Amosando publicacións coa etiqueta PCE. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta PCE. Amosar todas as publicacións

luns, 8 de abril de 2013

Preston desmitifica a Santiago Carrillo


El historiador escribe una polémica biografía del dirigente comunista, repleta de traiciones y purgas

De Carrillo se han escrito montones de cosas. Elogiosas y muy críticas. La biografía que ahora aporta Paul Preston (Liverpool, 1946) se suma a las segundas. Y dado que Preston no es un antiguo correligionario resabiado ni un revisionista de la historia, sino uno de los mayores especialistas en el siglo XX español, su demoledor y controvertido retrato del principal líder de la oposición antifranquista arrancará sarpullidos. El zorro rojo (Debate) se puso en marcha tras la muerte de Carrillo pero buena parte del material empleado estaba en manos de Preston desde hace décadas. Después de su tesis doctoral, el historiador comenzó a investigar a la oposición antifranquista. El Partido Comunista de España (PCE) era la columna vertebral de aquel movimiento que, pese a sus intentonas, no logró acabar con la dictadura. “Luego la Transición se desarrolló de otra forma, no vino por la lucha antifranquista, que es la historia de un fracaso”, esgrime Preston en su casa de Londres ante un té humeante y un ventanal con vistas a un jardín nevado que contraría el reloj estacional.
Tras el fallecimiento de Carrillo, el pasado 18 de septiembre, varias editoriales le pidieron una biografía. “La tenía casi hecha, me puse a redactarla de forma coherente y lo que salió de mi encuentro con la documentación no era lo que me esperaba”, confiesa. Lo que salió es una visión desmitificadora, corrosiva. “Quedará claro que Carrillo poseía algunas cualidades en abundancia: capacidad de trabajo, ímpetu y aguante, destreza en la oratoria y escritura, inteligencia y astucia. Por desgracia, quedará igualmente claro que la honestidad y la lealtad no figuraban entre ellas”, sostiene el historiador, que le compara a Franco en el afán por reinventar su pasado y la crueldad.
Carrillo (Gijón, 1915-Madrid, 2012) vivió tanto que tuvo varias vidas. Nació en una casa pródiga en niños, afectos y conciencia obrera. Su padre, Wenceslao, era correligionario y amigo del socialista Francisco Largo Caballero. Fue precoz en militancia y responsabilidades políticas. “Si este Gobierno, entregado a las derechas, no rectifica, serán estas Juventudes las que asalten el poder, implantando su dictadura de clases”, arengaba en un mitin ante unos 80.000 jóvenes en 1934, cuando tenía ¡19 años!
Después de 17 meses en la cárcel a raíz del fracaso de la huelga de ese año, Carrillo viajó a Rusia. Le deslumbró. “Tuvo la sensación de que el PSOE era un partido del pasado”, escribe Preston. Ya estaba en la pista de despegue hacia el comunismo. A la vuelta comienza la guerra. Carrillo formaliza su ingreso en el PCE al tiempo que se desarrollan los sucesos de Paracuellos, el episodio que le perseguiría como un fantasma toda su vida, favorecido porque nunca dio una explicación sincera sobre los hechos, según Preston. Entre 2.000 y 2.500 presos fueron asesinados tras ser sacados de las cárceles en una operación que perseguía limpiar Madrid de sospechosos quintacolumnistas. Preston da una versión equilibrada entre quienes eximen y quienes culpan en exclusiva a Carrillo, y que ya figuraba en su libro El holocausto español (2011). “La autorización, la organización y la materialización de lo sucedido a los prisioneros involucró a muchas personas. Sin embargo, el puesto de Carrillo como consejero de Orden Público, sumado a su posterior relevancia como secretario general del Partido Comunista, supuso que le fuera achacada toda la responsabilidad de las muertes. Eso es absurdo, pero no significa que no tuviese ninguna responsabilidad”, escribe el biógrafo.
En febrero de 1939, Carrillo cruza la frontera. En París recibe la noticia del golpe de Casado contra Negrín y, lo que es peor, el apoyo de su padre a la operación, que le empuja a escribir una aireada carta en la que rompe con él. No volvieron a verse hasta dos décadas después. “Se puede interpretar que pone el partido por delante o que se pone a sí mismo por delante. El hilo conductor es siempre el egoísmo y la ambición”, afirma Preston.
El exilio acoge la peor cara del líder comunista. “Fue donde encontré sorpresas más desagradables. Saca conclusiones triunfalistas que despilfarran el heroísmo de muchos militantes de base y, por otro lado, sus interrogatorios son dignos del KGB”, plantea. El historiador sospecha que “fue reclutado” en su viaje a Moscú en 1936 y que posteriormente podría haber recibido una formación especial dadas las brutales técnicas de interrogatorio que aplicaría a comunistas caídos en desgracia. El hispanista achaca su progresivo ascenso hasta la cima del PCE a maniobras, mentiras y purgas de quienes podían ensombrecer su camino, como Jesús Monzón, cerebro de la fallida invasión del Val d’Aran, condenado a 30 años de cárcel, víctima de un intento de asesinato en prisión y expulsado del PCE. Algunos colaboradores de Monzón son asesinados, según declararon más tarde dirigentes comunistas, por “orden directa de Carrillo y La Pasionaria”. En sus memorias, el propio Carrillo escribía: “En aquellos momentos, no había que dar esas órdenes; quien se enfrentaba con el partido, residiendo en España, era tratado por la organización como un peligro. Ya he explicado que la dureza de la lucha no dejaba márgenes”.
Las expulsiones y purgas dentro del PCE, según Preston, tenían más que ver con el afán de congraciarse con el Kremlin que con la lucha contra la dictadura. Hasta 1953, cuando muere Stalin, el aparato español reproduce lo peor del estalinismo. Aunque algunos métodos perdurarán, hasta el extremo de que Preston titulará las versiones de la biografía en otros idiomas como El último estalinista. “Uno a uno, dio la espalda a aquellos que le ayudaron: Largo Caballero, su padre, Segundo Serrano Poncela, Francisco Antón, Fernando Claudín, Jorge Semprún, Pilar Brabo, Manuel Azcárate o Ignacio Gallego”, escribe.
El Carrillo de la Transición es otro. “Hizo cosas por un lado pragmáticas para mantener al PCE en el tablero, pero que contribuyeron a disminuir el entusiasmo de las masas. Su manera de dirigir siempre fue autoritaria, imponiendo y no explicando”, indica Preston. Una gestión que acabó devorándole y expulsándole del partido en 1985. El único gesto de grandeza que el hispanista no rebate es el del 23-F, cuando Carrillo permanece sentado en su asiento. El único que mantiene el tipo junto a Suárez y Gutiérrez Mellado. Creía, sin ninguna duda, que le iban a matar y pensó que el secretario general del PCE no podía morir como un cobarde.

venres, 12 de outubro de 2012

En la muerte de Rodrigo Moreno, un comunista contra Carrillo


Fue fundador y ex-responsable político del Partido Comunista del Pueblo de Catalunya. Con los militantes expulsados de la dirección del PCE, colaboró en la fundación del Partido Comunista de los Pueblos de España.
FÉLIX POBLACIÓN Madrid 29/09/2012
Rodrigo Moreno Planisolis, fundador y ex-responsable político del Partido Comunista del Pueblo de Cataluña (PCPC), falleció el pasado martes en Lleida. Natural de la localidad oscense de Fonz (1921), sólo pudo estudiar hasta los doce años en la escuela primaria de Monzón. Incorporado a las Juventudes Socialistas Unificadas, fue uno de aquellos adolescentes que combatieron en la Guerra de España en defensa de la República, concretamente en la 27 división Karl Marx. Durante el exilio en Francia, hubo de vivir la miseria y desolación de los campos de concentración en san Lorenzo de Cerdans y Septfonds.
Participó en la lucha clandestina contra los nazis y posteriormente en la lucha antifranquista, por la que fue encarcelado, vivió seis años en la clandestinidad y fue deportado. En 1966, después de duros años de trabajo en explotaciones forestales y canteras, se estableció en Alcarràs (Lérida) con su familia y se dedicó a la albañilería, no cejando en su lucha clandestina contra la dictadura. En 1979 fue elegido concejal del ayuntamiento de esa localidad por el PSUC, cargo que abandonó en 1981 por no estar de acuerdo con la política reformista de la dirección, que consistía en la defensa de los Pactos de la Moncloa. Con los militantes comunistas disidentes que habían sido expulsados de la dirección del Partido Comunista de España (PCE), que entonces encabezaba el recientemente fallecido Santiago Carrillo, colabora en la fundación del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).
Fue muy activa la trayectoria de Rodrigo Moreno en múltiples luchas sociales a lo largo de los últimos treinta años. Entre ellas cabe destacar su participación en la campaña contra el ingreso de España en la OTAN (1984-1985). También prestó su colaboración en las reivindicaciones de los colonos de Montagut (1988-1991), por la cual hubo de ir a los tribunales junto a otros miembros de Unió de Pagesos. En 1991, al lado del cristiano Eulogio Vallina, impulsó un movimiento unitario de rechazo contra la primera Guerra del Golfo, que trajo consigo dos manifestaciones multitudinarias por las calles de Lleida. Participó en 1990 en la Brigada Solidaria Internacional José Martí con objeto de ayudar al pueblo cubano frente al bloqueo económico impuesto por Estados Unidos contra aquel país. En 1993 fundó con otros compañeros el Casal Amigos de Cuba de Lleida, del que ha formado parte de su Junta Directiva hasta el final.
En 2002 dio a conocer la primera parte de sus Memorias de un comunista, en las que da cuenta de su biografía hasta 1966, fecha de su regreso a España. En este libro analiza y defiende su postura ideológica, opuesta a la de Santiago Carrillo por su política eurocomunista, basada en el abandono de los principios del marxismo-leninismo y en la defensa de la reconciliación nacional, que para el fallecido militante comportaba un pacto con el franquismo.
Rodrigo Moreno Planisolis mantuvo su entusiasta actividad hasta los últimos meses de su vida. Hace dos años participó en el encuentro "Enlazando culturas", que contó con la presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales. En diciembre de 2010 asistió como delegado al IX Congreso del PCPE, cuyo acto de presentación en la Universidad de Lleida corrió a su cargo, en compañía de la hija de Che Guevara, Aledia Guevara. El año pasado leyó una ponencia en la biblioteca pública de Lleida sobre el golpe de Estado del 23-F, cuestionando el papel del rey Juan Carlos I como salvador de la democracia. Ya gravemente enfermo, el pasado 14 de abril, asistió al homenaje que se le ofreció en Casal Amigos de Cuba en Lleida donde se hizo un balance de su generosa y larga trayectoria en defensa de las ideas que profesó siempre, desde aquella temprana adolescencia combativa en lucha contra el fascismo 76 años atrás.

martes, 11 de outubro de 2011

Una exposición recuerda al comunista Santiago Álvarez


DANIEL SALGADO - Santiago - 08/10/2011
Santiago Álvarez e Simón Sánchez Montero saíndo cárcere de Carabanchel, 1976
Aprendió sus primeras letras en la escuela de su comarca natal, esa que abarca a Vilamartín de Valdeorras, pero enseguida se proletarizó como segador. Su verdadera educación no se completó hasta que ejerció de comisario político comunista del Quinto Regimiento. Allí, Santiago Álvarez (1913 - 2002) compartió peripecias con poetas soldados -Miguel Hernández, Lorenzo Varela- y vivió la experiencia que marcó toda su vida: la guerra contra Franco. Una exposición en el Centro Cultural da Deputación de Ourense recuerda, desde el pasado lunes y hasta el próximo día 20, al que también fue fundador del Partido Comunista de Galicia en 1968. "Queremos poner en valor la figura de una de las personas que más hizo por las libertades y por la cultura democrática en Galicia", explica, de entrada, el historiador Ricardo Gurriarán, comisario de la muestra junto a la bibliotecaria de la Diputación, Isabel Almuiña.
A partir de los documentos que hace poco más de un año la familia de Álvarez depositó en la Fundación 10 de Marzo de Comisións Obreiras, la vida del histórico comunista aparece dibujada entre epistolarios -cruza cartas con Castelao o con el dramaturgo Lauro Olmo- y sus huellas videográficas. También su propia obra, dos docenas de libros, adquieren relevancia en Santiago Álvarez. Comunista... "Algunos de los primeros escritos sobre el desarrollo político de Galicia [en la posguerra] salieron de su pluma", expone Gurriarán, a quien la Fundación 10 de Marzo habilitó para coordinar los trabajos de la exposición. La problemática nacional de su lugar de origen ocupó buena parte del labor teórico de Álvarez y en ese campo se encuentran sus más originales aportaciones. Autodidacta en el marxismo y en la historiografía, su intuición le permitió escribir una de la reivindicaciones pioneras de la figura de Juan Negrín, Negrín, personalidad histórica: biografía (1994).
"Es una figura olvidada", asegura el comisario de la exposición, que resume los hitos de la existencia de Santiago Álvarez así: "Estuvo en todos los frentes abiertos contra el franquismo, fue torturado en sus cárceles y volvió a ellas en la Transición, organizó el Partido Comunista en la clandestinidad y fundó el gallego; no tiene la dimensión que merece el personaje". Las disputas que, a principios de los setenta y en plena lucha contra la dictadura, dividían el campo de la izquierda entre españolistas y nacionalistas, dice Gurriarán, le pasaron factura.
Santiago Álvarez. Comunista... llegará, en los próximos meses, y por el momento, a O Carballiño, Ribadavia, Celanova y Valdeorras.

domingo, 4 de setembro de 2011

Historia de una foto clandestina


Guillermo Zúñiga retrató la primera reunión de la cúpula del PCE durante el exilio, en 1945, en Toulouse
PEIO H. RIAÑO Madrid 11/08/2011
Fotografió la liberación de París, el 26 de agosto de 1944, retrató el entierro multitudinario de Francisco Largo Caballero, en el cementerio parisino de Père Lachaise, el 27 de marzo de 1946, y un año antes el cineasta Guillermo Zúñiga (1909-2005) también estuvo en la primera reunión de la cúpula del Partido Comunista Español (PEC) en el exilio, del 5 al 8 de diciembre de 1945, en la localidad francesa de Toulouse. Allí vio a parte de sus miembros, alegres y sonrientes. Hitler había perdido la guerra, organizaban las guerrillas del interior y creían que Franco no podría resistir mucho más.
"Este encuentro fue una pequeña primavera de esperanza, un optimismo histórico que se refleja en las caras. Pero la alegría les dura poco, porque en 1951 el PCE y otros partidos similares son ilegalizados en Francia, por el estallido de la Guerra Fría", explica el historiador Fernando Hernández, especialista y autor del libro Guerra o revolución. El Partido Comunista de España en la Guerra Civil (Crítica). "Pensaban que esa dinámica liberadora podría extenderse a España. Con el paso de los meses, vieron que las potencias occidentales iban a dejar a Franco en su sitio", añade José Luis Ledesma, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.
"Su característica principal fue la agitación y el triunfalismo. [] El pleno de 1945 fue, como digo, del más puro triunfalismo, demagógico y de escamoteo de todo examen de los verdaderos problemas", escribió el propio Enrique Líster, en 1982, en las memorias "Así destruyó Carrillo el PCE". Líster es uno de los personajes inconfundibles de esta foto única. Con su gran rostro de boxeador, circunspecto, colocado a la izquierda, en el extremo opuesto de Santiago Carrillo. Este, en la primera fila, sonriente, lleva seis años en Francia y su inseparable cigarrillo, que en este caso ha disfrazado con boquilla francesa. En el centro, grande y con abrigo negro, mirando a cámara, Dolores Ibárruri Pasionaria.
Hernández reconoce en esta fotografía inédita un valor histórico, ya que la única imagen que se conocía de este encuentro es una de interior, durante el pleno. Gracias al rescate del archivo personal de Zúñiga por parte de la Asociación Española de Cine e Imagen Científicos (ASECIC), el Centro de Estudios de Migraciones y Exilios (CEME) y la Dirección General de Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura la memoria de la Guerra Civil y de la vida de los represaliados en el extranjero ha vuelto a crecer.
Precisamente, esta foto pertenece a las compradas por Cultura a Tino Calabuig, propietario de 300 negativos de Zúñiga, tal y como adelantó este periódico el pasado fin de semana. El fondo es catalogado y clasificado en estos momentos por documentalistas e investigadores, que reconocen en el fondo de Zúñiga un archivo "de magnitud incalculable". El padre del cine científico no faltó a ninguno de los grandes acontecimientos de los comunistas españoles huidos y, en este caso, estaba con el máximo órgano de dirección del PCE después de las dos guerras, la civil española y la segunda mundial. De este pleno salieron reforzados Pasionaria, Francisco Antón, Carrillo, Fernando Claudín e Ignacio Gallego, que se convertirán en los representantes del partido.
Fernando Hernández ha seguido las pistas para descifrar la clave de esta imagen: abrigos, coche con matrícula francesa y el edificio del Museo Ciencias Naturales de Toulouse, localidad que, apenas a 100 kilómetros de la frontera, fue la capital republicana en el extranjero y con más exiliados que la ciudad de México, aunque allí van las Cortes y el Gobierno. "No conocía una foto como esta. No los había visto nunca juntos. Es la foto de familia del PCE y es la primera vez que se reencuentran todos. Sirvió para definir el aparato de dirección, con la perspectiva de actuar de cada al interior de España. Faltan Vicente Uribe y Antonio Mije (encargado de las fuerzas republicanas en el exilio), ambos en México, que quedan desplazados definitivamente", explica el historiador.
Tras esta primavera optimista llega una nueva huida, ahora a Praga, y Zúñiga se encuentra con un material muy sensible en su poder, y miles de negativos que podían comprometer a los participantes de la República democrática española. En 1947, poco después de disparar las fotos de esta sesión, escapa a Argentina, donde sus amigos Alejandro Casona y Rafael Alberti le habían conseguido un contrato de trabajo en los Estudios cinematográficos San Miguel, propiedad del navarro Miguel Machinandiarena. Todavía se desconoce si viajó al extranjero con todo ese material o lo guardó en alguna casa de confianza, como hizo Centelles en su día.

xoves, 23 de decembro de 2010

Un documental retrata la vida del PCG en la dictadura

TERESA CUÍÑAS  -  Vigo 
EL PAÍS - 09-12-2010
El Centro Social Caixanova de Vigo acoge esta tarde (20.00 horas) el estreno del documental O meu nome é Luís Ferreiro, una obra audiovisual firmada por los vigueses Roi Cagiao y Fernando Llor que, a través de la figura del dirigente comunista Luís González López, refleja la historia del Partido Comunista en Galicia durante la dictadura de Franco.
Nacido en Vila de Cruces en 1939, con apenas 17 años Luís González emigró a Francia para trabajar en una mina de talco. Durante esa experiencia, en contacto con emigrados y exiliados, comenzó para él un proceso de ideologización que culminó con su afiliación al PC. Entregado a la causa política, en 1967 se trasladó con su esposa a Vigo para crear grupos en cumplimiento con el mandato del partido.

Ferreiro, su nombre en la actividad clandestina, recorría Galicia cada 15 días en autobús con una maleta llena de propaganda, mientras que su mujer, Pilar García, se integró en el movimiento sindical del grupo de empresas Álvarez.

"Voluntaria y conscientemente, la pareja decidió arriesgar su vida para hacer un trabajo político", señala Roi Cagiao, para quien la película, que recorre los escenarios más significativos en la militancia del protagonista durante más de una hora de metraje, "es también una investigación sobre un grupo de seres humanos que se entregaron por una ideología de contenido social". La nueva cinta, que recorrerá las principales ciudades gallegas y se proyectará en centros de enseñanza, está coproducida por la Fundación 10 de Marzo y el Foro pola Memoria de Galicia en colaboración con otras asociaciones memorialistas.

mércores, 15 de decembro de 2010

Mitos y leyendas de la España roja


Un libro revisa el papel del PCE en la Guerra Civil y desmonta parte de los argumentos incendiarios de las memorias escritas por franquistas y exiliados
CARLOS PRIETO MADRID 26/11/2010
Se abre el telón y aparecen un tertuliano conservador, un cenetista y un republicano exiliado debatiendo en televisión sobre la Guerra Civil. Los antidisturbios rodean el plató. De pronto, contra todo pronóstico, los invitados comienzan a darse la razón compulsivamente. ¿Cómo se llama la película? El oscuro papel del Partido Comunista durante la Guerra Civil. En sus mejores librerías desde 1939.
Las memorias escritas tras la guerra, marcadas por "la autojustificación, el ajuste de cuentas y un subjetivismo lacerado por la derrota y el exilio", tenían algo en común: su ataque al PCE. O al menos eso sostiene el historiador Fernando Hernández en Guerra o revolución (Crítica), un ensayo monumental sobre el papel del PCE durante el conflicto que llegó ayer a las librerías.
Un libro destinado a convertirse en el texto de referencia sobre un tema vapuleado históricamente por la información de mala calidad, el sectarismo y un extraño consenso entre grupos antagónicos. "La guerra terminó con la división de las izquierdas. Había que echar la culpa a alguien del desastre colectivo. Se produjo cierta unanimidad entre socialistas, anarquistas y parte de los republicanos: la culpa la tuvo el PCE por su afán proselitista, su búsqueda de la hegemonía y su sumisión a intereses foráneos", cuenta Hernández a Público.
Experimento estalinista
Este caldo de cultivo se renovó con la Guerra Fría. Empezó a propagarse la idea de que en España no había tenido lugar exactamente una guerra contra el fascismo, sino un intento de implantar una democracia popular como la que se había impuesto a los países del Este a partir de 1945. Moscú había utilizado la guerra de España como campo de pruebas de un experimento político en tres fases: alcanzar la hegemonía, someter al resto de partidos e implantar la dictadura del proletariado.
Como se hartaron de contar historiadores conservadores como Julián Mauricio o Ricardo de la Cierva, en España se había librado de forma exitosa la primera batalla contra el comunismo mundial. "Las historias del PCE son el resultado de los ajustes de cuentas del exilio, por un lado, y de la Guerra Fría, por otro. Sobre esas dos patas se inserta una tercera: la lucha ideológica del franquismo. El franquismo, además de su viejo mensaje anticomunista, no aporta nada nuevo; bebe fundamentalmente de las querellas del exilio", dice el autor.
La contrapartida a esta oleada de visiones anticomunistas la puso el PCE en la hagiografía Guerra y revolución en España, redactada en los sesenta por una comisión del Comité Central que vino a concluir que el partido había encarnado como nadie la resistencia antifascista y que el resto de las izquierdas habían propiciado el desastre por sus intereses mezquinos.
Hernández se ha propuesto ir más allá de las "interpretaciones interesadas y los estudios polemistas basados en fuentes secundarias" para analizar qué hay de cierto en los mitos que circulan sobre el PCE. Leyendas alimentadas por hechos de difícil comprensión, como el meteórico ascenso del partido durante la guerra. En efecto, sólo una gigantesca maquinación ruso-masónica podía haber logrado que el PCE pasara de grupúsculo extraparlamentario a aspirante a fuerza hegemónica de la izquierda en cuestión de meses.
De la nada al infinito
La cosa, desde luego, tenía una pinta extraña. El PCE era una organización tan pequeña durante la dictadura de Primo de Rivera que su dirección llegó a camuflarse como la directiva de un equipo de fútbol. Y ocupó un lugar "marginal" en el sistema de partidos mientras mantuvo un discurso "esencialista, radical y sectario", según el autor del libro. "En las condiciones de legalidad de la República apenas incrementó sus filas", cuenta Hernández sobre una organización radicalizada que denunciaba el "socialfascismo" de los republicanos y apenas contaba con un millar de militantes en 1931. Su ascenso empezó a fraguarse tras la fallida revolución asturiana de octubre de 1934, gracias a su campaña por la amnistía de los presos políticos y el apoyo a huérfanos y detenidos.
Con todo, el PCE sólo contaba con 46.000 miembros en febrero de 1936. Poco más de un año después, tras los éxitos de la defensa de Madrid y la batalla de Guadalajara, "alcanzó los 350.000 afiliados", aunque la mitad se limitó a tener el carné. "Numéricamente no tenía fuerza para imponer su hegemonía a las dos grandes corrientes, socialismo y anarquismo, que habían monopolizado la izquierda durante el primer tercio del siglo", razona. Su número de afiliados se desplomó a la mitad según se fueron deteriorando las expectativas de victoria en 1938. Números, en cualquier caso, alejados del millón de militantes que se le llegó a adjudicar.
El partido se nutrió principalmente del aporte de dos corrientes: "Los jóvenes sin experiencia militante previa, radicalizados en los años de la República y fascinados por los mitos de la revolución soviética, y los afiliados a la UGT", explica Hernández. Pero también de una gran cantidad de mujeres jóvenes, que vieron en la militancia comunista "su acceso a la modernidad y su oportunidad de jugar un papel en la sociedad". La mayor controversia giró en torno a la supuesta obediencia ciega del PCE a las órdenes que emitía el padrecito Stalin. En realidad, la cadena de mando no era tan unidireccional como parecía, aunque sólo fuera porque la guerra obligó a tomar decisiones urgentes en clave nacional que escapaban a la lógica de la geopolítica internacional.
Hernández enumera las decisiones más cruciales tomadas por el PCE a espaldas de Moscú. Como la entrada en el Gobierno del socialista Largo Caballero en 1936. "La estrategia de Moscú estaba clara. En Francia, el PCF apoyaba al Frente Popular en el Parlamento, pero no estaba en el Gobierno. La idea era acercarse a Francia e Inglaterra para defenderse de Alemania. Moscú no quería que los comunistas accedieran a los gobiernos para no asustar a las cancillerías occidentales", dice. No obstante, en septiembre de 1936, dos ministros comunistas entraron en el Gobierno de Caballero. "La decisión la tomaron los dirigentes nacionales. Luego se lo comunicaron a Moscú", añade.
El PCE también actuó por su cuenta durante la caída de dicho gobierno en 1937. Moscú quería que Caballero dejara de ser ministro de la Guerra, pero continuara como presidente del Gobierno. "Stalin le dijo a Alberti que quizás Caballero no era un buen ministro, pero sí un presidente a conservar", relata. Con todo, una fuerte campaña del PCE llevó al derribo total del político.
También, dice, se produjeron divergencias sobre el acoso de los trotskistas del POUM. "Moscú se quejó de la tibia implicación del PCE en la campaña para su liquidación total". El POUM había sido el invitado sorpresa en los enfrentamientos de mayo de 1937 entre anarquistas (CNT) y comunistas (PSUC).
Choque de trenes
Los anarquistas habían aprovechado el semiderrumbe del Estado en el 36 para impulsar una revolucionaria colectivización del campo y la industria en sus zonas de influencia. Para los comunistas, lo más importante era "oponer a un golpe de Estado de un ejército centralizado con un mando único y apoyos exteriores, una maquinaria de guerra similar", explica el autor. Concentrados en poner en marcha un "esfuerzo de guerra total contra un proyecto de guerra total", los comunistas cargaron contra la fragmentación en proyectos locales que, decían, detraían energías para el mantenimiento del esfuerzo bélico. En última instancia, lo que se puso en juego en mayo del 37 fue el choque entre dos conceptos antagónicos: "La necesidad de culminar un proceso de centralización y reconstrucción del Estado o el mantenimiento del poder colectivo de la calle", afirma.
Sobre este conflicto emergió el periférico POUM, que acabaría pagando los platos rotos de la división de las izquierdas. "No se ha divulgado suficiente que una parte de la CNT estuvo en contra del estallido. Los hechos de mayo, en parte, son el resultado de una escisión en el seno de la CNT, que tenía tres ministros en el Gobierno, pero cuyas bases no renunciaban a su proyecto libertario y antiestatalista", cuenta. Por esta rendija se coló el POUM, que pretendía "explotar estas contradicciones para sacar rentabilidad política en Catalunya". Paradójicamente, su aparición "sirvió de pretexto a los comunistas, que presentaron al POUM como un agente del enemigo que había montado una guerra civil dentro de la guerra civil".
Los tentáculos comunistas eran alargados, sí, pero no tanto como para imponer la cacareada dictadura del proletariado. En marzo de 1939, durante la última reunión de la dirección del PCE en España, Palmiro Togliatti, de la Internacional Comunista, le preguntó a Enrique Líster si habían podido tomar el poder. La respuesta fue un no rotundo. "Nunca se planteó realmente esa posibilidad. Ni se formuló una estrategia para logra el objetivo de tomar el poder", dice el historiador.
El mayor éxito del PCE, según Hernández, fue ir más allá de la retórica marxista-leninista para "asumir un ideario republicano de izquierdas" que hacía hincapié en "la justicia social, el federalismo, el laicismo, y la necesidad de extender la educación". Las organizaciones que habían blandido antes esa bandera no estaban preparadas para afrontar los desafíos del 36. Mientras que los viejos partidos republicanos "no tenían un potente aparato organizativo" y "dependían de la valía intelectual de sus líderes", el PCE creó un partido republicano de masas gracias al uso de "técnicas aprendidas de la propaganda bolchevique", conjugando "el ideario popular con las métodos modernos de agitación y propaganda. El éxito del PCE fue convertirse en el mejor partido republicano conocido hasta entonces", concluye.
¿Su mayor fracaso? Su imagen "vanidosa, prepotente y arrogante", propia de las organizaciones que crecen muy rápido e intentan "apropiarse del ideario popular". "Los demás partidos vieron al PCE como una fuerza avasalladora", zanja.
Las polémicas cifras del 'caso Paracuellos'
El contexto
Entre octubre y noviembre de 1936, los bombardeos aéreos sobre Madrid se cobraron 2.000 muertos. "La aproximación del enemigo, la intensificación de que la sensación de derrota iría acompañada de una brutal represión, acentuó la ola de terror depurador en la retaguardia".
Los fusilados
El número de presos fusilados en Torrejón y Paracuellos (incluidos oficiales del ejército nacional) entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre fue de 2.400.
La orden
"La responsabilidad por las sacas correspondió a un sector neocomunista y otro anarquista de las organizaciones madrileñas. Pero si a ellos compete la ejecución material, la incitación tuvo un origen externo", escribe Hernández.
La papeleta
La orden la dieron miembros del comisariado ruso del NKVD, posiblemente sin consultar a Moscú. "No era fácil, en aquella dramática situación en la que se debatía la capital martirizada por los bombardeos, discutir las orientaciones de un camarada que hablaba con la autoridad de su condición de agente soviético".

xoves, 5 de novembro de 2009

17 congresos y casi 90 años de vida


Desde 1929, el PCE ha celebrado 17 cónclaves (cinco de ellos en el exilio) que apuntalaron las líneas políticas maestras

JUANMA ROMERO - Público - 05/11/2009

I Congreso: marzo de 1922, Madrid
Primer paso hacia la unidad comunista

El cónclave puso fin a la guerra entre los dos partidos escindidos del PSOE: el Partido Comunista Español y el Partido Comunista Obrero Español. La síntesis sería el Partido Comunista de España, en manos de Antonio García Quejido.

II Congreso: julio de 1923
En los prolegómenos del golpe de Primo de Rivera

El líder salido del congreso de julio de 1923, César Rodríguez, bregó de inmediato con las consecuencias del golpe de Primo de Rivera: la clausura de locales y la ilegalidad.

III Congreso: agosto de 1929, París
Total confrontación con los socialistas

El congreso de París confirma en su puesto a José Bullejos, secretario general desde 1925. El PCE seguirá con la guerra frontal contra los ‘hermanos-traidores’ socialistas.

IV Congreso: marzo de 1932, Sevilla
El viraje hacia la unidad lanzado por José Díaz

Seis meses después del cónclave, la Internacional Comunista aúpa a José Díaz. Del rechazo a la República en 1931 se pasa a la alianza con otras fuerzas y a la defensa del Estado en la guerra.

V Congreso: abril de 1954, Checoslovaquia
Edificar el "partido del antifranquismo"

Dolores Ibárruri, Pasionaria, sucede a José Díaz a su muerte, en 1942. En 1954, el congreso rubrica el salto táctico del PCE: la apertura hacia la sociedad, la política de reconciliación nacional.

VI Congreso: diciembre de 1959-enero de 1960, Praga
Carrillo asciende a la Secretaría General

Santiago Carrillo desplaza a Pasionaria a la presidencia del PCE. El partido capitaliza la contestación a Franco, lanza la creación de CCOO y llama a la Huelga Nacional Pacífica.

VII Congreso: agosto de 1965
Ratificación de la política interclasista

Con el trauma caliente de la expulsión, en 1964, de Jorge Semprún y Fernando Claudín, el congreso ahonda en la línea oficial: agitación social, lucha, tensiones con la URSS.

VIII Congreso: agosto de 1972, París
El camino de la alianza y del eurocomunismo

La primavera de Praga de 1968 activó el tránsito al eurocomunismo. El congreso hizo posible que en 1974 el PCE nucleara la Junta Democrática, de oposición a Franco.

IX Congreso: abril de 1978, Madrid
El abandono oficial del leninismo

El PCE deja atrás el leninismo, pasa de una estructura celular a una territorial, escenifica su distanciamiento con la URSS y limpia la imagen creada por la dictadura.

X Congreso: julio de 1981, Madrid
Primeras grietas en el liderazgo de Carrillo

El secretario general llega al congreso muy tocado, con escisiones del PCE en el País Vasco y Catalunya. La batalla de carrillistas y renovadores la ganaron los primeros.

XI Congreso: diciembre de 1983, Madrid
Total ruptura en el peor momento electoral

El batacazo electoral de 1982 fuerza a Carrillo a dimitir. Elige a Gerardo Iglesias, que en el cónclave de 1983 presume de autonomía. La lucha interna es total. Los prosoviéticos se van del PCE en enero de 1984 y fundan el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).

XII Congreso: febrero de 1988, Madrid
La primera cita sin Carrillo y dentro de IU

En 1985, la expulsión de los carrillistas. En 1986, la entrada en IU se traduce en siete escaños. Menos de lo previsto. Iglesias renuncia y cede el liderazgo a Julio Anguita.

XIII Congreso: diciembre de 1991, Madrid
División interna por la disolución del PCE en IU

Por primera vez hay dos listas: la de los críticos, encabezada por Francisco Palero, que querían la disolución del PCE, y la de Anguita, que defendía su continuidad. Ganó el segundo.

XIV Congreso: diciembre de 1995, Madrid
Al borde del abismo con el PSUC y CCOO

Anguita se enfrentó a las críticas por su feroz oposición al Gobierno de Felipe González y las denuncias de “injerencia” en los asuntos internos de CCOO y de la federación catalana, el PSUC, liderado por Rafael Ribó. Los dos exigían autonomía.

XV Congreso: diciembre de 1998, Madrid
Anguita cede el testigo a Francisco Frutos

El congreso validó la confrontación con CCOO, entonces lideradas. Según el PCE, el sindicato, liderado entonces por Antonio Gutiérrez, estaba perdiendo sus señas de identidad. Frutos, el nuevo líder, anunció en la clausura del congreso un giro táctico. Ofreció al PSOE un “gran pacto preelectoral”.

XVI Congreso: marzo de 2002, Madrid
Entente de los líderes de PCE y de IU

Frutos, pese a sus diferencias, pactó con Gaspar Llamazares una lista, enfrentada a la de Ángeles Maestro (Corriente Roja). Meta: lograr una mayoría en CCOO distinta a la de José María Fidalgo.

XVII Congreso: junio de 2005, Madrid
Dúo de Frutos y Alcaraz para batir a Llamazares

El PCE restituyó la bicefalia. Frutos dio a Felipe Alcaraz la presidencia del partido (un cargo que no existía desde Pasionaria) y juntos batieron a la lista auspiciada por Llamazares. La bronca IU-PCE recorrería toda la legislatura.

XVIII Congreso: noviembre de 2009, Madrid
La nueva etapa, a cargo de José Luis Centella

Ganada la IX Asamblea de IU por el comunista Cayo Lara, el PCE se vuelca en la lucha contra la crisis, defiende la refundación de IU y asume el relevo generacional. El congreso elegirá a su nuevo secretario general este domingo 8 de noviembre. Será José Luis Centella