luns, 2 de xaneiro de 2012

“Solo pensaba en protegerla”


El joven que se interpuso ante las fuerzas de seguridad que maltrataban a una manifestante en El Cairo relata la escena que ha dado la vuelta al mundo
 “Solo pensaba en protegerla y que me pegaran a mí en su lugar, pero al final los dos recibimos una paliza. No entiendo a este Ejército que en lugar de protegernos, viola el honor de las egipcias”. Detrás de la imagen de la mujer que fue golpeada y desnudada por los militares durante una manifestación hace unos días hay otro protagonista: Hasan Shahin.
Él no aparece en la foto de Reuters que fue portada en medios de todo el mundo y que ha sido censurada en Egipto, como símbolo de la represión. Sin embargo, en un vídeo en el que se recoge el asalto de los militares a la plaza de Tahrir, además de la escena en la que los soldados golpean, pisotean y arrancan la ropa a la muchacha, se puede ver a un joven que intenta en vano arrastrarla y que acaba recibiendo una paliza por detenerse a ayudarla. Ese es Hasan.
Tiene una sonrisa tímida bajo los moratones y es alto y delgado. Le acompaña Yasmin, una amiga periodista, como él, que le mira con admiración mientras habla. Hasan tiene 20 años y ha vuelto a Tahrir “en cuanto he podido”, pero se encuentra mal y decidió ir al hospital para que le echaran un vistazo. Tiene seis puntos en la ceja y el brazo en cabestrillo, pero lo que más le duele es no lograr entender por qué los militares actuaron así. “Había ido a cubrir la información. Vi el Instituto Egipcio en llamas y llamé a mi periódico. Luego vi cómo los militares rompían la verja del Consejo de Ministros y se lanzaban contra los manifestantes. Fue entonces cuando la vi en el suelo. Le grité que corriera pero no respondió y pensé que podía estar inconsciente”.
El vídeo muestra a Hasan tratando de llevar en volandas a la chica. Una conocida “de otras manifestaciones” cuya identidad guardan con celo sus amigos. “Se encuentra bien. Hablé con ella en cuanto me atendieron en el hospital ese día y hablo con ella a diario. Su familia no sabía que había ido a manifestarse, son muy conservadores, así que no quiere hablar con la prensa, ni que se sepa ningún dato que pueda identificarla. Pero es fuerte y se está recuperando en casa”, afirma.
El joven trató de identificarse como periodista ante los militares y les gritó que la mujer estaba inconsciente, pero hicieron caso omiso. “Fue una sensación horrible. Pensé que la dejarían ir y que me pegarían solo a mí, pero no les importó”. En los últimos días, además de Hasan Shahin y la mujer de la fotografía, más de medio millar de manifestantes han sido heridos y 14 han muerto, la mayoría a causa de heridas de bala, mientras las elecciones legislativas siguen su curso.
Hani Enas, un arquitecto de 30 años, recibió un disparo que le atravesó el estómago y salió por la espalda. Pero ha tenido la suerte de contarlo. En el hospital de Qasr el Ainy, cuenta que el viernes que se iniciaron las protestas estaba en casa y vio en la red social Twitter que los militares estaban disparando a la gente. “Me dirigí hacia allí porque pensé que siendo muchos podríamos disuadirlos”.
Cuando llegó a la calle del Parlamento vio cómo “los soldados tiraban piedras desde un edificio”. Después de tres horas de enfrentamientos “unos 40 soldados con piedras y palos y dos oficiales con pistolas” les persiguieron. “Oí disparos. Uno de los oficiales me mostró su arma y creí que me estaba advirtiendo. Entonces sentí un dolor en el estómago y pensé que sería una pedrada. Me senté y cuando empecé a perder sangre dos o tres chavales me sacaron de allí”.
Enas reconoció a su agresor en una foto publicada por un diario egipcio. “En cuanto salga le denunciaré. El hecho de que no se haya castigado a los culpables antes ha permitido que se crean intocables. No pueden tratarnos como si no tuviéramos dignidad, siempre gobernando con el terror”, argumenta. “Nunca debimos aceptar que tomaran parte en la economía ni en la política del país”, prosigue Enas. “Los soldados obedecen a mandos que tienen sus propios intereses”. Ni Hasan Shahin ni Hani Enas ven claro el futuro. “La violencia solo puede generar más violencia”, explica el primero. “Si el pueblo ve que les atacan con balas no está muy lejos el día en que piensen en tener sus propias armas para defenderse”.

La ONU busca países de acogida para los exiliados iraníes de Camp Ashraf


El Gobierno de Bagdad, que había anunciado el cierre definitivo de Camp Ashraf el 31 de diciembre, decide posponer la medida hasta abril
El campo de refugiados de Ashraf recibe un poco de oxígeno. El Gobierno de Irak, que había anunciado el cierre definitivo del controvertido asentamiento de exiliados iraníes el 31 de diciembre, ha decidido posponer la medida hasta abril, en respuesta a una recomendación de Naciones Unidas, que negocia una salida “pacífica” a la crisis.
El problema es que los 3.300 ocupantes de esa antigua base militar se niegan a abandonarla. Aunque nadie contempla enviarlos a Irán, la convicción de que una vez dispersos perderán su relevancia, les hace dar largas. Ante el riesgo de que su desalojo vuelva a producir muertos, la ONU busca países de acogida. “Es una patata caliente”, admiten fuentes diplomáticas europeas. Nadie quiere saber nada de un colectivo que no sólo Irán sino también EE UU y algunos países europeos consideran terrorista.
Camp Ashraf, a 60 kilómetros al norte de Bagdad, es el cuartel general de los Muyahidin-e Jalq, o Combatientes del Pueblo, el principal grupo de oposición armada al régimen teocrático de Irán. Para irritación de éste, cuando los norteamericanos invadieron Irak en 2003 se limitaron a desarmarles y les otorgaron el estatuto de "personas protegidas bajo la Convención de Ginebra". Esa medida convenció a los mandatarios iraníes de que Washington les reservaba un papel en un eventual ataque contra su país.
Sin embargo, en 2009, EE UU entregó Camp Ashraf al Gobierno iraquí, que considera a sus residentes una amenaza para la seguridad. Desde entonces, las presiones de Irán sobre su vecino para que desmantele la base se incrementan con cada visita oficial. El recinto, que se encuentra a apenas un centenar de kilómetros de la frontera iraní y tiene una superficie de 32 kilómetros cuadrados, se ha convertido en una obsesión para Teherán y en un riesgo para Irak que, sin la protección americana, puede ser objeto de una incursión iraní en cualquier momento.
Las autoridades iraquíes, que comparten la sensibilidad de Teherán respecto a los ocupantes de Ashraf, han ido presionándoles en la esperanza de incentivar que se fueran. Pero su fuerte ideologización ha provocado la reacción contraria. Sendos intentos de desalojo en 2009 y en abril de este año dejaron un total 47 muertos y decenas de heridos, despertando el clamor de las organizaciones de derechos humanos.
“Nadie puede entrar ni salir de Ashraf sin gran riesgo personal”, asegura Ali Momeiní, de la Asociacion para la Defensa de la Democracia y los Derechos Humanos en Iran (ADDDHI, próxima a los Muyahidin-e Jalq). Momeiní también denuncia que “el Gobierno de Nuri al Maliki ha colocado 300 altavoces alrededor de Ashraf para torturar y obligar a rendirse a los residentes”, así como trabas en el suministro de medicinas, alimentos y combustible.
Obstáculos para el estatus de refugiados  
Amnistía Internacional ha reconocido que el Gobierno iraquí les está acosando y advertido del riesgo de que sean devueltos por la fuerza a su país. Apoyados en esas denuncias, los miembros del brazo político del grupo, el Consejo Nacional de Resistencia de Irán, han lanzado una intensa campaña mediática y diplomática en Europa y EE UU para tratar de frenar su expulsión de Ashraf.
Sin embargo, Bagdad niega que vaya a deportarles y asegura que su objetivo es trasladarlos a otro lugar hasta que la ONU pueda encontrarles un país de acogida. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha pedido ayuda, entre otros, a la alta representante europea, Catherine Ashton. Pero aunque casi 900 de sus residentes aseguran tener doble nacionalidad o familiares en países europeos, el grupo se niega a separarse y a someterse a las entrevistas individuales necesarias para la obtención del estatuto de refugiados.
“Saben que la escasa relevancia que les queda depende de que se mantengan unidos. Una vez dispersos, su causa caerá en el olvido”, explica un diplomático que ha seguido el asunto. Además, hay pocos países dispuestos a recibirles, ya que algunos de ellos tienen delitos pendientes no sólo en Irán sino también en Irak. De hecho, Karim Alaiwi, parlamentario del Bloque Cívico, ha pedido que salden sus cuentas con la justicia iraquí antes de abandonar el país. “Participaron en la represión del levantamiento de 1991”, explica en referencia a la sublevación chií después de que EE UU expulsara al del Ejército iraquí de Kuwait.
Un grupo subversivo con muchos puntos oscuros
A. E., BAGDAD
El grupo Muyahidin-e Jalq se formó en 1965 como fuerza de oposición al sha. Sin embargo, tras la revolución islámica no encontró acomodo en el nuevo orden y siguió su lucha contra los clérigos que la habían liderado. Un levantamiento fallido en 1981 acabó con sus cabecillas en la cárcel y con muchos de sus miembros en el exilio.
Se instalaron en Francia hasta que, en 1986, el Gobierno de este país empezó un acercamiento hacia Teherán, y la dirección del grupo, controlada por el matrimonio formado por Masud y Maryam Rayaví, se trasladó a Irak. En guerra contra Irán desde 1980, el régimen de Sadam les dio todo tipo de facilidades, incluidas bases y entrenamiento para formar una milicia.
A partir del armisticio de 1988, sus actividades se redujeron, aunque siguieron contando con Bagdad para infiltrarse en Irán y atentar contra altos funcionarios o instalaciones oficiales. En vísperas de las presidenciales de 2001, varios comandos llegados desde Irak trataron de sembrar el caos e impedir la reelección de Mohamed Jatamí, aunque no llegaron a causar víctimas.
La desaparición del régimen de Sadam Husein permitió descubrir el horror escondido tras los muros de bases de ese grupo convertido casi en una secta. En su informe Sin salida, Human Rights Watch documentó en 2005 cómo quienes intentaban abandonar la organización eran objeto de largos encierros en solitario, confesiones forzadas, amenazas de ejecución, golpes y torturas.

domingo, 1 de xaneiro de 2012

Buenos Aires antes de Castelao


El CGAI recupera una película filmada en 1939 de un homenaje a Rosalía
IAGO MARTÍNEZ - Santiago - 22/12/2011
El señor Rodolfo Prada, con una brillante conferencia, se encargó de inaugurar la ceremonia. Luego, la comitiva se desplazó hasta la calle Rosalía de Castro para descubrir una placa y hacer una ofrenda floral en honor a la autora de Cantares Gallegos. Siguieron, según el programa preparado por la Federación de Sociedades Gallegas de la República Argentina, una conferencia del gran poeta Eduardo Blanco Amor y varias actuaciones, entre ellas la del destacado conjunto de gaitas que dirigía el señor Manuel Dopazo, la del Orfeó Català y hasta la de la eximia bailarina gitana Carmen Amaya. Más o menos así se contaba la celebración del centenario de Rosalía en Buenos Aires en los rótulos de una brevísima película muda en 16 milímetros que se creía perdida. Sin título y sin acreditar, acaba de ser mínimamente restaurada por el Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI). Estaba en la casa-museo de la matriarca de las letras.
A juzgar por la retórica y la tipografía de los rótulos, apuntan con todas las cautelas en el archivo de la filmoteca gallega, la pieza podría haber sido filmada por Eligio González (1899-1972), el autodenominado "fotógrafo de la colectividad". Cuando se festejaron los cien primeros años desde el nacimiento de Rosalía de Castro en 1939, el camarógrafo y documentalista de Entrimo (Ourense) llevaba ocho instalado en la capital, donde había fundado Celta Films. Para entonces, su trabajo más popular, Galicia en Buenos Aires (1933), se había proyectado ya en numerosos cines gallegos como parte de la campaña a favor del abortado Estatuto de Autonomía de 1936.
Entre 1931 y 1972, el ourensano se dedicó a registrar la actividad de la comunidad gallega en Argentina en multitud de cortometrajes. Sus imágenes de Castelao en la diáspora acabaron formando parte de un largomentraje de Jorge Prelorán (Castelao, 1978), pero no todas tuvieron la misma fortuna. Se recuerdan y conservan algunas, como Noticiero de la emigración (1940) o Un día en la vida del Centro Gallego (1960), pero hoy resulta casi imposible reconstruir su filmografía completa. "Estas filmaciones nunca fueron suficientemente valoradas por las propias sociedades que las encargaban, y en su mayor parte se pueden considerar perdidas", recuerda el historiador Manuel González en el artículo que le dedicó en el Dicionario do cine en Galicia 1896-2008.
El próximo 25 de febrero, un día después de la fecha exacta, el CGAI celebrará a su manera el 175 aniversario del nacimiento de Rosalía. Lo hará con la proyección de esta película de siete minutos y medio, testimonio de la actividad gallega en la Argentina poco antes de la constitución del Consello de Galiza, y otras obras relacionadas con la escritora. Entre ellas, está prevista la difusión de una película poco conocida, al menos en su versión original: Pelerinaxe lírica ós lugares rosalianos (1951), una pieza doméstica de la familia Beiras. Por desgracia, junto al documental del centenario hallado en Padrón no había más material de la época.
Frustrado en Galicia por la victoria definitiva de los militares golpistas, el recuerdo de Rosalía se hizo especialmente significativo en la Galicia de ultramar. Se celebraron actos en La Habana y México, pero en Argentina cobraron más protagonismo y se prolongaron durante toda una semana, del 22 al 29 de julio de 1939. Eduardo Blanco Amor tenía entonces 42 años. A dos décadas de la publicación de A esmorga, era esencialmente poeta, y acababa de encargarse del prólogo -Palabras breves sobre Rosalía de Castro- de la antología conmemorativa editada para la ocasión por la Federación de Sociedades Gallegas con el título de Poemas galegos. Otros autores, como Juan Ramón Jiménez o Luis Seoane, habían contribuído al tributo desde las páginas de Galicia.
Además de Blanco Amor, las imágenes muestran a otros personajes relevantes de la emigración gallega en Buenos Aires. Entre la multitud que pasea en comitiva por la ciudad y se sienta más tarde a la mesa en la Casa de Galicia se reconocen, por ejemplo, a Rodolfo Prada, Manuel Núñez Búa, el secretario del comité de organización del homenaje, Xosé Benito Abraira, o un jovencísimo Fernando Iglesias, Tacholas, quien poco después participaría con dos papeles en el estreno de Os vellos non deben de namorarse en el Teatro Mayo. Faltaba un año para la llegada a la ciudad de Castelao, de quien Prada sería secretario personal, y la consecuente radicalización de la diáspora. El Atlántico nunca había sido tan ancho.

Francia aprueba la ley que penaliza la negación del genocidio armenio


Turquía ha amenazado con adoptar sanciones económicas por lo que consideran un nuevo ataque del país europeo a su identidad nacional
EFE PARIS, FRANCIA 22/12/2011
Los diputados franceses aprobaron hoy una ley destinada a penalizar con condenas de prisión la negación del genocidio armenio de 1915, lo que tensó las relaciones diplomáticas con Turquía, que amenazó con adoptar sanciones económicas por lo que consideran un nuevo ataque del país europeo a su identidad nacional. Con una amplísima mayoría, los parlamentarios adoptaron una proposición de ley presentada por una diputada conservadora destinada a imponer una pena de un año de cárcel y 45.000 euros de multa a quien niegue la existencia de un genocidio en Armenia en los inicios de la Primera Guerra Mundial.
El texto, muy reclamado por la comunidad armenia residente en Francia, levantó sin embargo ampollas en Turquía, que no reconoce ese genocidio en un territorio que en esa época formaba parte del Imperio Otomano. El presidente turco, Abdullah Gül, consideró la proposición de ley como un intento de "prohibir el rechazo de acusaciones sin fundamento", mientras que el presidente de los empresarios del país, Bahadir Kaleagasi, no descartó "una reacción hostil" del mundo económico. Sin concretarlo, el presidente de los patronos aseguró que la población turca puede rechazar los productos franceses en sus tiendas.
Décimo quinta economía mundial, Turquía es el cuarto socio comercial de Francia fuera de la Unión Europa (UE) y acoge a un millar de empresas francesas que suponen su segundo inversor exterior. En Francia las amenazas turcas se toman menos en serio. El ministro de Asuntos Europeos, Jean Leonetti, recordó a Turquía las obligaciones comerciales de un miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y socio preferente de la UE. Francia recuerda que en 2001, cuando oficialmente se reconoció el genocidio armenio, Turquía también amenazó con sanciones, pero desde entonces los intercambios entre ambos países han crecido un 30 por ciento.
Ninguna de las formaciones políticas tomó partido de forma oficial en contra de la proposición de ley presentada por la conservadora Valérie Boyer, que sólo tuvo la oposición a título personal de un pequeño puñado de diputados. Los opositores trataron de ridiculizar la medida incluyendo la penalizción de la negación de otros supuestos genocidios, como la sangrienta represión a la que fueron sometidos los habitantes de la región atlántica gala de la Vendée en los años más duros de la Revolución Francesa. Para otros diputados, el debate sobre el genocidio armenio tiene un carácter electoral, a menos de un año de las Presidenciales en el país y con la vista puesta en los 500.000 franceses de origen armenio.
La comunidad armenia mostró su satisfacción por el texto que, asegura, otorga verdadero valor al reconocimiento del genocidio, hasta ahora algo meramente simbólico. Supone el final de un camino abierto por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que durante un viaje a Ereván prometió penalizar la negación del genocidio armenio, como ya se condena hacer lo mismo con el holocausto nazi. Francia es uno de los 21 países del mundo que tiene reconocido el genocidio armenio, en el que según los historiadores perecieron entre medio millón y millón y medio de personas en una campaña de exterminio organizada por el partido de los Jóvenes Turcos, embrión de la formación en la que se apoyó Mustafá Ataturk para fundar la actual Turquía.
Las autoridades turcas reconocen que hubo matanzas, pero las sitúan en el contexto de la Primera Guerra Mundial, reducen el número de víctimas al medio millón entre los dos bandos y no lo consideran genocidio porque no hubo un exterminio planificado desde el Estado.