Amosando publicacións coa etiqueta réxime de Vichy. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta réxime de Vichy. Amosar todas as publicacións

domingo, 16 de febreiro de 2014

Memorial del odio en Perpiñan


Se ultima en el sur de Francia la construcción de un museo en un antiguo campo de concentración que acogió a judíos y españoles republicanos
A diez kilómetros de Perpiñán, en la región del Languedoc-Rousillon, más conocida como la Cataluña del Norte, hay un lugar donde se cruzan todas las memorias, los exilios y los dramas franceses del siglo XX. Es el campamento militar Joffre, aunque se conoce más como Campo de Rivesaltes, y lo conoce mucha menos gente de la que parecería sensato. Situado en una llanura de 612 hectáreas, entre el mar y los Pirineos, y es un lugar abandonado, agreste y ventoso.
Aunque ayer brillaba el sol y se veía al sur la montaña triste del exilio de Pau Casals, el Canigó, la sensación al recorrer su tierra naranja y entrar en las ruinas de los barracones y sus letrinas (un simple cajón con un agujero sobre el suelo) era de emoción, miedo y respeto: entre 1941 y 1965, este campo de concentración sirvió a Francia —y a Alemania— para internar a todo tipo de extranjeros “indeseables”.
Bajo mandato de Vichy, entre 1941 y 1942, Rivesaltes albergó a 21.000 personas en total: fue el centro regional donde ingresaron 6.500 judíos de la zona no ocupada, de los que 2.300 fueron enviados a Auschwitz a través de Drancy. Con ellos convivieron muchos republicanos españoles, huidos y en espera de un destino mejor, y miles de gitanos sin patria atrapados en la trampa bélica.
Hasta 1948, ese campo dividido en siete islotes de 80 barracones cada uno, los muros construidos con cemento ligero, sin cimientos, y con tejados de madera a dos aguas, dio cobijo a prisioneros de guerra de 16 nacionalidades distintas, incluidos soldados alemanes y colaboracionistas franceses.
Una vez acabado el conflicto, Francia no lo cerró, y entre 1956 y 1968 Rivesaltes fue campo de concentración y tránsito para cientos de familias de harkis, las unidades de civiles argelinos movilizados por París para luchar contra la independencia de su propio país.
Tras unos años en los que funcionó como campo militar, el Estado francés volvió a dar a este gran agujero negro de su historia una utilidad represora: en 1986 una parte del área N se convirtió en Centro de Retención de Inmigrantes. Permaneció abierto con esta misión hasta 2007.
Como escenario de tantos horrores, y recuerdo de infamias inconfesables, la historia de Rivesaltes se sumió en un silencio espeso durante décadas. Pocos querían hablar de ese sitio insalubre, húmedo y lleno de mosquitos, donde los presos eran subalimentados, maltratados, esclavizados en trabajos, y donde el cólera se cobró docenas de vidas en los años de la guerra.
Pero varias ONG interesadas en la memoria mantuvieron vivo el recuerdo, y en 1998 un político decidió dedicar su carrera a convertir ese sitio innombrable en el Memorial del Campo de Rivesaltes. El presidente regional, Christian Bourquin, que es además senador socialista, ideó el proyecto para construir un museo dedicado a las víctimas y pidió ayuda al Estado francés. Sin éxito. “Nicolas Sarkozy me negó ayuda varias veces, creo que tiene serios problemas con la memoria”, ironizaba ayer Bourquin ante media docena de periodistas extranjeros. “Ahora espero que Hollande nos ayude un poco más, aunque de momento no hemos tenido más que buenas palabras”.
Sin ayuda, pero con tenacidad, la región y la provincia se pusieron a trabajar, y hoy la construcción del Memorial de Rivestaltes tiene incluso fecha de apertura: el 14 de enero de 2015. Primero, la región salvó el campo, que pertenecía al Ejército, de la destrucción total, comprando 45 hectáreas de terreno. Luego, abrió un concurso de ideas para construir el museo de la memoria que ganó el arquitecto Rudy Riccioti: su edificio es un rectángulo de 220 metros de largo por 20 de ancho y 4.000 metros cuadrados que se mete en la tierra entre los barracones: sobrio, hecho en hormigón, será amueblado con vidrio y madera.
Valorado en 23 millones de euros, el Memorial tendrá una exposición permanente con tres partes: objetos, archivo y testimonios. El gran ataúd tendrá tres lucernarios en el techo, pero ninguna ventana. La idea de Riccioti, según explica su ayudante Romain Passelac, es hacer “un espacio de recogimiento que renuncia a imponerse al campo y que permita al visitante compartir y comprender el dolor y el peso de la historia que se ha vivido aquí”.
“Por este campo ha pasado toda la historia francesa y europea desde 1939 hasta 2007”, resume el historiador Denis Peschanski, presidente del comité científico del Memorial, que lleva 16 años trabajando en el asunto.
“La guerra civil española, la II Guerra Mundial, la guerra de Argelia y todos los desplazados forzosos de Francia pasaron por Rivestaltes. Es el emblema de la exclusión, del rechazo, del odio al diferente y también de la participación francesa en muchos episodios terribles que no podemos olvidar. Por eso es tan importante recuperar su memoria ahora que en Europa resuenan otra vez los peores ecos del populismo”.

venres, 16 de outubro de 2009

Últimas palabras de la Resistencia


Un libro recoge 500 cartas que los fusilados entre 1941 y 1944 enviaron a sus familiares antes de morir por defender una Francia libre de la ocupación nazi

PEIO H. RIAÑO - Público- 16/10/2009


Félix Cadras no fue autorizado a escribir su última carta antes de ser fusilado el 30 de mayo de 1942, para despedirse de sus seres queridos. Sin embargo, garabateó unas notas y mensajes en un pañuelo que se encontró en el dobladillo del abrigo que cubría su cadáver en el monte de Valèrien, junto a los cuerpos de otros tres rehenes. Félix Cadras fue torturado por turnos por la Policía francesa y por la Gestapo, sin conseguir una sola palabra de más. El final de sus notas dice: "Nos han cogido hasta vuestras cartas, vuestras fotos. Nunca olvidéis", y subraya esto último.

Félix Cadras se afilió a la Juventud Comunista en 1924 y al Partido Comunista en 1932. Fue movilizado en septiembre de 1939 como suboficial de artillería y, después de la debacle frente al Ejército nazi y el repliegue de su unidad, pasa a la clandestinidad. Una vez regresa a París en 1941 juega un papel fundamental en todos los frentes contra el régimen de Vichy: puesta en marcha de un equipo técnico de impresión y difusión, organización desde la base del movimiento social y el nacimiento del Frente Nacional de Lucha por la Libertad y la Independencia de Francia. Sobre el pañuelo deja escrito a su familia "podéis estar orgullosos de mí. No he faltado a mis ideales, a nuestra causa. Decídselo a nuestros amigos tan queridos. Os quiero con todo mi corazón". El pañuelo fue enviado en 1950 a Maurice Thorez, su compañera, por su 50 cumpleaños.

La historia de Félix Cadras es una de las 500 que se reúnen en el libro Vivir a muerte. Últimas cartas de fusilados. Francia 1941-1944, que publicará la editorial Barril & Barral en una semana, bajo la traducción de Dánae Barral. Escritas por 350 condenados, la mayoría desconocidos, han sido recopiladas de cerca de 13 museos y centros de archivo, así como algunos particulares. Son las últimas palabras de la Resistencia y de los resistentes al sometimiento durante la ocupación nazi de París. Guy Krivopissko, profesor de Historia, conservador del Museo de la Resistencia Nacional, apunta en la presentación del libro que estas cartas "exaltan hasta el infinito el canto al amor, a la amistad y a la fraternidad".

Contra el olvido

Pero es la necesidad de recordar lo que mueve a las familias de estos fusilados a saltarse la prohibición de divulgar las cartas por parte de las autoridades militares alemanas y las autoridades civiles francesas, lo que hace tan valioso este libro de memorias. Lejos de obedecer, la mayor parte de las familias de los asesinados encuentran canales para difundir el último mensaje recibido. "Las cartas se leen dentro del círculo familiar y de amistades", como indica Krivo-pissko. Se copian y se pasan de unos a otros. (...)

Ler máis