luns, 17 de febreiro de 2014

Pan, trabajo y libertad


PABLO FRAILE / Sevilla / 13 Feb 2014 eldiario.es

Las balas de la Guardia Civil acabaron con la vida de Javier Verdejo cuando reclamaba tres de las cosas que más ansiaba Andalucía: pan, trabajo y libertad. Las trató de escribir en un muro próximo a las playa del Zapillo de San Miguel, en Almería, una noche de agosto de 1976. Solo pudo escribir la primera. La Guardia Civil le sorprendió junto a sus amigos,  provocando una huida que acabó con su muerte en una casetilla cercana. Tenía 19 años y militaba en la Guardia Roja, organización del Partido del Trabajo de España.
Las versiones sobre su muerte son contradictorias. “Tras terminar la palabra pan y cuando se disponía a escribir con un spray negro la R de trabajo, una linterna negra cegó durante segundos la vista de Francisco Javier Verdejo”, contaba entonces Cambio 16 , “corrió en dirección a la playa seguido por un número de la Guardia Civil del servicio de vigilancia fiscal de costas: tras la voz de ‘alt0′, una bala penetró por la garganta provocándole la muerte instantánea”. El Gobierno Civil explicó entonces que todo fue un accidente: el guardia civil que lo seguía tropezó al bajar unas escaleras y la pistola se disparó sola. Pero la versión oficial no convenció a sus compañeros. La Guardia Roja replicó que el tiro se había efectuado de frente, a una distancia de unos seis o siete metros. Una investigación inconclusa, provocada por la decisión de la familia de Verdejo de no denunciar -su padre fue alcalde franquista-, se ocupó de que la verdad no se supiese nunca. La historia se repetiría una año después con la muerte de Manuel José García Caparrós, rodeada de interrogantes.
El entierro de Verdejo escenificó la incredulidad que despertaba la versión de la Guardia Civil. A él acudieron alrededor de 2.000 personas que le despidieron como un héroe, entre proclamas antifascistas. “Impidieron que el féretro fuera introducido en el coche funerario y lo llevaron a hombros gran parte del trayecto hasta el cementerio distante cuatro kilómetros. Por el trayecto se gritaban consignas como: «Javier, hermano, nosotros no olvidamos», «vosotros, fascistas, sois los terroristas» y «paz, trabajo y libertad», entre otras”, contaba entonces el El País.
Verdejo tuvo la mala fortuna de reivindicar cambios en un momento en el que aún había que pagar un precio demasiado alto. Cuando murió, no había pasado ni un año desde la muerte de Franco.  ”Las fuerzas del orden salían del franquismo y estaban muy vinculadas a los aparatos del Estado”, explica Fernando Martínez López, catedrático de historia contemporánea y exalcalde de Almería, “cuando tomamos la calle fuimos duramente reprimidos”. Como Verdejo, habitualmente implicado en movilizaciones sociales, muchos otros empezaban a estrenar un régimen de límites difusos, a medio camino entre la dictadura y los derechos que traería consigo la democracia. Se había dejado atrás, pese a los palos, el miedo a reivindicar los cambios que Andalucía necesitaba urgentemente. Protestas que pedían desarrollo económico y mejoras laborales y empezaban a gritar alto por una libertad que tantos años se había negado. “Fue una por una Andalucía libre y democrática, por un país donde hubiera libertad y empleo”, recuerda Martínez.
La figura de Verdejo se ha difuminado con el paso de los años. A diferencia de García Caparrós, nombrado hijo predilecto de Andalucía en 2013, el almeriense no cuenta con ningún reconocimiento autonómico ni sitio destacado en el relato de la historia. A diferencia de aquel, su lucha no giraba en torno a la autonomía, pero en una tierra asfixiada durante la dictadura, libertad y autogobierno era dos caras de la misma moneda. “Se debería reclamar un reconocimiento a escala andaluza”, protesta Fernando Martínez, bajo cuyo mandato se dedicó una calle al joven en Almería, “con el tema de la transición modélica, se ha querido echar un velo sobre esos momentos”. El mismo que también cayó sobre los tres albañiles que murieron en una manifestación en 1970 en Granada.  De momento, Verdejo se tendrá que conformar con los versos que le dedicó Alberti: “Pintad con mano segura, la Libertad en la luz, no en una prisión oscura”.

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