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sábado, 19 de abril de 2014

Christina Pitouli: "Lo primero para concienciar de la ablación es que las mujeres africanas hablen de ello"


Su documental 'Bref', que da voz a víctimas de la mutilación genital femenina afincadas en España, ha sido premiado en el Festival de Cine de Málaga.
ANNA FLOTATS Madrid 07/04/2014 publico.es

En algún lugar de África, hace algunos años, un grupo de chicas víctimas de la ablación explicaron a una profesora cómo sus madres y abuelas les habían dicho que estar circuncidadas era algo bonito que servía para ser fiel. "¡Bref!", les espetó la maestra antes de contarles que con esa mutilación habían perdido una fuente de placer. En francés coloquial, bref significa "basta", "suficiente", "ya está". Esa profesora interrumpió a sus alumnas para que, por un momento, pensaran sin hacer caso a sus creencias y conocimientos. Y porque precisamente busca el mismo efecto, Bref es el título del documental que refleja esta historia y que ganó la Biznaga de Plata Afirmando los Derechos de la Mujer en el Festival de Cine de Málaga. Su directora, Christina Pitouli (Ioannina, Grecia, 1986) ha querido decir "basta", "suficiente", "ya está" a la vertiente informativa de la mutilación genital femenina. Su película sólo da voz a mujeres africanas residentes en España que han sido víctimas de la ablación y a dos hombres, también africanos. A través de sus vivencias, opiniones y contradicciones, el documental pretende "generar conversaciones y hacer pensar" sobre una práctica que han sufrido cerca de 140 millones de niñas y mujeres, según la OMS.
¿Por qué decidió hacer un documental sobre la mutilación genital femenina?
Me interesaba mucho el tema como directora y como mujer. La mutilación genital femenina tiene mucho que ver con España y con Europa porque hay gente que vive aquí y tiene otro tipo de relación con este tema. Aquí es ilegal, pero en África es prácticamente obligatoria, si no cambia la mentalidad, de manera que existe un conflicto entre dos culturas. La idea surgió de una colaboración con la ONG Médicos del Mundo en Catalunya, que quería hacer un vídeo informativo sobre los datos y las consecuencias de la mutilación genital femenina. Entonces pensé que sería más eficaz, en un proceso de sensibilización, hacer algo más allá de informar. La ONG aceptó mi propuesta de realizar un documental dando la palabra únicamente a los protagonistas de la historia. Pensé que, de ese modo, las personas que comparten cultura con los hombres y mujeres que aparecen en la película, tendrían más interés en escuchar, se generarían conversaciones y lograríamos que la gente hablara del tema, que es el primer paso y el más importante para sensibilizar. 
¿Por ese motivo no hay información ni voz en off en la película?
Claro. Viendo Bref nadie puede informarse exactamente sobre qué es la ablación y cómo se hace, pero no me interesaba hacer eso. Lo que quería era que después de ver la película, uno pudiera sacar diez temas de conversación y luego buscar más, pensar más, reflexionar más. Sensibilizar a la gente de aquí es muy fácil, no hace falta hacerlo porque ya tenemos una postura crítica sobre el tema. Me interesaba que pudiera provocar conversaciones entre gente que viene de culturas subsaharianas, por ejemplo, escuchando a sus compatriotas defendiendo o criticando la ablación, mencionando la ley o la sexualidad. Creo que una de las razones más importantes por las que el cambio de mentalidad es tan lento es que nadie habla de ello. La mutilación genital femenina es un tabú y ese es el centro del problema, porque si no se habla de un tema no puedes informar ni sensibilizar de él.
¿Influye en este oscurantismo el hecho de que se mezcle la mutilación con la religión?
Esta es una de las muchas razones, pero la ablación no aparece en ningún libro sagrado de ninguna religión. Aun así, cada tribu o comunidad que lleva a cabo esta práctica la adapta a su religión y se convierte en algo intocable. Dar el cambio es responsabilidad de los que representan la religión en cada comunidad, pero como estas prácticas forman parte de la tradición, la intervención occidental se interpreta a veces como un ataque. La falta de información y la inercia también dificultan el cambio. Conocí a muchas mujeres que habían sobrevivido, pero tampoco sabían lo que habían perdido porque nunca lo tuvieron. En ese contexto, ven que mutilando a sus hijas van a hacerles la vida más fácil en África, ni siquiera se plantean no hacerlo.
Una vez en España, ¿de qué manera se dan cuenta estas mujeres de lo que significa estar mutiladas?
Hay mujeres que han cambiado de idea porque han recibido información, pero no son la mayoría. Normalmente se informan en cursos y actividades organizadas por ONG. Entonces empiezan un proceso muy largo y muy difícil que consiste en darse cuenta de que todo lo que han aprendido no es verdad. Hay mujeres que se cierran y no quieren escuchar nada más porque interpretan esa información como una ofensa a su orgullo, a su cultura. Muchas llevan más de diez años en España y apenas hablan español, siguen trabajando en casa, hacen una vida como la que harían en África. Muchas de esas mujeres ni siquiera han descubierto que no mueres en el parto si tienes clítoris. El problema es que en África, la mutilación se presenta como algo bueno, limpio, bonito, que te convierte en una mujer superior. Aquí, en cambio, lo llamamos mutilación, una palabra negativa. Por eso cambiar de opinión es un paso muy grande que, por supuesto, se puede dar, pero tiene que darse de una manera más colectiva. Si es individual, es muy difícil.
¿Falta implicación por parte de las instituciones en este sentido?
Sí. Aunque lo más importante siempre es la manera. Hay que encontrar el modo de acercarnos y comprender, para lograr que la gente escuche. Al fin y al cabo, son cosas con las que uno ha crecido, ellas han dejado a sus familias en África, que siguen pensando lo mismo, y por eso sienten que están traicionando lo que les han enseñado sus madres. Hay que hacer mucho trabajo en los países de origen, pero sobre todo hay que formar y dar voz a gente de aquí que ha cambiado de opinión para que hagan de mediadores en los países de origen. Mi voz tiene menos peso. La gente necesita escuchar a gente de su propia cultura.
¿Ha cambiado su percepción a raíz de la película?
Mucho. Desde el principio hasta el final del rodaje. Cuando empecé tenía una postura absolutamente negativa sobre la mutilación, que lo sigue siendo por supuesto, pero tenía una perspectiva de blanco y negro. Pensaba que era una violación de los derechos humanos, de los derechos de la mujer y que se hace porque la mujer tiene que ser fiel y no tener necesidad sexual. Pero luego, hablando e investigando, te das cuenta de que es más complejo y tienes que intentar entender cosas que no se pueden entender a la primera. A mí me costó mucho esfuerzo comprender cómo una mujer que adora a sus hijas toma la decisión de mutilarlas o coserlas. Cambió mi opinión porque me di cuenta de que hay fuerzas sociales muy potentes que hacen que una mujer acabe creyendo que ha sido ella la que ha decidido. Empecé a pensar de una manera más compleja y gracias a la película adquirí un punto de vista más amplio.
Por ejemplo, una chica que no aparece en el documental me contó que el sexo con una mujer que está cortada es mucho mejor para el hombre. Son cosas muy delicadas porque forman parte de la imagen que se han construido para justificar lo que hacen. El tema es más complejo, no es tan fácil como decir 'es una violación de los derechos humanos y debes dejar de hacerlo', por eso se necesita mucho más trabajo. Y creo que se hace muy buen trabajo porque todas esas mujeres que aparecen en Bref han cambiado de opinión y tienen la valentía de poder decirlo y tomar decisiones para el futuro de sus hijas.
En el documental aparece un hombre africano que afirma que prefiere las mujeres que no están mutiladas. ¿Es el testimonio más rompedor?
No puedo priorizar, cada uno de ellos tiene su propia fuerza y por eso está en la película. El de ese hombre, Baba, es muy importante porque vive una pequeña transformación durante la entrevista. Yo le pregunto "¿Una mujer puede ser fiel sin estar cortada?" y él se toma mucho tiempo para pensar la respuesta. Hay mucho silencio. Me gusta porque es como si se lo planteara por primera vez y al final dice algo que es muy lógico, responde que no. Algunas mujeres que vieron la película en Londres me dijeron que eso no era nada importante. Para nosotras, no, claro. Pero para ellas, sí lo es y mucho. Las mujeres africanas pueden oír a mujeres occidentales decir que hay hombres que prefieren mujeres no cortadas, pero que lo diga un hombre africano que sabe de lo que habla es más importante. 

mércores, 20 de febreiro de 2013

Entender la ablación para erradicarla


| 06 de febrero de 2013
Por Susanna Oliver (@SusOliverP), Directora de Programas de World Vision España. Hoy se celebra el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina.
¿Qué tiene una madre en la cabeza cuando lleva a su hija a una comadrona para que le extirpe parte de sus órganos sexuales, sin anestesia y en condiciones sanitarias precarias? Esto es lo que llevo años intentando comprender para poder luchar contra la ablación genital, porque pienso sinceramente que no podemos cambiar lo que no entendemos.
En el camino he aprendido y comprendido varias cosas. Como la importancia de las tradiciones en África, que en parte tienen su razón de ser en el hecho de que en países donde  conviven decenas de etnias distintas obligadas a entenderse y compartir gobierno, ven en el respeto a sus mayores, a los líderes tradicionales, a la lengua y a las costumbres propias la única forma de no perder su identidad. También aprendí que las razones por las que se practica la ablación son muchas y que, en algunos casos, el por qué se practica en una comunidad puede ser no sólo distinto, sino incluso contradictorio a  los motivos por los que se practica en otra. Comprendí que no está vinculada a ninguna religión, y que en momias egipcias de hace más de 4.000 años, mucho antes de la aparición del islam, se observa que ya se practicaba la infibulación (la forma más cruenta de ablación que consiste en estrechar la apertura vaginal, cosiendo los labios internos y a veces también los externos; en esta práctica puede también extirparse el clítoris), y que las etnias que la practican abrazan todo tipo de religiones. Y comprendí algo que me impactó mucho: son las propias mujeres las que dan más importancia a que se siga practicando el rito, y las primeras que no asocian o minimizan la importancia de los efectos secundarios de la práctica, que (no lo olvidemos) en muchos casos llega a causar la muerte de las mujeres mutiladas en el momento del corte o años después, frecuentemente por complicaciones en el parto.
Pero todas estas aproximaciones son muy racionales, y la aversión que siento contra la ablación muy visceral. Quizá por eso una de las experiencias que más me ha hecho comprender por qué se perpetúa el rito fue el momento en que mi cuñada holandesa me miró con cara de espanto al ver que mi hija recién nacida llevaba pendientes. De acuerdo, las condiciones en que se hacen los agujeros en las orejas a las niñas y las consecuencias que tiene la práctica en su salud no se pueden ni comparar, pero, al fin y al cabo, estamos dando por sentado que es normal “quitar” un trocito de su cuerpo a una niña que aún no puede decidir.
Solo desde la humildad de saber que todos seguimos tradiciones que no nos cuestionamos, y sabiendo que en los contextos multiculturales la preservación de la identidad tiene una importancia capital, podemos llegar a comprender mejor a las mujeres que practican este rito. Desde la comprensión es como trabajamos para hacerles entender que es una agresión a los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física y trabajamos con ellas para llegar a erradicar la práctica. Complementariamente, hay que trabajar a nivel legislativo y con los gobiernos estatales y locales para que apoyen la erradicación de esta práctica, e integrar la lucha contra la ablación en otras acciones de protección infantil y defensa de los derechos humanos y de desarrollo de las comunidades. Es importante integrar en la lucha a las personas que practican la ablación y darles alternativas que sean respetuosas con sus tradiciones. Éste es, obviamente, un proceso difícil y lento, pero es el único camino que nos llevará al cambio definitivo.
 Más información sobre el trabajo que hacemos de prevención de la ablación en www.stopablacion.org.

luns, 18 de febreiro de 2013

Lo que las fotografías nunca podrán narrar


Claudia Patricia Moreno - World Vision.05/02/2013 – eldiario.es
Hay realidades que una fotografía nunca podrán contar, en las que aquello de “una imagen vale más de mil palabras” deja de ser cierto y se convierte en un concepto obsoleto. Éste es el caso de la Ablación o Mutilación Genital Femenina, una violación a los derechos de las más antiguas, menos perseguidas y más invisibles del mundo, que cada año afecta a 3 millones de niñas.
En la fotografía podemos ver a Unice en una pose que puede parecer nostálgica y triste. Parece una joven más de su edad, algo recatada. Pero lo que está imagen no cuenta son los 30 kilómetros que esta joven caminó a sus 14 años huyendo de dos tradiciones que mutilan los derechos más básicos de las niñas de Kenia: el matrimonio forzado a edades tempranas y la mutilación genital que suele preceder dicha unión. La instantánea tampoco narra la valentía de esta joven que decidió enfrentarse a su padre argumentando que su deseo era continuar con sus estudios.
La mujer que aparece en la siguiente imagen es Fatiah, una madre que aún recuerda el dolor que soportó, siendo apenas una pequeña niña, cuando le practicaron la mutilación genital. De la foto no se deduce el coraje que demostró esta madre al decidir enfrentarse a una tradición milenaria en su comunidad, dar un paso en frente y defender su decisión de no mutilar a su hija.
Lo que estas dos fotografías tampoco cuentan es que la mutilación genital femenina, en los más de 28 países en los que se practica, provoca problemas de salud, como dolores abdominales o problemas durante el parto, que la mayoría no relacionan con la extirpación de parte de sus genitales externos. Ni que hay una serie de prejuicios muy arraigados que mantienen viva esta tradición según los cuales una mujer que no hay pasado por la ablación no podrá dar a luz, será infiel o es indigna de casarse, por listar algunos ejemplos, ya que estas ideas erróneas varían según el país y la etnia.
Asimismo, no es fácil mostrar en imágenes que con información y educación es posible llevar a cabo proyectos especiales de prevención de la ablación como los que desde World Vision realizamos en Kenia  y gracias a los cuales más de 600 familias han optado por no practicar la mutilación genital. Gracias a estos proyectos Unice y Fatiah han encontrado apoyo a sus decisiones. Unice es ahora una de las estudiantes de una escuela refugio en Marigat, Kenia, que acoge a jóvenes que, como ella, huyen de los matrimonios forzados y de la ablación. Fatiah recibió apoyo del personal del proyecto de la ablación para que su hija no fuera mutilada.
Con motivo del 6 de febrero, Día Mundial de la Tolerancia Cero a la Ablación, hemos puesto en marcha la iniciativa STOP ABLACION con el objetivo de informar sobre este tema y sumar apoyos a los proyectos de prevención de la ablación que se llevan a cabo en países africanos.