Amosando publicacións coa etiqueta Revolución mexicana. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta Revolución mexicana. Amosar todas as publicacións

luns, 17 de outubro de 2011

México revisa su historia oficial


Un filme sobre la Cristiada y una serie sobre la Conquista cuestionan la versión convencional
La Cristiada, la guerra civil que asoló México entre 1926 y 1929 y causó 250.000 muertos, ha sido uno de los episodios de la Revolución peor tratados por la historia oficial de este país. El levantamiento en armas de los miles de campesinos que con el apoyo de la Iglesia se negaron a perder sus costumbres religiosas ante el radical anticlericalismo del presidente Plutarco Elías Calles ha sido habitualmente sepultado bajo el maniqueísmo -reaccionarios contra revolucionarios- y la censura.
Ahora, un director joven, Matías Meyer (Perpiñán, 1970), hijo del historiador franco-mexicano Jean Meyer, recorre con su película Los últimos cristeros los festivales de cine de América, -Valdivia (Chile) Morelia (México), Montreal (Canadá) a lo largo de este mes-, con la que reivindica este movimiento tradicionalmente ridiculizado por el cine mexicano.
 “La Cristiada sigue siendo un tema muy desconocido. Le puede preguntar actualmente a cualquier mexicano, que 9 de cada 10 no le sabrá dar razón”, afirma Meyer, en una entrevista realizada por correo electrónico con este diario.
“Mi película busca arrojar un poco de luz sobre ese periodo, pero no es una película histórica. Busca reivindicar este movimiento, sobre todo contra la idea errónea de que los cristeros fueron manipulados por la Iglesia para tomar las armas. Fue un levantamiento espontáneo, popular y campesino. No porque obedecieran sus creencias obedecían a la Iglesia”.
El punto de partida del filme, continúa Meyer, no fue la obra de su padre sino la novela Rescoldo: los últimos cristeros, de Antonio Estrada y las fotografías de época. “En la novela encontré el mundo de Juan Rulfo del campesino mexicano, en las fotografías, miradas que me intrigaron. Me atrajo también el universo visual donde se podía desarrollar la trama, algo muy mexicano”.
La película no cuenta con actores profesionales. Sus protagonistas son agricultores de Jalisco y está rodada en escenarios naturales en las zonas del país que más sufrieron la Cristiada como el propio Jalisco, Guanajuato o Michoacán. No hay muchos diálogos ni tiroteos. Recrea más una atmósfera en la que el espectador viaja con los últimos cristeros.
¿Teme que la película reabra viejas heridas?
 “La película busca pregonar la tolerancia. Mis personajes de cristeros tampoco son unos santos, son buenos y malos a la vez. El mal se da por las circunstancias, nadie puede salir limpio de una guerra. Al Gobierno solo lo vemos de lejos, desde el punto de vista de los perseguidos. Creo que es bueno poder ver los dos lados de la moneda y ver que no todo es blanco o negro”.
En esta revisión de la historia oficial, una tendencia que el antropólogo Roger Bartra ve consecuencia de la “crisis del nacionalismo mexicano” que estalla hacia finales del siglo pasado, se inscribe también la reciente serie de televisión realizada por Clío TV sobre la Conquista.
La serie documental, de la productora fundada por Enrique Krauze hace ahora 20 años y en la que han participado especialistas como John H. Elliot y Alan Knight, se emitió los domingos por la noche del pasado septiembre.
A lo largo de sus cuatro capítulos, dirigidos por Nicolás Echevarría, la serie echa por tierra la idea convencional de que Hernán Cortés arrasó con un imperio con tan solo un puñado de hombres para plantear que más bien fue una guerra de indios contra indios o el error de que todo el pueblo mexicano se identificara con los aztecas, cuando eran una civilización recién llegada en comparación con otros pueblos indígenas.

martes, 1 de febreiro de 2011

El tesoro Casasola


La colección 'Photobolsillo' edita un libro con las imágenes de este pionero del fotoperiodismo del siglo XX
MOKHTAR ATITAR - Madrid - 24/01/2011
Fortino Samano, antes de ser fusilado, 1917
El imaginario de la Revolución Mexicana se alimenta en muchas ocasiones de las fotografías tomadas por Agustín Víctor Casasola (1875-1938) . La colección Photobolsillo, con la financiación de la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo, ha editado un libro que reúne imágenes de este pionero del reporterismo gráfico.
La idea de crear una agencia de fotografía para nutrir a las principales publicaciones mexicanas, que demandan a principios del siglo pasado material fotográfico y que no cuentan ni con el personal ni con la infraestructura necesaria, parte de Agustín Víctor Casasola. Iniciado en el mundo editorial como tipógrafo, aunque pronto daría el salto al reporterismo escrito y tomaría la cámara nada más despuntar el siglo XX, para "ilustrar sus artículos periodísticos", según sus propias palabras.
Es el movimiento social liderado por Zapata el que dio alas a Casasola. En 1912, cuando la demanda de material sobre la Revolución por parte de periódicos y publicaciones es insaciable, Agustín Victor Casasola abre, junto a su primo Gonzalo Herrerías, la Agencia Mexicana de Información Fotográfica, con un lema: "Tengo o hago la fotografía que usted necesite". La agencia funcionará como una suerte de cooperativa de fotógrafos, décadas antes del nacimiento de la agencia Magnum y modelo asociativo. La guerra civil mexicana aúpa a Casasola, considerado hoy como uno de los padres del fotoperiodismo en México. Esas fotografía constituyen "la idea visual de la primera revolución social", señala en la introducción de este libro el investigador Daniel Escorza Rodriguez, experto en la obra del fotógrafo.
Además de dirigir la agencia, el propio Agustín Víctor tomaría fotos de la mayoría de esos acontecimientos convulsos, con una imagen icónica para los mexicanos: el cadáver de Emiliano Zapata, exhibido en Cuautla, el 10 de abril de 1919. A esa tapa también pertenece la fotografía de Fortino Sámano antes de ser fusilado. "Esta foto captura a un hombre en paz consigo mismo y con sus ideas", describía en 2001 el fotógrafo Sebastián Salgado en un artículo publicado en The New York Times , y dónde elegía esta imagen como una de sus cinco imágenes fundamentales. "No es una composición complicada. Pero el fotógrafo en una fracción de segundo, fue capaz de mostrar el lado heroico del comportamiento humano".
Agustín Victor Casasola tuvo también una vocación de coleccionista y preservador de fotografías. Gracias a esta labor, se pudo salvar el archivo fotográfico del diario El Imparcial, y de otros tantos fotógrafos, como Gerónimo Hernández o el estadounidense Jimmy Hare, y poder crear así el propio Archivo Casasola.
La labor fotográfica de la agencia Casasola no se limitó a la guerra. También documentó la vida cotidiana de México, desde sucesos, redadas policiales, la vida social de la burguesía, uno de los primeros vuelos sobre México o la vida de los obreros en las fábricas. La muerte Agustín Víctor Casasola en 1938 no terminó con el archivo. Fueron sus hijos los que continuaron haciendo acopio de fotografías. En 1976, ante la imposibilidad de preservar con garantías el ingente fondo, los herederos donaron el archivo al estado mexicano, siendo una de las claves para la creación de la Fototeca Nacional Mexicana .

'Casasola', editado por La Fábrica, dentro de la colección Photobolsillo, con un precio de 12,50 euros.

mércores, 18 de novembro de 2009

¿Ya acabó la revolución mexicana?


99 años después de su inicio, ¿qué queda de la primera gesta del siglo XX?

SABINO BASTIDAS COLINAS, El País17/11/2009

Permítanme hablar de la revolución mexicana y escribirla sólo por esta vez con minúsculas.

No es falta de respeto, no. Quiero simplemente tratarla con confianza, con cotidianeidad, con cercanía, con informalidad, sí con cierta irreverencia, quizá con normalidad.

Escribirla con minúsculas para cuestionarla, revisarla y ponerla en duda. Acaso para guardarla para siempre en mi corazón, como parte de la historia de mi país y para evitar que siga siendo materia del discurso de políticos, objeto de pugna entre candidatos y material inagotado de debates parlamentarios. Escribirla con minúsculas para guardarla de una buena vez, para sanarla, para dejarla a salvo. Para cerrarla por fin. Para concluirla.

Hablar de ella sin pasiones nacionalistas y tratarla con naturalidad, como un hecho histórico más: importante, relevante, humano, con aciertos y con errores, pero tan solo un hecho histórico más.

Una revolución que quizá les dice poco a los chicos de hoy, a los mexicanos de la transición y de la alternancia, que tal vez quieran el mismo México justo y de oportunidades que prometió la revolución, pero al que tal vez quieran acceder por el camino de la democracia.

Es claro que el uso de esta licencia no será fácil. Lloverá el juicio de los ortodoxos. Las críticas de los sumos sacerdotes de la revolución que verán que al escribirla con minúsculas se comete una especie de sacrilegio. Como para algunos escribir dios con minúscula.

Y es que ahí están los que siguen escribiendo la revolución mexicana con mayúsculas, para usarla y para usufructuarla. Para seguir en ella. Para medrar con ella. Muy probablemente los que más la citan son los que menos la conocen. Los que más daño le hicieron. Los que de tanto repetirla la han gastado, la han borrado y le han quitado sentido y contenido.

No será fácil pedir esta concesión cuando circulo todos los días por una gran avenida de la ciudad de México que se llama revolución, cuando la ciudad está llena de calles con nombres de héroes y plagada de monumentos revolucionarios, y cuando pago un café, con un nuevo billete de plástico de 100 pesos, con alguna errata, pero que conmemora, una vez más con mayúsculas, el centenario de la revolución mexicana.

Y es que el próximo 20 de noviembre, la revolución mexicana cumple 99 años. Inician, de la mano del bicentenario de la independencia, los festejos del centenario de la revolución. Se inflaman el patriotismo y el revisionismo. Se inicia sin duda una temporada alta para conferenciantes e historiadores.

En espera de la gran gesta historiográfica que nos aguarda el año próximo, y ya con el 99% del centenario de la revolución cumplido, solo quiero hacerme algunas preguntas y compartirlas con usted: ¿Ya acabó la revolución mexicana? ¿Qué fue de ella? ¿Cuánto duró? ¿Cuándo acabó? ¿Y si ya acabó, por qué sigue siendo meta, bandera y discurso de partidos y grupos políticos? ¿Por qué subsisten los partidos revolucionarios? ¿Por qué aparecen Ejércitos zapatistas? ¿Por qué existen movimientos revolucionarios? ¿Acabó bien la revolución? ¿Logró su cometido? ¿Lo tenía? ¿Cuál es el saldo? ¿Fue una revolución exitosa? ¿Se agotó la revolución? ¿Se cansó? ¿Se gastó? ¿Por qué hay tanto nostálgico de la revolución? ¿Quedó algo pendiente? ¿Qué hacemos hoy con la revolución mexicana? (...)

Ler máis