, como después ganaron la guerra, nunca tuvieron que dar explicaciones sobre su paradero porque nadie les pidió cuentas. Más de setenta años después, muchos de los familiares de esas víctimas no saben dónde están sus restos, desperdigados por lugares insospechados. Es normal que los busquen, que quieran desenterrarlos, obtener la satisfacción sentimental y simbólica de volver a enterrarlos con dignidad. Mientras no se desvele la suerte de sus antepasados, esa historia traumática seguirá presente entre ellos.

¿Qué puede o debe hacer el Estado democrático, sus principales responsables e instituciones, para gestionar ese pasado de violencia y muerte? Hay opiniones para todos los gustos.

Están los que se ríen de quienes "remueven tierra buscando huesos", proponen pasar página, negar el recuerdo, cancelar el pasado. Aznar y Rajoy, voces autorizadas para millones de personas que piensan como ellos, lo repiten siempre que sale el tema: el Gobierno no puede dedicarse a tonterías como la memoria histórica o a la investigación sobre miles de desaparecidos en el pasado. Es la sombra alargada del legado ideológico de la dictadura de Franco, un legado pesado que regresa con diferentes significados, que actualizan desde la democracia sus herederos, políticos, periodistas o aficionados a la historia.

Frente a la cancelación ideológica de ese pasado, hay quienes proponen su recuperación, también ideológica, basada en la memoria testimonial, de grupo, partido o asociación, en el recuerdo del acontecimiento contado por los contemporáneos y sus descendientes. Detrás de esa explosión de recuerdos, que muchos llaman memoria histórica, hay básicamente dos supuestos que la legitiman y le dan fuerza frente a la historia más profesional y científica: por un lado, que esos recuerdos cuentan cosas que la historia oficial, académica o salida de los documentos, nunca registró; por otro, que lo que hacen los recuerdos es colmar una necesidad irresuelta de justicia y retribución después de tantos años de silencio y olvido. Y nada mejor para ello que buscar los restos, localizar fosas, desenterrar a los muertos y volver a enterrarlos.

Si se atiende a esa corriente de "recuperación de la memoria histórica", la búsqueda de los restos de Federico García Lorca no debería ser más importante o primordial que la de miles de campesinos o trabajadores que nadie recuerda o la de autoridades que sirvieron a la República y lo pagaron con sus vidas. Además, por lo que respecta a las víctimas de la Guerra Civil, una política pública de memoria y educación, decidida desde la democracia, debería tener en cuenta a todos los asesinados sin procedimientos judiciales ni garantías previas que hubo en las dos zonas, aunque sabemos, y hay que seguir recordándolo, que fueron los golpistas de julio de 1936 quienes provocaron la guerra, la ganaron e impusieron después una cruel dictadura en la que varias decenas de miles de vencidos, perdedores, acabaron también con sus cuerpos bajo tierra.

El conocimiento histórico tiene que ir más allá de la memoria testimonial. Necesitamos una investigación exhaustiva sobre las circunstancias de la muerte y el paradero de todas esas víctimas de un tiempo sin ley, una agenda de investigación sobre los hechos todavía inexplorados y las personas sin localizar. Una parte de esa labor estaría ya resuelta si el Gobierno hubiera prestado la debida atención al requerimiento del juez Baltasar Garzón y hubiera creado una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas por la violencia política durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Los intereses políticos y judiciales del presente han dominado, sin embargo, sobre la necesaria comprensión y explicación de lo que ocurrió. La pregunta es si este Estado democrático que tenemos quiere o no poner los medios necesarios para restituir a las víctimas su identidad. Y no sólo a Federico García Lorca.

Arrancan las obras para eliminar el nombre de Franco del Cuartel General del Aire


La placa que exalta al "caudillo de España" se tapará con una losa

NATALIA JUNQUERA - El País - 05/01/2010

Franco está a punto de abandonar uno de los edificios más imponentes de Madrid. En 15 o 20 días su nombre dejará de presidir la fachada del Cuartel General del Aire porque un grupo de operarios ha comenzado a trabajar para retirarlo. Donde ahora se lee Franco, Caudillo de España, 1954, sólo se leerá 1954, la fecha en la que fue construido el edificio.

Además, para eliminar cualquier rastro del franquismo del Cuartel General del Aire, se colocará sobre su fachada un escudo constitucional, según ha informado una portavoz del Ministerio de Defensa. También serán retirados dos "V" de victoria que recordaban al bando ganador de la Guerra Civil.

El Ministerio de Defensa ha dedicado el último año a hacer un inventario de los vestigios del franquismo que aún continuaban presentes en sus instalaciones militares para proceder a eliminarlos en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. El proceso se ha ejecutado "en un 99,5%" según la portavoz. El Gobierno ha designado a un grupo de expertos en patrimonio para decidir sobre aquellos símbolos "dudosos", que por su valor cultural o histórico puedan ser "indultados" en este proceso de eliminación.

El principal residuo del culto al dictador que aún pervive en la capital es el llamado Arco de la Victoria, erigido en su honor en 1956 precisamente frente al Cuartel del Aire y que iba a albergar en su remate la estatua ecuestre de Franco. La escultura fue instalada finalmente en Nuevos Ministerios y retirada en marzo de 2005. El anagrama Víctor, de inspiración romana, aún puede verse en muchas viviendas modestas edificadas bajo el franquismo.

El pasado 29 de junio Franco fue destituido como alcalde honorario de la capital. El pleno municipal despojó al difunto dictador, con los votos a favor de los tres grupos políticos, de cuatro títulos que le había concedido en 1964, 1959 y 1942: alcalde honorario, hijo adoptivo, medalla de oro y llave de oro. Además, a la esposa de Franco, Carmen Polo, también le fue retirado el título de hija adoptiva de la ciudad.

Lo que dice la ley

Artículo 15. Símbolos y monumentos públicos.

Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas.

Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley.

El Gobierno colaborará con las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales en la elaboración de un catálogo de vestigios relativos a la Guerra Civil y la Dictadura a los efectos previstos en el apartado anterior.

Las Administraciones públicas podrán retirar subvenciones o ayudas a los propietarios privados que no actúen del modo previsto en el apartado 1 de este artículo.

Ella vio los "ojos terribles" de Hitler


Freya von Moltke, esposa de una de las figuras de la resistencia alemana contra el nazismo y miembro del Círculo de Kreisau, fallece a los 98 años en EE UU

JACINTO ANTÓN - El País - 05/01/2010

Freya von Moltke no lo sabía, pero aquel hombre cuyos "ojos terribles" tanto la inquietaron un día al encontrárselo cara a cara en la penumbra en una sala de proyección berlinesa mandaría años después a la horca a su marido.

Freya Deichmann, nacida en 1911 en Colonia y fallecida ayer en Vermont (EE UU), donde vivía, fue la esposa de una de las grandes figuras de la resistencia alemana contra el nazismo, el conde Helmuth James von Moltke, centro, junto con Peter Yorck von Wartenburg, del Círculo de Kreisau, de uno de los grupos fundamentales de oposición al régimen de Hitler, y ajusticiado en la prisión de Plötzensee el 23 de enero de 1945 tras ser condenado por alta traición.

Como las mujeres de otros prominentes miembros de la lucha antinazi, Freya, que, según su propio testimonio, topó con Hitler dos veces poco antes de que éste subiera al poder (en el cine y en una representación de Los maestros cantores: le parecía "una espantosa fatalidad para Alemania"), tuvo un activo papel en la labor clandestina de su marido. No obstante, a diferencia de otras esposas como Nina von Stauffenberg, no resultó alcanzada por la vengativa práctica de Sippenhaft, el encarcelamiento de familiares de conspiradores, que era una de las prácticas atroces del III Reich. Así, pudo visitar habitualmente a Von Moltke en la cárcel y pugnar por su liberación (además de pasar cartas y hacer de correo, con escritos metidos en pastelitos, entre los compañeros presos). De hecho, había llegado hasta el peligroso Himmler el mismo día en que, a las cuatro de la mañana, ahorcaban a su marido.

Familia del famoso mariscal (sobrino biznieto), Von Moltke, al que se ha saludado como la mente más lúcida de la resistencia alemana contra Hitler, es, claro, el otro conde de la misma -aunque hubo bastantes de ellos involucrados en la lucha-. Son muchas las cosas que le unen al que, gracias en parte al cine, se ha convertido en la figura emblemática de la resistencia, Claus von Stauffenberg, el autor material del atentado del 20 de julio de 1944. Pero también muchas las que los separan. Von Moltke, de hondas convicciones cristianas (e inclinaciones socialistas), se oponía a la acción violenta contra Hitler e incluso llegó a felicitarse (que ya es conciencia) por haber sido detenido (en enero de 1944, acusado de avisar a un amigo de que iban a arrestarlo) antes de se le incluyera en la preparación activa del golpe de Estado, que desaprobaba. Achacaba a la divina providencia -en realidad fue la Gestapo- que su captura le hubiera servido para "quedar y seguir libre de cualquier asunto relacionado con el uso de la violencia" (véase el extraordinario testimonio que son sus cartas desde la cárcel, publicadas por Acantilado). Esos escrúpulos no le salvaron de morir a resultas de la oleada salvaje de represalias de Hitler tras el atentado. Su esposa Freya parece haber sido menos tiquismiquis con respecto a cargarse al líder nazi y siempre consideró, como otros miembros del Círculo de Kreisau que sí se implicaron en el frustrado tiranicidio, que había que intentarlo.

Tras la ejecución de su marido, Freya von Moltke aguardó en la finca familiar de Kreisau (Silesia) -donde se reunían los miembros del grupo- con sus dos hijos y las mujeres de otros resistentes ajusticiados el fin de la guerra. Luego marchó a Suráfrica, de donde era su suegra, y vivió allí de 1947 a 1956.

De regreso a Berlín conoció al filósofo Eugen Rossentock-Huessy, que había sido profesor de su marido, y se marchó a vivir con él a Vermont. Mujer con una honda conciencia ética, se implicó activamente en la defensa de los derechos humanos y el entendimiento entre los pueblos, y se consagró a mantener viva la memoria del Círculo de Kreisau y de la resistencia alemana.

Lecciones de una guerra fracasada


Veteranos de la invasión soviética de Afganistán afirman que EE UU comete sus mismos errores - "Deberían trabajar con la población", dice un ex combatiente

RODRIGO FERNÁNDEZ - El País - 05/01/2010

"¿Qué podía hacer el Ejército soviético contra una guerra de guerrillas en terreno montañoso? Los muyahidin minaban los caminos o ponían tres ametralladoras y las disparaban un minuto contra nuestra caravana militar. El resultado era cuatro o cinco muertos y varios heridos, mientras los atacantes desaparecían de inmediato sin dejar rastro", recuerda Franz Klintsévich, uno de los soldados soviéticos que combatieron en Afganistán en los años ochenta. "Los estadounidenses deberían saber que cualquier grupo armado que llegue a Afganistán está condenado al fracaso, porque tendrá a la población en contra".

Cuando se acaban de cumplir 30 años del inicio de la invasión de Afganistán por parte de la URSS, los rusos ven ahora cómo actúan las fuerzas de la coalición liderada por EE UU y recuerdan su propia experiencia, los errores cometidos y ponen atención en los que hacen los estadounidenses, al tiempo que se plantean el papel que podría desempeñar Rusia en esa lucha.

Hoy en Afganistán se desarrolla otra guerra. Los estadounidenses entraron en el país en 2001 para acabar con los talibanes y con Osama Bin Laden -ex aliados suyos-, pero los éxitos de la operación antiterrorista, en la que participan decenas de países, incluida España, son bastante humildes: el Gobierno de Hamid Karzai controla apenas un tercio del territorio, mientras que los talibanes ganan poder.

Las comparaciones entre ambos conflictos son inevitables. Klintsévich, que ahora es diputado y vicepresidente del grupo del partido gubernamental Rusia Unida en la Duma, mira hacia atrás y trata de evaluar la decisión que los dirigentes soviéticos tomaron en diciembre de 1979: "Se trata de uno de esos casos en los que, hagas lo que hagas, yerras: si envías tropas cometes un error, y si no lo haces también".

Lo mismo sucede ahora. Con respecto a las tropas estadounidenses en Afganistán, Klintsévich constata que la coalición repite algunas equivocaciones cometidas por los soviéticos -e incurre en otras nuevas-, pero "el auténtico error consiste en haber entrado". "Es imposible que un ejército controle a toda la población. La única manera de vencer sería destruir completamente el país. Cualquier otra posibilidad está condenada al fracaso. Por eso hay que retirarse y comprender que sólo se puede ganar trabajando con la población para introducir cambios ideológicos y mejorar la situación económica", añade.

Otro de los errores de los estadounidenses consiste, según Klintsévich, en que "no trabajan con la población local": "Nosotros construimos escuelas, viviendas, caminos, invertíamos mucho dinero en infraestructura, financiábamos al poder legislativo, trabajábamos con la población local, con la oposición y con los que eran más o menos neutrales. Un soldado podía ir al mercado y comprar sin temor alguno. En los lugares de emplazamiento de nuestras tropas, la gente iba y venía, porque había relaciones con la población local. Esto es muy importante. Un norteamericano, un alemán o un español no pueden ir hoy a un mercado afgano y comprar tranquilamente. No hay comunicación; yo tenía muchos amigos entre los afganos".

La ocupación de la URSS comenzó hace 30 años, cuando miembros de los servicios secretos soviéticos tomaron el palacio presidencial de Hazifullah Amín, a quien mataron, y pusieron en su lugar a Babrak Karmal, un marxista que era embajador en Checoslovaquia y que fue llevado urgentemente a Moscú y, de allí, a Kabul. El Ejército soviético había entrado dos días antes, después de que Amín enviara al Kremlin 13 peticiones para que las tropas soviéticas intervinieran en el país con el fin de combatir la sublevación masiva que había provocado su Gobierno dictatorial. Comenzaba así la más larga guerra librada en la historia de la URSS.

El problema para Klintsévich, que es también líder de la principal organización de veteranos de Afganistán, está en la época en que aquello ocurrió. La URSS estaba bajo el Gobierno de Leonid Bréznev, es decir, en pleno estancamiento; la sociedad se hallaba dominada por una ideología "que a veces iba incluso contra el sentido común"; reinaba un patriotismo a ultranza complementado por un "internacionalismo de larga tradición", que, dice Klintsévich, "se nos había inculcado yo diría que desde la guerra civil española". Este sentimiento era tan profundo que hoy es difícil creer que miles de rusos se ofrecieron para ir a combatir como voluntarios al país asiático.

La decisión de invadir Afganistán fue tomada por la URSS de forma consciente, en función de sus intereses geoestratégicos. Así lo explica Klintsévich: después del inesperado golpe de Estado del príncipe Mohammed Daud Khan en 1977, cuando comenzó la república, derrocado a su vez cinco años más tarde por Nur Muhammad Taraki y su Partido Popular-Democrático, los dirigentes soviéticos se dieron cuenta de que "sin grandes gastos, obteníamos seguridad al sur de nuestras fronteras". Y "para un país de 150 millones de habitantes, en el que 50.000 morían al año en accidentes automovilísticos, las pérdidas de unos miles de soldados no parecían importantes", afirma.

Para Vladímir Vshívtsev, comandante de un pelotón de exploración en la guerra afgana, no había alternativa. "Hay que comprender: si no hubiéramos llegado nosotros, nuestro lugar habría sido ocupado sin falta por los norteamericanos". Klintsévich tampoco duda que EE UU habría ocupado el lugar de la URSS si ésta no hubiera enviado a sus tropas. "Afganistán significaba 3.000 kilómetros de fronteras con la Unión Soviética, así es que permitir que Washington lo dominara era una locura. Y lo iba a hacer si Moscú no actuaba", explica el diputado, hoy coronel retirado.

No sólo los servicios secretos soviéticos eran muy activos en Afganistán. También lo eran los estadounidenses. Los que combatían contra los soviéticos recibían toda clase de ayudas. "Debemos reconocer que juntos, la URSS y Occidente, desarrollaron los brotes nacientes de terrorismo, juntos dejamos escapar al genio de lámpara, y ahora juntos cosechamos los frutos de aquellas acciones. El problema es que hoy ya es imposible volver a meterlo en una botella y mantenerlo encerrado. Generaciones enteras de hombres han crecido con la guerra; sólo saben combatir y lo más terrible es que se han acostumbrado y no quieren hacer otra cosa", opina Klintsévich.

"Las tropas de la OTAN tendrán que retirarse, y el Gobierno de Karzai durará mucho menos que el que nosotros dejamos cuando nos retiramos", señala. Klintsévich está seguro de que "los estadounidenses se retirarán sin haber triunfado". Pese a todo, reconoce que las tropas son necesarias allí. "Si no nos ocupamos de los talibanes, ellos se ocuparán de nosotros. Su fundamentalismo infectará al mundo árabe y a Asia central. Y serán una amenaza para todo el mundo".

El teatro español se olvida de la memoria histórica


Algunas obras no se han representado porque los ayuntamientos temían molestar a los verdugos del franquismo

JORGE GARCÍA - Público - 04/01/2010

Cuando el 31 de octubre de 2007 el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de Memoria Histórica, las víctimas de la Guerra Civil y las asociaciones que impulsaban los proyectos de recuperación y reparación de la memoria pensaron que habían dado un paso definitivo para dejar atrás el anonimato y el olvido al que la impunidad del franquismo les había relegado durante 40 años de dictadura. Sin embargo, después de dos años, la Ley no ha colmado las expectativas y el teatro, sin más, se ha olvidado de la memoria histórica.

Pocas, o casi ninguna, son las obras que retratan la España de la II República, la Guerra Civil, el franquismo o la represión atroz perpetrada durante la dictadura. Víctor Boira, autor e intérprete de La habitación 42, que narra cómo un hombre enterrado en una fosa común espera ser exhumado para poder reunirse con sus familiares, cree que el problema es que "el humor es lo que vende y es la forma en que los teatros intentan hacer caja, no buscan implicarse en temas sociales".

Marcos Ana, poeta español, víctima directa de la dictadura estuvo encarcelado en Burgos en los años sesenta y autor de la pieza dramática Sino sangriento mientras estaba en la prisión burgalesa, suscribe por completo la opinión de Boira y no tiene ningún duda de que "los teatros no son más que un negocio". Aun así, no todos los males de los textos pasan por el dinero. Ana afirma claramente que "unir memoria y teatro es la asignatura pendiente de la cultura española".

Pero los inconvenientes se acumulan para quienes intentan dar a conocer sus obras. "Es imposible acceder al circuito de grandes teatros. Puede haber obras puntuales, pero siempre tenemos que acudir a salas independientes", sentencia Boira. A pesar de estas trabas, él no se arrepiente de haberse embarcado en esta aventura: "A veces dicen que se está removiendo la mierda o que es una tontería. Para mí es algo más social que político, el teatro me ha facilitado la forma de expresarlo".

José María Pedreño, presidente de la Federación Estatal del Foro por la Memoria, señala a los creadores teatrales como responsables de la desmemoria de las artes escénicas. "Los autores no tienen interés en implicarse en estos procesos. Además, las pocas obras que existen casi siempre las representan aficionados y ocasionalmente, como es el caso de Carpio de Tajo o La taberna de Cadalso".

Falta de liderazgo

"No basta con escribir piezas fáciles, la Guerra Civil o la II República son temáticas inexploradas en el teatro español", explica Javier Yagüe, director de la sala Cuarta Pared, en Madrid, al referirse a una de las graves carencias para aproximar la memoria histórica al gran público. "Hace falta mayor liderazgo cultural", subraya. La solución, y a la vez reto, para salir de esta situación, según él, radica en "contar la historia mediante técnicas y formas más contemporáneas, no como un documento arqueológico".

Una de las obras con mayor reconocimiento y más representadas en España, Soliloquio de grillos, de Juan Copete, también es incapaz de adentrarse en las programaciones de las grandes salas y, en algunas ocasiones, hasta en los pueblos. Ana Trinidad, actriz de la compañía Tricliniu Teatro y una de las protagonistas del drama, cuenta con incredulidad cómo, a día de hoy, hay municipios que no consiguen superar el miedo que los atenaza y deshacerse de la mordaza con la que llevan conviviendo tantos años. "Los ayuntamientos temen que se represente porque creen que los verdugos estarían molestos".

La actriz afirma que "la obra tiene un argumento duro" y que "es complicado montar espectáculos sobre memoria histórica". No obstante, esta justificación es insuficiente para Trinidad: "Los ayuntamientos no se atreven a mostrar lo que pasó, hay mucha desinformación sobre los textos y lo único que queremos es homenajear a todos los fusilados que están en las cunetas".

Sin politizar

A pesar de que la memoria histórica está muy politizada, las artes escénicas se mantienen al margen de esas disputas. "Las obras no son ni de izquierdas ni de derechas, sólo hacemos teatro", apunta Trinidad. También lamenta el conformismo y la falta de compromiso de la escena española porque "la realidad es dura, siempre más que la ficción; el público quiere reírse y no pensar".

Una de las soluciones para corregir el déficit historiográfico del teatro español es, en palabras de Pedreño, dotar de un mayor realismo a las obras que se lleven a los escenarios. "Hace falta más realismo, en grandes cantidades. En EEUU sí se elabora una cultura seria sobre la memoria", añade.

Los pocos intentos por conservar la memoria histórica encuentran escaso eco. Como confirma Yagüe, "se están incorporando autores jóvenes y hay que darles una oportunidad, aunque muchos textos no se representan o, directamente, no se publican". La desmemoria del teatro español está prolongando el olvido que durante décadas presidió la cultura española. Bajar el telón y olvidar podría ser lo más injusto.

domingo, 3 de xaneiro de 2010

De plantas balleneras a hoteles


La pesca de cetáceos en el reino gallego fue una práctica habitual desde el siglo X hasta 1986 cuando una moratoria concluyó con las capturas. Hoy los utensilios utilizados pueden verse en algunos museos de Galicia

V.S.- Xornal- 03/01/2010

Las primeras referencias a la caza de la ballena en Galicia datan de la monarquía Astur Leonesa, en el siglo X. Desde entonces la evolución de este tipo de pesca ha sido irregular hasta llegar a la práctica desaparición de los cetáceos, lo que llevó a que, en 1923, el Estado español se planteara controlar la captura de estas especies con leyes para intentar poner coto a la depredación que se realizaba en aguas de soberanía española.

En 1986 la IBC (Comisión Ballenera Internacional) aprobó el convenio internacional de prohibición de caza de ballenas que en la actualidad sigue sin respetarse por parte de algunos países como Japón, Islandia o Noruega, alegando supuestas “campañas de investigación”.

Las ballenas son un tesoro natural que no puede volver a correr el riesgo de ponerse en peligro, de desaparecer. La labor de concienciación es una de las herramientas básicas “para que esto no vuelva a suceder”, como indican desde el Aquarium Finisterrae de A Coruña.

Allí, se exhibe la historia de los Ibsa, los últimos balleneros de Galicia; un arpón de los utilizados en la época; varios documentos fotográficos y divulgativos sobre la depredación de ballenas y su práctica desaparición, así como la importancia de preservar la especie. Varias piezas óseas de un viejo cetáceo presiden la exposición.

En el Museo Massó de Bueu, en Pontevedra, varios aparejos y artes de caza de las ballenas reciben al visitante como ejemplos de un oficio no muy lejano. En este lugar, también se presentan distintos arpones manuales y mecánicos cuyo diseño estaba realizado para entrar profundamente en la carne del animal y matarla por la herida producida y por el cansancio de horas y horas de agonía de tirar del cable.

La caza de la ballena en la Península Ibérica nace en el País Vasco y el resto de la Cornisa Cantábrica en torno a los siglos X al XII y muere en Galicia en 1986 con el cierre de las últimas empresas balleneras, una aventura convertida en emblema para muchos enclaves cántabros, vascos, astures y gallegos que revela el gran significado que tuvieron los cetáceos en la historia de estos pueblos.

Sin embargo, esta actividad resulta aún en la actualidad, muy desconocida para gran parte de la sociedad. En el plano estrictamente económico generó una importante industria, aunque su esencia y principios no fueron analizados hasta bien pasado el tiempo y pudo utilizar a pescadores y obreros.

En Galicia la caza de la ballena se consolidó en el siglo XX en torno a los puntos geográficos donde se establecieron las plantas balleneras: Cangas de Morrazo y Bueu, en la provincia dePontevedra; Caneliñas de Cee, al sur de Finisterre, en A Coruña y Portiño de Moras, en Lugo. Todas ellas pertenecían a la empresa conservera de la familia catalana Massó, que se estableció en estas poblaciones gallegas en 1952.

Allí la vida giró en torno a las fábricas donde su influencia y repercusiones aún perviven. De hecho, muchos habitantes de estas villas marineras comentan que las conserveras “llegaron a dar trabajo a más de 2.000 personas en puestos directos y muchos más indirectos”.

En la vieja infraestructura de Caneliñas, que aún está hoy en pie, se plantea construir un hotel, aunque entre los vecinos se ha solicitado que se convierta en un museo o un centro de estudios de cetaceos.

En Cangas se salvó la vieja fábrica de Cervera y permanecen, aunque sin rehabilitar y sin uso, la antiguas naves de Ojea. La conservera se sustituyó por viviendas y el antiguo edificio central, que ocupa gran parte del paseo marítimo y del puerto, adolece de un proyecto alternativo a los planes de sus actuales propietarios. Estos quieren crear en la zona una estructura deportiva con un complejo comercial que está siendo rechazado por la mayoría de los vecinos.

La ballenera de Caneliñas se podría convertir en un hotel si la Administración no lo evita mediante su adquisición.

Un genio sin luz


Nikola Tesla, uno de los inventores más importantes de la historia, con una personalidad llena de ideales, obsesiones y trastornos, fue maltratado por gente como Edison. El libro de Margaret Cheney desvela la personalidad del olvidado creador de los generadores de corriente alterna, el hombre al que tantas veces copiaron y robaron sus ideas

MARGARET CHENEY- El País- 03/01/2010

El día de junio en que pisó la Oficina de Inmigración de Castle Garden, en Manhattan, ataviado con un repulido sombrero hongo y una escueta levita negra, al menos nadie confundió a Tesla con un pastor de ovejas montenegrino ni con un preso por deudas escapado de la cárcel. Ocurría esto en 1884, el mismo año en que la nación francesa le regaló al pueblo estadounidense la estatua de la Libertad. (...)

Tesla no pasó por el departamento de empleo, donde contrataban a cuadrillas de obreros para desempeñar penosas jornadas de hasta trece horas en la construcción del ferrocarril, en minas, en fábricas o como cuidadores de ganado. Ni mucho menos. Con su carta de presentación para Edison y la dirección de un conocido suyo en el bolsillo, solicitó a un policía las indicaciones pertinentes y, lleno de resolución, echó a andar por las calles de Nueva York.

Pese a ser un genio, no podía decirse que Edison fuera muy conocido en aquella época. Había puesto en marcha la Edison Machine Works, de Goerck Street, y la Edison Electric Light Company, sita en el número 65 de la Quinta Avenida. Su central eléctrica, instalada en los números 255-257 de Pearl Street, abastecía de electricidad a la zona de Wall Street y del East River. Disponía también de un enorme laboratorio de investigación en Menlo Park, Nueva Jersey, que daba empleo a numerosas personas y donde, en ocasiones, ocurrían cosas de lo más sorprendentes.

Tesla se presentó, hablando un correcto inglés con acento británico, un poco más alto de lo que tenía por costumbre en atención a la sordera que padecía Edison.

-Traigo una carta del señor Batchelor.

-¿Batchelor? ¿Algo no va bien por París?

-Todo en orden que yo sepa, señor.

-Tonterías. En París siempre hay algo que anda mal.

Edison leyó la sucinta nota de recomendación de Batchelor y soltó un bufido. Observó a Tesla con atención.

-"Conozco a dos grandes hombres, y usted es uno de ellos. El otro es el joven portador de esta carta". ¡Caramba! ¡A esto le llamo yo una carta de recomendación! A ver, ¿qué sabe hacer usted?

Durante la travesía, Tesla se había imaginado la escena más de una vez. (...)

Hizo un rápido repaso del trabajo que había realizado en Francia y Alemania para la Continental Edison y, antes de que su interlocutor hiciera un comentario siquiera, comenzó a describir las excelencias del motor de inducción de corriente alterna, basado en su descubrimiento del campo magnético rotatorio. Por ahí irían los tiros en el futuro, aseguró: un inversor avispado podría hacerse multimillonario.

-¡Alto ahí, amigo mío! -replicó Edison, encolerizado-. Ahórreme esos disparates que, además, son peligrosos. Esta nación se ha decantado por la corriente continua. No seré yo quien eche por tierra lo que la gente quiere. Pero quizá tenga algo para usted. ¿Sabe arreglar el sistema de alumbrado de un barco? (...)

No tardó mucho Tesla en dar con la solución para que las rudimentarias dinamos de Edison, si bien limitadas a la producción de corriente continua, funcionasen de forma más eficiente. Así, propuso un método para rediseñarlas, asegurando que no sólo mejorarían sus prestaciones, sino que se ahorrarían mucho dinero.

El astuto hombre de negocios que latía en Edison se avivó al oírle hablar de dinero. No tardó en comprender, sin embargo, que el proyecto que Tesla proponía era de gran calado y necesitaría dedicarle mucho tiempo.

-Le pagaré cincuenta mil dólares a usted solito si es capaz de llevarlo a buen término -le dijo.

Durante meses, sin apenas dormir, Tesla trabajó como un loco. Aparte de rediseñar los veinticuatro generadores de arriba abajo e introducir notables mejoras, implantó controles automáticos, una idea original que quedó registrada como patente. (...)

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Nikola Tesla. El genio al que le robaron la luz. Margaret Cheney. Editorial Turner Noema. Sale a la venta el 24 de enero.

Las abuelas olvidadas de la Memoria Histórica se rebelan en Cuba


La ley arrebató la nacionalidad a las emigrantes casadas con extranjeros

MAURICIO VICENT - El País - 03/01/2010

La ley de Memoria Histórica arrasa en Cuba. Un año después de entrar en vigor la llamada ley de nietos, cerca de 52.000 cubanos con abuelos españoles han presentado expedientes ante el Consulado de España en La Habana para reclamar la ciudadanía. Hasta la fecha, 23.256 casos han sido aprobados, 2.001 se han denegado y el resto está en trámites. Cerca de 190.000 cubanos han solicitado turnos para presentar sus documentos. Un récord absoluto.

Cuba es, de lejos, el país latinoamericano en el que la ley de nietos ha tenido más impacto. Y también donde más abiertamente se muestran sus contradicciones: en los últimos meses, un centenar de cubanos han presentado recursos en España por considerar inconstitucional una norma que discrimina a las abuelas españolas casadas con extranjeros, que no tienen derecho a transmitir a sus nietos la ciudadanía.

La traductora cubana Ivón Otero es una de las perjudicadas. Tiene 37 años y es nieta de Graciana Díez, una de las decenas de miles de emigradas que llegó a La Habana en los años veinte e hizo familia en la isla. Por ser mujer y haber contraído matrimonio con un cubano, su abuela perdió la nacionalidad -en aplicación del Código Civil de 1889- y ahora ella no puede beneficiarse de la ley de nietos.

"Estoy indignada", dice. "Me siento impotente y discriminada doblemente por ser mujer. Lo peor es que la injusticia procede de España, un país del primer mundo que hasta tiene un ministerio de Igualdad".

Ivón recibió en septiembre una comunicación del Consulado denegándole su solicitud de acogerse a la Ley de Memoria Histórica, que permite a los nietos de exiliados y emigrantes acceder a la nacionalidad aunque sus padres hayan nacido fuera de España.

"Si en vez de ser mujer fuera hombre, no habría problema", denuncia, consciente de que su caso es una bomba: miles de cubanos con abuelas españolas se encuentran en la misma situación. "Mire usted la barbaridad: si era el abuelo el que se casaba con una cubana, no perdía la ciudadanía... ¡Por Dios! ¡Están aplicando una ley del siglo XIX!".

De momento, Ivón y 110 cubanos más han interpuesto recurso ante la Dirección General de los Registros y del Notariado (DGRN) por considerar que la aplicación de la normativa viola la constitución de 1978 y discrimina a sus abuelas por razón de su sexo. En el caso de Ivón la situación es especialmente sangrante: Graciana está en perfecto estado de salud y desde hace años recibe una ayuda monetaria del Gobierno español por ser oriunda de León. A sus 86 años, está totalmente lúcida: "Se lo digo todos los días a mis nietas: que sean bien malas con los varones, porque la discriminación sigue: aquí, en España y en todos lados".

Abuela y nieta pretenden desenredar la madeja de esta quiebra legal: según el Código Civil de 1889, la mujer española que se casaba con un extranjero perdía automáticamente la nacionalidad para asumir la del marido. La legislación se suavizó en 1954, pero siguió marginando a la mujer hasta 1975. En su recurso, Ivón plantea que la norma viola el artículo 14 de la Constitución, que establece que todos los españoles son iguales ante la ley, y también el noveno, que garantiza "la irretroactividad" de las "disposiciones restrictivas de los derechos individuales".

Hace meses, la DGRN subsanó parcialmente la injusticia al establecer que las abuelas que perdieron la nacionalidad "por matrimonio durante su exilio en el extranjero" sí pueden trasmitir a sus nietos la ciudadanía. Sin embargo, la trampa persiste. En Cuba, menos del 5% de los expedientes corresponden a descendientes de exiliados. El 95% de las solicitudes son de nietos de sencillos emigrantes, como Ivón.

"Voy a pelear hasta el final, aunque sólo sea para que se conozca esta injusticia", advierte. Lo mismo afirman los siete hijos y más de veinte nietos de Francisca Colom Maura, la abuela Paca, oriunda de las islas Baleares y fallecida hace años. El recurso planteado alrededor de su caso es de una lógica demoledora.

"Por razones obvias aquí todo el mundo quiere ser español, y la gente no se va a rendir", asegura Ivón. Las estadísticas hablan por sí mismas. La ley establece un plazo de dos años para presentar las solicitudes y da la posibilidad de una prórroga de un año más: Cuba, con 11 millones de habitantes, ha recibido 52.000 expedientes en el primer año, alrededor de un 30% más que Argentina, con una población de 40 millones de habitantes. Si en Argentina la media de turnos diarios es de 221, el Consulado en La Habana ofrece 425 turnos al día -aunque la tasa de incomparecencia a las citas es del 30%.

"De seguir así, podrían tramitarse unos 100.000 casos y otros 50.000 con la prórroga, lo que arrojaría un total de 150.000 nuevos españoles al final del proceso", asegura una fuente consular. Esto equivaldría al 1,5% de la población cubana.

Todo dependerá de la rapidez con que los registros cubanos faciliten los documentos requeridos. El ritmo hasta ahora es lento, sobre todo en las oficinas de Inmigración, que han de aportar documentos básicos como la certificación que hace constar que el abuelo no había perdido la ciudadanía española cuando nació su hijo. El promedio de tiempo para obtener este tipo de papeles puede superar los ocho meses.

No es un secreto que las autoridades ven con recelo lo que está ocurriendo. De hecho, no hay militantes comunistas entre los candidatos a adquirir la ciudadanía española. Sin embargo, parece difícil detener un proceso en que decenas de miles de cubanos están echando el resto, incluidos los que como Ivón tienen la partida difícil debido a una ley desfasada. Disponer de un pasaporte español en la isla representa la posibilidad de viajar, y viajar la posibilidad de progresar o de empezar una nueva vida. Y con eso no se juega.

"No me arrepiento de nada"


ANTONIO JIMÉNEZ BARCA- El País- 03/01/2010

Su padre, abogado burgués y comunista, lo llamó Ilich Ramírez Sánchez cuando nació en Venezuela hace 59 años. Su madre, católica y conservadora, prefirió bautizarle como Carlos. La policía, inspirándose en una novela de la época, le apodó El Chacal. Así pasó a la historia: Carlos El Chacal. En los años setenta se convirtió en el hombre más buscado del mundo, con más de 52 nombres diferentes repartidos en más de 100 pasaportes. Dejó tras de sí un rastro de 80 muertes, según el Ministerio del Interior francés.

Pasó parte de su adolescencia en Londres, donde simultaneó su adhesión al comunismo con las fiestas a todo trapo pagadas por millonarios jeques árabes. Estudió en la Universidad de la Unión Soviética. Ahí conoció a miembros de la resistencia palestina. Se unió a ellos. Combatió contra el Ejército jordano en el denominado Septiembre Negro. Tenía 21 años. De allí volvió de nuevo a las fiestas de Londres, convertido ya en jefe de terroristas. Se le atribuyen asesinatos a punta de pistola, bombazos en tiendas en el centro de París, en trenes, colocación de coches bomba... En 1975 secuestró, al mando de otros cinco terroristas, una reunión entera en Viena de la OPEP: tomó como rehenes a 60 personas, entre los que se contaban 11 ministros. Uno de éstos le definió como un tipo dotado de una inaudita capacidad mental para actuar bajo presión.

Se dice comunista desde 1964, profesa el islam, pero nunca fue ni espartano ni austero ni pobre: siempre gastó aires de dandi (incluso en la cárcel, donde va con un abrigo de cachemir). "Vestirse decentemente es una cuestión de origen de clase, compañero. No hay que renegar de los orígenes de cada uno", afirma.

Durante más de 20 años de incógnito saltó de país en país, de Yemen a Uganda, de Siria a Argelia, de la Libia de Gaddafi a la Rumania de Ceausescu, hasta que fue detenido una madrugada de agosto de 1994 mientras dormía en una urbanización a las afueras de Jartún (Sudán), vendido por las autoridades sudanesas al famoso superespía francés Philippe Rondot. Desde entonces languidece en una cárcel francesa, donde, dice, "abunda la mediocridad". Está condenado a cadena perpetua por asesinar a sangre fría en un apartamento de París, en agosto de 1974, de tres balazos, tras invitarles a beber, a dos inspectores de policía franceses y a un antiguo compañero terrorista libanés que, según Carlos, le había traicionado. Aceptó hablar con EL PAÍS por teléfono desde la cárcel.

Pregunta. ¿Por qué dice que hay mucha mediocridad en la cárcel?

Respuesta. Porque hay muchos analfabetos. La gente aquí no tiene intereses intelectuales, es difícil sentarse a comentar una noticia. El interés de muchos es simplemente fumar droga y cosas así.

P. ¿Y usted qué hace?

R. Trato de ayudar a mis abogados y sigo las noticias lo mejor que puedo, en los canales de televisión que me llegan. Uno de ellos es español, Telemadrid, que es mala, por cierto: allí vi el otro día a Fernando Silva Sande [ex jefe de los GRAPO], el chivato ese, y me dio tristeza. Y también leo.

P. ¿Es consciente de que puede morir en la cárcel?

R. La condena perpetua no quiere decir nada. Es un problema político.

P. ¿Han cambiado sus ideas políticas?

R. ¡Ah, caballero! Yo a los 14 años, en enero de 1964, entré en las Juventudes Comunistas de Venezuela. Y hasta el día de hoy no he cambiado un pelo. Sigo siendo comunista. No soy un tipo dogmático, he estudiado, he conocido a gente importante en la dirección de países comunistas. Sigo fiel a los principios inmanentes leninistas: soy un comunista convencido y militante. (...)

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El arte erótico occidental, contado en '69 historias de deseo'


Jean-Manuel Traimond muestra la gran impronta que ha dejado el deseo carnal en la Historia del Arte de Occidente

BELÉN PALANCO (EFE) - Público - 03/01/201

La pasión por disfrutar del cuerpo del amante es tan antigua como el mundo. El deseo del amor íntimo, de la amatoria, de lo erótico y lo sensual ha sido, es y será fuente de inspiración constante para los artistas.

Una muestra de la gran impronta que ha dejado el deseo carnal en la Historia del Arte de Occidente lo constituye el libro que acaba de llegar a las librerías, 69 historias de deseo. Un museo del imaginario erótico, del investigador francés Jean-Manuel Traimond.

A través de diversos géneros y soportes artísticos, desde lienzos hasta fotografías, pasando por grabados, esculturas y cerámicas, Traimond ha esbozado sus 69 historias de deseo occidentales con 69 piezas.

Con esa cifra, en alusión a la postura sexual, el estudioso presenta las variantes de la práctica amatoria, desde explícitas felaciones y cunnilingus hasta imágenes que ilustran la entrega previa al orgasmo en obras culmen de la Historia del Arte de Francia, Alemania o España, y que siguen inspirando a las musas.

Pasiones eternas

Las 69 historias de deseo (Editorial Electa) relatan cuáles son las pasiones carnales que se repiten eternamente en la Humanidad a través de una presentación de las obras en fotos maquetadas a sangre y a doble página como mínimo.

Algunas presentaciones, como la "Vasija de figuras rojas" de la etapa de pintura negra de la Grecia Antigua (siglo VI a.C., Museo del Louvre, en París), que exhibe motivos con felaciones de y por hombres, sirven para que el autor se cuestione "¿gozaban griegos y romanos de más libertad sexual que nosotros?".

Para Traimond, "el arte erótico occidental siempre se ha movido entre estos dos polos": "la carne y el cilicio, don Carnal y doña Cuaresma, enseñar y ocultar", de ahí que en "69 historias de deseo" abunden imágenes del deseo masculino por medio de pechos perlados que se escapan de corsés o de miradas anhelantes.

Lo que demuestra una vez más que la tradición histórica y cultural otorgó más libertad al numen del artista hombre para expresar sus deseos carnales a través de los medios plásticos que a las mujeres artistas, que fueron forzosamente más recatadas hasta finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Este punto evidentemente ha marcado la producción de este volumen, en el que hay más piezas anónimas que realizadas por mujeres artistas, es decir, que hay más estampas de mujeres deseosas y deseantes pintadas por hombres.

Lo políticamente correcto

No quiere decir que todos los artistas fueran heterosexuales, pero sí que lo "políticamente correcto" también influyó en la Historia del Arte, incluso en las estampas más lacivas y provocadoras de deseo.

A pesar de ello, cabe celebrar que "69 historias de deseo" recoja una obra de una relación sexual lésbica de la argentina Léonor Fini, considerada la primera artista que pintó un desnudo masculino erótico.

En su libro, este autor rompe con la habitual presentación cronológica de los tratados de Historia del Arte y, en su selección, dictada por una mirada caprichosa pero refinada, hay obras también de artistas vivos como David Hamilton, Jean-Robert Iposutéguy, Eric Fischl, Milo Manara o Tom Wesselmann.

Pero en él están también los más consagrados, como Picasso, Lucas Cranach El Viejo, El Bosco, Miguel Ángel, Tiziano, Caravaggio, Rubens, Rembrandt, Velázquez, Ingress, Manet, Gustave Coubert, Gustav Klimt, Amedeo Modigliani, Auguste Rodin, Balthus, René Magritte, Robert Mapplethorpe o Marcel Duchamp.

Cuba a través da Habana


EFE- Galicia Hoxe- 3/1/10

O escritor Amir Valle (Cuba, 1967), que en 2007 obtivo o Premio Internacional Rodolfo Walsh á mellor obra de non ficción publicada en lingua española polo seu libro Jineteras, trazou unha historia de Cuba, centrándose na súa capital, en La Habana. Puerta de las Américas (Almed). Vall ilixiu para o seu libro o mesmo título que lle dera á cidade o capo mafioso norteamericano Meyer Lansky na década dos 50, a porta das Américas, aínda que foron moitos os que quixeron bautizar á Habana, como o científico alemán Alexander von Humbolt, que a chamou cidade da intelixencia americana, ou como, máis recentemente, o escritor Antonio José Ponte, que se referiu a ela como "unha cidade en ruínas".Valle inicia a súa obra coa lenda do nome da cidade, debida á belísima princesa india que atoparon os primeiros conquistadores españois que pisaron a illa, os cales, ó preguntarlle o seu nome, obtiveron por resposta: "Habana", o que deu orixe ó nome da cidade colonial de San Cristóbal da Habana. A cidade tivo que rexurdir varias veces das súas propias cinzas, polo que Valle efectúa fai un percorrido desde a fundación da cidade ata a actualidade.