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sábado, 26 de outubro de 2013

El secuestro que propició la ruptura entre Estados Unidos e Irán en 1979


El asalto a la Embajada de EE UU en Irán en noviembre de 1979 congeló las relaciones entre los dos países durante 34 años hasta la llegada de Rohaní
Esta es una vieja historia. A la velocidad con la que gira el mundo y la huella cada vez más leve que dejan los acontecimientos en una sociedad líquida, un hecho sucedido hace ya 34 años es prehistoria para cualquiera por debajo del medio siglo de existencia. Por trazar una frontera generosa. Solo, como es el caso, si Hollywood lo considera material de oscar, puede romperse este principio. Lo hizo posible recientemente la magnífica película Argo al contarnos un imaginativo rescate de los rehenes norteamericanos tras la toma de la Embajada de Estados Unidos en el Irán de la Revolución Islámica. Hoy es pertinente volver a este extraordinario acontecimiento que trastocó el tablero de Oriente Próximo exportando un fundamentalismo religioso radical, de raíz islámica y corte político, que ha cambiado el planeta.
En la mañana del domingo 4 de noviembre de 1979, en Teherán, donde hace solo unos meses un imán alto, de luenga barba blanca, Ruhollah Jomeiní, ha instaurado una República Islámica tras derrocar a la monarquía más vieja del mundo, 400 estudiantes islamistas asaltan el enorme edificio que alberga a la Embajada de EE UU. Superan a los marines que custodian el recinto y en dos horas se hacen con el control del lugar tomando como rehenes a 67 empleados y diplomáticos estadounidenses. Enarbolan pancartas con el lema: “Jomeiní lucha, Carter tiembla”. Jomeiní se siente seguro y acelera la radicalización de su régimen teocrático señalando a su principal enemigo: los Estados Unidos de América.
El ataque, un acto de piratería sin precedentes en las relaciones internacionales, es justificado por las autoridades iraníes por la llegada del shah a EE UU para tratarse del cáncer que padece en el Cornell Medical Center de Nueva York. La radio oficial califica a la Embajada como un centro de espionaje imperialista que conspira contra la revolución. Pero Washington aguanta y no cambia al shah por los rehenes. Pocos días antes, el líder supremo de la revolución se había preguntado en público ¿Por qué necesitamos realmente la relación con América? La misma tarde del domingo, el propio Jomeiní utiliza la televisión para apoyar la ocupación de la Embajada y llamar a una lucha sin cuartel contra el Gran Satán. Pocos días después el primer ministro, Mehdi Bazargan, nacionalista religioso, y su Gobierno dimiten en bloque después de denunciar la toma de la Embajada como “una acción contraria a los intereses de Irán”.
Desaparece el último contrapeso institucional de resistencia a la dictadura clerical. Jomeiní se ha deshecho de toda la oposición. El ayatolá se vanagloria de que “la civilización occidental ha recibido una bofetada en su rostro”. La humillación de Estados Unidos es extraordinaria y comienza ya a sugerirse un retroceso de la influencia de la superpotencia en el mundo. En este clima emocional y de barrido de todo lo existente, se cierra el año I de la “Espléndida Revolución”, como la bautizaron sus autores. Revolución que comenzaba a devorar a sus propios hijos. En marzo de 1980, el presidente de EE UU, Jimmy Carter, fracasa en una operación de rescate de los rehenes: los helicópteros se estrellan en el desierto iraní; en noviembre el presidente perdería las elecciones; un acuerdo entre EE UU e Irán, por mediación de Argelia, es firmado el 19 de enero de 1981 en la capital argelina. Washington levanta las sanciones económicas decretadas tras la toma de la Embajada. Y el 20 de enero, minutos después de que Ronald Reagan toma posesión de la presidencia, mientras Carter vuela ya hacia Georgia como un ciudadano privado, Teherán libera a los rehenes. ¿Cuáles son los antecedentes de esta historia?
El 16 de enero de 1979, pasados ocho minutos de la una de la tarde, Reza Palhevi, el shah, el rey de reyes, parte desde el aeropuerto internacional de Teherán, Meherabad, como un paria en un exilio que le llevará, primero a Egipto y luego a Marruecos, Estados Unidos y Panamá. EE UU, que ha sido el protector del shah al que colocó en el trono derrocando, con la ayuda británica, al Gobierno democrático del socialdemócrata Mossadegh que había pensado que el petróleo de Irán era para los iraníes, ha retirado su apoyo a Reza. Un hombre débil que ha gobernado con mano de hierro su país apoyado en una temible policía política, la Savak. El 5 de enero, en una reunión celebrada en la isla francesa de Guadalupe en el Caribe, el presidente Carter, el presidente francés, Valéry Giscard d’Estaing, el canciller alemán, Helmut Schmidt, y el primer ministro británico, James Callaghan, sancionaron la caída del monarca que tanto había hecho por los intereses occidentales.
El embajador norteamericano en Teherán, William H. Sullivan, telegrafiaba al Departamento de Estado: “Los militares no han querido hacer por el sha lo que el sha no ha querido hacer por sí mismo. Pertenece ya al pasado. Nuestros intereses nacionales en Irán exigen que busquemos un modus vivendi entre los religiosos y el Ejército a fin de impedir la amenaza de los comunistas”. Ya era demasiado tarde, las esclusas de la revolución estaban abiertas y Washington manifestaba que no tenía plan b y que desconocía lo que ocurría en Irán.
El 1 de febrero, un Jomeiní triunfante desembarcaba en Teherán procedente de París, donde inteligentemente había fabricado una campaña política favorable a la toma del poder por los islamistas, aplaudida sin excepción por la izquierda europea. En pocas semanas, una sorprendente mezcla de clérigos oscurantistas, aliados a los comunistas y a los socialdemócratas, desencadenaron una revolución. Los militares declararon su neutralidad, les sirvió de poco, sus principales mandos fueron pasados por las armas.
El Estado se desmoronó, la Justicia fue depurada y sustituida por unos tribunales revolucionarios islámicos. Jomeiní impone la islamización total del país. Fueron prohibidos los teatros, la música, el cine. Solo en Teherán las turbas prendieron fuego a 88 cines. Y todo bañado en sangre. Jomeiní: “Es necesario que la sangre sea derramada, cuanto más sangre en Irán, más vencerá la revolución”. Un monarca autoritario, un déspota laico, es sustituido por un déspota religioso. Fin de la historia.

venres, 6 de novembro de 2009

Os estudantes que asaltaron a embaixada de EE.UU. negan que fose un erro


Mohsen Mirdamani contestaba así desde o cárcere ao gran aiatolá Hosein Montazeri, quen onte cualificou «de erro» esta operación que cambiou a historia de Oriente Medio.

Efe- La Voz de Galicia- 5/11/2009

O portavoz dos estudantes islamitas que asaltaron a embaixada estadounidense en Teherán en 1979, Mohsen Mirdamani, defendeu hoxe esta acción desde o cárcere, onde agora se acha preso acusado de conspiración.

Mirdamani, secretario xeral do partido prol reformista «Fronte de Participación», contestaba así ao gran aiatolá Hosein Montazeri, quen o mércores cualificou «de erro» esta operación que cambiou a historia de Oriente Medio.

«O 13 de aban (4 de novembro de 1979) é unha das pedras angulares da historia política de Irán. Xa o falecido Imam (Jomeini, fundador da República Islámica) cualificouna de segunda revolución», dixo Mirdamadi nunha mensaxe enviada desde o cárcere de Evin de Teherán.

O ex líder estudantil foi detido xunto a decenas activistas políticos prol reformistas durante as protestas que estalaron o pasado xuño tras a reelección do presidente, Mahmud Ahmadineyad, que a oposición considera fraudulenta.

As autoridades iranianas acusan aos detidos de haber instigado e participado nunha conspiración fomentada desde o exterior para derrocar o réxime.

Mirdamani, que foi presidente da Comisión de Seguridade Nacional e a Política Exterior do Parlamento, subliñou que as leccións que se poden sacar deste acto histórico «poden servir para superar as complicacións políticas actuais».

«Foi a resposta ás ameazas estranxeiras contra a Revolución Islámica e os seus logros. Unha reacción contra a política dese país (EEUU) cara a en Irán desde fai cincuenta anos», xustificou.

Por primeira vez na historia da República Islámica, este ano as manifestacións estatais contra EEUU quedaron ensombrecidas polas protestas da oposición reformista.