Javier
Cosnava recrea para una novela gráfica las peores pesadillas del campo de los
españoles
PEIO H. RIAÑO
MADRID 29/01/2011

La maldad de los
colaboradores sólo fue superada por la ferocidad de los vecinos que se
denunciaban fuera del campo para quedarse con las propiedades del acusado. La
avaricia fue herramienta de supervivencia. Como aquel profesor holandés, el
protagonista de Prisionero concilia su vida con la brutalidad alemana en
el campo de concentración de Mauthausen. Juan Placambó i Costa es el personaje
que ha creado el autor Javier Cosnava con dibujos de Toni Carbos para recuperar
la memoria del campo donde fueron asesinados más de 6.000 españoles, en un
formato que en España no acostumbra a tratar la cara amarga: la novela gráfica.
Contra el silencio
"Hay cierta tendencia
a tocar los temas de forma suave, políticamente correcta. Pero tantos miles de
muertos no pueden tratarse de una forma suave, los diálogos deben ser duros. Se
corre el riesgo de caer en la crueldad por la crueldad. Es difícil tratar temas
así, es más fácil soslayarlos y tratar con habilidad y buen tino otros temas
menos peliagudos", cuenta Cosnava a este periódico. Además, recuerda que
todavía hay en este país quien no quiere hablar de los presos de Mauthausen.
Tampoco sobran los buenos
guiones que se atrevan con un asunto tan susceptible. Cosnava, escritor de
novela antes que guionista de cómics, reconoce que el género está necesitado de
buenos escritores. Tal y como Azcona fue al cine de Berlanga. Con cuidado, señala
que para publicar un cómic no es necesario un guión excelente. "Es una
pena que no todos los guiones tengan el cuidado que se merecen", explica para
aclarar que a las editoriales les basta con que el libro esté bien dibujado.
"Cuando ves obras como El arte de volar [último Premio Nacional de
Cómic que, como Prisionero, fue publicado por Ediciones de Ponent],
entiendes que una buena historia en manos de un buen guionista y el trazo
maravilloso de un buen dibujante no tienen precio", asegura.
Pero si Jacob Presser
reconocía la miseria de la codicia, la ambición, las "ansias incontenibles",
la tiranía de la conducta de los supervivientes, el Mauthausen de Cosnava
excusa a su protagonista, porque "el que Juan sea un traidor es un efecto,
no la causa primera". El autor lo resume de esta manera: "Es un
hombre débil enfrentado a situaciones terribles. Pocos nacen para ser héroes y él
no sabe serlo. He preferido dejar a los héroes al fondo, trabajando hasta el
desfallecimiento en la cantera de Wienergraben, que se les vea cayendo en las
alambradas, despedazados por los perros pero ni uno sólo de los valerosos españoles
que murieron en Mauthausen tiene una línea de guión", reconoce. Hablan los
nazis, los kapos, los monstruos. Quería dar voz a los verdugos para buscar
alguna razón a su infamia.
Más que palos y porras
La atracción por las pesadillas
del campo de concentración de los españoles empezó hace años, cuando en 2008
recorría bancos buscando una beca para poder "hacer un álbum a la altura
de mi sueño". Necesitaba viajar al lugar y documentarse. Lo consiguió y
pensó en una trilogía. De momento, ya se ha publicado la primera parte, Un
buen hombre (Glènat), una aproximación a los aledaños del campo, la vida de
los SS y los efectos de la propaganda. Prisionero es la segunda parte y
la última entrega estará ambientada en el campo francés de Argelès-sur-Mer.
"Mis obras tratan siempre de recordar los errores del pasado",
abrevia.
Los nazis de Prisionero
llevan palos y porras, pero también una buena descripción psicológica. Asegura
que, tras cuatro años dedicados a un minucioso trabajo de documentación, ha
logrado una obra "con mucho más calado, más profunda y con mensajes no tan
evidentes" en comparación con Un buen hombre. Tuvo acceso a la
biblioteca de Amical de Mauthausen en Barcelona y allí pasó la mayoría del
tiempo. El resultado es un libro próximo a un thriller.
Las
palabras prohibidas vuelven a airearse como si un día, de tanto sacudirlas,
quedaran reposadas en el lugar de la memoria. Mauthausen necesita más
recuerdos.
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