domingo, 27 de novembro de 2011

"Esta es mi Cuba libre"


Por: David Alandete | 19 de noviembre de 2011
Mirelia na base de Guantánamo
Aquí en la base naval de Guantánamo, los soldados vienen y se van. Pocos se quedan el tiempo suficiente para llamar a esta bahía su hogar. Pero de los 5.337 empleados de la base (2.103 militares, 3.234 civiles) hay 34 que consideran que este recinto de 11 hectáreas es el último reducto libre de su patria. Son ya ancianos, nacidos al otro lado de la valla, en Cuba. Después de la llegada al poder de la familia Castro decidieron pasar a la parte americana y esperar a que el comunismo cayera. Hoy, a pesar de que tienen pasaportes norteamericanos, siguen esperando. Y se niegan a marcharse.
 “¡Esta es mi Cuba libre!”, exclama Mirelia Greenough, de 73 años, 18 de los cuales los ha pasado en la base. Ha advertido de que no hablará de política. Pero para ella Cuba no es política: es su patria y su vida. Su esposo trabajaba aquí en la base de Guantánamo desde 1977. Cuatro años después decidió pedir asilo político. “En Cuba querían saber demasiado de lo que pasaba aquí dentro y él no quería decir nada”, añade Mirelia, que se le unió en 1994. Se trajo a un hijo. Meses después, otra hija y una nieta llegaron también a la base, pero por mar, miembros de la gran oleada de balseros (unos 34.000) que huyeron de Cuba en aquel año. Una tercera hija aun vive en Cuba.
“Para nosotros esto es un pedacito de nuestra tierra. Seguimos aquí y eso es un privilegio. Añoramos la otra Cuba, pero esta es la que tenemos, la que es libre”. Mirelia obtuvo su pasaporte en 2006 y va a Miami una media de tres veces al año. El viaje es largo: dura dos horas y media, porque las avionetas que cubren ese trayecto deben dar rodeos para evitar sobrevolar el espacio aéreo cubano.  A veces Mirelia aun visita Cuba. “Me duele el corazón de ver cómo está destruída y cómo se ha perdido. Se ha desmoronado todo, todos los valores, pero es mi tierra. Agradezco que EE UU me abriera los brazos, como una hija, pero yo soy y siempre seré cubana”.
En su día hubo aquí 200 residentes cubanos. La mayoría ha fallecido. Sus hijos, muchos de ellos nacidos en esta base, emigraron a EE UU y son ahora tan norteamericanos como el que más. Aquí en la base, los que quedan no pagan alquiler ni seguro médico. “Estas personas apoyaron al gobierno de EEUU, aportando su trabajo en la base durante muchos años. Algunos son muy mayores”, explica el comandante de la base, capitán Kirk Hibbert. “¿Cómo se cuida de forma apropiada a aquellos que han ofrecido una buena parte de sus vidas a apoyar a nuestro gobierno? ¿Se les da la espalda? No. Lo adecuado y humanitario es cuidarles. Y eso es lo que el gobierno de EEUU hace. ¿Alojamiento? Desde luego. ¿Darles una oportunidad para integrarse en la población aquí? También. Es un trato humanitario”.
Para estos cubanos hay dos fechas grabadas en sus memorias a fuego. La primera es el año de 1959, el de la llegada de Fidel. La otra es 1994, el año del gran éxodo de balseros. Gloria Martínez, de 78 años, vive aquí en la base desde el 21 de marzo de 1961. Llegó en coche, siguiendo al que era su novio y sería su marido. Alegó persecución política. A su padre, que estaba en prisión, le decepcionó profundamente su huida. Ella, atormentada, no pidió la nacionalidad norteamericana hasta 1994. Y justo en aquel año, cuando regresaba de una visita al hospital militar en Washington, los vio. A miles. Llegando como podían. 
Eran miles y miles de balseros. Llegaban con lo que podían apañar: tablas de madera, pequeñas lanchas, colchonetas. “Los americanos les recogían, les salvaban. Era un éxodo, llegaban con perros, gallinas, pericos...”, recuerda Gloria. “Algunos venían enfermos. Nosotros les cuidábamos, les dábamos comida, ropa. Lo que fuera. Era nuestra obligación. Eran los nuestros, que huían de aquello que hay allí, al otro lado. Estuvieron aquí unos dos años. Luego el presidente Clinton les permitió ir allí a América”.
Si mañana cayera el régimen, estos exiliados serían los primeros en llegar a una nueva Cuba. Han soñado con ese momento durante medio siglo: aquel en el que puedan llegar a la frontera con su país, ahora guardada por los marines, sin temer represalias. Como sucede en el centro del exilio en Miami, parece que para ellos el mundo no haya cambiado excesivamente desde los duros años de la Guerra Fría. El comunismo sigue en pie. Los Castro siguen en su puesto. Si cabe, aquí la sensación es más intensa. Es lo que tiene vivir en una base militar norteamericana. 

Los cafés de Viena, patrimonio la humanidad


La UNESCO reconoce la labor de estos centros de vida social e intelectual sin los que es imposible entender la cultura europea
GLORIA TORRIJOS | Viena 18/11/2011
La tradicional cultura de los cafés de Viena, a los que acudía y acude la intelectualidad austriaca e internacional, personalidades de la música y la política, y últimamente también del celuloide, han sido incluidos "como práctica social" la semana pasada en la Lista Nacional del Patrimonio Cultural Intangible de la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Pese a que los primeros cafés se abrieron en el Imperio Otomano, fue en la Viena de finales del XIX cuando vivieron su época dorada. Muchos intelectuales vivían prácticamente en esos locales: entraban ya por la mañana llevando del brazo el atuendo que se iban a poner para la noche y se cambiaban en un reservado cuando llegaba la hora de salir del local, como hacia el escritor y poeta Peter Altenberg (1859-1919).
Café Landtmann
El café Landtmann, por ejemplo, está estrechamente ligado al padre del psicoanálisis, el austriaco Sigmund Freud, del que era cliente habitual. Nada extraño si se tiene en cuenta que no está lejos de la que era su vivienda y su consulta en la Bergasse, mientras que el Central, en el palacio Ferstel, era el favorito de su compatriota Altenberg y del revolucionario ruso judío Leon Trostky durante su exilio antes del comienzo de la I Guerra Mundial. Altenberg, "el poeta sin casa", como le denomina el escritor Claudio Magris en su libro El Danubio, vivía física y literalmente en el Central, por ello, desde hace décadas una figura que le representa, realizada en papel maché, está sentada frente a la puerta, como si estuviera atenta a la entrada y salida de clientes. Es tan realista, que hay personas, especialmente turistas, que al encontrárselo nada más entrar y verle mirando fijamente, creen que es una persona, quizá perteneciente al local, y le saludan o se despiden de él al pasar por su lado sin advertir que es una escultura.
Una muestra de que estos establecimientos, que revelan el saber vivir austriaco desde hace casi cuatro siglos, siguen reuniendo a la élite de cualquier sector junto con el ciudadano de a pié, es que mientras esta periodista redactaba estas líneas, en el Café Ediles, detrás del Parlamento federal austriaco y del Ayuntamiento, por lo que sus clientes habituales suelen ser políticos, entraron en él el director de la Wiener Staatsoper (Opera de Viena), el francés Dominique Meyer, con el presidente de la también prestigiosa institución de la Filarmónica de Viena, el austriaco Clemens Hellsberg. Se entiende por tradición cultural de los cafés vieneses la posibilidad de que sus clientes habituales puedan recibir en ellos su correspondencia, es decir, como si fuera su propio domicilio, que se pueda quedar uno, da igual que esté de paso por la ciudad, horas y horas con una bebida, habitualmente un café, sin obligación de consumir más.
La lectura
Todos ofrecen además la posibilidad de leer diferentes diarios, nacionales, regionales y extranjeros sujetos a un marco de madera, pues o cuelgan de un perchero de los llamados vieneses o están sobre un mostrador e igualmente lo portan para mantener el orden las hojas y, en lo posible, el buen estado del periódico, que ese día pasará por las manos de numerosos clientes. Los cafés vieneses fueron siempre centro de reunión social. En ellos,"se sienta la gente que quiere estar sola, pero que necesita compañía", decía el escritor austriaco Alfred Polgar, uno de los favoritos de su colega checo de la minoría alemana Franz Kafka. Lo que se conoce como el Modernismo vienés fue impregnado por la cultura de los cafés de Viena, que ofrecían una plataforma para el intercambio de ideas. Eran lugar de trabajo de escritores y pensadores, a la vez que de relajo. El conocido actor y escritor austriaco Helmut Qualtiger y su compatriota el escritor checo de la minoría alemana Friedrich Torberg, frecuentaban el Café Hawelka, un clásico como el Central o el Landtmann, y filosofaban sobre el mundo y sobre Dios.
Su época dorada fue el fin del siglo XIX, la de 1900, en la que convergieron los cambios propios del ocaso de una época con una monarquía en decadencia ante otra que surgía y en la que florecían las artes y el pensamiento, la creatividad, que inspiró a numerosos escritores, como el austriaco Arthur Schnitzler, que disecciona el alma humana y a quien Freud llamó su alter ego literario. Se conocieron y se admiraban mutuamente. En el Café Landtmann, Freud adoctrinaba durante horas sobre la histeria femenina, la normalidad de la práctica del incesto y otros elementos de su pensamiento, mientras Schnitzler escribía sobre la conciencia y le daba forma en su Relato soñado y el escritor y dramaturgo Hugo von Hofmannsthal buscaba ideas para completar su Jedermann (Cada cual), obra de teatro que se representa cada año en los Festivales de Salzburgo, en verano, fundados en 1920 por él con el director teatral Max Reinhardt, judío austriaco, y el compositor alemán Richard Strauss.
Reuniones políticas
Incluso la iniciativa de la creación de una nación para los judíos, que se hizo realidad en 1948 con la fundación del Estado de Israel, fue debatida intensamente por el fundador del sionismo político moderno Theodor Herzl con sus coetáneos en el Landtmann. En 1900 se hacía política al lado de una taza de café y de un pedazo de las ya famosas tartas vienesas en un café, en el que, por lo general, había música de piano tocada en vivo a partir de las seis de la tarde. También Thomas Bernhard, escritor y dramaturgo austriaco de la segunda mitad del siglo XX, era un habitual de un café, del Bräunerhof, en el caso histórico de Viena, en los que perfeccionó muy probablemente su visión del mundo, que muchos consideran pesimista y otros tantos, realista. En las últimas décadas, el Landtmann, quizá el más elegante, ha tenido como clientes a la política estadounidense Hillary Clinton, al ex beatle Paul McCartney, al actor de Hollywood Burt Lancaster y a la actriz austro-alemana Romy Schneider.
"La tradición de la cultura de los cafés de Viena se remonta al siglo XVII y se distingue por un ambiente muy específico. Son típicos las sillas de Michael Thonet, pionero austriaco del método de dar forma a la madera con calor, las mesas de mármol, en las que se sirve el café y las que muestran los diarios", que conviven con "los asientos con bancos" de forma semicircular o de líneas rectas, "y los detalles de diseño interior de estilo historicista" (siglo XIX), es decir, que imita el de otras épocas con motivos actuales. "Son un lugar donde el tiempo y el espacio se consume, pero solo aparece el café en la cuenta", indica la Comisión de la UNESCO encargada de elaborar la lista. La Convención de la UNESCO para Salvaguardar la Herencia Cultural Intangible fue creada en 2003 y se aplica a bienes no materiales que aportan a grupos o comunidades "un sentido de identidad y continuidad", como, entre otros, las tradiciones orales y las expresiones, las artes escénicas, las prácticas sociales sobre la naturaleza y la artesanía tradicional.
Desde el siglo XVII
La historia de la cultura de los cafés vieneses data del 1683, año en el que un vienés llamado Georg Franz Kolschitzky (1640-1694) recibió, supuestamente, la primera licencia oficial para vender café y lo hizo en un local que llamó La botella azul. Los granos se los había comprado a los turcos, que en aquella época sitiaban Viena, reza la leyenda. El primer café de Viena del que se tiene información oficial fue abierto en 1685 por Johannes Diodato (1640-1725), nacido en Estambul y de origen armenio o griego, quien procedente del Imperio Otomano introdujo esta bebida con cafeína en la capital del imperio austro-húngaro de los Habsburgo.
Actualmente, estos locales ofrecen una veintena de diferentes tipos de cafés, lo que hace muy difícil la elección, especialmente para el primerizo. Los establecimientos dieron un gran paso cuando incluyeron la práctica de poner a disposición de sus clientes periódicos. Esta práctica data de 1720 y la ideó el Kramersches Kaffehaus en el centro, ahora peatonal, de Viena. Otro avance, fue les fue permitido ofrecer comida caliente y bebidas alcohólicas. Esto último tiene su origen en la prohibición de traficar con café emitida por Napoleón en su comercio con Inglaterra, que también fue aplicada a Austria desde 1808, causando una gran subida de las tasas de los granos de café, lo que llevó a los cafeteros vieneses a buscar otras fuentes alternativas de ingresos creando así un nuevo tipo de establecimiento, el Kaffee-Restaurant.
Esa novedad ha demostrado ser de éxito en los últimos 300 años dado que, según la Cámara de Comercio, Viena tiene actualmente 1.083 cafés, 900 Kaffee-Restaurants y 181 Kaffe-Konditoreien, es decir, cafés que producen y venden su propia pastelería. No fue hasta 1900 en que la joven intelectualidad hizo de ellos su lugar de reunión para celebrar tertulias, aunque la primera época de florecimiento de los cafés se dio en torno a 1815, cuando aquellos que creían ser alguien o lo eran se sentaban en los bancos tapizados en terciopelo rojizo, bajo las enormes lámparas, con luz algo sombría y amarillenta, igualmente típicas hoy en día, y los revestimientos de madera de las paredes que decoraban estos lugares, impregnados del aroma de los granos tostados de café.
Entre las peculiaridades de los cafés de Viena destacan el que hasta 1856 no se permitió la entrada de clientas, por lo que la única mujer que había habido en ellos hasta entonces era la cajera, y el que estos locales contaran a finales del siglo XVIII con mesas para jugar al billar, espejos, un gran reloj, arañas de cristal y a los que se entraba por la esquina de un edificio, con buenas vistas de la calle. Desde que decayeron en los años setenta los cafés han vuelto a renacer gracias a Internet. Los que tienen Internet inalámbrico o WiFi, cada vez más numerosos, se llenan de gente portátiles. La gente acude a los cafés de Viena para no ser molestados en sus pensamientos mientras beben sin prisa, extremo fundamental. Son lugares que sirven de refugio contra el estrés de la gran ciudad. Ofrecen espacio para hacer de espectador callado y poder estudiar la diversidad de la gente y sus conductas, según formuló el autor Polgar.
El café de Viena es legendario, de renombre internacional, una institución, un símbolo de la capital austriaca, sobre el que se ha escrito mucho, muy visitado y tan vivo hoy como lo fue en el pasado. Hay muchos que aseguran que no habría Estado de Israel, ni muchos textos literarios, filosóficos ni canciones si no hubiera existido esa especial atmósfera que creaban y crean los cafés de Viena, la de un pasado de monarquía y arquitectura modernista (Jugendstil), de música clásica, propicio para el nacimiento de ideas nuevas que contribuyeron a cambiar el mundo. Ya lo decía el emperador Francisco José, "Ustedes tienen suerte. Pueden sentarse en los cafés".

'Operación cuadro grande': 30 años ya


Los protagonistas del viaje del 'Guernica' a España evocan su rocambolesca aventura
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 19/11/2011
Un día de principios de septiembre de 1981 dos funcionarios españoles viajaron en secreto a Nueva York para encargarse del traslado del Guernica a España. Eran Álvaro Martínez Novillo, subdirector general de Artes Plásticas, y José María Cabrera, director del Instituto de Restauración, que viajó con su esposa. Una tarde, al salir del MoMA, depositario del mural de Picasso, los tres españoles se encontraron en unos grandes almacenes con Luis García Berlanga. El cineasta atribuyó la cara de incómoda sorpresa de su amigo Martínez Novillo, a que no acompañaba su mujer, a la posibilidad de que anduviera metido en un lío de faldas. Sin soltar prenda, se fueron todos a cenar a un restaurante en el que Berlanga bromeó con un camarero: "Trate bien a estos señores, que vienen a llevarse el Guernica". Los comensales que estaban en el secreto se miraron con estupor. "Eso no lo verán ni mis nietos", fue la respuesta del mesero. Días más tarde, el jueves 10 de septiembre, a las 7.45, el cuadro aterrizaba en Madrid dentro de las bodegas de un jumbo de Iberia llamado Lope de Vega.
"Habíamos estado toda la noche embalando el cuadro", recuerda Martínez Novillo. "Cenamos un bocadillo y al día siguiente salimos por la trasera a la calle 54. Todos los semáforos de Manhattan se habían estropeado y era el caos". Volvieron con la obra en un vuelo regular. Ninguno de los pasajeros sabía nada. Se lo anunció el comandante después de aterrizar. "Berlanga me quería matar cuando supo la verdad", continúa el experto. "Me dijo que podía haber alquilado un equipo de 16 milímetros para grabar la operación de desmontaje y el viaje. Fue una pena, pero teníamos orden de no decir nada". Martínez Novillo participó ayer en un coloquio organizado por el Museo Reina Sofía, casa actual del cuadro, en el que Genoveva Tusell recordó que el secreto de la misión tenía un punto cómico por su nombre en clave: Operación cuadro grande.
La hoy profesora de Historia del Arte de la UNED, que tenía cinco años en 1981, recuerda que durante meses pensó que el Guernica lo había pintado su padre. "Llegué a esa conclusión porque en mi casa no se hablaba de otra cosa". Su padre era Javier Tusell, por entonces director general de Bellas Artes, que también viajó con el cuadro. Muerto en 2005, el historiador fue el más incansable artífice del traslado de la obra -no vuelta, porque nunca había estado aquí- según todos los que anduvieron en la discreta cocina de unas negociaciones que pudieron naufragar más de una vez. "Tusell era así". Así son dos golpes tozudos que da sobre la mesa José Lladó, embajador en Washington en aquel tiempo. "Él fue el encargado de recoger los frutos de la simpatía americana". Pero subraya que no todo es literatura de Hemingway. Junto a la buena voluntad expresada por el Senado estadounidense recomendando la devolución del cuadro, Lladó señala los intereses del presidente del patronato del MoMA, William S. Paley, y los del influyente patrono David Rockefeller. Paley, fundador de la CBS, estaba en tratos con Juan Tomás de Salas, responsable de Cambio 16 y su grupo, en vistas a una posible apertura en España de canales de televisión privada. "Eran hombre de negocios y buscaban nuevos lugares donde mereciera la pena invertir", resume el exdiplomático y exministro, que más tarde se convertiría en el primer presidente del patronato del Museo Reina Sofía y, de paso, en el artífice del último traslado del Guernica: el que en 1992 lo llevó -sin enrollar esta vez- del Casón del Buen Retiro al Reina.
Pero la llegada al Prado no fue un camino de rosas. Los primeros contactos habían empezado en 1968 por orden de Carrero Blanco, pero a la resistencia del pintor se le sumó el ataque con ácido que tres años más tarde sufrió en Madrid una exposición de sus grabados a manos de los Guerrilleros de Cristo Rey. En 1977, el Congreso de los Diputados votó una resolución para que se repatriaran los restos de Alfonso XIII, los de Azaña y el Guernica. La diplomacia se puso a funcionar para convencer a los herederos de Picasso, fallecido en 1973, y para sortear los reveses de la actualidad. El golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 había llenado de sombras la imagen exterior de España. "La prensa francesa hablaba de democracia acuartelada", señala la historiadora Josefina Cuesta. "En agosto nos fuimos de vacaciones alicaídos", corrobora Martínez Novillo. "Pasamos de la playa a Nueva York". Pocos días después de la llegada del cuadro, Iberia publicaba un anuncio en el que hablaba del Guernica como "símbolo de paz". Con el anuncio en la mano, Santos Juliá recuerda el efecto que produjo en España ese viaje. Y los titulares: "el último exiliado"; "el fin de la Transición".

El último exiliado
- 1968. Carrero Blanco da órdenes para que se intente el traslado del cuadro desde el MoMA a España. Picasso se niega.
- 1977. El Congreso promueve el traslado.
- 1981. El 10 de septiembre aterriza en España tras un viaje secreto. Se instala en el Casón del Buen Retiro.
- 1992. Es trasladado al Museo Reina Sofía.

"Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo"


El historiador Josep Fontana revisa la evolución de Occidente desde el final de la II Guerra Mundial en 'Por el bien del imperio' y concluye que esta crisis es consecuencia del neoliberalismo desatado hace 40 años
PEIO H. RIAÑO BARCELONA 19/11/2011 12:00
Hoy es un día importante para hacerse preguntas. ¿Por qué los derechos de los trabajadores se han quedado en ascuas en los últimos cuatro años? ¿Qué ha pasado en los últimos 50 años en el mundo? ¿Dónde ha quedado el reparto equitativo o la cohesión social? ¿Es esta crisis económica un hecho aislado o es la consecuencia de una actitud voraz sin freno ni reglas? ¿Cómo han conquistado la soberanía los más ricos? Es un día oportuno para lanzarle todas las cuestiones a la Historia, a la espera de un rebote de lucidez.
Es fácil confiar en las capacidades de la Historia para aclarar el presente, si quien ilumina es Josep Fontana (Barcelona, 1931). Desde la primera página de Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945 (que acaba de publicar la editorial Pasado y Presente) su autor reconoce que la obra, a la que se ha dedicado en los últimos 15 años, tiene su origen en la frustración de no haber alcanzado un mundo mejor, en las falsas promesas que a sus 14 años, con la II Guerra Mundial finalizada, les habían lanzado. "Nos garantizaban, entre otras cosas, a todos los hombres de todos los países una existencia libre, sin miedo ni pobreza. Cuando se han cumplido ya 70 años de aquellas promesas, la frustración no puede ser mayor", advierte este historiador maestro de historiadores, referencia esencial para entender el siglo XIX y, ahora, el XX.
Seis décadas después, Alemania vuelve a dominar Europa, y Estados Unidos ve cómo China amenaza su hegemonía. ¿Por qué un historiador del siglo XIX analiza los acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX e incluye, en este espectacular estudio de casi 1.300 páginas, la última hora de esta crisis económica? "Porque un historiador lo primero que tiene que hacer es estar abierto, y a mí me interesan muchas más cosas que el siglo XIX. Cuando empecé a escribir el libro, la enseñanza del mundo contemporáneo en la Universidad era escasísima y más bien pobre. Me pregunté qué había pasado para que lo que entonces prometía ser un futuro espléndido no haya cuajado", cuenta a este periódico.
Reconoce que la crisis de 2008 abrió los ojos a muchos, porque entendieron que "era un fenómeno de una dimensión mucho mayor". Por eso añade que leer varios periódicos al día es necesario para entender el mundo que vives. "¿Cómo vas a entender el siglo XIX si no entiendes el mundo actual?". "Desde los años setenta hemos vivido una involución, que rompió con la evolución iniciada con la crisis de los treinta", dice. "Buena parte de las concesiones sociales se lograron por el miedo de los grupos dominantes a que un descontento popular masivo provocara una amenaza revolucionaria que derribase el sistema", describe Fontana.
"A partir de los años setenta, los ricos pierden el miedo. Y hoy, ¿a qué revolución van a temer los banqueros? Han perdido el miedo, y desencadenan el empobrecimiento global y el enriquecimiento de su grupo. Porque es una crisis desigual, que afecta sólo a los más pobres", cuenta. Para demostrarlo señala a los beneficios alcanzados por grupos como Citigroup o el conglomerado de lujo LVMH (Louis Vuitton y Moët Hennessy).
"Las clases dominantes han vivido siempre con fantasmas: los jacobinos, los carbonarios, los masones, los anarquistas, los comunistas. Temían unas fuerzas oscuras que medraban para un día cambiar el mundo y quitarles todo. Eran amenazas fantasmales, pero los miedos eran reales", explica. Con esos miedos los trabajadores obtenían de los gobiernos concesiones, y las clases dominantes mantener el orden social. El primero en introducir medidas de seguros sociales en Europa fue, justamente, Bismarck, con el objetivo de calmar los ánimos.
Siglo y medio de logros
Así que, para el profesor, el factor que desencadena la fase crítica, que atraviesa en estos momentos el Estado del bienestar, es la pérdida del miedo de las clases dominantes a una revuelta popular. Hasta los setenta se vivió el impulso que "permitió el reparto equitativo de sus frutos y un cierto avance de libertades". "El modelo construido en Europa como fruto de siglo y medio de luchas sociales era destruido. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo", sentencia.
La prueba está en que "hay un momento en que la amenaza de una revolución subversiva del comunismo ya no existe y los poderosos entienden que ya no tienen amenazas". Esas intimidaciones, para Fontana, han permitido transformar la sociedad europea desde la Revolución Francesa hasta los años setenta del siglo XX. Justamente, una de las ideas claves de la obra de una ambición inédita en la historiografía española es la creación del aparato económico de organizaciones empresariales que se aúnan para plantarle cara a la agitación.
El presidente demócrata Jimmy Carter logra las primeras victorias para los ricos: evita la creación de una agencia de protección de los consumidores, "una de las cosas que más temen", e impide que los sindicatos vivan con la independencia con la que hasta ese momento habían trabajado. "Los demócratas empiezan a recibir ayudas de los empresarios, hasta entonces recibían dinero sobre todo de los sindicatos", explica. "Con Reagan llega el primer corte de impuestos y las primeras batallas contra los sindicatos. La señora Margaret Thatcher dará la batalla contra el sindicato de los mineros", relata.
Ahondando en la idea del control social, aclara que "el fascismo surgió en momentos en que parecía que la capacidad del capitalismo para seguir manteniendo el orden social interno estaba fallando". Es decir, que aparece como una solución de urgencia ante el peligro de ruptura social. "Por decirlo de alguna manera: el New Deal de Roosevelt es una alternativa al fascismo". ¿El miedo al fascismo dejó campo libre al capitalismo? "Sí, pero las cosas que ha conseguido lo ha hecho pactando".
Contra la resignación
La Historia es una llamada a la acción, el despertar de las conciencias, tal y como la entiende Josep Fontana. Dice haberlo aprendido de Vicens Vives, quien creía que la Historia servía "para ayudar a que las cosas funcionaran". En ese sentido, Fontana encuentra una segunda oportunidad para los historiadores en estos momentos de desorientación. "Habiendo fallado las certezas de los modelos con los que los economistas, como Greenspan, articulaban el futuro, hay que preguntarles a los historiadores qué es lo que ha ido mal para recomponer las certezas".
Avisa: esa función sólo sucederá si aceptan su función crítica, si no se dedican a "abastecer el orden establecido con legitimaciones, que es lo que ha hecho la historiografía académica". Y se queja de la falta de responsabilidad de la ciencia: "Desde 1945 a esta parte, la historiografía se ha dedicado a convencer a la gente de que todo intento de cambiar las reglas sociales conduce al desastre, lo cual es una lección de resignación incomparable. Pero eso no es lo que la historia debe hacer, en algún momento debe mover hacia el cambio. Un gramo de sensatez puede ayudar a cambiar las cosas".
Ese gramo pasa por no crear falsas esperanzas para seguir caminando. Fontana prefiere hacer ver que la situación es irreversible para llamar al cambio. "Hay que combatir contra la hipnosis de la crisis, que induce a pensar que es un fenómeno de corto plazo, que se remediará. Pero esto ya dura más de 40 años y no tiene remedio fácil. ¡La ilusión de que siendo austeros va a pasar es un engaño! Cuando Esperanza Aguirre plantea que la educación no puede ser gratuita para todos mientras dure la crisis, no está pensando más que en el futuro la educación sólo la recibirá quien la pague. Las medidas de austeridad no lograrán que los cinco millones de parados de este país vayan a volver a encontrar ocupación", aclara.
Dibuja un panorama realmente duro para la generación que ahora tiene 20 y 30 años, "no tienen futuro". La protesta es inevitable. Pero en estas condiciones hay diferencias: "No es como en Mayo del 68. Los que protestaban entonces se terminaron integrando en la sociedad. Los que protestan hoy no tienen posibilidad de integración".
Por supuesto, también tiene palabras para los movimientos, "plenamente justificados", de indignación mundial. Aunque avisa de que estos movimientos no deben enquistarse en el ruido de los antiguos antisistema, porque "generarán miedo en la misma población". "La única posibilidad de cambio en estos momentos está en ellos, sólo ellos pueden hacer que el sistema vuelva a negociar para permitir una situación un poco más justa, como la que hubo entre los años treinta y setenta, para volver al menos a unas condiciones civilizadas", explica convencido.
Una izquierda frustrada
Empezamos a entender porqué nunca un libro de Historia fue tan actual. Él esperaba mucho más de la civilización occidental y reconoce sentir que, de alguna manera, nos han estafado. "Yo vengo de una izquierda frustrada varias veces. Frustrada en este país con la Transición, porque cuando estábamos en la clandestinidad esperábamos mucho más que el tipo de pacto que luego se produjo", dice. Entre las verdades dolorosas que sabemos gracias a él está la de que la Historia ni siquiera es un proceso continuo de progreso.
La Historia tampoco puede ser usada con fines propagandísticos, señala. ¿El Diccionario Biográfico Español entra en esa categoría? "El Diccionario es una muestra de la incompetencia de quienes trataron de montar eso y de instituciones como la Academia. Lo que ha salido es una muestra de lo que esa casa puede dar: un disparate. Para empezar, el proyecto mismo es un disparate. Hoy no tiene ningún sentido hacer eso. No hace ninguna falta. Es como hacer una enciclopedia, ¿quién hace hoy una enciclopedia? Estamos en un mundo muy distinto", y él lo sigue atentamente para analizarlo.

sábado, 26 de novembro de 2011

A migración do Corno de África e Yemen alcanza cifras récord


18.11.2011  ACNUR está preocupado pola seguridade dos refuxiados nas zonas fronteirizas de Sudán do Sur
Refuxiados somalíes agardando na costa iemení
12.545 refuxiados e inmigrantes chegaron a Iemen en barco o mes pasado, a cifra mensual máis alta desde que ACNUR empezase a recompilar datos en xaneiro de 2006 sobre a ruta de migración mixta entre o Corno de África e Iemen, que acolle actualmente a máis de 200.491 refuxiados.
A cifra de outubro non só supera a marca anterior de 12.079 chegadas en setembro, senón que ademais eleva o total de persoas que chegaron a Iemen por mar a 84.656 entre principios de xaneiro e comezos de novembro, moito máis que a marca anual de 2009, que foi de 77.000 persoas. Das chegadas deste ano, 23.079 son procedentes de Somalia; case todas as demais -61.577- son etíopes. Coa etapa de navegación otoñal aínda en apoxeo, espérase que as cifras de 2011 increméntense.
Entre 2006 e 2008 os refuxiados somalíes constituían a maioría de chegadas a Iemen, pero a tendencia agora cambiou. Desde 2009 os inmigrantes etíopes foron o grupo máis numeroso que cruza o Mar Vermello e o Golfo de Adén. De 2006 a 2011 o seu número multiplicouse por seis ?duns 11.000 en 2006 a 61.000 entre xaneiro e outubro deste ano-.
Os patróns de navegación tamén cambiaron significativamente ao longo dos anos. Inicialmente, moitos cruzaban polo Golfo de Adén, nunha viaxe que duraba tres días desde Somalia até Iemen. Desde 2009 aumentou o tráfico polo Mar Vermello. Alí, a viaxe desde o Corno de África, en barcos que agora chegan acotío do día, dura só unas poucas horas. Hoxe en día, tres de cada catro embarcacións que chegan a Iemen fano na zona de costa do país bañada polo Mar Vermello.
Os refuxiados somalíes seguen citando o conflito, a inseguridade, a seca e a fame negra resultante como os principais factores que os levaron a abandonar os seus países. Moitos chegan a Iemen sen coñecer a situación actual no país, onde a inseguridade fai que os desprazamentos sexan difíciles e perigosos. Moitos etíopes din que deixaron as súas casas pola falta de oportunidades económicas e laborais, pero algúns din que fuxiron por temor á persecución ou pola inseguridade nas súas rexións de orixe.
A inseguridade e os combates en moitas zonas de Iemen, ademais de estar a afectar aos refuxiados e inmigrantes, están a expor retos e perigos adicionais para o noso propio persoal. As nosas contrapartes víronse obrigadas a reducir o número de convois e a tomar rutas máis longas para transportar aos refuxiados desde os centros de recepción e tránsito por toda a costa do Golfo até o campo de refuxiados de Kharaz, a uns 130 quilómetros ao oeste de Adén. Xunto aos seus socios, ACNUR está a informar sobre a situación en Iemen a aqueles que están acollidos nos centros de tránsito. Pero moitos deciden non esperar ao transporte e parten a pé cara ás cidades e pobos iemenís, a miúdo en zonas de conflito.
Iemen acolle actualmente a máis de 200.491 refuxiados. Ademais, estímase que uns 445.679 civís iemenís están desprazados por todo o país. ACNUR e os seus socios seguen ofrecendo protección e asistencia.
Refuxiados na fronteira de Sudán do Sur
Por outra parte, ACNUR está preocupado pola seguridade dos refuxiados nas zonas fronteirizas de Sudán do Sur. Os combates continúan levando a miles de refuxiados ao vecino Sudán do Sur. Dadas as preocupacións en torno á seguridade, ACNUR está traballando para trasladar estes refuxiados lonxe da fronteira cara a zonas máis seguras de Sudán do Sur.

Juicios en el limbo de Guantánamo


El Gobierno de EE UU reanuda las comisiones militares para juzgar a dos docenas de los 171 presos de la guerra contra el terrorismo que permanecen en la cárcel
Un dos comedores de Guantánamo
Todo en la prisión militar de Guantánamo tiene, 10 años después de su apertura, un engañoso aire provisional. Camp Delta, donde se llegaron a alojar 779 presos en la guerra contra el terrorismo de George W. Bush, sigue pareciendo un recinto improvisado, con sus barracones de madera y metal, abrasados bajo el sol, como si estuvieran a punto de ser barridos por un bulldozer. La misma sensación transmite el lugar en el que la Administración de Barack Obama ha reanudado, por primera vez desde 2008, las comisiones militares en las que tiene previsto juzgar a dos docenas de los 171 presos de la guerra contra el terrorismo que permanecen aquí de forma indefinida desde 2002.
El punto reservado para los juicios militares es un hangar abandonado en un antiguo aeropuerto dentro de esta base naval en Cuba, a escasos metros del mar Caribe. Se trata de un lugar totalmente camuflado en la normalidad de un recinto militar. Nadie diría que aquí, en este edificio destartalado, comenzó la semana pasada el proceso contra uno de los peores enemigos de Estados Unidos, el saudí Abd al-Rahim al-Nashiri, de 46 años, acusado de perpetrar un atentado en 2000 contra el destructor de la Marina USS Cole, anclado en la costa yemení de Adén, causando la muerte de 17 soldados.
Pero precisamente ése es el espíritu de toda esta prisión, en un territorio bajo control estadounidense en el sureste de la isla de Cuba. Bajo un acuerdo firmado en 1903, Washington paga a La Habana 3.000 euros anuales por el uso de la base. La soberanía es cubana y el uso es estadounidense, en un pacto temporal que es en realidad eterno.
Aunque quiso hacerlo, el presidente Barack Obama se ha dado cuenta de que es imposible cerrar a corto o medio plazo la prisión, por la falta de cooperación por parte del Congreso. Así que ha reanudado de forma callada unas comisiones militares que trató de evitar a toda costa cuando llegó al Gobierno en enero de 2009. Su idea era juzgar a los 171 presos en tribunales civiles federales. Aquello quedó en un intento.
Este recinto seguirá habilitado hasta que al-Nashiri, que se ha declarado inocente, vuelva a presentarse ante el juez, en un año. Por aquí seguirán pasando otros detenidos. Unos 600 presos han sido ya liberados y transferidos a otros países. Cuatro de ellos prestan condena en la cárcel de máxima seguridad en este recinto, después de haber sido declarados culpables en esas comisiones militares. Entre ellos se encuentran Ali al-Bahlul, portavoz de Osama bin Laden, y Salim Handam, su conductor.
Un limbo legal
La cárcel de máxima seguridad, de reciente construcción, recibe el nombre de Camp 5. “Habitualmente Camp 5 se emplea con los detenidos que no cumplen las normas”, explica el coronel Donnie Thomas, comandante al cargo de la prisión. “Se les envía allí como castigo. Hay otros detenidos que están en Camp 5 por decisión propia, que no quieren compartir su espacio con otros presos. El campo cuenta con celdas individuales, aunque sus ocupantes pueden entrar en contacto con otros detenidos por espacios de entre dos y ocho horas diarias”.
Fue la Administración de George W. Bush la que creó las comisiones militares. Las ideó como un modo de juzgar a presos a los que no consideraba combatientes lícitos, porque no representaban a un país en guerra. Tampoco los trataría como civiles, por su asociación con grupos terroristas. No estaban protegidos, ni siquiera, por los Convenios de Ginebra, que amparan el trato digno a los prisioneros de guerra. Eran, según la terminología del gobierno de Bush, “combatientes ilícitos”. Y como tal se los juzgaría.
Según la Casa Blanca las presentó en 2001, estas comisiones militares no garantizaban la presunción de inocencia o la transparencia en el proceso judicial. El Tribunal Supremo obligó pronto a Bush a dar marcha atrás. La máxima instancia judicial de EE UU dijo en 2006 que el presidente carecía de la potestad de crear su propio sistema judicial en miniatura, diseñado casi exclusivamente para juzgar a aquellos presos que mantenía en Guantánamo. Bush hizo serias modificaciones en el proceso, y Obama ahondó más en ellas recientemente, dándole más derechos a los detenidos.
EE UU ha anunciado que quiere juzgar aquí a unos 25 detenidos. Entre los próximos en la lista de las comisiones militares se hallan los cinco acusados de planificar los atentados del 11 de septiembre de 2001, incluido su supuesto ideólogo principal, Khaled Sheikh Mohammed. En este momento, el gobierno está investigando a los abogados civiles que han solicitado defenderles. Es probable que éstos le pregunten al juez, cuando llegue la hora, algo que ya dijo aquí la semana pasada el abogado de al-Nashiri, Richard Kammen: “¿Cree, señoría, que, si al señor al-Nashiri se le torturó durante el tiempo que ha estado bajo custodia, eso podría ser un mitigante que justifique una pena menor que la de muerte?”.
El juez se negó a contestar. “¿No cree que al haber torturado al señor al-Nashiri, EE UU ha prescindido de la autoridad moral para intentar ajusticiarle?”, insistió Kammen. Silencio de nuevo. Aquí, en esta prisión, la palabra “tortura” siempre se recibe con el mismo silencio incómodo.

Postales desde Guantánamo


Por: David Alandete | 16 de noviembre de 2011
Preso do Camp 6, premiado con ir vestido de branco por boa conduta
A uno de los 171 presos retenidos aquí en la prisión de Guantánamo, el saudí Mohammed al-Qahtani, se le sometió a una despiadada serie de interrogatorios entre noviembre de 2002 y enero de 2003. Algunos duraban 20 horas al día. Se le hacía quedarse, esposado de pies y manos, inmóvil, en una silla de metal durante horas. Se le despertaba a horas intempestivas y se le privaba de sus sentidos, para dejarle bien claro que él no era el dueño de su destino y de sus circunstancias.
En una ocasión se sacó a al-Qahtani al exterior de su celda, aquí en Camp Delta, un complejo de casuchas de madera y placas de metal, que arde aun ahora, en pleno noviembre, bajo un sol asfixiante. Según un informe secreto filtrado a los medios, se le llevó a ver a un grupo de jutías, un roedor propio del caribe. “Las jutías se movían en libertad, jugando, comiendo, cuidándose mutuamente”, dice el cable. “Al detenido se le comparó con la familia de jutías y se le hizo notar que los animales tenían más amor, libertad y cuidado mutuo que él. El detenido lloró”.
Bienvenidos a Guantánamo. Así es como la prisión más polémica del mundo se integra en su entorno, junto a un acantilado frente al mar Caribe, en un trozo de 116 kilómetros cuadrados en el sureste de la isla de Cuba. Bajo la brisa marina,entre cactus y largos días soleados, la alambrada de púas rodea y aisla al mundo de la detención sin fin, a los cautivos de la guerra contra el terror. Es cierto que las jutías, que están en peligro de extinción, tienen más libertad de movimiento que los detenidos. Al igual que las iguanas, como hizo notar en una visita aquí en 2006 mi compañera Yolanda Monge.
Las iguanas son un emblema de la Base de Guantánamo. Es imposible escapar de ellas. Entran y salen del recinto carcelario a su antojo. Atropellarlas se paga con una investigación y una posible multa de 10.000 dólares. El campo al que en su día se trasladó a los tres niños (de 10, 12 y 13 años) que pasaron por aquí como sospechosos de querer atentar contra EE UU, se llamaba y aun se llama Camp Iguana. Al otro lado de la valla, cuando los guardas acaban sus turnos de doce horas, tienen todo un pedazo de América del que disfrutar en la parte trasera de una isla comunista.
En la base de la Marina que alberga la prisión hay un restaurante MacDonald’s (cómo no) y una cafetería Starbucks. Hay hasta una radio, que emite música country y rock, y algunos programas de noticias en vivo. Su imagen corporativa la muestra esta camiseta: “Rock en el patio trasero de Fidel”.

Mientras, según me cuentan los guardas, a los presos se les colma con todo tipo de atenciones: gimnasio, televisión, dvd, consolas de videojuegos PSP y libros. Hay volúmenes literarios en 14 idiomas, desde el inglés o el francés al árabe, el pashto y el chino. Los libros se los censura previamente: los que contengan material polémico, que aliente el radicalismo, no se añaden a la biblioteca. Desde ese punto de vista, no es de extrañar que en un paseo por su biblioteca, lo primero que atrajera mi atención fuera este cómic: Superman en árabe. 
Seguro que a esos presos no hay nada que les reconforte más que la idea de un héroe americano que pueda volar.

Así se gesta un activista


La película 'Interferencias' analiza las causas de la crisis global y se estrena este viernes bajo licencia Creative Commons
PAU RODRÍGUEZ Barcelona 16/11/2011
Aunque sin apretar demasiado, pone el dedo en todas las llagas. Interferencias, la primera película con licencia Creative Commons que se estrena en España, es sólo la punta del iceberg de un proyecto que pretende fomentar el activismo de la mano del cine. Producida por dos ONG Fundación Quepo y el Observatorio de la Deuda en la Globalización, Interferencias cuenta con escasa trama, pero trata los principales problemas de la globalización deuda externa, cambio climático, explotación laboral, recortes sociales, con el objetivo de que el espectador tome conciencia y, a través de la web de la película, contacte con entidades que tratan estos temas.
La película, que se estrenará el próximo viernes en Barcelona, guarda una estrecha aunque casual relación con el Movimiento 15-M. Su rodaje coincidió con el inicio de las acampadas, y su director, Pablo Zareceansky, cuenta que tuvieron que readaptar el guión porque el mensaje final de la película, que invitaba a la gente a salir a la calle a protestar, "de pronto quedó anacrónico".
Las analogías con el 15-M son inevitables, puesto que el argumento de Interferencias versa sobre cuatro actores que, mientras preparan una obra de teatro sobre la deuda externa, toman conciencia de unas injusticias que desconocían. "La película refleja el proceso de gestación de un activista", resume el guionista, Albert Tola.
Saturación y desconcierto
Para poder interpretar su papel, los cuatro actores fueron sometidos, durante dos escasas semanas de rodaje, a una ingente cantidad de información sobre los abusos del sistema neoliberal, y su reacción, según contaron ayer, fue la misma que experimentan los protagonistas de la película mientras preparan su obra de teatro: saturación y desconcierto, seguidos de angustia y sentimiento de culpa.
En este punto, la ficción y la realidad se mezclan en un juego de espejos que no fue casual, pues Zaraceansky asegura que seleccionaron expresamente a unos actores que fueran ajenos al activismo y a los movimientos sociales.
El origen de Interferencias se remonta dos años atrás, cuando el Observatorio de la Deuda en la Globalización empezó un trabajo de documentación con la vaga idea de trasladarlo al terreno audiovisual. Evitaron recurrir al formato documental "para romper el círculo", en palabras de Iolanda Fresnillo, miembro del Observatorio, y llegar a otros públicos. Con este objetivo, según contó Fresnillo, se recurrió al lenguaje cinematográfico, más asequible, y cerca de 150 profesionales de la industria se volcaron, sin ánimo de lucro, en el proyecto, que culminó en tiempo récord: dos semanas de rodaje y medio año justo hasta su presentación en sociedad, que, de paso, coincidió con los seis meses desde el nacimiento del Movimiento 15-M.
"Acabada la película, ahora hay que trabajar en las propuestas de acción, en el material educativo, en la pedagogía...", recordó Fresnillo. O lo que es lo mismo: esperar a que los espectadores muerdan el anzuelo de la indignación.

venres, 25 de novembro de 2011

La educación de las niñas como una cuestión de justicia

Entreculturas presenta un informe sobre el acceso de las niñas a la escuela
“Las mujeres nos decían que no querían ser mujeres porque se sufría mucho” afirma Rosa María Mujica, educadora y miembro del Instituto Peruano de Educación en Derechos Humanos y Paz (IPEDEHP). Esta mujer, con con una reconocida trayectoria y una amplia experiencia en la ejecución de proyectos sociales educativos en temas de derechos humanos, declaraba con vehemencia que la educación puede transformar la historia. Mujica participó el martes en la presentación del informe “Las niñas a clase: una cuestión de justicia”, elaborado por la ONG Entreculturas.
Casi 67 millones de menores en el mundo están sin escolarizar, de los cuales, el 53% son niñas. Hay todavía 69 países que no han logrado la paridad de niños y niñas, lo que contribuye a perpetuar la desigualdad entre hombres y mujeres, y en ello incide el informe, que analiza la situación de las niñas y de las mujeres en la educación y ofrece una serie de propuestas que gobiernos y organismos internacionales deberían llevar a cabo para acabar con esta injusticia. Insiste dicho informe en el papel fundamental de la educación como potente herramienta de cambio para la construcción de una sociedad justa basada en los derechos humanos.
Destaca el proyecto el estudio de caso en las escuelas rurales de Quispicanchi, Cuzco (Perú), donde el 75,3% de la población es pobre y la pobreza extrema afecta al 51,3%. Más del 52% de su población no sabe leer ni escribir.
Este proyecto de escuelas rurales de Quispicanchi, coordinado desde Fe y Alegría y el IPEDEHP, pretende promover la igualdad de oportunidades educativas para niños y niñas indígenas, mejorando las capacidades del profesorado y educando a las familias en la igualdad de género, todo ello a través de una educación bilingüe (quechua y castellano).
Mujica habla de un antes y un después en Quispicanchi: “Lo que es muy esperanzador es que en seis años que llevamos trabajando en este proyecto la realidad cambió. En este tiempo hemos cerrado brechas que 500 años de historia no habían logrado cerrar”. Sin embargo, la educadora es consciente del largo camino que queda por recorrer: “Estamos celebrando cerrar las brechas en primaria y yo pensaba qué poquito pedimos, qué injusto, muy valioso pero queda un largo camino. El derecho a la educación básica completa es un derecho que la Constitución peruana consagra, sin embargo la distancia entre la realidad y las leyes es todavía enorme" afirma Mujica.
La presentación del informe en Madrid lo protagonizó Roxana Quispe, una líder campesina de 30 años de la comunidad de Tinki que ha participado en el proyecto de estas escuelas rurales. “La escuela ha cambiado mucho. Ya no hay agresión, ahora es pura alegría", dice. “Mi hijo se demora una hora y media caminando para ir a la escuela, pero va contento y feliz. Tiene siete años y va solito. Los niños se esfuerzan porque quieren estudiar".
Roxana Quispe, que consiguó alfabetizarse y aprender el castellano a los 14 años, cuenta la situación de violencia y miedo en al colegio cuando ella era niña. “Muchos no iban a la escuela no solo porque eran pobres sino porque tenían miedo”. Y explica cómo esta situación de miedo se repetía en las familias: “Mi padre nunca me abrazó, nunca me ayudó con mis tareas de la escuela, pero era una situación general en todas las familias”.
Mujica afirma que su trabajo fundamental se centró en los maestros: “Transformamos las prácticas. No llegamos con discursos sino con un proceso de revisión de sus propias historias. Nuestra idea era que comprendieran que ‘lo que no se siente no se entiende’ como dijo Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, y lo que no se entiende, no interesa”. Esa misma metodología se utilizó con padres y madres y con niños y niñas. “Fue un proceso de ir trabajando sus propias conciencias, su dignidad y sus derechos y así podrían transformar sus vidas”, concluyó la educadora peruana.
Roxana Quispe celebra los cambios que ha experimentado su pequeña comunidad gracias a este proyecto educativo. Resaltó que hay menos violencia, más respeto, más cariño. De la misma manera que ahora los maestros juegan con los niños, también los padres lo hacen. “Ahora mi madre me dice que me quiere, me abraza, escucha mis problemas. Esto no lo hacía cuando era niña”.