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mércores, 22 de xaneiro de 2014

La izquierda alemana homenajea la memoria de Rosa Luxemburgo


El 15 de enero de 1919 fue asesinada la luchadora marxista en Berlín
Este fin de semana tiene lugar la Conferencia Rosa Luxemburgo y una manifestación en su honor
Carmela Negrete 11/01/2014 – eldiario.es

La figura de Rosa Luxemburgo es bien conocida más allá de las fronteras alemanas. Antimilitarista, marxista, internacionalista. Se han escrito cientos de páginas sobre su biografía y ésta aquí es para quien no la conozca. Su pensamiento como revolucionaria marxista de principios del siglo pasado contemplaba, claro, una sociedad futura mas justa basada en el socialismo. Una de sus particularidades es la de diferenciar el origen del poder de la "dictadura del proletariado" no en una élite, sino proveniente de las masas de trabajadores autoorganizadas.
Polaca de nacimiento, ya con 10 años en 1881 tuvo que sufrir su primer pogromo en Varsovia. Sus padres eran judíos. En su juventud formó parte del partido socialista clandestino polaco, que cofundó en 1982, y tuvo que exiliarse en Suiza. Allí hizo una tesis de doctorado sobre la evolución industrial de Polonia y después se mudó a Alemania, donde se unió al partido socialista SPD en 1898, del que fue parlamentaria. A principios del siglo XX se convirtió en la primera redactora jefe del periódico Leipziger Volkszeitung. Sus artículos abarcan todo tipo de problemáticas políticas ligadas a Europa. En 1903 fue condenada por injurias al káiser Guillermo II a dos meses de cárcel y en 1906 la encarcelaron de nuevo dos meses por “incitación al odio racial”.
Un año después comenzó a dar clases de marxismo y economía en la escuela del partido socialdemócrata. En 1912 viajó a París al congreso europeo de los socialdemócratas, donde pidió al resto de países que si comenzaba la guerra, declarasen una huelga general. En el SPD permaneció hasta 1914, cuando los socialdemócratas firmaron junto al resto de grupos parlamentarios la concesión de créditos para la guerra. Ya en 1913 había organizado manifestaciones contra la guerra que se comenzaba a vislumbrar en los Balcanes. Fue por ello que fue condenada a un año de cárcel, que cumplió en 1915. A los dos meses de ser liberada, la condenaron de nuevo por ser “un peligro para la seguridad del reino”. Al final estuvo tres años y cuatro meses en la cárcel.
Rosa Luxemburgo fue cofundadora del partido comunista alemán KPD en diciembre de 1918, tras la conocida como Revolución de Noviembre, que destronó a la monarquía. El káiser se había equivocado aupando a Lenin al poder en Rusia mediante la ayuda económica con el fin de debilitar al zar. Esta revolución en Rusia prendió la chispa de un movimiento que llegó a Alemania.
Tras la citada revuelta, el partido socialdemócrata se hizo con el poder. El partido comunista alemán, recién fundado, salió a las calles el 8 de enero de 1919 por el descontento que existía debido a que se trataba de un gobierno conservador y con la esperanza de llevar a cabo una revolución al estilo soviético, comenzando una guerra interna dentro de la gran guerra que estaba desgastando Europa.
Hasta hoy se discute la posición de Rosa Luxemburgo con respecto a la revolución rusa. El historiador Jörn Schütrumpf, ligado a la Fundación Rosa Luxemburgo y experto en su figura histórica, aseguraba al periódico Taz que “Rosa se mostraba irritada en relación a los acontecimientos de 1918 en Rusia” y que “Lenin y los otros no querían (al contrario que Rosa Luxemburgo) un pueblo trabajador de pensamiento crítico”, mientras éstos perseguían “una revolución desde arriba y la felicidad de la humanidad a través de coartar las libertades ciudadanas”, ella perseguía una revolución nacida de la libertad humana.
Sin embargo, como recuerda la vicepresidenta del partido alemán DKP, Nina Hager, doctora en filosofía, en el libro que dejó sin terminar Sobre la revolución rusa escribió en 1918: "El partido de Lenin fue (...) el único en Rusia, que representó los intereses verdaderos de la revolución (…), y por ello, el único partido que llevó a cabo una política realmente socialista”. En un pasaje posterior asegura que los bolcheviques llevaron a cabo por primera vez un programa práctico de políticas socialistas en Rusia.
Bajo el gobierno del SPD, Rosa Luxemburgo fue asesinada junto a Karl Liebneckt el 15 de enero de 1919 por los llamados freikorps, grupos paramilitares de extrema derecha, que contribuyeron a aplastar el levantamiento espartaquista en el que ambos habían tomado parte. Su cuerpo fue encontrado en un canal varios meses después.
La secretaria general del partido socialista SPD, Andrea Nahles, que pertenece al ala izquierda del partido, recordaba su figura con motivo del 150 aniversario de los socialdemócratas, que se celebró en 2013, con estas palabras: “Los programas y proyectos están vivos cuando encuentran personas, que dan un sentido a sus vidas. (…) personas combativas como Rosa Luxemburgo”. Sin embargo, el SPD no participa en los actos conmemorativos que se celebran en su memoria. Estos años se recuerdan como los más oscuros de la historia del partido socialdemócrata.
A pesar de su asesinato y del sangriento aplastamiento de la Revolución de Noviembre que costó la vida a miles de personas, el movimiento obrero consiguió ciertas victorias de las cuales el nombre de Rosa Luxemburgo se ha convertido en sinónimo: el derecho al voto libre y secreto, incluido el voto femenino, la jornada laboral de ocho horas, la libertad de coalición y el derecho a representación sindical.
El recuerdo de Rosa Luxemburgo
Desde 1996 se celebra el segundo domingo de enero en Berlín la Conferencia Rosa Luxemburgo, organizada por el diario marxista junge Welt, a la que acuden expertos, activistas y políticos invitados para fomentar el “intercambio de experiencias así como en el análisis de actividades de movimientos y partidos de izquierda a nivel mundial”.
En esta ocasión eldiario.es informará desde la conferencia, a la que acudirán entre otros la presidenta del Consejo Mundial por la Paz, Maria do Socorro Gomes Coelho, el secretario general de la Federación Internacional de la Resistencia, Ulrich Schneider, el presidente del partido alemán Die Linke Bernd Riexinger o el profesor canadiense de economía Michel Chossudovsky.
El domingo a las 10 horas tendrá lugar una manifestación que se ha celebrado desde el asesinato de ambos dirigentes, excepto durante el periodo nazi entre 1933 y 1945, cuando fue prohibida y las tumbas de ambos destruidas. Hacia el monumento en su honor que se encuentra en el cementerio de Friedrichsfelde en el barrio este de Lichtenberg, se dirigirá la manifestación, en la que probablemente participarán varios miles de personas como cada año.

xoves, 26 de decembro de 2013

Feministas y brujas


Los textos del grupo activista W.I.T.C.H., que acaban de ser reeditados, datan de 1968 pero siguen vigentes para el feminismo
El Grito de las Brujas, Voina, Pussy Riot, Femen o la Cofradía del Coño realizan acciones que entroncan con la interpretación del patriarcado como "caza de brujas"
Elena Cabrera 06/12/2013 – eldiario.es

En 1968, una guerrilla feminista pasó a la acción con los conjuros como armas. Las hogueras y los hechizos resultaron ser no menos peligrosos que las bombas, pero su existencia forma parte de la historia secreta de la contracultura.
La historia que no es secreta y la cultura que no va a la contra no hablan de W.I.T.C.H. (Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno) en sus libros ni en sus periódicos. Pero las mujeres que formaron este grupo fueron las primeras en toser al movimiento de la izquierda radical que pretendía construir una nueva sociedad sin contar con el feminismo.
Boicot, protesta, manifiesto, ocupación
"Relegadas a una posición de espectadoras o taquígrafas en las asambleas", escribe Susan Wildburg, "contemplaban cómo se repetían los viejos esquemas machistas, la misma ideología patriarcal que habían sufrido ellas mismas, sus propias madres y las madres de sus madres".
La militancia de los sesenta planteaba la lucha en términos "femeninos" y no feministas. Entre sus propias filas, el debate sobre el machismo resultaba "incómodo, áspero e ingrato". Nada que no hayan vivido hoy en día los grupos feministas insertos en movimientos sociales más amplios como el 15M, sin ir más lejos.
Las brujas de W.I.T.C.H. realizaban acciones directas: boicots, manifiestos, ocupación de redacciones de periódicos, protestas delante de Wall Street, escritura de textos, ruedas de prensa.
Estas brujerías biopolíticas no se han disuelto en el olvido gracias al libro W.I.T.C.H. Comunicados y hechizos, editado dos veces por La Felguera. La primera, en enero de 2007. La segunda, con el texto inédito "Adiós a todo esto", en septiembre de 2013.
Servan Rocha, el editor, quedó "impresionado" ante el hallazgo de ese artículo, firmado por Robin Morgan, “actual icono del feminismo radical", en palabras de Susan Wildburg. "Parece escrito ayer, está hablando de nosotros", asegura Rocha, que hubo de recurrir a técnicas "detectivescas" para localizar todos estos textos. En su opinión, "a veces se abusa al denominar un libro como artefacto" pero, en este caso, "sí es muy apropiado".
Durante su presentación, el pasado 8 de noviembre, las realizadoras del programa de radio Sangre Fucsia explicaron el hilo que une a estas mujeres de 1968 con otras mujeres feministas de 2013: "Desde la Cofradía del Coño de las Jornadas Feministas de Granada de 2009, pasando por el movimiento Yo Mango, que surgió en Barcelona en 2001-2002, siendo muy destacables las acciones de Voina y las Pussy Riot en Rusia".
Decían las W.I.T.C.H. que bastaba con repetir tres veces seguidas "soy una bruja" para convertirse en una bruja. En sus aquelarres públicos, recurrieron incluso a la iconografía clásica de las brujas de sombrero picudo y escoba de paja.
"Las Voina son un colectivo artístico de toma de los espacios públicos, en general edificios estatales o medios de transporte; son un grupo que fluctúa, pero la mayoría de las Pussy Riot han pasado por él –precisan las locutoras de Sangre Fucsia–. Mientras que la violencia de las acciones de las Voina destaca sobre la forma en la que se presentan visualmente ellas, de las Pussy Riot tenemos muy claro visualmente de quién hablamos. De hecho, este 'uniforme' elimina sus identidades, pussy-riots sin nombre que podrían ser todas, que podría ser cualquiera. Las camisetas o vestidos de colores, con medias o mallas de otro color, y los pasamontañas crean un arcoiris bien visible en los tejados donde dan sus conciertos clandestinos. Si tuviera que decir que las brujas, las W.I.T.C.H., están entre nosotras, diría que las Pussy Riot son nuestras más fervientes hermanas".
Estrategia de subversión
Para Robin Morgan, Anita Hoffman, Nancy Kurshan o Sharon Krebs, miembros de W.I.T.C.H., la brujería es una estrategia de subversión. "La historia oculta de la liberación de las mujeres –escriben en un comunicado– comenzó con brujas y gitanas, porque son las más antiguas guerrilleras y luchadoras de la resistencia, las primeras pro aborto practicantes y distribuidoras de hierbas anticonceptivas". Estas mujeres descubren que el camino de la biopolítica se abre paso desde la Edad Media hacia el 68, recogiendo el "nosotras parimos, nosotras decidimos" hasta el día de hoy.
En esa misma década de los sesenta, Silvia Federici se convirtió en militante feminista. Para entender "la guerra continua hacia las mujeres" o caza de brujas y su relación con el capitalismo global contemporáneo, nada mejor que su libro Calibán y la bruja, una investigación sobre la persecución por brujería, los procesos de acumulación de capital y el colonialismo a partir del siglo XVI. Dijo Robin Morgan que "ser una bruja te ayuda muy poco si no tienes conocimientos de lo que te está pasando, históricamente, como mujer".
En 2008, un colectivo feminista madrileño organizó un aquelarre en la noche de San Juan. Se hicieron llamar El Grito de las Brujas y llevaron a cabo un ritual en torno a la hoguera para "que arda el heteropatriarcado", inspirándose en las acciones de las "hermanas" W.I.T.C.H.
En su "conjuro", estas mujeres reivindicaron a "las barbudas, a las sucias, a las abuelas con perfume del todo a 100, a las malolientes y hediondas, a la femme fatale de paso firme, a la camionera de pelo en pecho", entre muchas otras diversidades. Reivindicaron su derecho a "quemarlo todo, a crearlo todo, a no sentir miedo, a provocar miedo, a subvertir, transgredir, desordenar, desbaratar, desobedecer, a equivocarnos, a garabatear nuestro deseo, a penetrarnos las orejas, a dildearnos el ombligo" porque los cuerpos "son campos de batalla".
Este ritual, difundido en YouTube, fue copiado por otras pequeñas comunidades, replicado, reformulado, de manera espontánea e imprevisible. Tal y como hubiera deseado el colectivo W.I.T.C.H. o como sucedió con el movimiento Riot Grrrl o el 15M. "Porque la brujería es rebelión", gritaban en el aquelarre madrileño tras quemar dinero, un sujetador o el cuadro de una virgen, "porque la brujería es poder, porque la brujería es nuestra historia. ¡Porque brujas somos todas!".

luns, 23 de decembro de 2013

De Olympe de Gouges al ciberfeminismo


Por: Mª Ángeles Cabré | 04 de diciembre de 2013
Algo parecido a una pequeña historia del feminismo a través de su ideología podríamos decir que esconde Ideas que cambian el mundo, que firman Sara Berbel, Maribel Cárdenas y Natalia Paleo, y acaba de publicar Cátedra en la ya mítica colección “Feminismos”, fruto de la colaboración con la Universidad de Valencia y dirigida por la historiadora Isabel Morant. Una historia de las ideas que contiene un gran acervo de datos no articulados cronológicamente, sino en función de algunos de los principales grandes valores éticos modernos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948; valores que, en la correspondencia filosófica entre Victoria Camps y Amelia Valcárcel que es Hablemos de Dios (Taurus, 2007), Camps consideraba las bases para un acuerdo ético de mínimos en lo que a la construcción de una sociedad digna se refiere.
De ahí que la igualdad, la libertad, la fraternidad, la justicia social, y también el internacionalismo, se conviertan en este volumen en los raíles por los que discurren las muchas mujeres que, herederas de algunas de las premisas de la Revolución francesa (las que llevaron a reconocer la existencia de los derechos de los ciudadanos, ya sean hombres y mujeres), han impulsado reivindicaciones de cuyos frutos hoy gozamos todos y todas, y de los que por desgracia muchos ciudadanos y ciudadanas no son nada conscientes, cosa que desemboca en el desprestigio de la palabra “feminismo” (acaso, junto a comunismo, el ismo más injustamente denostado), que en este volumen se reivindica desde la solvencia de los datos y sin afán panfletario.
Como “ablación de la memoria” bautizó precisamente Valcárcel ese voluntario olvido de quiénes somos y de dónde venimos que es hoy práctica usual, especialmente entre las mujeres jóvenes, quienes en un juego de prestidigitación que sólo podemos achacar a su supina ignorancia, atribuyen los muchos derechos y avances de que disfrutan a algún alma generosa de nombre ignoto, como si el voto femenino o el divorcio hubieran nacido con la primera Eva, al estilo de los complementos de la muñeca Barbie, cuando en realidad los frutos legislativos de tantos esfuerzos colectivos no se han dado hasta bien entrado el siglo XX y responden a muchos sudores y a muchas lágrimas.
A decir verdad, ese alma generosa lleva tantos nombres como mujeres y hombres (sobre todo mujeres) lucharon por la consecución del ideario feminista en sus muchas variantes y modalidades, de las ilustradas a la Declaración de Seneca Falls, del feminismo socialista a nuestras republicanas y un largo etcétera: Flora Tristán (autora de la frase “Proletarios de mundo, uníos”, atribuida a Marx), Madame de Staël, Simone de Beauvoir [en la foto], Alejandra Kollontai, Emilia Pardo Bazán, Emma Goldman (“La mujer más peligrosa del mundo”, como se la llamó), Lucía Sánchez Saornil, Clara Campoamor, Mary Wollstonecraft, Josefa Amar, George Sand, Rosa Luxemburgo (“La rosa roja”), Concepción Arenal…
Hay otras muchas, menos recordadas por la Historia, como Inés Joyes, autora a finales del siglo XVIII de Apología de las mujeres, donde denunció la tiranía sobre nuestro sexo e invitó a las mujeres a unirse y luchar juntas; o la obrera textil Teresa Claramunt, líder del movimiento anarquista y creadora de un sindicato femenino en Sabadell a finales del siglo XIX. O bien María Cambrils, quien se encaró con Marañón y sus insultantes ideas sobre la condición de la mujer (nos enviaba a parir y a los hombres a trabajar) llamándolo “pigmeo”.
Sin olvidar a otras de gran compromiso político como aquella otra María, en este caso Espinosa, quien en 1918 impulsó la creación de la primera asociación feminista de España, la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), entre cuyas integrantes se contaban María de Maeztu y Victoria Kent. O Carmen de Burgos, escritora y impulsora a comienzo de los años 20 de la Cruzada de Mujeres Españolas, artífice del primer manifiesto patrio a favor del sufragio femenino. O la germana Clara Zetkin, amiga de Rosa Luxemburgo y creadora de la primera Oficina de la Mujer dentro de un gran partido europeo, en su caso el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD); y de quien dijo nuestro Andreu Nin que era “un magnífico ejemplar de caudillo revolucionario”.
Un acervo de nombres de mujer, que nos llevan desde las pioneras como Olympe de Gouges hasta el ciberfeminismo de hoy, pues la Red se nos antoja el espacio ideal para el empoderamiento femenino e invita, como dicen las autoras, a compararlo con el internacionalismo que soñaron las socialistas de principios del XX. Y es que desde Olympe de Gouges, esa francesa que nació en la misma localidad donde murió Azaña, luchó por la abolición de la esclavitud, exigió reformas sociales y fue la artífice de la célebre Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (versión “libre” de la que en 1798 aprobó la Asamblea Nacional Constituyente), el feminismo ha tenido muchas voces y muchas caras.
Este ensayo hace también hincapié en el consabido retraso hispano, que llevó a que las aspiraciones feministas no se articularan aquí con cierto orden hasta comienzos del siglo pasado, un desarrollo tardío directamente vinculado con el actual déficit democrático, en que el feminismo aún tiene que actuar desde las barricadas reivindicando derechos que debieran estar ya plenamente asentados y que, o bien jamás se ostentaron (como la igualdad de género en la cultura) o bien peligran (como el aborto).
Porque ahora más que nunca, cuando tantos logros cuelgan de un hilo, es válida la aseveración que Fourier formuló hace ya dos siglos: “Los progresos sociales y los cambios de período se operan en razón del progreso de las mujeres hacia la libertad, y las decadencias del orden social se operan en razón del decrecimiento de la libertad de las mujeres”. El ejercicio de memoria que es este libro sale al paso para conjurar esta segunda opción, y viene que ni al pelo en la actual coyuntura histórico-económico-social. Pues como afirma Nancy Fraser: “El género tiene dimensiones político-económicas porque es un principio básico de la estructuración de la economía política”. ¡Estemos vigilantes! Y sobre todo, no olvidemos los logros en este caso de nuestras antepasadas.
Mª Ángeles Cabré, escritora y crítica literaria, acaba de publicar Leer y escribir en femenino (Barcelona, Editorial Aresta, 2013). Dirige el Observatorio Cultural de Género (OCG).

mércores, 30 de outubro de 2013

Las guerrilleras siguen en lucha


La Alhóndiga de Bilbao revisa en una muestra la trayectoria de Guerrilla Girls, un grupo de artistas que lleva tres décadas atacando la discriminación en el arte

Una mañana de la era Reagan varios autobuses se pasearon por Manhattan con un gigantesco cartel amarillo donde se podía leer que el Metropolitan Museum apenas exponía un 5% de obras firmadas por mujeres mientras que el 85% de los desnudos que colgaba eran femeninos. La delicada odalisca de Ingres, embrutecida con una máscara de simio, se preguntaba desde autocares y muros: “¿Tienen que ir desnudas las mujeres para estar en el Met?”.
Aquella escaramuza contra uno de los santuarios de la cultura consagró a sus promotoras, las Guerrilla Girls, un grupo de artistas feministas fundado en Nueva York en 1985 como reacción activa frente a la discriminación que padecían en galerías, museos y medios. Embozadas como gorilas, con la etiqueta de feministas por delante y desplegando tácticas de guerrilla urbana pronto desataron un escándalo tras otro. Usaban una pizca de tacones, algo de brochas, muchos carteles, espionajes estratégicos y, sobre todo, aguijón y sarcasmo. Puro underground. En plena contrarrevolución conservadora —la era Reagan se abrió a los mercados mientras encerraba las mentes— lograron llamar la atención sobre la desigualdad de las artistas con un explosivo cóctel de descaro, humor y estadística. Podían atacarlas a ellas pero no sus datos. Sus murales cantaban verdades. Entre las “ventajas” de ser una mujer artista citaban: trabaja sin la presión del éxito, tiene la certeza de que su arte siempre será etiquetado como femenino, puede elegir entre su carrera y la maternidad y no debe lidiar con el bochorno de ser llamada “genio”.
Toda su artillería, desde la fundacional hasta obras recientes, puede contemplarse en la Alhóndiga de Bilbao, donde esta semana se ha inaugurado la primera retrospectiva que se dedica al colectivo, por el que han pasado medio centenar de creadoras y cuyas obras han entrado ya en los museos. Una buena excusa para examinar qué ha cambiado en el arte en estas tres décadas. “Han cambiado mucho las cosas, pero no podría decir si están mejor o peor. Lo bueno es que los museos o galerías ya no pueden dejar fuera a las artistas mujeres o de color, pero al mismo tiempo hay nuevos aspectos de la discriminación. El truco consiste en poner a una. En el arte hay un techo de cristal: muchas comisarias pero pocas directoras y las artistas solo llegan hasta cierto nivel. Además está el quid de la discriminación: las mujeres ganan la décima parte que los hombres artistas”, reflexiona una de las dos guerrilleras desplazadas a Bilbao, que atiende por Frida Kahlo. Para proteger su anonimato se parapetan tras máscaras de gorila y nombres de artistas fallecidas. Tanto Frida como Käthe Kollwitz, que también ha viajado a Bilbao, pertenecen al grupo de fundadoras —menos de una decena— y tienen carreras de éxito como artistas individuales. “Tú no puedes cambiarlo todo a la vez, pero hacemos algo en lo que creemos a nuestra manera un poco loca y creativa”, observa Kollwitz. “La máscara”, añade, “es lo que tiene que hacer una feminista en el mundo del arte para que la tomen en serio”.
Conocer los nombres reales de las guerrilleras siempre ha despertado morbo, así que en una ocasión anunciaron sus identidades en un cartel que incluía a ¡500! artistas. En otra implicaron a colegas como Richard Serra, John Baldessari, Sol Lewitt o Alex Katz en campañas animando a sus galeristas a exponer obras de mujeres y artistas negros.
A partir de 2000 han ampliado sus campañas a la industria del cine —una de ellas decía: “Incluso el Senado de los Estados Unidos es más progresista que Hollywood” (14% de senadoras y 4% de directoras de cine)— y se han internacionalizado. En la Bienal de Venecia de 2005 presentaron carteles irónicos donde se felicitaban porque casi todos los museos históricos de Venecia tenían cuadros de mujeres en sus colecciones aunque los conservaban en el sótano. En 2009, realizaron una pieza para Montreal en recuerdo de un asesinato sexista en una escuela de ingeniería atacando el machismo de grandes nombres. “Cien mujeres no valen lo que un solo testículo” (Confucio). “La mujer es un hombre que ha salido mal” (Tomás de Aquino). “Solo hay dos tipos de mujeres: diosas y felpudos” (Picasso). Para bien y para mal, sus obras remueven. No hay más que leer algunos de los mensajes que han recibido desde 1985: “Como mujer estoy cansada de vuestro estúpido y lésbico feminazismo” o “Queridas guerrilleras: Trabajo para Tony S. Está en uno de vuestros pósters. Tenéis razón. Él es un gilipollas. Aquí tenéis 25 dólares. Seguid con este trabajo”.