luns, 17 de maio de 2010

El monstruo voraz


LUIS FERNANDO MORENO CLAROS
BABELIA - 15-05-2010

Desde hace más de una década vivimos en España una eclosión de libros sobre Hitler, dignos de atención en su mayoría, como los que reseñamos ahora. El excelente estudio sobre las lecturas de Hitler, "voraz lector", disipa el tópico de que el dictador nazi era "inteligente y culto". Más bien fue un tarugo que leía de manera compulsiva, consciente de su bajura intelectual. Llegó a poseer 16.000 volúmenes en sus bibliotecas personales, sólo se han conservado unos 2.000. Nunca leyó por placer sino por afianzar sus prejuicios y darles barniz científico.

El amigo de adolescencia de Hitler, August Kubizek, luego director de orquesta y funcionario, trató al futuro dictador durante cuatro años en Linz y Viena. En su libro hagiográfico, cuyos episodios hay que considerar con cautela, recuerda al joven Hitler "inmerso en un mundo de libros y música". Las antiguas sagas germanas eran sus favoritas, además de la música de Wagner. Se conocieron en el teatro de Linz donde ambos jóvenes se disputaban una columna en la que solían apoyarse, pues tenían que ver las largas representaciones de pie, al no tener dinero para palcos. El relato de Kubizek atrapa desde las primeras líneas. Pinta a Hitler como un héroe romántico: un chico de férrea voluntad, consciente de su genialidad y de una "misión"; un alma de artista, antiburgués soñador que no quería ser un gris funcionario, y que abominaba de los trabajos "para ganarse el pan".

Entre varios episodios fabulados -como el enamoramiento platónico por Stefanie-, destaca el recuerdo de las ideas del joven Hitler que Kubizek escuchaba extasiado. Peroratas sobre música y arquitectura mostraban un ansia de dominio sin medida; insolidario, egoísta, manifestador a ultranza, Hitler no tenía amigos, tan sólo a este Kubizek al que prohibía otras relaciones. Rígido, férreo, gélido, incapaz de bromear se tomaba a sí mismo tan en serio que daba miedo. No es extraño que este hombre en el fondo tan tosco e incapaz de madurar siguiera una carrera política, cegado por la ambición de gobernarlo todo y de manipular el mundo a su antojo. Kubizek narra también la hora de la gran epifanía: después de asistir a una representación del wagneriano Rienzi, Hitler lo llevó en plena noche a un monte de Linz; allí tuvo la visión de su actividad futura: la política, la sangre y la inmortalidad.

Por último, el libro de Grunberger, de absoluta referencia, proporciona una amplia panorámica de la sociedad alemana en la época de plenitud nazi. Cómo y hasta qué punto la ideología del partido impregnó la vida de millones de ciudadanos, más víctimas que artífices de una revolución absoluta que sacudió la existencia entera de hombres y mujeres. El trabajo, la educación y los pensamientos fueron literalmente fagocitados por Hitler y su camarilla de ideólogos y asesinos, por aquella ideología nefasta y absorbente que llegó a controlar hasta el más mínimo movimiento en el Reich alemán, desde las grandes obras de ingeniería y arquitectura, las artes y las letras, hasta las profesiones, la vida familiar o los medios de comunicación, en fin, todo; el aborrecible líder nazi consiguió lo que más deseaba: seducir y someter a millones de personas a su arbitrio igual que en su juventud al amigo Kubizek.

Los libros del gran dictador

Timothy W. Ryback.

Traducción de Marc Jiménez Buzzi.

Destino. Barcelona, 2010.

380 páginas. 19,50 euros.

El joven Hitler que conocí

August Kubizek

Traducción de Raquel Herrera

Tempus. Barcelona

314 páginas. 24 euros.

El año de las grandes decisiones

Giles Macdonogh

Traducción de Luis Noriega

Crítica. Barcelona 2010

398 páginas. 27,90 euros

Historia social del Tercer Reich

Richard Grunberger

Traducción de Esther Donato

Ariel. Barcelona

2010. 366 páginas. 22 euros.

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