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martes, 8 de outubro de 2013

El joven cineasta marroquí que defiende la libertad para el Sáhara


La décima edición de Fisahara contará con la participación de Nadir Bouhmouch, un joven director de cine marroquí vinculado al movimiento 20 de febrero.
Leila Nachawati 02/10/2013 – eldiario.es

Fisahara, el Festival Internacional de Cine del Sáhara, convoca cada año a directores de cine, actores, activistas y periodistas de todo el mundo. Durante cinco días, conviven en los campamentos de Dakhla (Argelia) con participantes y asistentes saharauis, entre proyecciones y talleres que dan forma al "festival de cine más remoto del mundo", como lo bautizó el diario The Guardian en 2010. Este año el festival contará con una presencia especialmente simbólica, la de  Nadir Bouhmouch.
El joven director de cine, vinculado al movimiento marroquí del 20 de febrero, impartirá talleres a estudiantes saharauis y presentará su película documental, que cuenta en primera persona el movimiento ciudadano marroquí que surgió en 2011 y la represión con que las autoridades marroquíes respondieron a las demandas populares. 
La participación de Bouhmouch en el festival representa un gesto enormemente valiente, teniendo en cuenta hasta qué punto la ocupación del Sáhara es un asunto tabú en Marruecos. El director, que actualmente reside en Estados Unidos, es consciente de que su sola presencia en este evento podría acarrearle problemas a la hora de regresar a su país. Al preguntarle por las posibles repercusiones de su decisión, responde: 
Acudir a este festival representa mucho para mí. Ya he sufrido suficiente autocensura en el asunto del Sáhara occidental. Los refugiados con los que trabajaré allí son refugiados porque mi país, Marruecos, ocupa su tierra. Por eso es especialmente simbólico encontrarme allí con Guy Davidi, un director israelí que apoya la causa palestina. Mi deseo es que muchos más israelíes la apoyen, pero ¿cómo puedo desear esto y no esperar lo mismo de los marroquíes con respecto a los saharauis? Es casi lo mismo: un ocupante y un ocupado, una población colona y una población refugiada… Durante años me lavaron el cerebro para que creyese que el Sáhara Occidental es marroquí, pero ¿quién determina eso? ¿El rey Hassan II? ¿Nuestros canales de TV propiedad del Gobierno? ¿Nuestros libros de texto controlados por el Gobierno?
No seré más cómplice, con mi silencio, del régimen de ocupación marroquí del Sáhara Occidental. A partir de ahora, seré fiel y coherente en mi apoyo de la democracia, los derechos humanos y la igualdad. Condenaré la ocupación y seré una voz dentro de la sociedad marroquí que decide decir 'NO' al silencio, y al miedo. #LibertadparaelSahara 
La presencia de Bouhmouch, así como la de cineastas, periodistas y activistas de Egipto, Siria, Túnez o Palestina, busca contribuir a enmarcar el festival dentro de las luchas regionales por la libertad y la justicia que llevaron a la ciudadanía a reclamar sus derechos en las calles en 2011. De hecho, hay quienes establecen  el origen de la llamada Primavera Árabe en las movilizaciones del Sáhara Occidental en 2010.
'My Makhzen and Me', la película de Nadir Bouchmouch que se proyectará en Fisahara (8-13 de octubre), puede verse online.

luns, 7 de outubro de 2013

“Esto es una lucha cuerpo a cuerpo”


Inmigrantes y agentes chocan casi a diario en la valla de Melilla
1.700 subsaharianos han entrado este año

Nada funciona en la valla de Melilla para frenar los saltos masivos de inmigrantes desesperados por llegar a un mundo mejor. Solo la lucha cuerpo a cuerpo que se da a diario en la frontera entre los agentes y los subsaharianos logra frustrar los intentos de traspasar la verja. Esta semana, un centenar de sin papeles ha tocado tierra española en ese enclave de África. Pero otro medio millar ha sido ahuyentado a golpes.
El salto a la valla es el momento en el que los sin papeles condensan todas sus esperanzas de llegar a Europa tras un camino de meses o años desde el África subsahariana. “Hay que tener mucho valor, encomendarse a dios y saltar”, reflexiona Solo Solimon, un camerunés de 20 años que no acaba de acostumbrarse a Melilla, pese a que lleva ya cinco meses en la ciudad, donde han llegado 1.700 inmigrantes en lo que va de año. “Si seguimos a este ritmo, serán entre un 15% y un 20% más que el año pasado”, asegura Abdelmalik El Barkani, delegado del Gobierno.
Solimon repite la suerte que tuvo de salir del monte Gurugú, en Marruecos, solo dos semanas después de llegar a este lugar infame, donde cientos de subsaharianos viven en la miseria mientras preparan el salto. Bajan a la valla de madrugada. Si son muchos, las cámaras de la Guardia Civil, que patrulla en grupos de 30 agentes en turnos de ocho horas, detectan sus movimientos desde que salen del bosque, a unos ocho kilómetros de la valla. Inmediatamente se avisa a la policía fronteriza marroquí y se aguarda su llegada. Si les sorprenden en la verja, el tiempo de reacción es “mínimo”, afirman. Apenas un minuto. “Si pasan las dos filas de gendarmes marroquíes [Rabat tiene 950 efectivos dedicados a blindar la frontera], nos tiran piedras para dispersarnos y tener más espacio para huir tras el salto”, cuenta un guardia civil con varias décadas de profesión.
“Si te pillan los marroquíes, te dan una paliza y te rompen las piernas. Si te pillan los españoles, te devuelven”, explica Solimon. Es una máxima que todos tienen interiorizada. Por eso se esconden donde pueden tras saltar: “Estuve un día y una noche en una tubería cerca del aeropuerto. No estaba herido, pero tenía mucha hambre”, cuenta este joven.
España agradece el compromiso de las fuerzas marroquíes en la defensa del perímetro, lo que para los inmigrantes repercute en un incremento de la represión, especialmente en los últimos dos meses, tras la visita del Rey a Mohamed VI, según coinciden guardias civiles e inmigrantes. Interior añadió en junio un helicóptero que patrulla cada noche y dos equipos de 25 antidisturbios. “El hambre no tiene fronteras. Por mucho que les pegues 20 pelotazos no les paras”, insiste un agente. "Esto es una lucha cuerpo a cuerpo", dice otro.
Esta semana 400 sin papeles han sido detenidos en el lado marroquí y 18 estaban hospitalizados el viernes en la provincia de Nador, que bordea Melilla, según los datos que maneja Rabat, aunque los hospitales hablan de decenas. Los arrestados esperan en patios de institutos a ser trasladados a la ciudad fronteriza de Oujda, para ser expulsados a Argelia, desde donde emprenderán de nuevo la ruta hacia Melilla, a unos 170 kilómetros, o lo que es lo mismo, a tres días a pie. En los últimos días, 170 subsaharianos han desembarcado en esa localidad. Sesenta estaban heridos, los más graves con fracturas en piernas y pies, según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos.
“Sufro mucho por mis dos hermanos mayores. Intentaron el salto conmigo y volvieron a trepar este miércoles”, lamenta Solimon, muy preocupado. Con ellos, de 22 y 25 años, pasó por Níger y Nigeria, donde todos trabajaron en un hotel y un restaurante de comida rápida para pagarse el trayecto. “Desde pequeño llevo soñando con vivir en Madrid. Miraba fotos y vídeos de la ciudad y soy seguidor del equipo”, cuenta, vestido con una camiseta de los merengues que le regaló un compañero del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes), porque él no tiene dinero para comprarse ropa.
En el mismo salto del miércoles, entre los 98 de los más de 300 clandestinos que consiguieron entrar en Melilla, se encontraban Oudé y Makan Tounkara, malienses de 20 y 19 años, respectivamente. El primero se escondió “en casa de alguien”, un chico de 25 años que vive cerca de la valla. El segundo corrió hasta que dio con el CETI. Durante dos días no supieron nada el uno del otro. “Cuando entran en el centro saben que han alcanzado su meta, que están a salvo”, cuenta Carlos Montero, director del centro: “A veces llegan aquí de noche y trepan la barrera. Después de todo lo que han pasado, cualquier pared les parece un juego”.
El perímetro fronterizo, de más de 10 kilómetros, es una verja de tres capas de alambrada de seis metros de altura. La primera, ligeramente inclinada hacia el lado marroquí, tiene en la parte superior una pieza que cae cuando los inmigrantes se agarran a ella, lo que ralentiza el paso, pero no es punzante como lo era hasta 2005, cuando se duplicó su altura. Entre esta verja y la segunda hay un entramado del que es muy difícil escapar si se cae al foso, aunque lo que intentan es pasar por encima de las tres rejas y salir por piernas. “Corren como almas endemoniadas”, cuenta otro guardia, “y vienen con mucha violencia para que no les atrapemos”. Este año se ha producido el primer muerto en el lado español desde 2006. Fue por insuficiencia respiratoria, según la autopsia. “Yo no soy un tío de gimnasio y me tumban al suelo”, añade el agente. Todos los guardias civiles entrevistados coinciden en que, de facto, la valla y sus alrededores funcionan como territorio marroquí, es decir, que a los detenidos en esa zona se les manda de vuelta a ese país por las puertas que tiene la alambrada. Una situación similar ocurre en el mar. La responsabilidad de toda la zona comprendida entre Alhucemas y Oujda recae en el centro de salvamento marítimo Nador, la provincia que bordea Melilla, por lo que los indocumentados rescatados en esas aguas son retornados a Marruecos de forma sistemática.
Melilla, a diferencia de Ceuta, está muy cerca de Argelia y lejos de la Península por mar. Estas son las principales causas por las que los subsaharianos saltan sobre todo por la primera y no por la segunda, pese a que esta semana la presión ha subido en ambas. El blindaje de las islas españolas cercanas a Melilla ha trasladado el flujo migratorio a la valla, el último recurso para los subsaharianos y el que consideran más peligroso. Pasar la frontera en el falso fondo de un coche cuesta entre 3.500 y 4.000 euros y en patera, entre 500 y 1.000. Probar suerte en la valla es gratis. El riesgo lo asumen los chicos más jóvenes —su media de edad no supera los 25 años—. “Sufrir así es solo para nosotros. No podemos dejar que las mujeres trepen la valla y siempre encontramos la manera de ayudarlas a pasar de otra forma”, explica Sangare Gausu, de 21 años, que aún cojea por una corte que se hizo en el pie izquierdo en el salto del miércoles. Para trepar, hay que quitarse los zapatos. Metiendo los dedos de los pies en los huecos de la verja suben más rápido y no resbalan, pero luego, la huida la hacen descalzos.
Amadou Colimali, de 30 años, se rompió la tibia y el peroné durante la fuga y sigue hospitalizado. Este maliense de 30 años llevaba ya seis meses en el Gurugú, después de saltar de un camión a otro para cruzar los 3.200 kilómetros que separan Mopti, su ciudad natal, de Oujda. Colimali sabía que saltar era urgente, ya que el invierno en el monte es demasiado duro.
España cree que quedan entre 500 y 600 personas en esos bosques, mientras que las autoridades marroquíes elevan la cifra a más de 1.700. Los inmigrantes recién llegados creen que son ya pocos centenares los que esperan a dar el paso, tras un verano muy duro de represión policial: “Queman nuestras cosas y nos roban el dinero”, cuentan. “Solo queremos salir de allí”.

mércores, 20 de marzo de 2013

La doble vida fotográfica de Echagüe


El MNAC expone las imágenes ‘pictorialistas’ realizadas en África por este ingeniero militar
El primer destino del ingeniero militar José Ortiz Echagüe (Guadalajara, 1886) después de graduarse en 1909 fue la zona del Rif, cerca de Tetuán, donde las minas de hierro que España tenía estaban siendo atacadas por las tribus rifeñas. En África, el joven de 23 años recibió el encargo de dirigir el servicio de fotografía de la unidad de Aerostación, en la que realizaba imágenes, primero desde globos y luego desde aviones, para elaborar mapas y localizar las posiciones enemigas. Pero junto a estas imágenes profesionales, Echagüe también dirigió el objetivo de su cámara de aficionado hacia los hombres y mujeres del país, hacia los paisajes y los temas de la vida cotidiana. Una realidad amenazada, precisamente, por la presencia de las tropas españolas. “Creo que la parte más importante para que un fotógrafo consiga el éxito está en el hecho de ponerse en contacto con los personajes en sus rincones, seguir sus costumbres, observarlas y tratar de capturarlas en su ambiente”, dejó escrito Echagüe en su diario. Casi 80 de las imágenes (pertenecientes a la Universidad de Navarra) que el ingeniero fotógrafo creó en el norte de África, además de una selección de imágenes inéditas procedentes del Archivo General Militar de Madrid con fotografías de dirigibles y vuelos aéreos, pueden verse —hasta el 21 de julio, gratis— en el Museo Nacional de Arte de Catalunya, MNAC.
El comisario Javier Ortiz-Echagüe tiene clara la labor de experimentación de su abuelo, creando texturas tras raspar imágenes como Muchacho rifeño, creando primerísimos planos como en Moro del Rif 2, Rifeña 2 o Mora de Fez 3, y nuevas composiciones en diagonal, puntos de vista y luces extremas, parecidas a las que luego usaron las vanguardias, como en Porteadores. “Presentes en sus primeros años, no las abandonará nunca”, asegura.
Sus fotografías de niños, jinetes armados, comerciantes o incluso escenas de la cruda guerra, son perfectamente reconocibles. Reveladas manualmente, con mucha paciencia y habilidad, Echagüe usó la técnica del carbón fresson —en la que empleaba serrín que luego rascaba para sacar la luz—, interviniendo en el resultado final de cada una de las imágenes. Representante del pictorialismo fotográfico español —algo que él negaba— sus obras, que parecen más grabados que fotografías, van más allá del mero registro de la realidad.
Tercer piloto de aviación con título en España, Echagüe fue un pionero con vida de novela. Tras volver de Marruecos, abandonó el ejército y fundó en 1923 Construccions Aeronáuticas SA (CASA) y, en 1950, la empresa de automoción SEAT.
Echagüe realizó varios libros que le dieron fama mundial. American Photography lo consideró el tercer mejor fotógrafo del mundo en 1935. Publicó Tipos y Trajes de España (1930), España. Pueblos y paisajes (1939), España mística (1943) y España. Castillos y alcázares (1956). Echagüe retomó su pasión por África al final de su carrera en tres viajes en 1964 y 1966 (cuando tenía 78 años). Ahora, el fotógrafo se centra más en paisajes y arquitecturas utilizando la misma técnica de carbones de gran formato e intentando ocultar los elementos más modernos que ya se percibían en la sociedad norteafricana. De esta etapa es una de sus imágenes más famosas: Siroco del Sahara publicada hasta en China y Moscú (fue portada del diario Pravda en 1966). “Son imágenes oníricas e incluso surrealistas”, asegura el comisario delante de Fez 1, en la que el enorme grupo de hombres parece ajeno al fotógrafo. Todos menos un niño que corre en su dirección “y que parece un Cartier-Bresson”, señala Echagüe nieto.
Las imágenes de Ortiz Echagüe recuerdan a fortunys fotografiados. En abril, el diálogo entre los dos autores será posible. Será tras inaugurarse la exposición monográfica que el MNAC ha programado alrededor de la enorme La batalla de Tetuán de Marià Fortuny.

mércores, 19 de maio de 2010

Excarcelada la presa política más joven de Marruecos




IGNACIO CEMBRERO - Madrid
EL PAÍS - Internacional - 17-05-2010
El barrio Moulay Rachid de Zagora, una pequeña ciudad en puertas del Sáhara, estuvo en la noche del sábado al domingo de fiesta para recibir a Zahra Boudkour descrita por la prensa independiente de Marruecos como la más joven presa política del país.
El caso de Zahra saltó a la palestra no sólo porque era la única mujer del grupo sino porque fue sometida a tremendas vejaciones y también fue torturada. Antes de ingresar en prisión permaneció cinco días en un sótano de la comisaría de la célebre plaza Jamaa el Fnaa de Marraquech. Estuvo atada a un radiador y desnuda, según narró en EL PAÍS en noviembre de 2008 desde la cárcel de Boulmharez, en Marraquech.
Zahra tenía entonces la regla y el suelo de aquel calabozo estaba salpicado de sangre. Así la contemplaron los policías que la interrogaron y sus 17 compañeros de cautiverio de la comisaría. En las dependencias policiales "me golpearon también con una vara de hierro", recordaba desde la prisión. "Aquella comisaría fue un pequeño Guantánamo en versión árabe".
En la cárcel también padeció el hacinamiento y la falta de higiene. "Esto está repleto de cucarachas y a los bebés de las reclusas les trepan por la cara en cuanto se descuidan", explicaba al teléfono a finales de 2008. Para reclamar una mejora Zahra y sus compañeros varones se coordinaron para llevar a cabo una huelga de hambre que duró 46 días. La dirección penitenciaria les hizo algunas promesas que, según ella, "apenas se cumplieron".
La estudiante, que se declara comunista, se convirtió en un icono de la lucha por las libertades a ojos de la izquierda marroquí y de las organizaciones de defensa de los derechos humanos. "Vuestra huelga, auténtico grito de libertad, retumba en los cuatro puntos cardinales", escribía el columnista Khalid Jamai en el desaparecido semanario "Le Journal" mientras que el bloguero Ali Fkir ensalzaba el domingo a "la joven roja de Marruecos que ha dado una lección inolvidable a las fuerzas de represión (...)".

martes, 15 de decembro de 2009

Cuando España pecó en el Sáhara


El franquismo dejó en herencia a la democracia un conflicto aún no resuelto
TOMÁS BÁRBULO - El País - 13/12/2009
No es seguro que Aminetu Haidar logre su objetivo de volver a El Aaiún, pero es evidente que ha conseguido situar en el primer plano de la actualidad el conflicto del Sáhara Occidental. Se trata de un problema incómodo para España desde que, en 1975, el último Gobierno de Franco decidió abdicar de sus compromisos en el territorio y abandonarlo en manos de Marruecos y Mauritania. A día de hoy, el Sáhara Occidental es, según Naciones Unidas, el último territorio de África por descolonizar. Y el Estado español mantiene en él claras responsabilidades legales.
La relación de España con el Sáhara se remonta nada menos que a 1884. Aquel año, Antonio Cánovas envió una expedición que levantó el primer asentamiento español en Villa Cisneros (actual Dajla). El territorio estaba habitado por tribus nómadas, cuyas caravanas recorrían el desierto en busca de pastos para sus animales o comerciando con la sal que obtenían en los yacimientos de Iyil (hoy en Mauritania). Los militares que en las décadas sucesivas fueron destinados a aquel trozo de desierto propiciaron un proceso de sedentarización. En 1934 fundaron la ciudad de El Aaiún.
El territorio gozó de relativa paz hasta que Marruecos obtuvo la independencia. En 1957, bandas armadas inspiradas por el entonces príncipe heredero, Mulay Hassan, que más tarde reinaría como Hassan II, atacaron las fortificaciones españolas. Francia vio en aquellos guerrilleros un peligro para su colonia de Mauritania, y decidió ayudar a Franco a exterminarlas. Fue el primer intento del Gobierno de Rabat para apoderarse del Sáhara.
El segundo -y, por ahora, definitivo- intento se produjo el 6 de noviembre de 1975. Hassan II lanzó a 350.000 civiles marroquíes sobre la frontera norte del territorio. Era la Marcha Verde. Franco agonizaba y su Gobierno, presidido por Carlos Arias Navarro, no supo afrontar el doble reto que le lanzaban el monarca alauí y los independentistas saharauis del Frente Polisario, que desde hacía dos años hostigaban a las tropas españolas. Arias firmó con Marruecos y Mauritania los llamados Acuerdos de Madrid, por los que España abandonaba el territorio y lo dejaba en manos de estos dos países. El 28 de febrero de 1976 fue arriada la última bandera española en El Aaiún.
La ocupación se produjo a sangre y fuego. Cientos de civiles saharauis fueron masacrados con bombas de napalm y fósforo blanco mientras intentaban huir hacia Argelia. El Polisario se estableció en Tinduf, al sur de este último país, y durante 16 años combatió a los invasores. En 1979 logró que Mauritania le devolviera la parte del territorio que ocupaba, pero Marruecos la invadió inmediatamente. Bajo los auspicios de Naciones Unidas, ambos contendientes firmaron un alto el fuego en 1991.
El compromiso alcanzado con la ONU consistía en celebrar un referéndum de autodeterminación. Con ese fin, Naciones Unidas envió al territorio una fuerza de paz: la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental). Desde el principio, Marruecos torpedeó todos los intentos para llevar a buen puerto la consulta. Para ello contó con el apoyo incondicional de Francia y con el consentimiento de Estados Unidos. Todos los enviados especiales del secretario general de la ONU se han estrellado contra la actitud inamovible de Rabat. A día de hoy, tras 18 años de presencia ininterrumpida en el territorio que han costado cerca de 2.000 millones de dólares, la Minurso no ha logrado celebrar el referéndum. Ni siquiera ha obtenido competencias en materia de derechos humanos; sólo se dedica a observar el mantenimiento del alto el fuego.
Las posturas están claras: Marruecos ocupa el Sáhara Occidental, donde, junto a más de 150.000 colonos marroquíes, habitan unas 70.000 personas de ascendencia saharaui. Desde los campamentos de refugiados de Tinduf, donde viven unos 100.000 saharauis, el Polisario dirige una campaña diplomática internacional para exigir el cumplimiento del referéndum. Y varios miles de saharauis más han engrosado una diáspora que tiene en España y en Mauritania sus principales destinos.
El problema del Sáhara es, probablemente, la última herencia del franquismo no resuelta de la Transición española. En los 34 años transcurridos desde que España abandonó el territorio, los saharauis no han cesado de exigir a España que cumpla con las responsabilidades de las que abdicó en 1975. Sus reclamaciones tienen base, pues la ONU considera ilegales los Acuerdos de Madrid. El departamento jurídico de la organización dictaminó en 2002 que "los Acuerdos de Madrid no han transferido la soberanía del Sáhara Occidental ni han otorgado a ninguno de los firmantes el estatus de potencia administradora, estatus que España no puede transferir unilateralmente". Ello es así hasta el punto de que la responsabilidad de salvamento en aguas del Sáhara no corresponde a Marruecos, sino que sigue estando, de iure, en manos de España, según establece la Organización Marítima Internacional. Éstas son las bases del conflicto del Sáhara, que Aminetu Haidar ha situado en el primer plano de la actualidad.