mércores, 6 de xuño de 2012
La Haya condena a Charles Taylor a 50 años por crímenes de guerra
domingo, 12 de xuño de 2011
Los soldados nos trataron como si fuéramos mierda"
domingo, 9 de maio de 2010
Romper los marcos mentales

JOSEP RAMONEDA
Meursault, el protagonista de El extranjero de Albert Camus, fue condenado por no haber sido capaz de llorar en el entierro de su madre. Judith Butler, con su concepto de vidas precarias, indaga en aquellas vidas invisibles, "que no son susceptibles de ser lloradas". Nos movemos en unos marcos mentales que determinan nuestra relación con la vida de los demás y que limitan las posibilidades de reconocimiento. Romper estos marcos significa repensar la precariedad, la vulnerabilidad, la dañabilidad, la interdependencia. El problema no es meramente "cómo incluir más personas dentro de las normas ya existentes, sino considerar cómo las normas ya existentes asignan reconocimiento de modo diferencial". En este análisis descubriremos cómo las distintas formas de expresión cultural que emanan del poder refuerzan los marcos referenciales, apuntalan los mecanismos de exclusión. Incluso a menudo se acude al discurso de los derechos humanos, a las cuestiones de género y a otros elementos del discurso emancipador para legitimar la negación del reconocimiento a otros. Judith Butler analiza estos mecanismos tomando como ejemplo la tortura y la fotografía. Y plantea la urgencia de reflexionar y cambiar la perspectiva sobre tres cuestiones centrales: el concepto de vida, la violencia de Estado y el discurso del miedo. Al tiempo que defiende como actitud moral, si se me permite la expresión, la conciencia de vulnerabilidad, la capacidad de compartir precariedad, la asunción de que cualquier forma de supervivencia pasa por el grupo, por la relación con los demás. "Lo que limita quién soy es el límite del cuerpo, pero el límite del cuerpo nunca me pertenece plenamente".
martes, 20 de abril de 2010
Un arma de guerra atroz que destruye todo tu mundo

CECILIA JAN - Madrid
mércores, 28 de outubro de 2009
Aún quedan miles de criminales de guerra en los Balcanes y muchos no serán juzgados

R. LOBO - El Páis - 27/10/2009
No hay justicia posible para los crímenes contra la humanidad y los genocidios. Ningún tribunal, por poderoso que sea, puede impartir justicia en cada matanza, en cada asesinato, en cada violación. Siempre quedan espacios de impunidad.
El magistrado español José Ricardo de Prada, que fue juez en la Sala de Crímenes de Guerra de la Corte de Bosnia-Herzegovina, dependiente del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), sostiene que el juicio de los responsables de esos crímenes ayuda a la catarsis colectiva. Ver ante un juez a hombres poderosos que decidían la vida y la muerte con un chasquido de los dedos crea la sensación de que se ha hecho justicia.
De Prada, que se encuentra en Colombia en una misión de asesoramiento sobre el Derecho Penal Internacional, asegura que el proceso de Radovan Karadzic "representa un paso muy importante, imprescindible" en la búsqueda de esa justicia en Bosnia-Herzegovina. "La muerte de Slobodan Milosevic mientras era juzgado impidió que se pudiera establecer la verdad de todo lo ocurrido y que se perdiera la esperanza de conseguirlo. Ésta renace con el proceso a Karadzic", escribe el magistrado español en un correo electrónico enviado a EL PAÍS. "El tribunal tendrá además la oportunidad de pronunciarse sobre si lo ocurrido en Bosnia fue un genocidio sobre la población civil musulmana instigado desde los dirigentes de la República Sprska en colaboración con la vecina Serbia".
De Prada calcula que en Bosnia-Herzegovina viven unos 10.000 criminales de guerra. No serán juzgados, ni la mitad siquiera. Lo importante del TPIY es que proyecta sobre poblaciones civiles sin tradición democrática que la impunidad no existe.
Es una de las enseñanzas del caso Pinochet. El dictador no terminó en la cárcel, pero su detención en Londres le sacó de los libros de historia y abrió la puerta a la persecución de los militares chilenos implicados en la represión, y creó el clima legal para que en países como Argentina derogasen las leyes de punto final con las que los asesinos se habían protegido de la justicia.

