Laia Fàbregas
cuenta en 'Landen' la historia de un emigrante extremeño en Holanda
PAULA
CORROTO MADRID 15/02/2011 08:30

Fàbregas ha vivido durante
años en diversas ciudades de Holanda y conoce bien el fenómeno de la emigración
española. Sin embargo, para la historia de él ambos protagonistas
carecen de nombre de forma premeditada, buceó en el libro Me vine con una
maleta de cartón y madera, editado por la Junta de Extremadura, que narra
la vida de aquellos emigrantes, a los que "los holandeses miraban como
extraños. Hubo gente que fue capaz de adaptarse, pero otra no", señala.
La diferencia con la
actualidad es que "aquella era una emigración gestionada por el Gobierno,
que les daba regiones a las empresas extranjeras. Por ejemplo, la Philips podía
buscar trabajadores en Extremadura, pero no en Andalucía. Ahora la gente viene
de forma ilegal y se tiene que buscar la vida. Es más difícil", apunta.
Con respecto al personaje
femenino, ella es una mujer urbana, solitaria y traumatizada tras un
accidente que sufrió de niña. Este problema la obliga a viajar de país en país.
Salvando las distancias con respecto al accidente, Fàbregas no duda en
identificarse con este personaje. "Supongo que todo el mundo se ha sentido
solo alguna vez, aunque estuviera rodeado de gente. Yo la hice a ella
solitaria sin saber por qué. Quizá porque me he sentido así o lo he visto en
otras personas", explica.
Además de la emigración,
la novela aborda una disciplina que a Fàbregas le apasiona: la fusión del arte
plástico y la palabra. "Lo que yo podía haber llegado a hacer a nivel artístico
y no he hecho lo incluyo en mis libros. Es mi válvula de escape", aclara.
Primero en holandés
Curiosamente, Fàbregas
escribió esta novela en holandés y fue en los Países Bajos donde primero salió
publicada con unas críticas excelentes. Es el mismo camino que siguió su ópera
prima, La niña de los nueve dedos, que llegó al mercado español con el
sello El Aleph en 2008 tras su éxito en Holanda.
Como en aquella ocasión,
ella se ha encargado de la traducción, "un trabajo muy difícil y que puede
ser frustrante. Pero me gusta traducirme para autocorregirme, ya que escribo de
sopetón. No me pienso las palabras mil veces", reconoce.
Landen
va viento en popa en Holanda. Allí, dice la escritora, también hay una gran
apuesta por los noveles: "Se edita mucho a gente que empieza, igual
demasiado, porque muchos no vuelven a publicar". Ella, de momento, tiene
continuidad.
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