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domingo, 7 de abril de 2013

Heroínas


Canta el gallo, son las 4 de la madrugada, todavía no ha salido el sol, pero en muchas comunidades de Guatemala, Paula, Concepción, Raquel, Dalila, María, Guadalupe y muchas otras mujeres rurales se levantan para vivir otro día más.
28/03/2013 – eldiario.es

Calientan café y preparan tortillas para que la familia coma algo antes de salir al campo a trabajar. Ellas también tienen la responsabilidad de ver cómo aportan a la economía familiar, como muchas mujeres en el mundo. En el mejor de los casos, quizás hoy tendrán que tapiscar o limpiar la milpa en la tierra que cultivan. Probablemente no sean propietarias de esa tierra, quizás es tierra de la familia, del esposo o alquilada. O quizá hoy las contraten para trabajar de jornaleras por unas horas en alguna finca recogiendo café, palma africana, piña o banana, recibiendo un pago por su trabajo que no le alcanzará ni para cubrir la alimentación de su familia este día… O quizá hoy no tengan la oportunidad ni de acceder a un jornal de trabajo, como les sucede a las mujeres de las familias desalojadas en el Valle del Polochic.
Paulina Juc y Concepción Tiul son dos de las muchas mujeres del Valle del Polochic que fueron desalojadas violentamente junto a sus familias hace ya 2 años por las fuerzas de seguridad del Estado de Guatemala y de una empresa privada que reclamaba la propiedad de las tierras donde ellas residían y cultivaban sus alimentos. Perdieron todo: su hogar, su tierra, su ropa, sus recuerdos materiales; los cuerpos de seguridad no les dieron tiempo para sacar las cosas, lo quemaron todo.
Pero no lograron quemarles lo más valioso que ellas tienen: la voluntad de seguir luchando por sus derechos.
En Guatemala muchas mujeres rurales, indígenas, campesinas y artesanas se levantan cada día al cantar el gallo, realizan las tareas del hogar, tratan de llevar un salario a casa, se encargan de la educación de sus hijos, atienden a la familia. Su jornada diaria acaba cuando todos ya se han ido a dormir. Entonces apenas les quedan unas horas para descansar antes de que inicie el nuevo día.
Pero además, salen a la calle a reclamar su derecho a ser propietarias de la tierra. Reclaman su derecho a ser escuchadas y tomadas en cuenta por la sociedad, el gobierno y los medios de comunicación. Exigen su derecho a una vida digna y libre de cualquier tipo de violencia. Exigen su derecho a que se les reconozca y respete como ciudadanas y sujetas políticas y económicas.
Hace unos días Paulina Juc nos decía: “Yo no me voy a rendir. Seguiré luchando por la tierra. Tengo que dar ejemplo a mis hijos. Sé que es un derecho que tengo como persona y sé muy bien que es el recurso más importante como medio de vida ya que comemos y bebemos de la madre tierra. También es la mejor herencia que puedo dejar a mis hijos porque les dará seguridad para que jamás vivan ellos esta situación que actualmente estamos viviendo. Espero tener fuerzas en 2013 para seguir luchando por nuestra tierra y exigiendo al presidente Pérez Molina que cumpla de una vez su promesa”.
Yo tampoco me voy a rendir. Seguiré luchando por los derechos de ellas, de nosotras, de todas.

domingo, 5 de febreiro de 2012

Memorias del arte latinoamericano


Nace el mayor archivo digital de las corrientes del siglo XX en el continente
La reunión de los 10.000 documentos redibuja la historia de las vanguardias
Frida Kahlo, según su marido, Diego Rivera, es “la pintora más pintor y la prueba mejor de la realidad del renacimiento del arte de México”. Así lo escribió en un largo artículo de 1943. En el Manifiesto Madí de 1947, firmado por Gyula Kosice, Rhod Rothfuss y Arden Quin, quedan claras las directrices para los artistas que lo asuman: “El dibujo madí es una disposición de puntos y líneas sobre una superficie. La pintura madí, color y bidimensionalidad. Marco recortado e irregular, superficie plana o superficie curva o cóncava. Planos articulados con movimiento lineal, rotativo y de traslación”. Son dos ejemplos, elegidos al azar, entre los más de 10.000 documentos del Archivo Digital de Arte Latinoamericano y Latino (en Estados Unidos) del siglo XX puestos esta semana a disposición del público por el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH) y el Centro Internacional para las Artes del Continente (ICAA) en http://icaadocs.mfah.org.
Una labor que ha llevado más de 10 años y 50 millones de dólares (38,5 millones de euros), realizada por un equipo de un centenar de investigadores de 16 ciudades: de Buenos Aires a São Paulo; de Bogotá, Lima, Nueva York a Los Ángeles. La importancia de esta iniciativa estriba en que ha reunido y preservado documentos de una historia que todavía tiene muchos capítulos por fijar. “Se podría argumentar que la historia del arte latinoamericano del siglo XX está aún por escribirse”, afirma Mari Carmen Ramírez, directora del proyecto. “Al proveer acceso a fuentes esenciales provenientes de diversos países y contextos, el Proyecto de Documentos del ICAA pretende establecer las bases para una futura historia comparativa del arte moderno y contemporáneo de los países latinoamericanos”.
El arte latinoamericano vivió con pasión en el siglo XX todos los signos del modernismo. La abstracción o el surrealismo, el geometrismo y diferentes movimientos de acción política o estética, tuvieron su reflejo. ¿Reflejo? Así lo pensaban los propios protagonistas, de alguna manera disminuidos ante el poco aprecio internacional de sus manifestaciones. Se triunfaba en Europa y en Estados Unidos. El éxito local era un premio de consuelo. La proverbial incomunicación entre los propios países latinoamericanos hizo que la mayoría de los documentos surgidos de estas manifestaciones y artistas quedara dispersa. “Estamos ante un testimonio del alto nivel que alcanzó la producción intelectual”, explica la puertorriqueña Mari Carmen Ramírez. “Demuestra que en América Latina no solo se produjo arte, sino pensamiento teórico sobre el cual se fundamenta la producción artística. Se encontrarán muchos casos en que los latinoamericanos se anticiparon tanto en la teoría como en la práctica a desarrollos artísticos importantes en EE UU o Europa”.
El nuevo siglo ha vuelto con gran interés la mirada al arte latinoamericano del siglo XX. Por un lado, lo que se consideraba “reflejo” de las vanguardias europeas, se ve hoy bajo otra perspectiva. Se descubren señas de identidad propias y originales. También se reconoce el papel de determinados artistas en el impulso de los movimientos internacionales.
Y en la actualidad, las más importantes ferias de arte internacionales abundan cada vez más en los nuevos artistas y también en las obras revalorizadas de los modernos. Los principales museos están empezando o completando sus colecciones. Las casas de subastas más prestigiosas le dedican sesiones monográficas, donde los precios han empezado a subir. Es más, la situación económica y la estabilidad política del continente ha propiciado que aparezca una nueva y nutrida generación de coleccionistas latinoamericanos, muchos brasileños.
El mundo académico, sobre todo el estadounidense, ha aumentado su interés por reconstruir esa historia. De ahí, quizás el apoyo de diversas instituciones para el proyecto. “Como resultado de la globalización y la integración de los mercados, el arte de este enclave geográfico-político se ha convertido en una mercancía global”, afirma Ramírez.
El Archivo Digital de Arte Latinoamericano y Latino del ICAA es de acceso gratuito, está en español e inglés y permite descargarse documentos en pdf, junto a una documentada ficha. Se encuentran escritos y correspondencia de artistas, textos publicados en revistas y periódicos, carteles, catálogos, así como material inédito. El criterio de selección ha sido limitarse a los documentos más útiles para la enseñanza y la investigación. En la primera entrega, se encuentran 2.500 piezas de Argentina, México y la parte norcentral de Estados Unidos. Los de las otras regiones —Brasil, Puerto Rico, Chile, Colombia, Venezuela y el resto de EE UU— se irán añadiendo más adelante hasta completarlos en 2015. El proyecto incluye la publicación de 13 antologías. La primera, titulada Resistir a las categorías: ¿latinoamericano y/o latino?

xoves, 8 de decembro de 2011

Las protestas logran la suspensión de un proyecto minero en Perú


Tras seis días de manifestaciones, la región de Cajamarca, principal productora de oro en el país, ha logrado parar una obra apoyada por el presidente Humala y cuyo estudio de impacto ambiental está bajo sospecha

Tras seis días de protestas, la región peruana de Cajamarca, principal productora de oro en Perú, ha logrado paralizar un enorme proyecto minero. El martes por la noche la compañía minera Yanacocha informó su decisión de suspender las operaciones relacionadas con Conga, un yacimiento de oro y cobre que implica una inversión de al menos 4.800 millones de dólares y que ya contaba con todos los permisos del Gobierno para iniciar la explotación.
A través de un comunicado leído por un alto ejecutivo en el Palacio de Gobierno, la empresa reconoce que tomó la decisión “a exigencia del Supremo Gobierno [sic] y en aras de que se restablezcan la tranquilidad y la paz social en Cajamarca”. Tras casi una semana de paralización regional (se inició el jueves 24), la situación empezaba a tornarse cada vez más violenta. El martes, los enfrentamientos entre manifestantes y la policía dejaron 20 personas heridas, según las autoridades sanitarias de la zona. El aeropuerto de la capital regional permanecía cerrado y las principales carreteras, bloqueadas por piquetes.
El Gobierno espera que la anunciada suspensión alivie la tensión y permita establecer una negociación en torno a un proyecto minero que ha sido públicamente apoyado por el presidente Ollanta Humala. “Ahora le toca al pueblo de Cajamarca decidir si el diálogo y la negociación reemplazan a la violencia. Invocamos a volver a la calma y recuperar mediante el diálogo la confianza perdida”, señaló el presidente del consejo de ministros, Salomón Lerner.
Sin embargo, el anuncio fue tomado con indiferencia por los promotores del paro, que insisten en exigir la cancelación definitiva como única salida para terminar la protesta. “Nosotros por acá no tenemos mayor novedad. Lo que el pueblo espera es que, vía una resolución ministerial o un decreto supremo, el gobierno nacional declare inviable el proyecto Conga”, señaló el presidente regional, Gregorio Santos. Para hoy, miércoles 30, se han anunciado más protestas y movilizaciones de apoyo en otras regiones del país.
La población de Cajamarca se opone a la construcción de la mina debido a que esta se ubicaría debajo de cuatro lagunas que conforman la cabecera de importantes cuencas fluviales en la región, y rechazan el estudio de impacto ambiental aprobado por el ministerio de Energía y Minas. En los últimos días el Gobierno ha insistido en apoyar el proyecto, pese a las objeciones que presentó el ministerio de Medio Ambiente. Un informe de esa cartera difundido la semana pasada anotaba serías deficiencias en el estudio de impacto ambiental, pero el titular del sector, Ricardo Giesecke, señaló posteriormente que la mina era viable y que el documento tenía como propósito solo “enriquecer” el proyecto.
Luego del anuncio de la suspensión de los trabajos, el presidente del consejo de ministros señaló que la minera Yanacocha se ha comprometido a concertar con la población y garantizar el suministro de agua para consumo humano y agrícola. No obstante ello, ya empiezan a escucharse voces de preocupación por el futuro de las inversiones mineras en un país que, pese a su avance económico de los últimos años, sigue dependiendo en gran medida de las exportaciones de materias primas. Esta semana está previsto que se reanuden las protestas en la región Apurímac, donde la población reclama al gobierno que queden prohibidas todas las actividades mineras.

mércores, 5 de outubro de 2011

Tierra de redentores


ENRIQUE KRAUZE 01/10/2011
El culto al caudillo y el mito revolucionario han dominado la historia de América Latina. Octavio Paz reivindicó su raíz democrática, y ahora, Mario Vargas Llosa es el líder intelectual y moral de aquellos que esperan el triunfo de la libertad. El autor de este texto interpreta la historia independiente y moderna del continente, habla del mito del hombre fuerte, del héroe providencial, y censura la revolución como el prestigio de una nueva aurora
No uno sino dos fantasmas recorren la historia independiente y moderna de América Latina: el culto al caudillo y el mito de la Revolución. Los pensadores liberales del siglo XIX abjuraron de ambos. En Facundo -su obra clásica sobre el telúrico caudillo Facundo Quiroga, "sombra terrible" de las pampas-, Sarmiento recreó al prototipo del poder personal en el siglo XIX latinoamericano, el dueño de vidas y haciendas, hombre de horca y cuchillo, símbolo de Barbarie opuesta a la Civilización. Publicada en 1845, aquella obra tuvo una brillante descendencia, primero en el Nostromo de Conrad y más tarde en una larga sucesión de novelas sobre dictadores: Tirano Banderas de Valle-Inclán, El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri, Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos y las dos antitéticas creaciones de García Márquez y Vargas Llosa: El otoño del Patriarca y La Fiesta del Chivo. Por lo que hace a la Revolución, a pesar del influjo romántico de la Revolución Francesa, en el siglo XIX el concepto se entendió como una ruptura ilegítima y violenta del orden legal. En ese mismo sentido lo emplea Conrad para describir a su turbulenta Costaguana: la Revolución como la otra vertiente de la Barbarie. Pero al despuntar el siglo XX, con el advenimiento de la Revolución mexicana y la bolchevique, una lenta trasmutación comenzó a operar en la realidad y la imaginación de nuestros países: la crítica del caudillo se transformó en culto al hombre fuerte, al héroe providencial; y la Revolución adquirió el prestigio de una nueva aurora de justicia para los pueblos.
En la larga vigencia del culto heroico y el mito de la Revolución convergen dos autores clásicos: Thomas Carlyle y Carlos Marx. Al ensayista e historiador escocés se debe la idea de que la historia no tiene más sentido del que le confiere la biografía de los "Grandes Hombres", en particular la de los inspirados "héroes" políticos como Oliver Cromwell o el Doctor Francia, que prescindieron de las instituciones democráticas por considerarlas una parafernalia inútil. (Varios tiranos latinoamericanos como el venezolano Juan Vicente Gómez, a quien un reconocido historiador llamó "Hombre de Carlyle", siguieron ese libreto). A propósito de la Historia de la Revolución Francesa de Carlyle, Carlos Marx (que lo admiraba) escribió en 1850: "Le corresponde el crédito de haber combatido en la arena literaria a la burguesía... de una manera, por momentos, revolucionaria". El problema -agregaba Marx- es que "a sus ojos, la apoteosis de la Revolución se concentra en un solo individuo... Su culto a los héroes... equivale a una nueva religión". Pero también Marx creía que la apoteosis de la Revolución se concentraba en un solo protagonista
... colectivo: el proletariado, las masas. Y ese culto, con el tiempo, "equivalió" también a "una nueva religión". El siglo XX probó que las simpatías entre ambos pensadores eran mayores que sus diferencias: solo se requería la aparición de un héroe carlyleano que asumiera la Sagrada Escritura de Marx. Ese personaje fue Lenin, y tras él irrumpieron en la escena varios otros: "El Dios trascendente de los teólogos...", escribió Octavio Paz, "baja a la tierra y se vuelve 'proceso histórico'; a su vez, el 'proceso histórico' encarna en este o aquel líder: Stalin, Mao, Fidel".
La sacralización de la Historia en la persona de un héroe produce la figura política de los "redentores". En América Latina el proceso tuvo antecedentes populares en la guerra de independencia mexicana y en los movimientos mesiánicos de Brasil (que Vargas Llosa recreó en su clásica novela La guerra del fin del mundo), pero su versión moderna -a mi juicio- nace del agravio contra Estados Unidos a partir de la guerra de 1898. Todavía Martí, el último liberal del XIX, pudo soñar con una constelación de repúblicas americanas, orientadas al progreso y respetuosas entre sí. Pero las actitudes imperiales del "monstruo" en cuyas entrañas había vivido (y cuya democracia y dinamismo había admirado) terminaron por decepcionarlo. Con su muerte murió también el proyecto de una América homogénea e igualitaria. Había que imaginar y construir otra América, distinta y opuesta a la del Norte. Movido por ese agravio, el pensador uruguayo José Enrique Rodó publicó en 1900 un opúsculo que influyó en el destino político e intelectual de "Nuestra América". Se titulaba Ariel y postulaba un "choque de civilizaciones" entre la superior espiritualidad de Hispanoamérica y la "barbarie" materialista de Estados Unidos.
Conforme avanzó el siglo, las más diversas corrientes ideológicas (el nacionalismo, el anarquismo, el socialismo, el marxismo, el indigenismo y aun el fascismo) fueron deudoras, en diversa medida, del idealismo "arielista" y encarnaron en personajes con ideas o actitudes "redentoras", como las del mexicano José Vasconcelos (que quiso ser presidente para "salvar a México" y vio en América Latina la cuna de una "Raza Cósmica") o las más terrenales del peruano José Carlos Mariátegui (que profetizó la convergencia revolucionaria entre el marxismo y el indigenismo). Tras la guerra civil española, América Latina se escindió entre fascistas y socialistas (con poco espacio para los liberales) pero a ambas corrientes las vinculaba aquel resentido desprecio contra el yanqui. Hasta un personaje ajeno al universo de los libros como Eva Perón, la "santa de los descamisados", lo albergaba.
En 1959, cuando el Ariel seguía siendo lectura obligada en las escuelas del continente, una santísima dualidad de redentores apareció en el escenario y cumplió la profecía de Rodó: Fidel y el Che. Mi generación los veneró. Debido a ellos, la Revolución -palabra mágica, concepto histórico, promesa de redención social- volvía a adquirir, acrecentado, el viejo hechizo de la Revolución mexicana o rusa. Era fácil adoptarla: una pasión excitante, un libreto sencillo y una inmediata gratificación del narcisismo moral. Y era imposible evadirla: estaba en las aulas y los cafés, en las páginas literarias, los suplementos culturales y la oferta editorial. La filiación de izquierda había dejado sus ámbitos habituales de la primera mitad del siglo XX (los sindicatos, las infinitas sectas, los partidos subterráneos o proscritos) para refugiarse en el mundo de la cultura y la academia, donde se volvió hegemónica. Y como el neotomismo en tiempos coloniales, la doctrina marxista alcanzó el rango de canon irrefutable.
En el verano de 1968 estalló en México un movimiento estudiantil que, si bien tenía orígenes de izquierda, no se proponía una Revolución sino la apertura de espacios de libertad en un sistema cerrado y autoritario. Vacunándose contra una hipotética conjura comunista (que creía inminente), el 2 de octubre el Gobierno masacró a decenas de estudiantes en la plaza de Tlatelolco. Nunca olvidamos el agravio. Unos tomaron las armas y se incorporaron a la guerrilla urbana o rural, otros practicaron la guerrilla ideológica en la redacción de los periódicos y revistas o el trabajo editorial y académico. Otros más fueron activistas en organizaciones obreras y campesinas. Sin embargo, comparada con la radicalización armada de muchos países de América Latina, la mexicana fue relativamente débil. Tras el golpe de Estado en Chile, de Guatemala a la Patagonia, al menos dos generaciones de estudiantes y profesores universitarios quisieron emular al Che Guevara. Muchos perdieron la vida a manos de los feroces Gobiernos militares -algunos, como el argentino, verdaderamente genocidas- que aparecieron en la región.
A raíz de la matanza de Tlatelolco, Octavio Paz, nuestro poeta mayor, había renunciado a la Embajada de India. Sus jóvenes lectores esperábamos su regreso para encabezar un partido revolucionario de izquierda. Pero Paz pensó que la batalla central de América Latina era de ideas y debía librarse en el ámbito de la literatura. Por eso hizo algo insólito: hace exactamente 40 años, el 1 de octubre de 1971, fundó la revista Plural y en ella puso casa a la disidencia de izquierda en México y Latinoamérica.
Tener a Paz de vuelta era como tener cerca a Orwell, Camus o Koestler, los antiguos hechizados, los grandes desencantados de la Revolución. Paz hizo entre nosotros lo que los disidentes del Este (Kolakowski, Havel, Sajarov) hacían en sus países: criticar a la izquierda totalitaria real desde la izquierda democrática posible. Mi generación no lo entendió así, y lo atacó sin tregua. Paz venía de un periplo político que nos era casi desconocido. Aunque sabíamos algo de su participación en la guerra civil española, ignorábamos la historia de su paulatino desencanto con el régimen soviético. En 1971, a raíz del caso Padilla (reedición caribeña de los Procesos de Moscú, admirablemente recreada por Jorge Edwards en Persona non grata), varios escritores latinoamericanos y españoles (Vargas Llosa, Juan Goytisolo y el propio Paz, entre otros) marcaron sus distancias definitivas con Castro. Pero los universitarios radicales, armados o no, permanecieron por muchos años -y algunos por siempre- fieles a la Revolución y a su caudillo.
Para Paz, la lectura del Archipiélago Gulag en 1974 fue el punto de quiebre definitivo. Allí terminó por confrontar la naturaleza totalitaria del socialismo soviético y, para su sorpresa y sosiego, redescubrió el viejo ideario liberal del siglo XIX, el de su propio abuelo. Paz, en una palabra, se volvió plenamente demócrata. No era una hora temprana en su vida -cumplía 60 años- pero aún era tiempo para prevenir a los jóvenes latinoamericanos sobre los peligros del redentorismo político en el que convergían el culto al poder (ya sea del caudillo o del presidente omnímodo) y el mito de la Revolución: "La gran Diosa, la Amada eterna, la gran Puta de poetas y novelistas". No quisieron escucharlo. La querella de Paz con la izquierda continuó hasta su muerte, en abril de 1998. Incluyó polémicas, descalificaciones, insultos y hasta amenazas de muerte. En 1984 su efigie fue quemada por una turba a unas calles de su casa, frente a la Embajada de Estados Unidos en México, por haber cometido la herejía de pedir elecciones en Nicaragua.
Su trinchera fue la revista Vuelta, heredera de Plural, que apareció de diciembre de 1976 a septiembre de 1998 y circuló ampliamente por el mundo de habla hispana. (Tránsfuga de mi generación, lo acompañé en su aventura). Trinchera es la palabra exacta, porque Vuelta no se ocupaba académicamente de la historia política de América Latina: Vuelta quería cambiar esa historia. Por eso, en la arena de las ideas postulaba la democracia y combatía las lacras derivadas del culto al caudillo y el dogmatismo ideológico: el militarismo, el populismo, el presidencialismo, el estatismo, la guerrilla. Naturalmente, la revista fue prohibida lo mismo en la Argentina de Videla que en la Nicaragua de los sandinistas (no se diga en el Chile de Pinochet o en la Cuba castrista). Los principales escritores del idioma para quienes la libertad ha sido un valor supremo escribieron en sus páginas. En Vuelta, Mario Vargas Llosa publicó su estrujante reportaje sobre la Matanza de Uchuraccay (documento irrefutable contra el fanatismo guerrillero) y los principales ensayos de su travesía liberal. En Vuelta, Gabriel Zaid reveló la naturaleza elitista y universitaria (no campesina, ni obrera, ni espontánea, ni social) de las guerrillas salvadoreñas. En Vuelta, Guillermo Cabrera Infante explicó por qué el suicidio ha sido la ultima ratio de expresión política en la Cuba de Fidel.
En 1989 la batalla de las ideas parecía ganada. En París, con motivo de la recepción del Premio Tocqueville, Paz habló de dos "portentos de una nueva era que, quizás, amanece: ...el ocaso del mito revolucionario en el lugar mismo de su nacimiento... y el regreso a la democracia en América Latina". Tenía razón en recordar que el acta de fundación de los países iberoamericanos en las primeras décadas del siglo XIX había sido precisamente la democracia liberal -entendida en un sentido amplio, republicano y constitucional-. Parecía un milagro que todos los países de América Latina (salvo Cuba) estuviesen a punto de volver al origen democrático, pero el milagro fue real y muy pronto se consolidó. Significativamente, muchos detractores de la democracia (sin mayor explicación) se volvieron súbitos demócratas. No obstante, en 1994, la Historia -ese teatro sorprendente- puso en escena una nueva representación revolucionaria: una rebelión indígena vagamente inspirada en las ideas de Mariátegui. Ocurría al sur de México, en el Estado de Chiapas. La encabezaba un sacerdote que profesaba la "Teología de la liberación" (el obispo Samuel Ruiz) y un guerrillero enmascarado (el subcomandante Marcos) que, emulando al Che, fumaba pipa, recetaba medicinas y escribía cuentos. Ante esta resurrección, Paz entró en un estado de perplejidad y así murió.
El Réquiem por la Revolución había sido prematuro. La tensión entre Revolución y Democracia seguía desgarrando a América Latina. Mientras la democracia se consolidaba, el posmarxismo seguía imperando en no pocas universidades del continente (y hasta en algunas norteamericanas). Y a principios del siglo XXI, en Venezuela, el mito revolucionario reencarnó en un esperpento político extraído de Valle-Inclán. En su discurso inaugural, Chávez vituperó a la "maloliente" democracia y en su desempeño -como dicta Carlyle- buscaría reducir la historia venezolana a su biografía personal. Marx había escrito: "Todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces... una vez como tragedia y la otra como farsa". Chávez, es cierto, sería una caricatura de Fidel, pero una caricatura con cientos de billones de petrodólares en la cartera y un carisma diabólico: un caudillo posmoderno, un redentor por Twitter.
Como tragedia y como farsa, los fantasmas redentores del poder y el dogma siguen rondando la vida latinoamericana. Ningún empeño por exorcizarlos se compara al de Mario Vargas Llosa. Su liderazgo intelectual y moral ha sido indiscutible. En sus obras, como expresó el comité que le otorgó en 2010 el Premio Nobel, Vargas Llosa ha construido una "cartografía de las estructuras de poder y el reflejo de éstas en la resistencia del individuo, en su rebelión y su derrota". Su tema central -su obsesión, su misión- ha sido la minuciosa y apasionada crítica de ese poder: el poder de los fanatismos de la identidad (racial, nacional, ideológica, religiosa) y el poder de los dictadores militares o revolucionarios, los "Chivos" del continente, a quienes detesta por razones casi genéticas. En ese sentido, su trayectoria contrasta con la de Gabriel García Márquez, el otro gran novelista latinoamericano en cuya obra no es difícil advertir una marcada veneración por el hombre fuerte a partir de la cual se comprende su prolongado servicio a la Revolución cubana y a su amigo, el redentor inmortal.
El mesianismo político latinoamericano nació en 1898 en Cuba, cristalizó en Cuba en 1959, y definirá su destino en Cuba, en un futuro cercano. El hechizo de la Revolución fue tan grande como lo es ahora el desencanto y la pesadumbre de las generaciones sacrificadas en el altar de un caudillo vitalicio. Ojalá llegue la hora de la reconstrucción y la reconciliación, la hora de la libertad: obra de demócratas, no de redentores.

Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) publicará el próximo día 6 Redentores. Ideas y poder en América Latina (Debate). Es director de la revista Letras Libres, cuya edición española celebra diez años, con actos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, del 5 al 7 de octubre. Enrique Krauze conversará allí con Mario Vargas Llosa (viernes, 7, a las 19.30). www.enriquekrauze.com