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martes, 25 de febreiro de 2014

Un expreso norcoreano: “Delaté a mi madre por una ración de arroz”


La ONU documenta crímenes contra la humanidad en Corea del Norte
En este país de 25 millones de habitantes, hay unos 100.000 internos en campos.

Corea del Norte, ese país megahermético que ejerce una extraña fascinación por su estética de cómic y las extravagancias de sus líderes, es escenario de crímenes contra la humanidad que una comisión de investigación de Naciones Unidas ha documentado tras escuchar los testimonios de 80 antiguos internos de campos de prisioneros políticos, desertores y expertos. Los investigadores presentaron sus conclusiones este lunes en Ginebra (Suiza). Estas incluyen la historia de Shin Dong-hyuk, de 30 años, que contó su vida a los enviados de la ONU el 30 de agosto pasado en una audiencia pública en Seúl (Corea del Sur): nació en un campo de prisioneros políticos concebido por una pareja a la que obligaron a unirse, lo primero que recuerda de su infancia es una ejecución, tenía 13 años cuando delató a su madre tras oírle susurrar un plan de fuga y 14 cuando tuvo que asistir a su ahorcamiento público y ver también cómo fusilaban a su hermano mayor. A los 22, logró escapar del denominado campo 14, un gulag de 125 kilómetros cuadrados que queda a 65 kilómetros de la capital, Pyongyang. En este país de 25 millones de habitantes, hay unos 100.000 internos en campos.
“Informé al guarda de sus planes [de huir] porque eran las normas. Estaba realmente orgulloso de mí mismo. Pedí a mi supervisor que me recompensara, que me diera una ración completa de arroz para llenar el estómago”, relató Shin aquella tarde en Seúl. Hasta los 22 años apenas sobrevivió, atenazado siempre por un hambre atroz, la que deja la ración diaria: 400 gramos de gachas de maíz. Tanta hambre que, si el guarda de turno le daba permiso, comía ratones vivos.
Lo novedoso de estos testimonios no es tanto su contenido —Shin, el testigo número uno de la ONU, publicó su autobiografía Escape from Camp 14 en 2012 como han hecho otras decenas de huidos—, sino que cuentan con el aval del organismo multilateral. Las 372 páginas del informe son un detallado catálogo de un sistema represivo que utiliza sistemáticamente la tortura, la falta de comida, los asesinatos, los secuestros y las desapariciones para mantener controlado al pueblo.
“La gravedad, la escala y la naturaleza de las violaciones de derechos humanos [documentadas] no tiene parangón en el mundo contemporáneo”, sostienen los investigadores. Corea del Norte, que no les permitió entrar en el país, rechazó “tajante y totalmente” todas las acusaciones, que atribuyó a las maquinaciones de EE UU, la UE y Japón.
El jefe del equipo, el juez australiano Michael Kirby, explicó en su comparecencia que las atrocidades descritas tienen numerosos paralelismos con los crímenes perpetrados por los nazis. Como ejemplo recordó el relato de un prisionero cuyo trabajo incluía incinerar los cadáveres de los internos muertos de hambre y utilizar las cenizas como fertilizante.
El juez Kirby instó a la comunidad internacional que pase a la acción. Y mientras blandía el informe en una mano les recordó que no cabe apelar al desconocimiento como se hizo tras la Segunda Guerra Mundial: “Ahora, la comunidad internacional sabe. No hay excusa para no actuar porque no sabíamos”. La comisión instó al Consejo de Seguridad a que derive las acusaciones a la Corte Penal Internacional. El mayor obstáculo sería el probable veto de China, principal aliado del régimen que Kim Jong-un heredó de su padre y este de su abuelo. La comisión Kirby pretende que Kim y cientos de jefes del aparato de seguridad rindan cuentas ante la justicia internacional por crímenes contra la humanidad. También ha recomendado sanciones individualizadas de la ONU contra los altos cargos civiles y militares por los crímenes más graves.
Los testimonios públicos y los privados (dos centenares) incluyeron algunos de antiguos guardas. Ahn Myong-chol relató cómo uno de sus compañeros mató a palos en el campo 22 a un preso por comer demasiado despacio. El asunto fue investigado pero el vigilante no fue castigado, sino premiado con “el derecho de asistir a la universidad”.
Lealtad política para sobrevivir
N. G.
La dictadura de los Kim ha organizado toda la sociedad norcoreana en función del grado de lealtad de las familias. Solo las de fidelidad absoluta a lo largo de los años disfrutan del privilegio de vivir en Pyongyang. Y, como constatan los investigadores de la ONU, “el monopolio del acceso a la comida ha sido utilizado como instrumento importante para asegurarse la lealtad política”.
La hambruna que mató a más de un millón de norcoreanos (casi uno de cada 20) a mediados de los noventa derivó en la proliferación de mercados informales que han aliviado la escasez de alimentos. No obstante, la comisión de investigación de la ONU recalca que “la distribución de la comida ha priorizado a los que son útiles para la supervivencia del sistema político en detrimento de los considerados sacrificables”.
Los prisioneros políticos reciben unas raciones tan exiguas que el instinto de supervivencia es más fuerte que el riesgo a ser inmediatamente ejecutado. Shin, el testigo número uno, contó a la comisión que un par de veces por semana los guardas elegían a un niño y le registraban por si había sisado unos granos de cereal.
Los norcoreanos están divididos desde que nacen en castas: afines, dudosos y hostiles. Basta que un pariente intentara escaparo luchara en el bando equivocado en la guerra para que toda la familia sea considerada hostil. “Nací criminal y moriría criminal. Ese era mi destino”, dijo un tesigo. Eso influye en sus raciones. Los norcoreanos más desesperados escapan a China, menos difícil que cruzar la zona desmilitarizada. La recompensa es inmensa, pero también el riesgo, porque Pekín repatría a muchos aunque la ONU le recuerda que es ilegal. Los que emprenden la huida para ser libres (y comer hasta hartarse) se arriesgan a que los maten, detengan o torturen. A ellos y a sus familias.

domingo, 3 de febreiro de 2013

Google pone al descubierto los gulags de Corea del Norte


Los internautas han facilitado localizaciones inéditas sobre el país asiático
Google ha logrado abrir una brecha en el reino ermitaño por la que han quedado al descubierto varios de los cientos de campos de prisioneros que el régimen stalinista, sigue manteniendo y en los que, según las organizaciones de derechos humanos, se encuentran internadas unas 200.000 personas. Varios activistas han ayudado al gigante estadounidense a situar los gulags, según se reconoce en el blog oficial de Google Maps, que indica que estos "ciudadanos cartógrafos" han utilizado el confeccionador de mapas Google Map Maker para introducir los datos.
Hasta ahora los mapas de Corea del Norte eran como un erial, en el que solo se trazaban las fronteras, la capital y poco más. Ni una carretera, ni las líneas de ferrocarril, ni aeropuertos, ni pueblos. Durante años, Google ha ido recopilando información e integrándola en el mapa del país asiático que finalmente ha hecho público.
La aparición del mapa de Corea del Norte llega cuando no se han cumplido ni tres semanas de la sorprendente visita de Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, a Pyongyang. En la conferencia de prensa posterior a su viaje, Schmidt indicó que había tratado de convencer al régimen norcoreano de la importancia de Internet y de la conveniencia de estar conectado a esta red global para impulsar la recuperación económica de Corea del Norte, uno de los pocos países cerrados a cal y canto a Internet.
Schmidt no fue recibido por Kim Jong-un, pese a que el líder norcoreano, que asumió el poder en diciembre de 2011 tras el fallecimiento de su padre, se ha declarado muy preocupado por mejorar el nivel de vida de la población. Corea del Norte sufrió en los últimos años del pasado siglo una terrible hambruna que diezmó la población y que finalmente llevó a régimen a aceptar la ayuda humanitaria de la ONU y de varios países. Kim Jong-un, que según la inteligencia surcoreana ha dado muestras de cierto aperturismo, es un amante de los videojuegos y afirma ser un fan del ratón Mickey.
"Durante mucho tiempo, Corea del Norte ha sido una de las zonas más vastas de la Tierra con datos limitados en la cartografía. Hoy hemos puesto remedio", afirma Jayanth Mysore en el blog de la empresa.
En los nuevos mapas se pueden apreciar escuelas, hoteles, hospitales, mercados y parques de Pyongyang, así como el recorrido del río Taedong que atraviesa la capital. Fuera de la ciudad, también se aprecian aeropuertos, una refinería y otras poblaciones urbanas, así como manchas grisáceas que representan campos de internamiento.
A 100 kilómetros al noreste de Pyongyang sale marcado el campo número 18, identificado como uno de los gulags. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional denuncian entre otras prácticas que los norcoreanos que huyen del régimen y son descubiertos por China, que los devuelve de inmediato "corren grave peligro de ser detenidos arbitrariamente, sufrir tortura y otros malos tratos, ser sometidos a desaparición o trabajo forzoso e incluso a morir".
Según los activistas, los prisioneros de los campos de internamiento trabajan largas jornadas por una simple ración de comida. Con frecuencia, sus familias también son trasladadas a estos terribles gulags.
Hace una semana, el régimen autorizó a los escasos extranjeros que viajan a ese país a entrar con sus móviles. Hasta ahora eran obligados a dejarlos al llegar en la aduana norcoreana. Además, se les permite realizar llamadas internacionales si adquieren una tarjeta SIM.
La noticia la ha dado la agencia oficial china Xinhua, que cita sin indicar su nombre a un empleado de la empresa mixta egipcia-norcoreana Koryolink, la única que opera en el país. China es el principal socio del régimen de Kim Jong-un y casi la totalidad de los comerciantes y hombres de negocios que viajan a Pyongyang o cruzan la frontera común son chinos.
"Solo hay que rellenar un formulario de inscripción en la aduana con el número del teléfono y se puede entrar con el aparato", dijo a la agencia oficial china Xhinhua un técnico de Koryolink, la empresa mixta egipcia-norcoreana que opera los móviles existentes en ese país. La medida, que afecta a todos los extranjeros sean hombres de negocios o turistas -no está claro si los periodistas se podrán beneficiar también- fue adoptada el pasado 7 de enero. Además, el técnico anunció la venta de tarjetas SIM para llamadas internacionales por 50 euros.
Los ciudadanos tiene prohibido realizar llamadas al extranjero y, de hacerlas, ha de ser con autorización y a través de operadora. Hasta ahora, los extranjeros tampoco podían llamar directamente a otro país y tenían que hacerlo a través de operadora.
"Pedimos a gentes de todo el mundo que continúen ayudándonos a mejorar la calidad de nuestros mapas en cualquier parte", señala el blog de Google Maps.

luns, 14 de xaneiro de 2013

Los gulag de Corea del Norte, a vista de Google Earth


El servicio del buscador ayuda a situar los campos de prisioneros norcoreanos en plena visita del presidente de Google a Pyongyang
PAUL ECKERT (REUTERS) Washington 10/01/2013 Publico.es
La visita del presidente ejecutivo de Google Eric Schmidt a Corea del Norte esta semana ha sido recibida con fuertes críticas y escasas expectativas, pero el gigante mundial de las búsquedas en Internet está ayudando a hacer historia al revelar uno de los secretos más ocultos del aislado país, según activistas en pro de los derechos humanos.
Puede que Google Earth, su popular producto de imágenes por satélite, haya sido lo último que Schmidt haya enseñado a sus anfitriones, puesto que permite ver muy de cerca cosas que la reservada Corea del Norte preferiría que no se vieran.
Activistas de defensa de los derechos humanos y blogueros han aprovechado un programa que se emplea sobre todo en ocio, educación y publicidad para hacer un mapa del sistema de decenas de campos de prisioneros que salpican toda Corea del Norte, un país algo menor que Grecia en el que viven 23 millones de personas.
Hasta 250.000 prisioneros políticos y sus familias trabajan con raciones alimentarias mínimas en unos campos situados principalmente en zonas montañosas alejadas, según los cálculos de grupos internacionales de derechos humanos.
La visita de Schmidt junto con el ex gobernador de Nuevo México Bill Richardson ha sido criticada por el Departamento de Estado de EEUU, que la ha calificado de inoportuna, puesto que llega semanas después de que Corea del Norte llevara a cabo el lanzamiento de un cohete, violando las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Activistas en pro de los derechos humanos se muestran escépticos con que las visitas de famosos a Pyongyang puedan tener resultados prácticos, pero a Google le dan crédito por cómo Google Earth ha encendido la luz sobre cuestiones ocultas en Corea del Norte.
"Lo que Eric Schmidt haga o no haga en Pyongyang probablemente se olvidará en unas pocas semanas", dijo Joshua Stanton, un abogado de Washington que dedica su tiempo extra a escribir en blogs y hacer activismo sobre los derechos humanos en Corea del Norte.
"El bien que ha hecho Google, no importa con cuánta intención, al ayudar a la gente a contar la verdad sobre Corea del Norte, aparecerá algún día reflejado en la historia del país", agregó.
Google ha calificado el viaje de su presidente de "personal" y no respondió a peticiones de hacer declaraciones antes de su marcha. La compañía no quiso hacer comentarios tampoco sobre la utilización de Google Earth para controlar a Corea del Norte.
Richardson dijo el jueves en Pekín al regresar del viaje que no habían conseguido su objetivo de liberar al estadounidense Kenneth Bae, un guía turístico de 44 años detenido en noviembre del año pasado y que ha sido acusado de delitos contra el Estado sin especificar.
Gulag oculto, ya no tan oculto
El blog de Stanton http://freekorea.us / lleva imágenes por satélite de Google Earth y análisis de las características de seis campos de prisioneros políticos - de los que ha sido acreditado con la confirmación o identificación de tres de ellos.
El bloguero identifica las imágenes de puertas y casas de guardias, y en algunos casos minas de carbón y toscos lugares de enterramiento - corroborados con el trabajo de expertos y entrevistas con desertores de Corea del Norte que vivieron o trabajaron en los campos.
"El mayor de los campos, si no sabes qué buscar, parece un pueblo, y sospecho que están diseñados de ese modo para encajar en el paisaje", manifestó Stanton, cuyos lectores intercambian pistas sobre los campos y sus características.
Stanton, que se interesó por Corea del Norte después de estar en el Ejército estadounidense en Corea del Sur en el peor momento de la hambruna que sacudió el norte a finales de los años 90, aprovechó el trabajo pionero del Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte, una ONG estadounidense que desveló la existencia de los campos en el libro "The Hidden Gulag" (El Gulag escondido), publicado en 2003. Cuando la segunda edición salió en 2012, Google Earth recibió un importante reconocimiento.
"Las imágenes por satélite mejoradas espectacularmente y con mayor resolución que están disponibles ahora con Google Earth permiten a los antiguos prisioneros identificar sus antiguos barracones y viviendas, sus antiguos lugares de ejecuciones y otros lugares reconocibles de los campos", dijo el estudio.
"Hidden Gulag" también alabó el trabajo de Stanton y de otro bloguero, el economista Curtis Melvin, cuyo blog http://www.nkeconwatch.com/ ha sido uno de los principales en utilizar Google Earth para catalogar no solo campos de prisioneros sino también instalaciones como escuelas, factorías y estaciones de tren.
"Permite ver áreas de Corea del Norte que ningún extranjero puede ver", afirmó Melvin.
Confirmación decisiva
Melvin comprueba lugares reconocibles que ve en Google Earth estudiando mapas y documentos y sentándose ante el ordenador con norcoreanos en su casa de Virginia. "Además he visto la televisión norcoreana literalmente cada día durante unos tres años, así que tengo una lista de miles de nombres (de lugares) sobre los que les puedo hacer preguntas concretas", contó sobre sus entrevistas con desertores norcoreanos.
Uno de ellos, Kim Sung Min, que escapó del país en 1997 al saltar de un tren que le llevaba a su ejecución, "me dijo el nombre de la estación de tren en la que saltó, lo reconocí inmediatamente y pudimos reconstruir su ruta de salida de Corea del Norte", afirmó Melvin.
Parte de las imágenes de Google Earth provienen de una empresa de Colorado llamada DigitalGlobe, que colabora con el Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte y otras causas humanitarias. Según técnicos de satélite, sus imágenes son de mejor resolución y se actualizan con más frecuencia que las del programa gratuito de Google.
"Las imágenes por satélite disponibles con Google Earth desde luego han permitido a los expertos en derechos humanos confirmar de un modo decisivo la existencia de estas instalaciones, a pesar del hecho de que el régimen norcoreano niega su existencia", manifestó Greg Scarlatoiu, director ejecutivo del Comité.

luns, 5 de novembro de 2012

La ciudad escenario


La capital de Corea del Norte ha sido levantada con el 'trabajo voluntario' de los ciudadanos
Pyongyang se alza como la gloria de la única dinastía comunista del mundo
Hotel Ryugyong
Corea del Norte es el país más impenetrable del planeta. Su capital, Pyongyang, es casi imposible de visitar, pero tiene el mayor arco de triunfo del mundo y un hotel que iba a ser el más alto del planeta cuando se empezó a construir hace más de dos décadas. Aunque solo por fuera, se ha terminado para celebrar el centenario del nacimiento del Querido Líder Kim Jong-il. Su vacío interior es un símbolo en una de las ciudades del globo con menor afluencia de turistas. Con todo, los 24 millones de norcoreanos conocen bien las construcciones de su país. Ellos mismos han levantado con su trabajo voluntario muchos de los bloques de viviendas con los que se reconstruyó una nación arrasada por una guerra fratricida y aislada luego por una dictadura hereditaria.
Durante medio siglo, Kim Il-sung y su hijo Kim Jong-il supervisaron el urbanismo de su nación. Nunca en la historia se había producido una tutela tan estricta de un mandatario sobre la construcción de un país entero. Así, en las cinco últimas décadas, los norcoreanos han asumido las ideas de su líder a favor del “bien común” y reacias a la gloria individual. Se han casado frente a la colosal estatua del líder y le han quitado diariamente el polvo a su retrato (el único ornamento permitido en las paredes de las casas). En la única dinastía comunista del planeta nada quedó al azar. Pero la caída de los países del bloque socialista, a finales del siglo pasado, cerró la puerta de las ayudas y abrió la de una hambruna que diezmó dramáticamente la población e incrementó las huidas. Así, la muerte el pasado diciembre de Kim Jong-il ha despertado de nuevo las apuestas. ¿Cuánto puede durar el aislamiento de 24 millones de personas uniformadas y desnutridas que se vigilan unas a otras? ¿Cómo ha podido construirse el monumental escenario que es la capital de este “paraíso socialista” en un país pobre?
La arquitecta serbia Jelena Prokopljevic se hizo esa pregunta. Ella nació en la Yugoslavia de Tito, un régimen comunista más blando que el norcoreano, y quiso conocer el “viejo” sistema en funcionamiento. Por eso viajó a Pyongyang con el periodista catalán Roger Mateos. Ambos han explicado la construcción de esa ciudad-escenario en el libro Corea del Norte, utopía de hormigón. La vida en ese país la contó otra periodista, Barbara Demik, en el volumen Querido Líder. Vivir en Corea del Norte. La conclusión de ambos coincide. Y es difícil que no se convierta en una bomba de relojería: la población, que parece más dispuesta a aguantar que a protestar, ha tenido que ver morir de hambre a sus familias para cuestionar, temerosa y clandestinamente, al Querido Líder.
La historia se remonta a finales de los años cuarenta, cuando el guerrillero Kim Il-sung se enfrentó a la dominación japonesa y se convirtió en el nuevo mandatario de Corea del Norte. Durante años consolidó su poder manejando toneladas de hormigón y librándose del mínimo atisbo de oposición. Fue un líder que empezó de cero y eso lo hizo creíble ante quienes vieron la reconstrucción de un país arrasado y ante los que no habían aprendido otra cosa en la escuela.
El Gran Líder comenzó redistribuyendo tierras y nacionalizando la industria. Stalin era su modelo, y el arroz de los campesinos agradecidos pagó los primeros edificios monumentales, por eso en la fachada de la universidad se cincelaron espigas de arroz. La idea era consolidar Pyongyang como la nueva capital para arrastrar la revolución hacia el sur, por todo el país. Así, el 25 de junio de 1950, 90.000 soldados norcoreanos lo hicieron. En tres años de guerra murieron 1,5 millones. También 415.000 surcoreanos y 33.000 norteamericanos. Cuando se firmó el armisticio se estableció una frontera de cuatro kilómetros de ancho, una zona de seguridad desmilitarizada que, en realidad, esconde uno de los mayores arsenales del planeta.
La obsesión por los misiles está en la mente de la familia Kim desde que, durante su guerra civil, Corea del Norte recibiera 428.400 bombas de aviones norteamericanos, casi una por habitante. Cuando cesaron los bombardeos, en el verano de 1953, no quedó rastro de la universidad levantada con el dinero de los campesinos arroceros, y los pocos supervivientes (un cuarto de la población) se habían habituado a vivir en túneles bajo tierra. Bajo las explosiones, en una casa blindada, el propio Kim Il-sung diseñaba la ciudad que surgiría de las ruinas. “Quería que la capital de la revolución renaciese en un tiempo récord”, explican Roger Mateos y Jelena Prokopljevic. Hoy, la capital de Corea del Norte es un escenario monumental. El hormigón ha sustituido al polvo, pero el Gobierno norcoreano mantiene un ejército de un millón de personas (el cuarto mayor del mundo). En 2006, el fallecido Kim Jong-il hizo detonar su primera bomba atómica. Quiso disuadir al Pentágono de intentar derrocar su régimen por la fuerza. Ingenuos, o iluminados, para abandonar su armamento nuclear ponen la condición de que Estados Unidos abandone también el suyo.
Así lo declaró Kim Jong-un el pasado 15 de abril durante su primer discurso televisado. El nieto del antiguo líder guerrillero Kim Il-sung subió al trono cuando falleció inesperadamente su padre, Kim Jong-il, el pasado diciembre. Al contrario que el primer dictador, que adoctrinó y acostumbró a trabajar a su hijo, Kim Jong-il no tuvo tiempo de formar a su vástago. Se sabe poco de Kim Jong-un, ni siquiera si tiene 28 o 29 años. Pero aun educado en Suiza y trilingüe, mantiene inalterada la voluntad de no ceder un palmo del terreno conquistado por su abuelo y su padre. La sensación es que el abuelo construyó y el hijo resistió. Por eso las miradas están puestas en el nieto.
Desmesura y pulcritud conviven entre los monumentos de hormigón y las amplias avenidas vacías que forman Pyongyang, una capital “como de futuro atrapado en el pasado”, explica Roger Mateos. ¿Cómo puede atesorar semejante fortuna arquitectónica uno de los países que más ayuda humanitaria recibió durante los noventa cuando millones de personas murieron de desnutrición? Esa pregunta les llevó a él y a Prokopljevic a escribir. Mateos ya había publicado El país del presidente eterno y, obsesionado con la idea de la dinastía Kim de “construir el escenario perfecto para la sociedad perfecta”, decidió analizar la arquitectura del país más enigmático del planeta.
Si entrar en Pyongyang es complicado, moverse sin un “ayudante norcoreano” es imposible. Barbara Demick, durante años corresponsal de Los Angeles Times en Seúl, describe su última visita con chicas fingiendo leer libros por la calle y un grupo de soldados pulcramente uniformados que llevan flores a la estatua de Kim Il-sung. “Uno tarda un rato en percibir lo anómalo. Cuando los soldados se inclinaron con reverencia, vimos que no llevaban calcetines”, detalla. “Para quedarte boquiabierto en Corea del Norte basta con que te muestren aquello que quieren enseñar: la absoluta idolatría hacia los líderes, el adoctrinamiento permanente de las masas, la omnipresente propaganda política y la magnitud de las construcciones en Pyongyang”, sostiene Mateos, que viajó acompañado del tarraconense Alejandro Cao de Benós, único delegado especial del Gobierno norcoreano que no ha nacido allí.
Para convertir Pyongyang en una ciudad majestuosa, brigadas infantiles recogieron ladrillos entre las ruinas. Los métodos de prefabricación soviéticos ayudaron a construir con rapidez. También la amistad con China facilitó transferencias tecnológicas, envío de alimentos, subvenciones, créditos y hasta la cancelación de deudas. Mateos y Prokopljevic cuentan que la República Democrática Alemana aportó el 1% de su PIB durante una década y envió al hijo del primer ministro Otto Grotewohl a formar a los constructores. Todos los hermanos de la familia comunista mundial colaboraron hasta que algunos comenzaron a mostrar signos de apertura.
Kim II-sung hizo demoler bloques de viviendas levantados con el trabajo voluntario (un mínimo de tres horas al día) de los ciudadanos para criticar el aperturismo de Jruschov cuando este puso en duda el costoso monumentalismo estalinista. Lo hizo personalmente. Se presentó en un edificio y denunció el frío que pasaban los inquilinos. “No se pueden aplicar mecánicamente métodos de otros países”, denunció. Y buscó un estilo Ju-che, genuinamente coreano, inequívocamente socialista e inexportable. Lo Ju-che –que defiende que el hombre debe confiar en sí mismo– se convirtió en una formidable máquina propagandística para un país que obligó a su población a levantarse inventando una capital.
“A Choe Jae Ha, un obrero de la construcción, ascendido a primer ministro, se le atribuye el milagro de haber completado 20.839 pisos con los materiales para 7.000 viviendas en el año 1958”, explican Mateos y Prokopljevic. Kim Jong-il, el hijo del dictador, describió en el manual El arte arquitectónico la función agitadora de la arquitectura: cómo aplicar la escenográfica para estimular la furia revolucionaria en la gente. El objetivo era “dar a conocer la superioridad y el poderío invencible del régimen socialista, infundir orgullo y dignidad nacional y ayudar en la educación en la infinita fidelidad al partido, al líder y a la patria socialista”. El exhibicionismo constructivo ciertamente movilizó a las masas, convirtiéndolas en obreros, pero dedicó sus principales obras a la glorificación de su líder.
Algunos recuerdan a Kim Jong-il recogiendo ladrillos. Tal vez por eso obligaba a los intelectuales a oxigenarse con pico y pala. El trabajo forzado era la manera de reeducar a los díscolos. El arquitecto modélico debía tener desinterés por la fama: su nombre jamás aparecería como autor. “Se busca el bien común, no la fama individual”, explica Prokopljevic. Por eso, las actitudes vanidosas se denuncian. Al igual que sucede en las comunidades de vecinos, en Corea del Norte también los arquitectos se vigilan, y acusan, unos a otros.
En 1972, Pyongyang inauguró su primera línea de metro decorada con frescos sobre las hazañas de Kim Il-sung. Y hasta 1990 se levantaron las mayores obras. Una pista de patinaje cubierta plagia la catedral que Oscar Niemeyer levantó en Brasilia, y el restaurante Los Manantiales, que Félix Candela firmó en Xochimilco (México), renació en el estadio Primero de Mayo de Pyongyang. Las grandes obras tejieron una ciudad monumental en la que los ciudadanos se morían de hambre. “El problema alimentario está llevando a la anarquía”, declaró el propio Kim Jong-il en la universidad que lleva el nombre de su padre en diciembre de 1996. Y la periodista Barbara Demick lo corrobora: en el mercado de Chongjin, las mujeres jóvenes organizaron manifestaciones cuando les prohibieron vender: “Dadnos comida o dejadnos comerciar”. La anarquía que temía Kim Jong-il tiene que ver con la información, con el creciente número de norcoreanos que logran atravesar el río Tumen –que separa el país de China– y con la multiplicación del número de personas que logran la ciudadanía surcoreana (de 71, en 1998, a 3.000 anuales, hoy). Pero, como constató el líder, la fuerza para desobedecer aumenta con el hambre.
Los informadores infiltrados en los bloques de viviendas y los vigilantes que pueden entrar en los pisos por la noche –para comprobar que nadie duerme fuera de su casa– siguen trabajando. Pero el hambre ha hecho que algunos vigilantes hagan la vista gorda y compren en el mercado negro el arroz que la ayuda internacional envía a Corea del Norte y monopolizan unos pocos. Ver morir a la mitad de los niños de desnutrición ha dado rabia y energía a muchos ciudadanos.
En 1989, mientras caía el muro de Berlín continuaban las obras en Pyongyang. Kim Jong-il hizo embalsamar el cuerpo de su padre cuando este murió en 1994, y sustituyó el calendario gregoriano por el nuevo Juche, que empieza a contar en 1912, año del nacimiento del Gran Líder, convertido en presidente eterno. Tras tres años de luto oficial, fue designado secretario del partido en 1997. Del Gran Líder al Querido Dirigente, y de este al Brillante Camarada, en la tercera generación de la dinastía Kim, el país que arrasó la guerra es hoy un escenario de aparente ciencia ficción. Con grandes avenidas desiertas, monumentales construcciones de hormigón y hoteles de lujo que nadie ocupa tiene el mayor número de monumentos por habitante que cualquier ciudad del globo. En las agencias de viajes de Corea del Sur anuncian el destino con una frase reveladora “Pyongyang, visítelo mientras dura”. Si va a ser el turismo la fuente de ingresos, la bomba de relojería está en marcha.
La separación entre Norte y Sur sigue siendo un drama en Corea. Miles de familias quedaron incomunicadas en 1953. Algunos norcoreanos refugiados en el Sur atestiguan que Kim Il-sung gozó de mucha popularidad. El efecto del adoctrinamiento desde la cuna ayudó a forjar una sociedad fiel, pero la tremenda hambruna de los noventa minó la legitimidad de sus sucesores. Con todo, Roger Mateos y Jelena Prokopljevic creen que la construcción continúa porque “el régimen la considera fundamental para legitimarse ante sus ciudadanos y proyectarse al exterior como gran potencia”. Es evidente que deja de invertirse en otras áreas para destinar recursos a la arquitectura, pero las inversiones no son inocentes. Fue la compañía egipcia Orascom la que puso el dinero para terminar la fachada del abandonado rascacielos del hotel Ryugyong. Hoy es la adjudicataria de la primera red de telefonía móvil en Corea del Norte.
Kim Il-sung, el fundador, repetía una triple promesa: sopa de arroz y carne, ropa de seda y casas con cubiertas de tejas. No hay carne, ni seda, ni tejas. Y durante una década no hubo ni siquiera arroz. Generaciones criadas con la duda y la memoria de esa hambruna podrían cambiar las cosas. La propia arquitectura revela cambios. El palacio Kumsusan, un portento de mármoles y columnas para impresionar a los dignatarios extranjeros donde trabajaba Kim Il-sung, es hoy su mausoleo.