Patricio Pron y Alejandro Zambra recuperan el pasado de Argentina y Chile movidos por la necesidad de debate y lucha
PEIO H. RIAÑO / LIDIA PENELO MADRID / BARCELONA 19/05/2011

Pron reconoce que este libro ha sido una experiencia dolorosa. Hurgar en la memoria no es fácil. Así que en vez de escribir de manera continuada, optó por desmontarla en fragmentos y minimizar los daños. El dolor a cachitos era un asunto pendiente que debía emprender: abrir las heridas y enfrentarse al pasado para tratar de resolver la pregunta: ¿qué hacemos con el pasado?

La necesidad del autor le hizo buscar también el encuentro con el interés colectivo. Pron quería conocer cuál fue la participación de sus padres en aquellos hechos trágicos. "Partí de la experiencia personal para abordar una génesis colectiva. Hay algo en el libro que es una experiencia colectiva", declara. "Me gustaría creer que este libro participa en una discusión sobre los valores de la sociedad y cuáles son nuestros márgenes de acciónen ella. Si contribuye a la tarea de revisar el pasado de los lectores, y recupera la experiencia de enorme libertad y dignidad que otorga saberse dueño de su destino personal y colectivo, estaré muy feliz como autor, pero sobre todo como ciudadano".
La fuerza de la indignación
Las intenciones e intereses de Pron desvelan una relación directa con los levantamientos del 15-M: "Ellos son parte del espíritu contestatario de mis padres, que parecía enterrado en Argentina y en Europa. Entre la contestación y la sumisión, siempre estaré del lado de la contestación, pero los que están en Sol, que cuentan con toda mi solidaridad, deben aclarar si están a favor de un reparto más equitativo o si su reivindicación está supeditada a la frustración de que el estado actual de la economía no permite disfrutar del bienestar económico que disfrutaron las generaciones anteriores". Les pide organización porque "en la Historia sólo han ganado los profetas armados".
"Me parece importantísimo lo que está pasando en España estos días y que se ocupen las calles para protestar. Me recuerda lo que ocurre en Chile con la decisión de construir centrales hidroeléctricas en el sur del país. No tienen en cuenta el impacto ecológicoy el Gobierno se ha empeñado en tirar adelante porque hay empresas importantes de por medio", cuenta Alejandro Zambra, que vuelve con Formas de volver a casa (Anagrama), después de los exitosos La vida privada de los árboles y Bonsái.
Su nueva novela es una historia que se enfrenta a los recuerdos de su infancia, las relaciones entre padres e hijos, la amistad, pero con el fondo de "esos años terribles". Zambra (Santiago de Chile, 1975) se refiere a la dictadura de Pinochet. Por eso se ha preguntado, inevitablemente, al recuperar su pasado, sobre el sentido de la libertad. "No puedo imaginar escribir bajo la censura, pero debemos seguir conquistando libertades. Las libertades que alcanzamos, en realidad son concesiones que los sistemas nos dieron", confiesa.
Al contrario que la familia de Pron, la de Zambra se mantuvo al margen de la lucha contra la represión. Su padre permanece en silencio ante Pinochet, ¿inmutable, insensible? "El papel del padre en la novela es el que desempeñaron millones de padres chilenos en ese tiempo. Desde hoy no es difícil construir discursos incriminatorios, pero la verdad es que entonces mucha gente veía como su única opción el silencio. La mirada del padre no es la de un pinochetista necesariamente. Es la de alguien que quiere cuidar a su familia y no ve ventajas en aliarse a algún bando. Una mirada práctica, para nada heroica", sentencia.
Mientras su padre sigue las intervenciones de Pinochet en televisión, fumando un cigarrillo en silencio, el narrador empieza a odiar al dictador y se refugia en los libros para sentirse libre. El protagonista crece sabiendo que hay cosas con las que no se puede bromear, intuyeque "Chile es un campo de batalla", pero no lo vive de manera directa.
El autor chileno, que describe la represión desde los pequeños detalles, dice que Formas de volver a casa es una novela sobre Chile, el de antes y el de hoy. Para el autor, que su país esté gobernado por un empresario "al que no le tiembla la mano para impulsar proyectos antiecológicos como Hidroaysén" le parece "que es otra clase de dictadura".
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