Amosando publicacións coa etiqueta Guerra Iugoslavia. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta Guerra Iugoslavia. Amosar todas as publicacións

luns, 27 de xaneiro de 2014

Las mujeres que sobrevivieron al genocidio de los 8.000 muertos


Tras el asesinato de sus padres, hermanos, maridos e hijos, las mujeres bosnias de Srebrenica se las han arreglado para seguir adelante sin apenas ayuda, en una región alfombrada con miles de minas antipersona.
ALEJANDRO LÓPEZ DE MIGUEL Kamenice (Bosnia-Herzegovina) 20/01/2014 publico.es

El genocidio de Srebrenica es probablemente uno de los episodios más oscuros de la guerra de Bosnia. Sucedió en un escenario en el que se concentraron todos los elementos necesarios para que se produjera la catástrofe: el sanguinario general Ratko Mladic y sus tropas, el grupo paramilitar serbio los escorpiones, y una ciudad teóricamente protegida por los cascos azules de la ONU. En ella fueron asesinados entre 8.000 y 10.000 hombres, en su mayoría musulmanes bosnios, cuyo destino compartieron también varios ancianos, niños y mujeres.
"Durante la guerra, mi abuela perdió a su marido y a sus tres hijos. Mucha gente murió en mi pueblo y en el área que lo rodea", confiesa a Público Meldina Omerovic, de 16 años.  "Fue la primera mujer en volver al pueblo. Vivió en una casa de madera sola, hasta que los supervivientes comenzaron a regresar", asegura. "No fue fácil vivir sola en la aldea, porque por entonces la guerra aún no había terminado. Fue muy duro sobrevivir para las mujeres que sufrieron el asesinato de sus maridos, que además tenían que salvar a sus hijos", recuerda.
Como la abuela y la madre de Meldina, miles de mujeres bosnias se vieron brutalmente separadas de sus hijos, maridos y hermanos, desprovistas de sus posesiones y expulsadas de sus hogares, en el marco de la brutal guerra en el corazón de una Europa que se creía invulnerable, y que permaneció impasible durante años, ajena al sufrimiento de los serbios, croatas y musulmanes —de trayectoria familiar, no necesariamente de confesión— que poblaban Bosnia-Herzegovina.
"Todo fue destruido por la guerra. Llevó mucho tiempo construir nuevas casas, carreteras colegios y hospitales. Nosotros volvimos en 2001. Entonces sólo diez personas vivían en este pueblo, pero a lo largo de los años han ido estableciéndose aquí otras", asegura Meldina. Sus padres fueron expulsados de sus pueblos y obligados a establecerse en otros lugares, durante una guerra que hoy suena remota, olvidada, aunque tuviera lugar a mediados de la década de los 90.
16 años han pasado desde que el pueblo de Kamenice sufriera en carne propia las consecuencias del conflicto en Bosnia (1992-1995), durante la desintegración de la antigua Yugoslavia.  A apenas ocho kilómetros de distancia, el enclave escogido por Mladic para lo que muchos consideran una verdadera limpieza étnica que los cascos azules holandeses no  evitaron, aunque hasta 2013 no se hayan enfrentado a una sola condena por permanecer impasibles durante la masacre.
Según los últimos cálculos, y aunque algunas organizaciones como las Madres de Srebrenica elevan hasta 10.000 el número de fallecidos, 8.373 personas fueron asesinadas en el pueblo bosnio. Y la cifra sigue creciendo. 18 años después, equipos de forenses continúan abriendo fosas comunes, identificando cuerpos, sumando víctimas a la lista que plasma con miles de nombres y apellidos el horror que asoló Bosnia-Herzegovina.
Los dos máximos responsables del genocidio no fueron capturados  hasta finales de la década  del 2000 y principios de 2010, tras varios años de presión. El expresidente de la República Srpska—zona de mayoría serbia en Bosnia—, Radovan Karadzic (2008) y el jefe del Ejército, el general  Ratko Mladic (2011) permanecen en prisión preventiva, a la espera de una condena . El Supremo Holandés ha reconocido parte de la responsabilidad de los cascos azules,  pero las heridas de Bosnia están aún muy lejos de cerrarse, por no hablar de que sus tierras siguen alfombradas por cientos de miles de minas antipersona, que siguen mutilando y matando a sus habitantes cada año —sólo en 2012 fueron decenas los heridos y mutilados por los explosivos—.
Y, aún en el caso de que el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) fuese capaz de juzgar a los mayores responsables de la guerra de los 110.000 muertos, aún quedaría mucho trabajo por hacer para con los Bosnios.  La abuela de Meldina perdió a su marido y a sus hijos. Su prima Meva Omérovic perdió a su padre, y hoy tiene que arreglárselas para sobrevivir junto a su madre con apenas 150 euros de ayuda del Gobierno.
"Después de la guerra, las viudas recibieron una compensación económica como ayuda para sobrevivir", afirma Meldina.  Preguntada por si es esta ayuda suficiente, y por cómo han progresado estas mujeres, supervivientes de una guerra, Meldina se muestra rotunda: "La ayuda del Estado no es suficiente, pero ha facilitado sus condiciones de vida. Con el paso del tiempo, algunas han permanecido en ciudades, pero otras han vuelto a los pueblos y abierto escuelas, tiendas, granjas... Han vuelto a progresar", sostiene la joven.
A un par de años de acabar la escuela secundaria, Meldina tiene varias ideas claras sobre su futuro: "Me gustaría estudiar Inglés para ser traductora, o tal vez Economía, es la modalidad de Secundaria que estoy cursando. Básicamente, no veo mi futuro en este pueblo, y quiero continuar educándome en una ciudad mayor, o quizás incluso en otro país. Este es mi sueño", defiende, consciente de la diferencia de posibilidades para establecerse en otros países entre quienes portan un pasaporte de la UE y uno bosnio.
Mayoría femenina en Kamenice
En el pueblo de Kamenice viven hoy 84 personas: 45 son mujeres, y 39 son hombres, pero muchos son muy jóvenes como para haber sido testigos de la guerra que devastó Bosnia-Herzegovina, y que, como le ocurrió a la abuela de Meldina, obligó a desplazarse para sobrevivir a cientos de miles de personas, que hoy siguen luchando contra el contexto social, político y económico de su país para asegurarse un futuro.

luns, 13 de xaneiro de 2014

La crisis da alas a la ‘yugonostalgia’


La primera exposición sobre Tito en Eslovenia refleja la añoranza por la Yugoslavia socialista

Mientras los líderes de Eslovenia se devanan los sesos para tapar el agujero bancario que ha colocado a esta pequeña república al borde del rescate, los habitantes de la capital pueden refugiarse en un espacio en el que el tiempo parece haberse congelado. Personalidades tan distintas como Jimmy Carter, Leónidas Bréznev, Winston Churchill, Pablo VI o Neil Armstrong lanzan los elogios más encendidos a Tito, que sigue siendo el presidente eterno de la gran Yugoslavia.
La exposición que hasta el 28 de febrero puede visitarse en Liubliana ofrece una versión light y favorecedora de Josip Broz, el hombre que desde el final de la II Guerra Mundial hasta su muerte en 1980 gobernó y modeló a su imagen un país hoy desaparecido. En estos días de crisis económica y desconcierto moral, el mariscal Tito vuelve a ser una referencia para los más nostálgicos de Yugoslavia que echan de menos al líder que desde el lado soviético del telón de acero osó enfrentarse al estalinismo.
"Nadie se pregunta si es serbio, croata o musulmán. Todos somos personas". Es una de las citas del camarada presidente presentes en la muestra. Tito bailando con serpentinas en una celebración de Fin de Año o fumando un puro con un sombrero de mexicano; Tito viendo películas en su sala de proyección; Tito disfrutando del cadillac que le regalaron los trabajadores de la feria de Zagreb... La exposición se convierte en una celebración de la figura del líder, erigido casi a la altura de icono pop, con un tono hagiográfico en el que la crítica está prácticamente desaparecida. Solo un panel recuerda sus sombras, entre ellos los miles de detenidos por motivos políticos.
"Es una exposición divertida, pero sin hondura. Es una pena que la hayan hecho amateurs. Los museos serios de Eslovenia han dejado pasar la oportunidad de ser los primeros en abordar una figura tan importante", señala Grega Repovz, director de Mladina, la revista más vendida de este país con tan solo dos millones de habitantes. "No sé si los organizadores son conscientes, pero yo la encontré bastante crítica. Se presenta a Tito como un dictador latinoamericano, muy parecido a Perón en su gusto por el lujo y las mujeres guapas", añade Joze Pirjevec, autor de Tito y sus camaradas, quizá la mejor biografía del mariscal.
Pero más allá de los hallazgos y carencias de la primera muestra dedicada a Tito, resulta interesante comprobar cómo las dificultades por las que atraviesan las antiguas repúblicas del país que reunía a los eslavos del sur han fomentado la yugonostalgia, sentimiento que mezcla la añoranza de los mayores por los tiempos pasados con el hartazgo ante los problemas económicos actuales. Pese a este gusto por mirar atrás, no hay ningún intento político serio de volver a los tiempos del socialismo ni de unir de nuevo a Eslovenia con Serbia, Croacia o Bosnia.
Las muestras de yugonostalgia son fáciles de observar en Eslovenia. La biografía de Tito escrita por Pirjevec es desde hace dos años el libro más vendido. La figura del dictador yugoslavo sigue, además, siendo sinónimo de controversia. Como cuando hace cuatro años el Ayuntamiento de Liubliana quiso ponerle su nombre a una de las calles principales de la ciudad, decisión paralizada por el Tribunal Constitucional. "Somos una sociedad dividida que aún sufre los traumas de los totalitarismos del siglo XX. En las escuelas se habla de los crímenes de los fascistas, pero muy poco sobre las violaciones de derechos de los comunistas", señala Andreja Valic Zver, del principal partido de la oposición, el conservador SDS.
Para los nostálgicos es inevitable recordar el alto nivel de vida y la libertad para cruzar fronteras occidentales de los que disfrutaban los yugoslavos, algo impensable para el resto de ciudadanos del bloque comunista. También insisten en que bastó la muerte del líder carismático para que el país se desgajara y se viera inmerso en una serie de guerras que en los años noventa causaron decenas de miles de muertos.
Los críticos no aceptan la glorificación de un hombre que acaparó el poder durante más de tres décadas y que no dudó en usar la violencia para acabar con los disidentes. Pero quizás las ganas de mirar atrás se expliquen mejor si uno se fija en el presente de Eslovenia, el país que en 1991 inauguró las declaraciones de independencia yugoslavas, y que entonces y ahora disfruta de un alto nivel de vida. Como reflexionaba Bojan Stante, un hombre de 54 años que el pasado 13 de diciembre visitaba la exposición: "Entonces teníamos muchas expectativas. Está claro que muchas no se han cumplido".

mércores, 4 de decembro de 2013

Reportero de viñeta: la última misión de Joe Sacco


'Srebrenica', el primer cómic periodístico interactivo de la historia, podría ser su despedida de la profesión
Rubén Lardín 29/10/2013 – eldiario.es

Leyendo sólo un periódico es imposible estar informado, leyéndolos todos la desinformación será absoluta. Algo así decía Thomas Jefferson: el hombre que no lee nada va a estar siempre mejor educado que el hombre que solo lee periódicos. Qué habría dicho de saber que un día la actualidad vendría en forma de tebeo.
Los que nos formamos con los tebeos nunca albergamos ninguna duda y, si alguien la tenía, se le disipó en el momento en que entró a escena Joe Sacco, un maltés del 60 afincado en Portland que lleva veinte años documentando las injusticias y las opresiones más intolerables de nuestro planeta. Lo hace sobre el terreno, lejos de los hoteles de lujo donde se congrega la prensa internacional, a menudo infiltrado, pateándose un campamento de refugiados chechenos, la ciudad de Hebrón en Cisjordania o un campamento de soldados israelíes en la frontera con Egipto.
Sacco, quien, como el repórter Tribulete, en todas partes se mete, pone el foco en el individuo, atiende la cotidianeidad de los desposeídos y fija las circunstancias y la luz del instante con un lenguaje mucho más incontestable que el de las palabras: dibujando.
Periodismo con talento
Con un trazo de grabador que nos habla de la reflexión, el esfuerzo y la templanza con que acomete su obra, ejerciendo un estilo heredado del underground norteamericano, Sacco trae a sus álbumes de historieta un crisol de voces y testimonios que van tomando naturaleza orgánica en el propio formato, en el hecho del cómic como vehículo de transmisión. Palestina: en la franja de Gaza y Gorazde: zona protegida son dos de sus títulos más celebrados, trabajos apabullantes que nos llevan a decidir que Reportajes (que los recopila todos) es el libro más adecuado para acercarse a su obra por primera vez.
Se trata de una antología de piezas cortas en las que viaja a Malta para mostrarnos la mayor puerta de entrada de la migración clandestina africana hacia Europa, se integra como reportero entre los soldados americanos e iraquíes en Irak, acude al Tribunal Penal de La Haya para documentar procesos por crímenes de guerra o se interna en la región india de Kuishinagar para hablarnos del último peldaño de nuestra civilización, la casta de los "intocables", humanos que roban comida a las ratas.
Así explicada, la naturaleza del trabajo de Sacco puede sonar sospechosa de contener trazas de "hombre blanco" que pretende regular el mundo sin respetar los tiempos de las diferentes culturas. La envergadura de sus proyectos terminará por acallar nuestras reticencias y nos bastará una lectura para entenderlos no sólo como piezas clave del cómic contemporáneo, sino también como bombonas de oxígeno para el periodismo bélico, activista y de investigación. Un periodismo muy consciente de estar siendo relato. Un periodismo en el que caben los silencios.
Lo nuevo es lo viejo
Ahora Joe Sacco retoma ese periodismo atípico, singular, con Srebrenica, en cuyas páginas regresa a Bosnia 18 años después del genocidio balcánico para recorrer las heridas en las voces de sus damnificados, y lo hace ampliando el reto técnico con un cómic interactivo integrado en el proyecto Acuerdo, una publicación electrónica pensada para tabletas que en estos días recauda lectores activos para hacerse realidad.
Según declaraciones del propio autor, Srebrenica podría ser su última incursión en el cómic periodístico, un género que hoy también cultivan autores como Guy Deslile y que está cobrando cada vez más importancia aunque en España, donde todavía hay adultos que no saben comprender el lenguaje de la historieta, estemos muy lejos de asimilarlo. Entretanto, en Francia, la prestigiosa revista de periodismo narrativo XXI incluye regularmente reportajes en forma de cómic, y el interés por el formato es creciente según demuestran iniciativas como La Revue Dessinée, una publicación recién acuñada, en papel y con versión digital (financiada también mediante un crowdfunding que requería 5.000 euros y logró recaudar 36.000), que presenta las preocupaciones de "la actualidad" completamente secuenciadas.
El truco para ejercer con fortuna el periodismo en viñetas es, como bien sabe Sacco, asumir todas las responsabilidades del periodista, contemplar la precisión, cotejar afirmaciones e intentar aproximarse a la información pura; pero sus atribuciones son más amplias porque el periodista tiene aquí la humildad de saberse autor y la conciencia de que no debe renegar de su mirada.
Leyendo los dibujos de Sacco, tan intrínsecamente subjetivos como lo son las palabras, entenderemos por fin que la supuesta objetividad del periodismo ortodoxo es no sólo una quimera, sino una patraña monumental. Quién sabe si volver a los tebeos podría ser un primer paso para nuestra reeducación.

luns, 24 de decembro de 2012

De Sarajevo al cobre: el activista que abre los ojos


Bill Carter, director de ‘Miss Sarajevo’, recuerda el sitio de la capital bosnia
El aleteo de mariposa que inició su terremoto vital fue la muerte de su novia en 1991 en un accidente de coche. “Decidí viajar por Europa y acabé en Split. Me enrolé en la ONG The Serious Toad Trip y así entré en Sarajevo”. Bill Carter, californiano de 46 años, empieza así un extraño cuento de hadas del siglo XX. Habla pausado, pero con tono contundente. Sin tener grandes motivaciones periodísticas acabó dando cuenta del último gran sitio a una ciudad. “Me llamó la atención cómo intentaban mantener el día a día sus habitantes, con francotiradores a 100 metros, con muertos diarios [en cuatro años fueron asesinadas 11.541 personas]. Me quedé”. Se quedó, y empezó a grabar, a grabar, a grabar. De aquel material salió Miss Sarajevo, el documental de 1995 con el que Carter se hizo famoso mundialmente, y para el que Bono compuso la canción homónima.
Carter habla durante media hora de su vida en la capital de Bosnia —de la que fue nombrado ciudadano honorario en 2009—, recuerda picnics en los patios de las casas, niños y adolescentes encerrados en casas durante días, pide un cuaderno para dibujar la ciudad y enseñar sus distintos alojamientos, describe el concurso de belleza que bautizó el filme. “Allí, encerrados en un garaje, viendo a las chicas pasear en bañador… ¿Qué calificativo aplicar? Fue una buena idea porque nos dio una dosis de normalidad”. La ganadora hizo carrera como modelo en Ámsterdam, y ahora vive de nuevo en su ciudad natal. A la segunda clasificada Carter se la reencontró en la proyección del documental en un Sarajevo liberado. El californiano, devenido en activista, escritor y periodista, recuerda aquellos años porque ha participado en el festival Ráfagas en A Coruña, que rememora las dos décadas de inicio del sitio. Junto a Carter viajó a Galicia Alma Catal, la niña que protagoniza el final del documental, intentando explicar desde sus 12 años el absurdo de aquella guerra. Ahora es profesora de inglés en una escuela primaria de Isak Samokovlija, a 20 metros de distancia del lugar donde se rodó la secuencia, y gracias al activista va a estudiar ahora en una Universidad estadounidense. Miss Sarajevo, a pesar de la ingente cantidad de premios, nunca se estrenó comercialmente en España.
A Carter no le importa hablar de Bono, porque solo tiene palabras buenas para él. “Me colé en un concierto de U2 en Verona, para hacerle una entrevista. Flipó con que llegara hasta su camerino, porque incluso él tenía que enseñar la acreditación. Tras grabarle le conté la situación. Y se puso a la obra. Quería entrar en la ciudad, lo que era imposible, así que en vez de traer U2 a Sarajevo metimos Sarajevo en toda su gira Zoo Tv Tour vía satélite”. Mantienen el contacto. “Es asombroso. Cada vez que ha nacido uno de mis hijos, ha enviado flores y regalos al hospital, sin yo decirle nada”. Finalmente, tras componer la canción para el documental, U2 actuó en la capital bosnia en 1997. De aquellas vivencias surgió un libro, Fool rush in, del que posee los derechos cinematográficos Andrucha Waddington (director de Lope); se rumorea podría protagonizarla Orlando Bloom como Bill Carter. “Sarajevo es una vergüenza para Europa, pero yo no puedo hablar mucho... que soy estadounidense”.
El californiano siguió con su vida, escribió otros libros, vivió otras aventuras. La última tiene que ver con el cobre. En octubre publicó Boom, bust, boom: a story about copper, the metal that runs the world, sobre la contaminación y los intereses que provocan ese metal, presente en casi cualquier aparato. Mientras vivía en Bisbee (Arizona), un pueblo minero, Carter descubrió lo contaminado que estaba el patio de su casa y cómo afectaba eso a la gente. “Es paradójico, porque es indispensable en nuestra vida y en cambio nos está matando”. ¿Es una lucha contra el cobre? “No, pero es curioso cómo las mismas familias que poseen el negocio de este metal son las dueñas de grandes fortunas estadounidenses. Lo que hay es un gran desconocimiento y quiero que la gente lo sepa”. Y en eso anda, abriendo los ojos. Como hizo con Sarajevo.