
Gallardo se adentra en un personaje que protagonizó un
periodo histórico que aún hoy está plagado de incógnitas, el reinado de la
dinastía de los Saboya.
María Victoria dal Pozzo compartió tres años escasos
(1870-1873) junto a Amadeo de Saboya el trono español.
No sólo no malgastaba su fortuna, sino que dedicó gran
parte de ella a la beneficencia.
Mandó construir la primera guardería de España.
EFE. 15.12.2012 - 18.17h
A la sombra de las grandes figuras históricas del
siglo XIX español, hubo una mujer, María Victoria dal Pozzo della Cisterna, cuyo
efímero y singular reinado habían dejado relegada al olvido. Ahora la
periodista Carmen Gallardo la rescata en su primera novela, La reina de las
lavanderas.
Atraída por el papel de la mujer en la monarquía
española, la autora cayó irremediablemente en la tentación de adentrarse en
un personaje que protagonizó un periodo histórico que aún hoy está plagado
de incógnitas, el reinado de la dinastía de los Saboya.
María Victoria dal Pozzo compartió tres años
escasos (1870-1873) junto a Amadeo de Saboya el trono español, al que la
pareja llegó tras el derrocamiento de Isabel II organizado por los generales
Prim, Serrano y Topete, y que abandonaron con el regreso de los Borbones.
Siempre a la sombra de su marido y de las
circunstancias históricas de un mundo cambiante, María Victoria dal Pozzo
(1847-1876) fue una "reina pequeña", y no sólo por su breve
paso por la corte española.
Nacida en Turín en una familia de la nobleza
italiana, nunca supo asumir los roles y la actitud que cabía esperar de
una reina en el siglo XIX. La aristocracia española, acostumbrada al derroche y
la opulencia de la corte de Isabel II, no aguantaba a una mujer con
"hábitos de burguesa y que no hacía alarde de su riqueza", explicaba
hoy Gallardo en la presentación de la novela.
Mandó construir la primera guardería en España
No sólo no malgastaba su fortuna, sino que dedicó
gran parte de ella a la beneficencia; una faceta caritativa vinculada
con sus fuertes creencias religiosas, y que da título al libro, La reina de
las lavanderas.
Acostumbrada a salir de palacio, en uno de sus
paseos se dio de bruces con el penoso "espectáculo" de las
lavanderas del Manzanares, descubriendo una realidad de miseria y pobreza
hasta entonces invisible para ella.
Una visión que golpeó su conciencia, y por la
que mandó construir la primera guardería de España, un asilo en Madrid
en el que los hijos de las lavanderas pudiera permanecer mientras sus madres
trabajaban. Un gesto que hasta ahora se le había adjudicado a María Cristina de
Habsburgo.
"Las lavanderas fueron las únicas que
supieron valorarla", afirmaba la autora. Un reconocimiento del que dieron
muestra costeando una corona que aún se conserva en el interior de la tumba de
la reina en Turín.
Mujer piadosa y de férreas creencias religiosas,
llegó incluso a enfrentarse, "dentro de los parámetros de una mujer
enseñada para obedecer", a la familia de su esposo, en la que predicaban
el laicismo.
Otro de los aspectos que más atrajeron a la autora
del personaje fue su vasta formación, llegando a ser la mujer más culta
que hasta entonces llegaba a reina de España.
De niña recibió formación en aritmética,
filosofía e historia, y aprendió seis idiomas, entre ellos el español, al
contrario que Amadeo de Saboya.
Ante el rechazo de la aristocracia, los
Saboya les abrieron las puertas de la corte a los intelectuales, y fundaron la
Cruz de María Victoria, con la que se reconocían los méritos de músicos y
científicos.
La última reina romántica
La reina de las lavanderas va más allá de su trayectoria como reina, y narra la vida de su
protagonista desde su nacimiento hasta su temprana muerte a los 29 años,
víctima de la tuberculosis.ió joven, a los 29 años, víctima de la tuberculosis
Una historia la suya "muy romántica en
el sentido literario del término", extrema, dramática y con dosis de
misterio, a la que Gallardo se atreve a incorporar elementos ficticios, en
buena medida por la ausencia de documentación. "Apenas se tienen datos
desde que fallece su padre hasta su casamiento. Y sus herederos, los Aosta, no
han querido ayudarme", explicaba la periodista.
La infancia de Maria Victoria dal Pozzo fue algo truculenta.
Tras el fallecimiento de su padre, su madre perdió el juicio y se encerró con
ella y su hermana en el palacio della Cisterna durante tres días para velar el
cuerpo del difunto.
Después llegó la muerte de su hermana pequeña y años
de encierro y soledad, hasta que el príncipe Amadeo de Saboya, hijo del
primer monarca de la unificada Italia, la rescató.
Una unión que años más tarde constituiría el
proyecto democrático más importante de la España del siglo XIX, y que se
desmoronaría prácticamente antes de echar a andar, cuando su valedor, el general
Prim, fue asesinado en 1870.
El libro, a la venta desde la
semana pasada y editado por La esfera de los libros, recoge además diversas
fotografías, algunas de ellas tomadas por la propia Gallardo y otras
procedentes de archivos y catálogos. El álbum de una mujer que nunca contó
con el favor de su pueblo, pero que "hizo muchísimo por él",
concluía Gallardo.
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