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sábado, 26 de outubro de 2013

El secuestro que propició la ruptura entre Estados Unidos e Irán en 1979


El asalto a la Embajada de EE UU en Irán en noviembre de 1979 congeló las relaciones entre los dos países durante 34 años hasta la llegada de Rohaní
Esta es una vieja historia. A la velocidad con la que gira el mundo y la huella cada vez más leve que dejan los acontecimientos en una sociedad líquida, un hecho sucedido hace ya 34 años es prehistoria para cualquiera por debajo del medio siglo de existencia. Por trazar una frontera generosa. Solo, como es el caso, si Hollywood lo considera material de oscar, puede romperse este principio. Lo hizo posible recientemente la magnífica película Argo al contarnos un imaginativo rescate de los rehenes norteamericanos tras la toma de la Embajada de Estados Unidos en el Irán de la Revolución Islámica. Hoy es pertinente volver a este extraordinario acontecimiento que trastocó el tablero de Oriente Próximo exportando un fundamentalismo religioso radical, de raíz islámica y corte político, que ha cambiado el planeta.
En la mañana del domingo 4 de noviembre de 1979, en Teherán, donde hace solo unos meses un imán alto, de luenga barba blanca, Ruhollah Jomeiní, ha instaurado una República Islámica tras derrocar a la monarquía más vieja del mundo, 400 estudiantes islamistas asaltan el enorme edificio que alberga a la Embajada de EE UU. Superan a los marines que custodian el recinto y en dos horas se hacen con el control del lugar tomando como rehenes a 67 empleados y diplomáticos estadounidenses. Enarbolan pancartas con el lema: “Jomeiní lucha, Carter tiembla”. Jomeiní se siente seguro y acelera la radicalización de su régimen teocrático señalando a su principal enemigo: los Estados Unidos de América.
El ataque, un acto de piratería sin precedentes en las relaciones internacionales, es justificado por las autoridades iraníes por la llegada del shah a EE UU para tratarse del cáncer que padece en el Cornell Medical Center de Nueva York. La radio oficial califica a la Embajada como un centro de espionaje imperialista que conspira contra la revolución. Pero Washington aguanta y no cambia al shah por los rehenes. Pocos días antes, el líder supremo de la revolución se había preguntado en público ¿Por qué necesitamos realmente la relación con América? La misma tarde del domingo, el propio Jomeiní utiliza la televisión para apoyar la ocupación de la Embajada y llamar a una lucha sin cuartel contra el Gran Satán. Pocos días después el primer ministro, Mehdi Bazargan, nacionalista religioso, y su Gobierno dimiten en bloque después de denunciar la toma de la Embajada como “una acción contraria a los intereses de Irán”.
Desaparece el último contrapeso institucional de resistencia a la dictadura clerical. Jomeiní se ha deshecho de toda la oposición. El ayatolá se vanagloria de que “la civilización occidental ha recibido una bofetada en su rostro”. La humillación de Estados Unidos es extraordinaria y comienza ya a sugerirse un retroceso de la influencia de la superpotencia en el mundo. En este clima emocional y de barrido de todo lo existente, se cierra el año I de la “Espléndida Revolución”, como la bautizaron sus autores. Revolución que comenzaba a devorar a sus propios hijos. En marzo de 1980, el presidente de EE UU, Jimmy Carter, fracasa en una operación de rescate de los rehenes: los helicópteros se estrellan en el desierto iraní; en noviembre el presidente perdería las elecciones; un acuerdo entre EE UU e Irán, por mediación de Argelia, es firmado el 19 de enero de 1981 en la capital argelina. Washington levanta las sanciones económicas decretadas tras la toma de la Embajada. Y el 20 de enero, minutos después de que Ronald Reagan toma posesión de la presidencia, mientras Carter vuela ya hacia Georgia como un ciudadano privado, Teherán libera a los rehenes. ¿Cuáles son los antecedentes de esta historia?
El 16 de enero de 1979, pasados ocho minutos de la una de la tarde, Reza Palhevi, el shah, el rey de reyes, parte desde el aeropuerto internacional de Teherán, Meherabad, como un paria en un exilio que le llevará, primero a Egipto y luego a Marruecos, Estados Unidos y Panamá. EE UU, que ha sido el protector del shah al que colocó en el trono derrocando, con la ayuda británica, al Gobierno democrático del socialdemócrata Mossadegh que había pensado que el petróleo de Irán era para los iraníes, ha retirado su apoyo a Reza. Un hombre débil que ha gobernado con mano de hierro su país apoyado en una temible policía política, la Savak. El 5 de enero, en una reunión celebrada en la isla francesa de Guadalupe en el Caribe, el presidente Carter, el presidente francés, Valéry Giscard d’Estaing, el canciller alemán, Helmut Schmidt, y el primer ministro británico, James Callaghan, sancionaron la caída del monarca que tanto había hecho por los intereses occidentales.
El embajador norteamericano en Teherán, William H. Sullivan, telegrafiaba al Departamento de Estado: “Los militares no han querido hacer por el sha lo que el sha no ha querido hacer por sí mismo. Pertenece ya al pasado. Nuestros intereses nacionales en Irán exigen que busquemos un modus vivendi entre los religiosos y el Ejército a fin de impedir la amenaza de los comunistas”. Ya era demasiado tarde, las esclusas de la revolución estaban abiertas y Washington manifestaba que no tenía plan b y que desconocía lo que ocurría en Irán.
El 1 de febrero, un Jomeiní triunfante desembarcaba en Teherán procedente de París, donde inteligentemente había fabricado una campaña política favorable a la toma del poder por los islamistas, aplaudida sin excepción por la izquierda europea. En pocas semanas, una sorprendente mezcla de clérigos oscurantistas, aliados a los comunistas y a los socialdemócratas, desencadenaron una revolución. Los militares declararon su neutralidad, les sirvió de poco, sus principales mandos fueron pasados por las armas.
El Estado se desmoronó, la Justicia fue depurada y sustituida por unos tribunales revolucionarios islámicos. Jomeiní impone la islamización total del país. Fueron prohibidos los teatros, la música, el cine. Solo en Teherán las turbas prendieron fuego a 88 cines. Y todo bañado en sangre. Jomeiní: “Es necesario que la sangre sea derramada, cuanto más sangre en Irán, más vencerá la revolución”. Un monarca autoritario, un déspota laico, es sustituido por un déspota religioso. Fin de la historia.

martes, 7 de maio de 2013

Vestidos de mujer contra los ayatolas


Por: Ángeles Espinosa | 26 de abril de 2013
Foto da páxina Homes qurdos pola igualdade
A la vista de cómo las autoridades de la República Islámica tratan a las iraníes, no me sorprende que haya quien piense que ser mujer es un castigo. Al menos en Irán (aunque lo mismo podría decirse de algunos de sus vecinos). Tal debe de ser el caso de un juez de Marivan, en el Kurdistán iraní, quien el pasado 15 de abril decidió castigar a un supuesto delincuente con un paseíllo por el centro de la ciudad… vestido de mujer. Semejante despropósito ha desatado una campaña en Facebook en la que hombres kurdos se están fotografiando vestidos de mujer, además de protestas de feministas, e incluso una carta de varios diputados a los ministros de Interior y de Justicia.
“Ser una mujer no es algo para castigar o humillar a nadie”, asegura la página creada bajo el título Hombres Kurdos por la Igualdad. Allí puede verse a jóvenes, y menos jóvenes, vestidos casi todos con trajes tradicionales kurdos de mujer, en expresión de solidaridad.
Es una reacción muy parecida a la que se produjo en diciembre de 2009 cuando tras la detención del líder estudiantil Majid Tavakoli. Entonces las autoridades iraníes difundieron una imagen suya con pañuelo y batón (como la ley iraní obliga a que vistan las mujeres en público) y dijeron que había intentado escapar de la universidad vestido de mujer. En realidad, intentaban humillarle (más tarde se supo de que le obligaron a cubrirse para la foto), pero les salió el tiro por la culata. Cientos de hombres se fotografiaron con la cabeza cubierta, a menudo con pañuelos verdes (el color de los reformistas), como respaldo a Tavakoli.
“Para mostrar mi solidaridad y apoyo a las mujeres y los sufrimientos que a lo largo de la historia les han causado los hombres. Como recientemente hemos sufrido la orden de un juez estúpido que para castigar a un hombre le ha obligado a ponerse ropa de mujer, [considero que] es una de esas ocasiones en que debemos unirnos y condenar esa estupidez, y la brutalidad y falta de humanidad hacia las mujeres, [que son] la mitad de la sociedad así como al menos la mitad de los seres humanos sobre la tierra. Mi apoyo a las mujeres es lo menos que puedo hacer por ellas”, escribe Namo Kurdistani en el muro Hombres Kurdos por la Igualdad.
No hay imágenes del atropello, pero la noticia de que T. Daabaashi, vestido de rojo y con un pañuelo en la cabeza, fue obligado a recorrer varias calles escoltado por agentes de policía, causó indignación en Marivan. Apenas 24 horas después un grupo de activistas kurdas organizaron una manifestación para protestar por el insulto. Para ellas, y los hombres que las apoyaron, el heterodoxo castigo es más humillante para las mujeres que para los condenados.
“La Asociación de Mujeres de Marivan condena esa acción y la considera un insulto a las mujeres”, escribió ese grupo en su página de Facebook donde dejó constancia del incidente y de la protesta que organizaron.
La mayoría acudieron a la manifestación vestidas con el típico traje rojo kurdo para denunciar el disfraz que se obligó a llevar a Daabaashi. Los responsables locales, sin embargo, no simpatizaron con su queja y enseguida enviaron a los antidisturbios a reprimir la protesta, para lo que emplearon porras y gases lacrimógenos, según ha informado la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán.  Una mujer resultó con una pierna rota y varias con contusiones en la cabeza. También llevaron a cabo varias detenciones.
Pero a pesar de la represión, varios diputados kurdos del Parlamento nacional se hicieron eco del malestar. Al parecer, han enviado una carta a los ministros del Interior y de Justicia en la que piden que se sancione al responsable de la provocación. En ella argumentan que el proceder atenta “contra la dignidad islámica y es una humillación para el carácter y la vestimenta de las mujeres musulmanas”.
“Vestir a los convictos como mujeres no está en las leyes de la República Islámica”, asegura Mohammad Mostafaei, abogado y activista de los derechos humanos. Mostafaei, que tuvo que exiliarse a raíz de su defensa de Sakineh Ashtianí (una mujer condenada a la lapidación), insiste en que “el poder judicial de Irán no tiene derecho a ordenar un castigo semejante, que va en contra de la dignidad humano”.
De momento, la policía ha tomado nota. La prensa iraní daba cuenta ayer de una instrucción del jefe de ese cuerpo, el general Ismail Ahmadi-Moghadam, en la que dice a sus oficiales que no utilicen medidas "desagradables" para castigar a los convictos, en aparente referencia al caso del joven exhibido con ropa de mujer. En alguna campaña de moralidad pública, también se ha paseado a los supuestos delicuentes con orejas de burro o letreros sobre el motivo de su detención.

luns, 12 de novembro de 2012

“La CIA y Hollywood siguen siendo amigos íntimos”


El exagente Tony Mendez relata su papel en la crisis de los rehenes de la Embajada de EE UU en Teherán en 1979, evocada por Ben Affleck en ‘Argo’
La calidad de la linea telefónica no es demasiado buena, quizás porque en la Maryland rural esas cosas no son una prioridad, pero Tony Mendez (Eureka, 1940) lo tiene claro: “Si tú me oyes y yo te oigo podemos hablar”. Mendez, convertido ahora en una celebridad contra su voluntad (“créeme, prefería el anonimato, soy un tipo discreto”) es el hombre que en 1979 se las ingenió para irse a Irán, liberar a los seis rehenes estadounidenses que se ocultaban en la Embajada canadiense en Teherán, y volver para contarlo.
“Sí, ya sé que en la película parezco un hombre muy tranquilo y realmente lo soy, pero en aquella ocasión no las tenía todas conmigo, nunca creí que fueramos a salir de allí con vida. De hecho, hasta que aterrizamos en Zurich no asimilé que lo habíamos conseguido”. De aquella misión ultrasecreta (lo fue hasta que Clintón la desclasificó en su primer mandato en la Casa Blanca) ha sacado Ben Affleck una película, basada a su vez en el libro del propio Mendez (editado en España por RBA) y titulado Argo.
Este señor de 71 años y conversación sotto voce fue reclutado con poco más de 20 por la CIA para ser uno de sus elementos operativos: “Respondí a un anuncio para un trabajo en Colorado, la cosa despertó mi curiosidad y fui donde decían que debia ír. En realidad yo me dedicaba a pintar, quería ser artista. Cuando llegué allí un hombre me dijo que era de la Agencia Central de Inteligencia y que si estaba interesado en hacer algún trabajo para ellos. Les dije que sí y aquí estoy”.
El trabajo de Mendez en la organización de espionaje más poderosa del mundo podría parecer —a priori— algo aburrida: “Yo me dedicaba a falsificar documentos de todo tipo: pasaportes, carnets de conducir, cartas, salvoconductos, autorizaciones diversas… pero no lo hacía desde mi despacho porque en los años 60 y 70 para poder hacer bien ese trabajo tenías que conocer a fondo los países que emitían esos documentos. Así que lo de agente de campo venía ya con el puesto”.
Así fue como Mendez se vio en medio de una de las crisis con rehenes más célebres de la historia, provocado por el regreso del exilio del Iman Jomeini y el destierro del Sha: “Sabíamos que no había demasiadas opciones y que era cuestión de tiempo que encontraran a los seis funcionarios que habían conseguido escapar de nuestra embajada y refugiarse en la canadiense y pensamos algo lo más rápido posible”. Lo que la CIA hizo es inventarse un rodaje ficticio, aprovechando sus lazos con Hollywood: “Las relaciones de la Agencia con Hollywood siempre han sido muy provechosas para ambos. Ellos aprenden de nosotros y nosotros aprendemos de ellos. Por eso la CIA y Hollywood siguen siendo íntimos aún hoy en día. En aquellos tiempos nos ayudaban con todo tipo de cosas, empezando por el tema de los maquillajes y demás así que no fue difícil lograr que colaboraran en la idea”.
La idea, las localizaciones en Teherán de un falso filme llamado Argo, ha sido uno de los proyectos más descabellados de la historia de la CIA, ayudados especialmente por John Chambers (el maquillador de El planeta de los simios): “La película no lo cuenta tal y como sucedió pero se aproxima bastante. Por ejemplo no cuenta que teníamos otras soluciones aún más arriesgadas que no puedo comentar o que los rehenes no estaban en un solo edificio de Teherán sino en dos distintos. Eso sí, Ben Affleck [que le interpreta en la película] es más alto que yo y yo soy más guapo”, dice Mendez, más seco que un Martini (“así es como tiene que ser cuando todo el tiempo eres otra persona”, arguye cuando se le insinua su actitud taciturna) que a continuación se pone —aun más— serio cuando se le pregunta si el papel de la CIA en el mundo gracias a las nuevas tecnologías ha hecho innecesario agentes de un perfil como el suyo. “No, la tecnología solo sirve para una cosa: generar más información. Pero ¿qué hay que hacer después con esa información? Analizar y descodificarla, organizarla y ordenarla, y eso tienen que hacerlo operativos de carne y hueso. Los agentes de campo son hoy más importantes que nunca para el espionaje”.
Mendez, retirado del mundanal ruido junto con su esposa (Jonna Mendez, también exagente de la CIA durante 25 años) está satisfecho con el trabajo de Ben Affleck: “Yo hubiera escogido a Tommy Lee Jones pero Ben encaja más en la franja de edad que yo tenía en esa época. Lo que más me sorprende es que cada vez que la he visto en un cine, cuando llega el final y conseguimos huir la gente aplaude. Yo soy un espía: y los espías no estamos acostumbrados a estas cosas del cine...”.

venres, 25 de maio de 2012

De Persia a Irán: De Teherán a Isfahán


Non é un percorrido antolóxico, senón unha aproximación ao longo percorrido da revolución que depuxo ao Sha e levantou ao poder a un grupo de clérigos fundamentalistas liderados polo gran aiatolá Ruzolá Jomeini (que lle imprimiu ao seu mandato un carácter autoritario e intolerante).
O primeiro deles conmemorou nos anos setenta máis de dous mil anos de monarquía persa, con tal grandiosidade que pareceu trasladarnos atrás no tempo. Pero, quen era o Sha? Mohamed Reza Phalevi era fillo dun suboficial do exército, que escalara até os máis altos postos da xerarquía militar, sendo coñecido desde entón como Reza Khan Phalevi O Grande. O seu réxime, non democrático, sustentábase no apoio occidental, especialmente da EE.UU, que anos antes (1953) promovera o derrocamento do primeiro ministro Mohammad Mosadegh co forte impulso do goberno británico, tras a nacionalización do petróleo iraniano.
A realidade política e social do pobo iraniano encubría notables desigualdades, un coidado nivel de represión e certo resentimento popular alimentado por unha banda do clero. Casado en primeiras nupcias coa princesa Fawzia, irmá do rei Faruk de Exipto (derrocado por Nasser), á que repudiou por non darlle un fillo home, volveu casar unha segunda vez. A elixida sería Soraya Esfandiari, filla dun diplomático, protagonista durante anos das máis afamadas revistas da crónica social e da prensa do corazón, que tamén sería repudiada ao non ter con ela descendencia algunha. Finalmente, contraería matrimonio coa filla de un alto funcionario, Farah Diba, quen si lle daría o ansiado fillo home e dúas fillas. Todos eles tamén ocuparon numerosas  páxinas e portadas  nas revistas da época.
Jomeini, o clérigo xii de máis alto rango en Irán (en Iraq érao o gran aiatolá Abdul Cassim Ao Joei, moderado e pacífico, lonxe da intransixencia e das ínfulas do seu colega iraniano), vivía un cómodo exilio en París nas semanas anteriores aos acontecementos revolucionarios en Teherán e outras cidades. A culminación de manifestacións e protestas que sacoden ao país obrígano a regresar. Nin o goberno de corte algo aperturista presidido por Shapur Bajtiar (asasinado hai uns anos en París, con case toda seguridade por axentes iranianos ao servizo do réxime de Teherán) puido evitar o inevitable: o derrocamento e fuxida do Sha, así como a instauración dun réxime teocrático, de corte xiíta e fundamentalista.
As diversas etapas
En 1981, en plena exaltación e fragor revolucionario, o aiatolá  Mossavi Koainía decide ocupar pola forza a embaixada norteamericana, axudado por seguidores incondicionais e os recentemente estreados gardiáns da revolución (pashdaranes). O resultado: numerosos reféns agardando durante meses unha tensa espera de incerteza e difíciles negociacións entre o goberno do moderado presidente demócrata Jimmy Carter e os fundamentalistas até a súa liberación. Carter viuse no transo máis dificil e complicado do seu mandato, un tanto inesperado se se ten en conta que pouco tempo atrás ratificara un novo convenio de colaboración entre ambos os paises. EE.UU puxo en marcha unha case imposible operación de rescate, cancelada in extremis por farto dificil, saldada con baixas militares e avións destruídos.
En 1982 un brutal atentado en Teherán ocasiona máis de oitenta mortos, contándose entre as vítimas unha figura destacada entre as filas de clérigos ultraconservadores con aspiracións de goberno, o aiatolá Mohamed Behesti. Os comunicados oficiais do réxime teocrático apresuráronse en culpar da explosión aos muyahidíns do pobo, un suposto grupo contrarrevolucionario oposto ao recentemente estreado réxime. Nunca tal autoría foi convincentemente demostrada, mais ben sería o resultado dunha loita polo poder, supondo a desaparición de Behesti a eliminación física e política dun importante rival.
O goberno nestes primeiros anos de Abol Hassan Banisardl, un civil con tinguiduras de moderado dentro do réxime islamita, viuse atenazado por continuas  molestias ao levar ao país a unha canle de certa apertura e moderación. Farto, terminou por dimitir, desaparecendo por completo da escena política e da prensa occidental. As filas da moderación están representadas entón polos grandes aiatolás Shariak Mahari e Taleganni, cuxas augas víronse inmersas nas correntes turbulentas do sector máis integrista.
Cando os ánimos parecían algo acougados e as intrigas a cuberto, a xunta de aiatolás reuniuse para nomear un hipotético sucesor de Jomeini, o cal nun futuro non afastado leva as rendas e o mando supremo da revolución. O escollido como sucesor sería o gran aiatolá Hussein Alí Montazeri, cuxo falecemento se produciu hai meses (no seu domicilio, tras anos de arresto domiciliario), como parte das convulsas xornadas de finais do 2009 e inicios do 2010. Foi un referente para os reformistas, un moderado afastado dos extremismos fundamentalistas que atenazaron o réxime islámico desde o seu nacemento.
Pero en moi poucos anos este proxecto de sucesión habería de truncarse, pois Montazeri e o seu círculo de achegados ( familiares e partidarios) empezaron a ser fustigados polos ultraconservadores. O acoso chegou ao momento de ser encarcerado o seu propio xenro e algúns fieis seguidores. O resultado é a súa renuncia a ser  sucesor de  Jomeini, desaparecendo da primeira liña da política activa (perdendo influencia nos círculos do poder).
Outras figuras a destacar son Rachemi Rafsanyani e Alí Jamenei. O primeiro, mestre no tiburoneo político e sobrevivente ás purgas que sacudirían ao réxime, capaz de parecer moderado para os ultras e conservador para os reformistas. Nacido na zona limítrofe con Afganistán (os seus trazos así o confirmaban), era un hoyatoleslam (rango inferior na xerarquía xiíta ao de aiatolá), foi primeiro ministro e xefe do parlamento, sempre no primeiro plano da polítiva activa e dos resortes do poder. Sayed Alí Jamenei era un segundoxénito (un hoyatoleslam), un simple acólito no círculo do poderoso Jomeini, que non entraba nas quinielas pola sucesión. Contra prognóstico, prodúcese o seu ascenso e progresiva entronización como actual líder supremo da revolución, fortemente contestada por aiatolás de moito maior rango, pois viron que pasaba por encima de todos eles e, de facto, anulaba os seus dereitos e voto efectivo á sucesión do imán Jomeini.
Velayatti  foi o ministro de asuntos exteriores neste período, destacado na escena internacional. Montacheni, ministro do interior, impulsor do envío de pashdaranes a territorio libanés para apoiar aos seus irmáns xiítas frente a libaneses, israelís e palestinos. Golam Reza Agazadeh, ministro do petróleo e representante de Irán na OPEP, que nestes últimos anos foi  o encargado dos asuntos enerxéticos, incluído o tan candente da enerxía nuclear.
Os aiatolás Haddi Massari e Mohamed Reza Golpayagani son figuras relevantes ao comezo dos anos noventa.  Do mesmo xeito que eles, outro aiatolá chamado Mohamed Emani Kachani adquire notoriedade como xefe do Consello de Vixilancia da Revolución (un órgano para detectar os posibles desviacionismos da ríxida ortodoxia do réxime fundamentalista e garante do peche de filas fronte aos aperturistas).
Anos noventa, finais, e anos dous mil. Quen son os reformistas?
A figura máis destacada é Mohamed Hattamí, que tivo responsabilidades de goberno, usurpadas unha vez máis polo rexeitamento frontal ás súas medidas de apertura polo sector máis inmobilista e integrista, Reza Nuri (irmán de Abdalá Nuri), Hussein Mussavi (outrora destacado ministro en pasados gobernos), Mehdi Karrubi (hai que lembrar que o aiatolá Karrubi, emparentado con Jomeini, liderou a peregrinación dos xiítas iranianos á Meca en 1985, producíndose naquel entón máis de douscentos mortos entre os peregrinos) e unha muller, Yamila Kadovar. O seu referente político e relixioso o recentemente falecido gran aiatolá Montazeri, como eles moderado e dialogante.
As súas bases sociais, a clase media, a poboación nova (moitos estudantes) e todos aqueles sectores do pobo iraniano fartos do réxime e da deríva totalitaria que tomou. Para eles é necesario o entendemento con Occidente, o principal cliente das súas exportacións petrolíferas e á vez garante de apertura e modernización. Entenden que a prosperidade derivada das plusvalías do petróleo non ha durar eternamente, que é necesario impulsar o desenvolvemento por outros camiños. As subidas de produtos básicos e o deterioro do poder adquisitivo, ao alimón das protestas rueiras dos últimos meses, fan patentes os desexos modernizadores do pobo iraniano.
As tensións con Occidente (EE.UU en especial), a constante tirapuxa pola cuestión da enerxía nuclear (as plantas de enriquecemento de uranio que algún dia lle permitirían fabricar bombas atómicas), están a ser utilizadas polos sectores ultras do réxime para leximitar o seu poder e xustificar a represión brutal sobre a oposición reformista. Mahmud Ahmadineyad, un ex-pashdaran na cruenta guerra irano-iraquí (1980-1988, máis dun millón de mortos), parece comportarse como un convencido peón da maquinaria  orquestrada polos sectores máis duros, alguén que di e fai o que lle mandan. Un segundoxénito con  poucas posibilidades de ser interlocutor coas potencias occidentais e de levar a cabo as reformas que precisa o pais. Pero, moito coidado cos segundoxénitos. É preciso que os paises europeos e EE.UU saiban xogar moi ben as súas bazas, tendendo a man e abrindo o diálogo, esixindo cunha certa  firmeza que non supoña fustigación.
Escenarios conflitivos en Oriente Medio.
No Líbano (o pais dos cedros) a poboación xiíta creceu notablemente en número, desprazando a maioría cristiá e aos sunitas. Nos anos oitenta a milicia xiíta AMAL, liderada por Nabhi Berri (en tempos recentes presidente do parlamento libanés), mantivo un feroz enfrontamento coas milicias palestinas. Unida a HEZBOLA, a outra milicia chiíta máis fundamentalista (liderada entón por Mohamed Hussein Fadlalá), fustigaron sen descanso aos palestinos, que haberían de soportar un auténtico calvario por mor do asedio aos seus campos de refuxiados libaneses e os enfrontamentos a tres bandas: os israelitas e os seus aliados do Exército do Sur do Líbano, os xiítas e o exército regular libanés coas milicias cristiás. Foron moitos os pashdaranes iranianos que se desprazaron ao Val da Bekaa, cando non a Beirut e outras cidades libanesas importantes para axudar os seus irmáns.
As consideracións que convén facer estriban en tres feitos transcendentes: 
Os xiítas libaneses son máis numerosos, os seus medios e preparación militar aumentaron, e o seu actual lider Hassan Nashralá viuse claramente reforzado tras as disputas con Israel. 
En Iraq a conexión xiíta tamén podería funcionar nun hipotético escenario: No Norte están os kurdos, sunitas e con importantes xacementos petrolíferos, desexosos do seu tan anceiado Kurdistán (dificilmente realizable por existir poboación kurda en Siria, Turquía e Irán). Os cristiáns, que viron empeorar notablemente as súas condicións de vida tras a invasión americana. Os sunitas, cuxo poderío reduciuse de maneira importante tras o derrocamento e morte de Sadam Hussein. Os xiítas, no plano relixioso baixo a influencia do moderado  gran aiatolá Alí Ao Sistani (non nacido en solo iraquí), pero con elementos máis extremistas da índole de Mutqhada Ao Sader. Este mulá (clérigo), fillo do aiatolá Ao Sader (represaliado por Sadam), creou a milicia do Mahdi, fortemente armada e combativa. Dita milicia poderíase converter nun elemento de poder, desestabilizador e pouco apto para a unificación de Iraq.
Calquera predominio dos xiítas nestes países de Oriente Medio, xeoestratégicamente moi importantes, resultaría nun indeseado desequilibrio de forzas e futura  inestabilidade para a zona. Os seus habitantes reclaman xa vivir en paz, non en balde preto das marismas de Basora puido estar o estrañado paraíso terreal.