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mércores, 6 de xuño de 2012

La Haya condena a Charles Taylor a 50 años por crímenes de guerra


El Tribunal Especial de la ONU para Sierra Leona cierra el primer juicio completo contra un exjefe de Estado
Charles Taylor, expresidente de Liberia, ha sido condenado a 50 años de cárcel por crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos en su país y en Sierra Leona. El Tribunal Especial para Sierra Leona, que ya le declaró culpable el pasado abril, considera probado que ayudó e instigó las guerras de su tierra, y la de sus vecinos, de 1991 a 2002. “El Tribunal ha tenido en cuenta la gravedad y el impacto físico y emocional de los crímenes perpetrados contra la población civil. Los mutilados tendrán que vivir siempre de la beneficencia. Las mujeres violadas sufrirán el estigma del asalto, y el rechazo que padecen los hijos que tuvieran. A los menores reclutados se les robó la infancia”, ha dicho el juez Richard Lussick, al leer la decisión. La fiscalía había pedido 80 años de pena. Taylor ha pedido ser internado en el Reino Unido, un encarcelamiento que se produciría después del proceso de apelación, que puede durar seis meses.
Los jueces no han aceptado las circunstancias atenuantes presentadas por la defensa. No ha contado en favor de Taylor el hecho de estar casado y con hijos. Tampoco los problemas de salud que aduce padecer, ni el tiempo que pasó exiliado en Nigeria, “que no pueden compararse con un internamiento”. “Tenía restricciones para salir de Nigeria y estaba prohibido que se metiera en política, pero eso no equivale a una prisión preventiva al uso”, según Lussick. “Era un jefe de Estado y aunque no participara personalmente en los crímenes, su estatus añade gravedad a la situación puesto que traicionó la confianza de la ciudadanía”. Fue el Gobierno nigeriano el que entregó finalmente a Taylor en 2006 al tribunal especial.
El fallo es histórico por dos motivos: es la primera vez que la justicia internacional lleva a término un proceso contra un antiguo jefe de Estado. Taylor, además, no estuvo presente en los crímenes cometidos. Nunca puso el pie en territorio sierraleonés, pero se le ha considerado responsable directo de los asesinatos, mutilaciones y violaciones de civiles, así como del reclutamiento de niños soldado y la esclavitud de mujeres y campesinos inocentes. “Las declaraciones de testigos llegados ante este tribunal han contado cómo tuvieron que cortarle las manos, o bien los pies, al señalado como enemigo. Un niño soldado explicó que lo hacía por orden de sus superiores. Otra declaración detalló cómo le arrancaron los ojos a una mujer para que no reconociera a sus violadores. Unos hechos de una gravedad e impacto que no desaparecerán jamás. Y el acusado no ha aceptado su responsabilidad por lo ocurrido ni mostrado remordimientos”, añadió Lussick. “La Sala rechaza, como asegura la defensa, que todo sucediera a espaldas de Taylor. En todo caso, eso sería una circunstancia agravante. Era el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas liberianas”.
Nacido en 1948, Charles Taylor se convirtió en presidente de Liberia en 1997. Antes, en 1983, había estado en una cárcel en Estados Unidos, adonde huyó después de haber estafado un millón de dólares del presupuesto nacional liberiano. Escapado en circunstancias poco aclaradas de una celda en Massachusetts, regresó a Liberia en 1989. Allí encabezó una rebelión que desembocó en una guerra civil. En 1991 apoyó a los rebeldes de Sierra Leona cuando estalló un conflicto armado entre el Ejército y la guerrilla. Durante su carrera política, una vez conseguida la presidencia de Liberia, “los diamantes sierraleoneses que recibía [diamantes de sangre porque fueron moneda de cambio] a cambio de armas, sirvieron la causa rebelde en el país vecino. Ello explica el tráfico de armas desde Sierra Leona”, reza la sentencia.
El juicio se ha desarrollado en Holanda por motivos de seguridad, dada la influencia de Taylor en el oeste africano. Si bien La Haya aceptó ser la sede territorial del Tribunal para Sierra Leona, declinó meterlo, llegado el momento, en una de sus cárceles. El Reino Unido puso entonces su red penitenciara a disposición de Naciones Unidas.

domingo, 12 de xuño de 2011

Los soldados nos trataron como si fuéramos mierda"


Ahmad. Testigo de la represión en Siria
JORGE GARCÍA BEIRUT (LÍBANO) 11/06/2011
Ahmad quiere viajar. Al Golfo Pérsico o a Malasia. En Yakarta tiene unos amigos que quieren abrir una tienda. Necesitan a alguien que les ayude. Pero, al mismo tiempo, Ahmad no quiere viajar. "Este es mi país, quiero hacer algo por él", dice. Sus padres tienen mucho que ver en todo esto. Si se queda y "lucha" contra el régimen, quizás muera. Si viaja y abandona su patria y se aleja de las protestas, su vida no correrá peligro. No es necesario decir qué desean sus padres para él. Este casi licenciado en literatura ha vivido en primera persona el infierno de Derá, la mecha que prendió Siria. Este es su relato.
¿Cómo saltó la chispa en Derá?
Como es conocido, unos niños hicieron una pintada a mediados de marzo y la seguridad los detuvo. Cuando los jefes de los clanes fueron a intermediar, las autoridades les quitaron los turbantes y los tiraron, lo que supone una gran humillación. Además, el primo del presidente Atid Nayib les dijo: "Si queréis más hijos traed a vuestras mujeres que nosotros nos encargamos". Uno de los chicos murió, otro quedó trastornado, todos fueron golpeados y les arrancaron las uñas. El día 18 se produjo la primera manifestación. Murieron seis personas. El 23, la segunda. Murieron 183. Ya no había vuelta atrás.
¿Qué ocurrió durante la intervención militar del Ejército?
Han muerto cientos de personas, personas inocentes. Mi primo fue alcanzado por artillería pesada cuando estaba asomado en la puerta de su casa. Murió. Nos trataron como si fuéramos mierda. Detenciones arbitrarias. Han torturado con descargas eléctricas y golpes a muchísima gente. Incluso a niños. Celdas de pocos metros abarrotadas de personas como si fueran peor que animales. Las aldeas sin agua, comida, electricidad. Las vejaciones son infinitas.
¿Tú viviste algún caso de este tipo?
La verdad es que he tenido suerte. Salí en muchas manifestaciones pero no me pasó nada. Sin embargo, hay algo que no olvido. Cuando entraron a registrar nuestra casa, antes de irse nos obligaron a repetir "Con el alma, con la sangre, nos sacrificamos por ti, Bashar". No tuve coraje para negarme. La humillación sigue doliéndome. Algo parecido le ocurrió a mi primo. Le pararon en un control militar. "¿Quién es tu dios?", le preguntaron. "Alá", respondió. Golpe. "¿Quién es tu dios?", repitieron. "Bashar Asad". Otro golpe. "¿Quién es tu dios?", gritaron. "No lo sé". Golpe. "Tu dios es Maher Asad" [comandante del IV Batallón del Ejército y hermano de Bashar].
El Gobierno sostiene que en Derá había grupos armados de terroristas sembrando el caos entre la población.
Mentira. La gente es pacífica. Sólo unos pocos se armaron y lucharon. ¿Pero usted qué haría si te trataran de esa manera? Defenderse, ¿no? Eso es defensa propia. En Siria no hay salafistas ni terroristas. Hay ciudadanos desesperados, cuyos familiares han muerto, que no pueden denunciar esos crímenes y han decidido tomarse la justicia por su mano.
¿Entonces se trata de una de las estrategias del Gobierno sirio para zanjar las protestas?
Claro. Una de tantas. ¿Ha visto las declaraciones de personas en la Televisión estatal siria que confiesan ser terroristas? Fueron obligadas a hacerlo. En nuestro pueblo, un simple agricultor desapareció una mañana. Tres días después su familia lo vio en la Televisión estatal asegurando que era un terrorista. A dos camioneros les pasó lo mismo. Es de risa.
Qué crees que va a ocurrir en los próximos meses? ¿Cómo va a acabar todo esto?
No lo sé, pero espero que toda Siria se solidarice con lo que está ocurriendo. Son ya demasiadas matanzas en todo el país. Los recuentos hablan de unas 1.300 muertes. Yo creo que deben ser el doble. La Seguridad oculta muchos cadáveres para que parezca que hay menos muertos. Veremos qué pasa en Ramadán (previsto para el mes de agosto).

domingo, 9 de maio de 2010

Romper los marcos mentales


JOSEP RAMONEDA
BABELIA - 08-05-2010

Meursault, el protagonista de El extranjero de Albert Camus, fue condenado por no haber sido capaz de llorar en el entierro de su madre. Judith Butler, con su concepto de vidas precarias, indaga en aquellas vidas invisibles, "que no son susceptibles de ser lloradas". Nos movemos en unos marcos mentales que determinan nuestra relación con la vida de los demás y que limitan las posibilidades de reconocimiento. Romper estos marcos significa repensar la precariedad, la vulnerabilidad, la dañabilidad, la interdependencia. El problema no es meramente "cómo incluir más personas dentro de las normas ya existentes, sino considerar cómo las normas ya existentes asignan reconocimiento de modo diferencial". En este análisis descubriremos cómo las distintas formas de expresión cultural que emanan del poder refuerzan los marcos referenciales, apuntalan los mecanismos de exclusión. Incluso a menudo se acude al discurso de los derechos humanos, a las cuestiones de género y a otros elementos del discurso emancipador para legitimar la negación del reconocimiento a otros. Judith Butler analiza estos mecanismos tomando como ejemplo la tortura y la fotografía. Y plantea la urgencia de reflexionar y cambiar la perspectiva sobre tres cuestiones centrales: el concepto de vida, la violencia de Estado y el discurso del miedo. Al tiempo que defiende como actitud moral, si se me permite la expresión, la conciencia de vulnerabilidad, la capacidad de compartir precariedad, la asunción de que cualquier forma de supervivencia pasa por el grupo, por la relación con los demás. "Lo que limita quién soy es el límite del cuerpo, pero el límite del cuerpo nunca me pertenece plenamente".

El concepto de vida. Judith Butler parte de dos postulados: existe un vasto ámbito de vida no sujeto a la regulación y a la decisión humanas; dentro del vasto ámbito de la vida orgánica, la degeneración y la destrucción forman parte del proceso mismo de la vida. "Excluir la muerte a favor de la vida constituye la muerte de la vida". De modo que no se puede afirmar por adelantado un derecho a la vida. Y la cuestión no es si determinado ser es vivo o no, ni si tiene o no estatus de persona, "sino si las condiciones sociales, su persistencia y prosperidad son o no posibles". ¿En qué condiciones la vida precaria tiene derecho a la protección? El derecho a la vida implica "la obligación positiva de suministrar unos apoyos básicos que intenten minimizar la precariedad de manera igualitaria": la comida, el trabajo, la atención sanitaria, la educación, el derecho a la movilidad y a la expresión, la protección contra los daños y contra la opresión. De modo que nuestras obligaciones, lo que está de nuestra mano, son las condiciones que hacen posible la vida, no la vida en sí.

Judith Butler distingue entre precariedad y precaridad. Las vidas son por definición precarias, la precaridad "designa esa condición políticamente inducida en la que ciertas poblaciones adolecen de falta de redes de apoyo sociales y económicas y están diferencialmente más expuestas a los daños, la violencia y la muerte". Centrar de nuevo la política contemporánea en los efectos ilegítimos y arbitrarios de la violencia estatal, incluidos los medios coercitivos para aplicar y desafiar la legalidad, podría reorientar perfectamente a la izquierda más allá de las antinomias liberales en las que naufraga actualmente. Nos ayudaría a comprender ¿por qué podemos sentir horror frente a ciertas pérdidas e indiferencia, o incluso superioridad moral, frente a otras? Algunos humanos dan por supuesta su humanidad, mientras que otros luchan por acceder a ella.


martes, 20 de abril de 2010

Un arma de guerra atroz que destruye todo tu mundo



CECILIA JAN - Madrid
ELPAIS.com - Internacional - 15-04-2010

Las historias son tan atroces que cuesta imaginarlas desde nuestro mundo:
"Era de noche y estábamos durmiendo cuando atacaron nuestra casa. Seis asaltantes entraron, cuatro bien armados con pistolas (...). Obligaron a mi marido a transportar sus cosas al bosque. Dejaron a uno de mis hijos atrás, pero nos siguió, y trajo dinero para que nos liberaran. Los asaltantes le cortaron los dedos y perdió mucha sangre. Seis hombres me violaron delante de mi marido, y le obligaron a sujetar mis piernas mientras me violaban".
Como ella, el 60% de las 4.311 mujeres entrevistadas entre 2004 y 2008 en el hospital Panzi en Bukavu (en la provincia de Kivu Sur) relatan una violación en grupo cometida por uniformados. Más de la mitad de las agresiones se produjeron de noche, en la casa familiar y delante del marido y los hijos de la víctima, según el estudio, elaborado por Harvard Humanitarian Initiative y patrocinado por Intermón Oxfam. Algunas fueron utilizadas como esclavas sexuales durante años.
Las víctimas reales son muchas más, explica Jorge Jimeno, portavoz para temas humanitarios de África de la ONG. Naciones Unidas habla de 5.000 en la provincia sólo en 2009. Mujeres de cualquier edad, condición y etnia sufrieron violaciones. La mayoría de ellas son analfabetas y viven de la agricultura de subsistencia, según la investigación. Son víctimas de un conflicto que se calcula que ha causado 5,4 millones de muertos.
"Se limitan a estar"
La sensación de inseguridad entre los civiles es enorme, pese a la presencia de más de 18.000 cascos azules y de 1.200 policías de la misión de la ONU en Congo, la MONUC. "Nos cansamos de pedir mandatos de protección. Las resoluciones lo establecen, pero no se lleva a cabo", afirma Jimeno.
"Muchas veces, se limitan a estar, creyendo que con eso es suficiente para reducir los riesgos para los civiles, pero se necesita más actividad, más implicación: que exista la sensación de que están ahí y que los asaltantes se los pueden encontrar en cualquier momento", dice.
Intermón Oxfam pide que los cascos azules realicen patrullas nocturnas, pues la mayoría de las violaciones se cometen de noche, mayor flexibilidad a la hora de desplegarse, que interactúen con las comunidades locales, y que presionen a las fuerzas armadas y de seguridad congoleñas a cumplir con su tarea de protección.
"En muchas ocasiones, son las propias fuerzas armadas las que cometen actos de violación de los derechos humanos y sexuales. Y son fuerzas apoyadas por la MONUC", recuerda. La ONG ya denunció en un informe anterior esta situación. La misión está compuesta por tropas de casi 50 países, tan variados como Bangladesh, Camerún, Canadá, China, España, Rusia, Francia, Guatemala, India, Indonesia, Malí, Marruecos, Níger o Yemen, algunos de ellos sin una cultura de protección de derechos humanos.
Sentimiento de culpa
Las mujeres que figuran en el estudio son sólo las que acudieron a recibir ayuda, casi todas más de dos meses después de sufrir la agresión, muchas (el 37%) incluso después de tres años. El hospital Panzi desarrolla un programa de asistencia a víctimas de violencia sexual, a las que dedica 200 de las 334 camas. Muchas sólo acuden porque las consecuencias físicas de la agresión persisten o se agravan con el tiempo: temor a contrar el HIV; dolores lumbares y abdominales, lesiones vaginales, incontinencia, infertilidad...
Las consecuencias psicológicas también son graves: tristeza, ira, ansiedad, angustia por la pérdida del marido o de los hijos, agravada por haber tenido que presenciar sus muertes y el sentimiento de culpa por no haberlas podido evitar... Los problemas psicológicos se ven agravados muchas veces por embarazos no deseados fruto de las violaciones o por el abandono conyugal.
Aumento de las violaciones por civiles
Un dato preocupante que muestra este estudio es el aumento de agresiones sexuales perpetradas por civiles, que se ha multiplicado por 17 entre 2004 y 2008. Después de tantos años de asistir a la violencia extrema cometida por los militares, "la violación se está percibiendo como algo normal por la población civil. Al ver que se cometen y que nada pasa, incluso personas desarmadas y solas también lo hacen", opina Jimeno.
Congo es uno de los países con unas leyes más duras contra la violencia sexual, pero el problema es que no se persigue a los autores ni se les juzga. Intermón Oxfam exige al Gobierno congolés que actúe para acabar con esta situación.
"El ambiente de impunidad debe terminar. Las leyes contra la violencia sexual se deben cumplir y los violadores deben responder de sus actos", dice el informe. En paralelo, añade, "se tiene que reajustar el pensamiento de toda la sociedad para reconocer que la violación es moralmente inaceptable y un acto criminal".

mércores, 28 de outubro de 2009

Aún quedan miles de criminales de guerra en los Balcanes y muchos no serán juzgados


R. LOBO - El Páis - 27/10/2009

No hay justicia posible para los crímenes contra la humanidad y los genocidios. Ningún tribunal, por poderoso que sea, puede impartir justicia en cada matanza, en cada asesinato, en cada violación. Siempre quedan espacios de impunidad.

El magistrado español José Ricardo de Prada, que fue juez en la Sala de Crímenes de Guerra de la Corte de Bosnia-Herzegovina, dependiente del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), sostiene que el juicio de los responsables de esos crímenes ayuda a la catarsis colectiva. Ver ante un juez a hombres poderosos que decidían la vida y la muerte con un chasquido de los dedos crea la sensación de que se ha hecho justicia.

De Prada, que se encuentra en Colombia en una misión de asesoramiento sobre el Derecho Penal Internacional, asegura que el proceso de Radovan Karadzic "representa un paso muy importante, imprescindible" en la búsqueda de esa justicia en Bosnia-Herzegovina. "La muerte de Slobodan Milosevic mientras era juzgado impidió que se pudiera establecer la verdad de todo lo ocurrido y que se perdiera la esperanza de conseguirlo. Ésta renace con el proceso a Karadzic", escribe el magistrado español en un correo electrónico enviado a EL PAÍS. "El tribunal tendrá además la oportunidad de pronunciarse sobre si lo ocurrido en Bosnia fue un genocidio sobre la población civil musulmana instigado desde los dirigentes de la República Sprska en colaboración con la vecina Serbia".

De Prada calcula que en Bosnia-Herzegovina viven unos 10.000 criminales de guerra. No serán juzgados, ni la mitad siquiera. Lo importante del TPIY es que proyecta sobre poblaciones civiles sin tradición democrática que la impunidad no existe.

Es una de las enseñanzas del caso Pinochet. El dictador no terminó en la cárcel, pero su detención en Londres le sacó de los libros de historia y abrió la puerta a la persecución de los militares chilenos implicados en la represión, y creó el clima legal para que en países como Argentina derogasen las leyes de punto final con las que los asesinos se habían protegido de la justicia.