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venres, 3 de febreiro de 2012

Las olvidadas del franquismo


La revista 'Stvdia Histórica' ahonda en las particularidades de las cárceles femeninas de la guerra y la posguerra
PAULA DÍAZ MADRID 23/01/2012
Fui juzgada y sentenciada a pena de muerte con mi hija en brazos, cuatro días antes de que ella cumpliera 1 año de vida. Cuando salí de la cárcel, en 1942, sólo tenía dos ideas en la cabeza: sacar a mi madre de la calle y reivindicar el nombre de todos los caídos, los presos políticos". Así resume Concha Carretero (Barcelona, 1918) una parte de su paso por la cárcel de Ventas, en Madrid, donde ingresó por ser miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas un día antes del fusilamiento de las Trece Rosas, el 4 de agosto de 1939.
Anteayer, Concha vio uno de sus deseos cumplidos. Con su pelo canoso perfectamente atusado, acompañada del bastón que la ayuda a caminar y con una sonrisa que no se borra de su cara, acudió a la presentación, en el Ateneo de Madrid, de Cárceles de mujeres. Las prisiones franquistas para mujeres (y para sus hijos) en la guerra y la posguerra. En la publicación, un monográfico de la revista Stvdia Histórica. Historia Contemporánea, 16 expertos rinden homenaje a todas las mujeres que, como ella, fueron represaliadas por el régimen del dictador.
"Es curioso, la cárcel de Ventas la había hecho Victoria Kent para los franquistas y quienes la estrenamos fuimos nosotras", ironizó Carretero. "Tenía capacidad para 500 personas, pero allí estuvimos miles de camaradas", recordó. Todo ello hizo que el hacinamiento, el hambre y las palizas fueran las condiciones habituales de las prisiones de la época.
¿Por qué un monográfico sobre presas? "Todo lo que sucedía en las cárceles de hombres se daba también en las de mujeres, pero no todo lo que sucedía en las prisiones de mujeres se daba en las de hombres", justifica el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes.
Torturas específicas
"Las mujeres sufrieron torturas específicas derivadas de su condición de mujer: violaciones, chantaje emocional, descalificaciones morales, y también fueron acusadas de responsabilidad subsidiaria, por los delitos que no impidieron que sus hijos, hermanos o esposos cometieran", argumentó por su parte Ángeles Egido, catedrática de Historia Contemporánea de la UNED.
Benito Zambrano, director de La voz dormida película que también recoge el drama carcelario de las mujeres en la posguerra, señaló, además, el desconocimiento de la sociedad sobre este tema. "Es una parte olvidada de la historia", aseguró. "Hacer la película fue como abrir la puerta de esa casa donde todo el mundo te dice que ahí no se entra", describió.
Hay tres características fundamentales, según Vinyes, que diferencian los "paisajes carcelarios" de hombres y mujeres: la presencia de niños en las prisiones, una menor solidaridad del exterior con ellas y la ausencia de un trabajo regulado por el sistema penitenciario. "Ellas transgredían constantemente normativas y reglamentos con trabajos y redes clandestinas de comercialización con el exterior", especificó el catedrático.
La propia Concha, en su propósito de ayudar a su madre para que no tuviera que pedir limosna, tejía paños de ganchillo en la prisión para que ella pudiera venderlos fuera. "Mi madre no era comunista, lo éramos mi hermano y yo", explicó Carretero. "Un día la Policía la interrogó y ella les dijo: si ser comunista significa ver lo que veo en mis hijos, compartir cada pieza de ropa y cada plato de comida, entonces, lo soy", rememoró.
Tanto ella como su familia sufrieron las consecuencias de haber peleado contra la represión. "Vivimos en chabolas, en la calle, pero si volviera a nacer, volvería a luchar por un mundo mejor", sentenció la expresa. De nada sirvió que en la cárcel la desnudaran, la golpearan y la regaran con jarros de agua fría en pleno invierno. Ni siquiera que la asustaran con un simulacro de fusilamiento.
¿Lo peor? "Hubiera preferido que me siguieran dando palos antes de ver a una compañera salir para no volver", lamenta Carretero en el documental de Jorge Montes Salguero Del olvido a la memoria. Presas de Franco, emitido por La Sexta en 2007 y que fue proyectado de nuevo el sábado pasado, en el Ateneo. Aun así, Concha, a sus 93 años, no guarda rencor: "En la cárcel hubo mucho dolor, pero ya pasó todo".
Más allá de la política
"Ellas son el testimonio vivo de la lucha por las libertades y su papel fue mucho más allá de la política", destacó Ángeles Egido. "Colaboraron con la guerrilla, fueron un apoyo sustancial para los hombres encarcelados, a los que siguieron de pueblo en pueblo protagonizando el llamado turismo carcelario, y fueron capaces de construir redes de resistencia antifranquista desde dentro y fuera de la prisión: las que salían nunca se olvidaban de las que se quedaban dentro", detalló.
"Además, ellas son el pilar de los logros femeninos que hoy nos hemos encontrado casi hechos del todo", concluyó la catedrática. Concha, sin embargo, aún cree que queda mucho por hacer. Y sólo le pide una cosa a la juventud: "Que luchen, porque aún falta mucho para conseguir lo que nosotras queríamos: la libertad".

xoves, 18 de marzo de 2010

Ellas hacen memoria

Represaliadas por Franco. Algunas esquivaron la cárcel y otras lograron sobrevivir, pero todas fueron denigradas

OLIVIA CARBALLAR - SEVILLA - 14/03/2010

Bastarían los testimonios que se conservan para escribir este reportaje. "A La Trunfa le dieron una paliza y, sin dejar de maltratarla, la introdujeron en un cuarto del cortijo, donde la intimidaron" tendiéndola en el suelo, "obligándola a remangarse" y exhibir "sus partes genitales; hecho esto, el sargento, esgrimiendo unas tijeras, las ofreció al falangista Joaquín Barragán Díaz para que pelara con ellas el vello de las partes genitales de la detenida, a lo que este se negó; entonces el sargento, malhumorado, ordenó lo antes dicho al guardia civil Cristóbal del Río, del puesto de El Real de la Jara. Este obedeció y, efectuándolo con repugnancia, no pudo terminar, y entregó la tijera al jefe de Falange de Brenes, que terminó la operación. Y entre este y el sargento terminaron pelándole la cabeza".

La terrible escena, localizada por el historiador José María García Márquez en los archivos militares de Sevilla, no es un caso aislado. El problema o la excusa es que, pese a las vejaciones, torturas y violaciones que sufrieron las mujeres en la guerra y el franquismo, existen muy pocos testimonios escritos que delaten la barbarie, y mucho menos estadísticas que remuevan la conciencia colectiva. Algunas esquivaron la cárcel, otras lograron sobrevivir, pero todas fueron denigradas por el régimen fascista. Y nadie, sin embargo, las ha reconocido como víctimas, nadie les ha pedido perdón, nadie las ha escuchado. La Ley de Memoria Histórica también se olvidó de ellas.

"Sufrieron una experiencia más dramática que la cárcel", dice la Junta

La mayoría ya ha muerto, pero aún vive y con muchas ganas de hablar quien fue rapada y paseada por el pueblo como un trofeo, quien tuvo que tragar aceite de ricino para purgar el "alma comunista" y fue humillada sólo por ser mujer. "Bastante tiempo estuve callada, cuando no se podía hablar. Que se entere todo el mundo de lo que pasamos", afirma con orgullo, a punto de cumplir 90 años, Ana Zamudio, de Torre Alháquime (Cádiz). Entonces tenía 15 años.

La Junta de Andalucía, por primera vez, indemnizará a estas mujeres con 1.800 euros. "Nuestro objetivo es resarcir esas vejaciones, que eran una violencia específica contra las mujeres; a un hombre no lo rapaban ni lo paseaban desnudo o con una bata blanca, como si estuviera loco, ni le daban aceite de ricino para que se le soltara el vientre", explica el comisario de Memoria Histórica de la Junta, Juan Gallo.

"Cuando hemos leído libros como el de Pura Sánchez [Individuas de dudosa moral, Crítica, 2009] nos hemos dado cuenta de que nos faltaba aún por reparar a estas víctimas, que sufrieron una violencia más dramática incluso que estar en la cárcel", añade. De hecho, de las 2.742 indemnizaciones concedidas a represaliados en Andalucía, en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, sólo el 5% han sido recibidas por mujeres, cuando fue el colectivo con el que los falangistas más se ensañaron, arengados, además, por Queipo de Llano.

Los falangistas las usaron como trofeo para mofarse de los vencidos

El clima de terror era tal que muchas pusieron en riesgo sus vidas. Antonia Moreno se arrojó a un pozo de 12 metros en la casa donde servía cuando fueron a detenerla, relata el historiador García Márquez. A su marido lo habían matado y ella ya había estado en prisión. Ese día sobrevivió y fue arrestada otra vez.

Castigo femenino

Según Pura Sánchez, se trata de una violencia cualitativa, un castigo femenino que se repite en todas las guerras. "Desde Troya hasta Darfur, las mujeres son el medio y el mensaje que usan los vencedores, y que ofende a los vencidos; las despersonalizan, son individuas y sujetas", sostiene.

Y así era. Aparte de raparlas, o subirlas en un borrico mientras evacuaban o vomitaban por el efecto del aceite de ricino, se las obligaba a pasearse cantando el "Cara al Sol" y saludando brazo en alto, al estilo fascista, como las mujeres de Montilla (Córdoba), cuya fotografía ilustra la portada del libro Los puños y las pistolas, de Arcángel Bedmar, uno de los pocos documentos gráficos que dan fe de estas atrocidades.

Fernando Romero, miembro del grupo de trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía, de CGT, adelanta a Público historias espeluznantes de una investigación inédita, elaborada junto a Pepa Zambrana, de la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Andalucía, sobre la represión en El Gastor, un pueblo de Cádiz.

Sólo allí, según los testimonios, unas 40 mujeres fueron vejadas. Entre ellas, María Torreño, la mujer de un concejal socialista, y su hija Fraternidad Hidalgo. A Fraternidad, de 21 años, la maltrataron con tanta saña que perdió el hijo que esperaba, la dejaron ciega y murió al poco tiempo como consecuencia de las torturas. A Frasquita Avilés, una mujer que rechazó a un falangista que se había enamorado de ella, la violaron en el cementerio después de muerta. "Y se repite el esquema en todos los pueblos", afirma Carlos Perales, historiador y director de la Delegación de Ciudadanía de la Diputación de Cádiz, que recopilará todas las investigaciones en la provincia. "La indemnización es lo de menos añade, lo importante es que se las reconozca como víctimas; fueron tan humilladas que muchas ni se atreven a decir que fueron violadas".

A la humillación, además, se sumaba la rapiña. "Les quitaban todo, muebles, ropa y no tenían nada para comer; por eso muchas se dedicaban al estraperlo", reflexiona Raquel Zugasti, que ha participado en la exhumación de una fosa de Málaga.

Tribunales militares

A veces, los abusos eran tan extremos y descarados que llegaban a los tribunales militares. Cuenta García Márquez que Ana Lineros, conocida como la niña de Pavón, fue asesinada cuando estaba dando a luz. Su ex marido, Andrés Díaz, un falangista sevillano del que se separó porque este era homosexual, la sacó de la cárcel, ya rapada, y la asesinó. Pese a ello, el falangista fue absuelto y la víctima, en la sentencia, fue "considerada peligrosa" por roja. "Se quiso ocultar algo tan tremendamente duro que incluso en los documentos oficiales se usan eufemismos, como en avanzado estado de gestación", afirma el historiador.

Según Pura Sánchez, no se tenían en cuenta las declaraciones a favor de la víctima y pesaban más los testimonios inculpatorios de ellos que los de ellas. "El testimonio de las mujeres, devaluado, sólo servirá para inculpar a mujeres, rara vez a hombres", recoge en Andalucía en la historia (Centro de Estudios Andaluces).

Más allá de los testimonios orales, los expedientes militares son las escasas pruebas documentales de la barbarie, muchas veces aireada por las luchas intestinas entre los falangistas. Como en el caso de Benamahoma (Cádiz) descrito por Francisco Espinosa en La Justicia de Queipo: el expediente abierto a un cabo acusado de violaciones acaba implicando a un destacado franquista, Fernando Zamacola. En Torre Alháquime, Fernando Romero explica cómo en un relevo local de la Falange, el jefe que entra califica al saliente en un informe como extorsionador, borracho y violador.

Faltarán testimonios escritos, puede ser, pero no suficientes vejaciones para reconocer oficialmente que ellas también fueron víctimas de Franco.

Debemos pedir perdón por nuestro silencio

CECILIO GORDILLO, coordinador del grupo de Memoria Histórica de CGT-A

La humillación pública de las mujeres por medio del "rapado y/o la ingesta de aceite de ricino" y de la violencia más detestable (violación) a la que llamaba a través de las ondas Queipo de Llano, el general golpista enterrado bajo una Virgen y que tan buenos resultados consiguió terror generalizado, será reconocida oficialmente como argumento para ser declaradas víctimas del franquismo.

Que recuerde, hasta el momento no hay una sola mención a este numeroso grupo de víctimas, ni en la Ley de Memoria Histórica, ni en los muchos decretos, órdenes o acuerdos de los diferentes gobiernos y parlamentos tomados en los últimos años, y no será por desconocimiento, pues cada vez hay más investigaciones y estudios publicados, y algunos llevamos años reivindicándolo.

Reconocer, mediante un decreto, la existencia de este tipo de actos criminales es todo un avance que rompe el estrecho sendero que marcaba el concepto "privado de libertad" como el único que daba derecho al reconocimiento y al homenaje oficial. Más allá de la indemnización, algunos estamos por perdirles perdón por escrito por el tiempo de silencio transcurrido.

sábado, 13 de marzo de 2010

Humilladas, torturadas, asesinadas



NATALIA JUNQUERA - Madrid
ELPAIS.com - España - 11-03-2010

Por ser esposas, madres o hermanas de republicanos, fueron humilladas por el bando ganador de la Guerra Civil, que les rapaba la cabeza y las obligaba a beber aceite de ricino, desnudas. Por defender al bando perdedor, fueron asesinadas, violadas y torturadas en prisión, donde muchas vieron morir a sus hijos, cuando el régimen no se los arrebató para entregarlos en adopción a otras familias. "Es la parte menos conocida de la represión franquista", explica José María Pedreño, presidente del Foro por la Memoria, que hoy presenta en los Cines Golem de Madrid el documental Sombra, Niebla y tiempo, sobre "las mujeres y niños como víctimas ignoradas pero doblemente reprimidas por el franquismo".

Precisamente, el pasado ocho de marzo, día de la mujer trabajadora, la consejera de justicia de la Junta de Andalucía, Begoña Álvarez, anunció que indemnizará con 1.800 euros a las mujeres vejadas por el franquismo. El historiador José María García Márquez ha confeccionado una lista de 400 mujeres asesinadas sólo en la provincia de Sevilla.

domingo, 11 de outubro de 2009

Homenaje en Segovia a las presas del franquismo


El Páis- 11/10/2009


Más de 300 personas asistieron ayer en Segovia a la inauguración de un monumento en honor a las mujeres que sufrieron prisión durante el franquismo por sus ideas políticas (en la imagen, de espaldas, levanta el puño una de ellas, Vicenta Camacho, hermana de Marcelino, el histórico sindicalista). La escultura de Alejo Otero se levanta junto al solar donde hasta hace poco estaba la cárcel de mujeres.